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Sobre este blog

Soy una barcelonesa trasplantada a Córdoba, donde vivo creyendo ser gaditana. Letraherida, cinéfila aficionada, cultureta desde chica, más despistada y simple de lo que aparento y, por lo tanto, una pizca impertinente, según decía mi madre. Desde antes de tener canas, dedico buena parte de mi tiempo a pensar y escribir sobre el envejecer, que deseo armonioso. Soy una feminista de la rama fresca. Yo, de mayor, vieja.

ET, prepárame una infusión

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Soy una barcelonesa trasplantada a Córdoba, donde vivo creyendo ser gaditana. Letraherida, cinéfila aficionada, cultureta desde chica, más despistada y simple de lo que aparento y, por lo tanto, una pizca impertinente, según decía mi madre. Desde antes de tener canas, dedico buena parte de mi tiempo a pensar y escribir sobre el envejecer, que deseo armonioso. Soy una feminista de la rama fresca. Yo, de mayor, vieja.

Leí hace un tiempo que el Ayuntamiento de Barcelona estaba poniendo a prueba en casa de algún@s ancian@s que viven sol@s unas robots que, según afirman, tienen como función cuidarles. Al principio me quedé un poco pasmada aunque, pensándolo bien, me parece un tema interesante y poliédrico.

Desde hace bastantes años sabemos que la relación con los animales es beneficiosa en la vida de los seres humanos y especialmente para el bienestar de las personas mayores. En el mundo de las mascotas, parece claro que los perros son los preferidos, porque suelen ser amigables y pacientes (una cualidad majestuosa, frente a la impaciencia con que habitualmente se trata a la vejez). El solo hecho de tenerlos cerca, poder cuidarlos e interactuar juguetonamente con ellos, supone un enorme estímulo para l@s ancian@s que no suelen recibir de quienes les rodean la misma respuesta desprejuiciada, amorosa y agradecida que les dan los animales.

No hace falta ser Einstein (o su sabia y olvidada esposa, Mileva Marić) para comprenderlo. Esto es así simple y llanamente porque en los animales pueden depositar el cariño, la intimidad, la dedicación, la comunicación de la que están habitualmente privados en una sociedad que los considera seres sin interés.