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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Alfonso Alba

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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Los que conocen la política municipal saben que hay poco margen para hacer política con mayúsculas. Las ideologías en lo local son importantes, pero no capitales. Y la clave está siempre en una buena gestión: que las calles estén limpias, el agua potable en buenas condiciones, que se arreglen los baches, haya fiestas, políticas culturales y servicios sociales. Un ayuntamiento no puede aprobar leyes y apenas tiene más competencias que las del día a día.

Hace años, en Capitulares, una alta funcionaria nos contaba cómo conseguir que cada noche se recoja la basura y que las calles amanezcan limpias parece algo sencillo y normal, pero tiene una enorme complejidad. Córdoba fue hace décadas una ciudad pionera en muchos asuntos relacionados con la gestión de residuos, en separar la basura, en baldear las calles, en reciclar. Y en algo tan simple como en recoger la basura a diario, especialmente en verano, cuando más falta hace por cuestiones lógicas.

Sadeco y Emacsa siempre han sido las dos joyas de la corona municipal, muy por encima de Aucorsa, que siempre tuvo déficit y nunca funcionó tan bien como las primeras. Córdoba era una ciudad limpia, en la que cada noche se baldeaba (cadena perpetua para quien decidió dejar de hacerlo una vez superada la sequía) y en la que raro era el problema con los contenedores.