Sobre este blog

Soy una barcelonesa trasplantada a Córdoba, donde vivo creyendo ser gaditana. Letraherida, cinéfila aficionada, cultureta desde chica, más despistada y simple de lo que aparento y, por lo tanto, una pizca impertinente, según decía mi madre. Desde antes de tener canas, dedico buena parte de mi tiempo a pensar y escribir sobre el envejecer, que deseo armonioso. Soy una feminista de la rama fresca. Yo, de mayor, vieja.

El zarpazo silencioso de Renfe

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Cuando hace unos días fui a la estación a sacar un billete para Cádiz, el amable taquillero me puso al día de las novedades.

Descubrí que Renfe había aprovechado el tiempo de pandemia y sequedad viajera para ponerse las pilas y poner a los ociosos de turno a inventar novedades con las que justificar el sueldo.

Imagino que se produjo una reunión de lluvia de ideas de los personajillos con alto nivel de decisión en la que se planteó cómo se podían compensar las pérdidas de la pandemia y las que se avecinan con el fin del monopolio, que van a exigir precios competitivos y por lo tanto disminución de ingresos.

Si hay que bajar los precios en la línea Barcelona-Madrid porque la competencia ha puesto unas tarifas de derribo, hay que ponerse a pensar dónde se puede exprimir para compensar. Quedan, por ahora, las líneas en las que se sigue siendo monopolio, en las que la clientela, sí o sí, tiene que comprar estos billetes. Claro, no queda nada bonito subir estas tarifas, pero sí se pueden hacer algunos malabarismos enmascarados de modernidad y atención al cliente que proporcionan pingües beneficios.

Veamos.

Si hasta ahora quienes habíamos conseguido cumplir 60 años y tener la Tarjeta Dorada, los días entre semana teníamos un 40% de descuento y de viernes a domingo y los festivos nacionales el 25%, ahora Renfe ha unificado este descuento al 25% todos los días de la semana (un importante montón de millones de billetes a los que sigilosamente se les ha aumentado un 15%), encareciendo sibilinamente los billetes de las personas con menor poder adquisitivo.

Sin embargo, no veo que nadie diga ni mú. Pero la cosa no queda ahí. Si quieres elegir asiento tienes que aflojar 6€. Además, los billetes normales, los de siempre, los que pide el 95% de la gente, no se pueden anular, cambiar de fecha y ni siquiera de hora, porque pierdes el importe completo. Lo digo por experiencia.

Con el pretexto de que Renfe se iba a modernizar con un sistema de tarifas similar al de las líneas aéreas, en abril presentaron estas novedades, pero ocultaron esos pequeños detalles-zarpazo que afectan a la gente corriente, a ti, a mí, a nosotros, que somos quienes les sostenemos. Para ello utilizaron un lenguaje que parecía que nos hacían un enorme favor, del que teníamos que estar agradecid@s.

La cosa no queda aquí. Hasta hace unos meses se podía viajar de Valencia a Sevilla y Córdoba, pasando por Cuenca, por un precio razonable y una duración del viaje de poco más de tres horas. Esta línea de AVE, cómoda y facilitadora para un gran número de personas que se desplazan de Levante a Andalucía y viceversa, desapareció de un plumazo.

Así pues, ahora hay que ir a Madrid y de ahí a Valencia. De manera que un viaje de 75€ y tres horas de duración se ha convertido en uno de 150€ y cinco horas de duración. Todo esto siempre que no intentes elegir asiento y pensar en tener cierta flexibilidad para poder realizar algún cambio, porque esos 75€ de hace un tiempo se convertirán en cerca de 200€ (y dos horas más de viaje, recuerda). Como podéis comprobar, Renfe vela por nosotr@s.

¿A alguien más le arde la sangre?

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