Escombros
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
La culpa fue de Claudia, dirán. La borrasca del pasado 15 de noviembre dejó un reguero de incidencias en Córdoba. Se cayeron árboles, carteles, semáforos. Se inundaron algunas calles. Y hasta se derrumbaron viviendas. En la calle Montero, en pleno casco histórico de Córdoba, los turistas que acuden a visitar los muchos patios de la zona, tienen que esquivar unas vallas de la Policía Local y los bomberos, bajarse de la acera, esperar a que pasen los coches y continuar con su camino.
Ya en mayo, los escombros de la casa que derrumbó Claudia siguen esparcidos por la calle. En todos estos meses, a los cascotes se han sumado restos de basura, orgánica, botellas vacías, bolsas y material diverso. Y hasta han crecido unos hermosos jaramagos en su corazón. La tierra de los escombros debe ser rica en nutrientes. Los pájaros habrán llevado las semillas hasta allí mientras rebuscaban en la basura. Y la naturaleza ha cumplido con su cometido.
La casa no se cayó entera. Solo una parte importante del tejado. La mayoría de la fachada aún aguanta en pie. Supongo que a la espera de una nueva borrasca. Entonces, se volverá a caer otro pedazo o la casa entera. Solo espero que cuando eso ocurra no haya nadie cerca, como no lo hubo el 15 de noviembre. Pero eso es un poco como jugar a la lotería. La calle Montero es muy concurrida. Es un paso habitual para colegios, centros de mayores, casas, bares, residencias y, ah, se me olvidaba lo más importancia, hacia apartamentos turísticos. Ojalá el más que previsible derrumbe no afecte a ningún turista, el verdadero motor económico de esta ciudad, para el que nos desvivimos.
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