El futuro de los cines de verano
Sobre este blog
Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.
El artículo 4 de los estatutos del Instituto Municipal de Artes Escénicas (IMAE) de Córdoba señala textualmente como uno de sus fines “la difusión cultural en el sentido más amplio, como competencia irrenunciable que corresponde a las Entidades Locales para la satisfacción de las necesidades y aspiraciones vecinales, particularmente a través del teatro y espectáculos conexos y afines”. El IMAE nació a principios de los años ochenta para gestionar el Gran Teatro de Córdoba, el gran proyecto cultural del primer ayuntamiento tras la restauración democrática en la ciudad. Fue, es y será un instituto público con una vocación: que Córdoba tenga grandes espectáculos teatrales.
En la ciudad apenas sobreviven otras dos salas privadas, pequeñas y con una programación más modesta, el Avanti y El Brillante, que abrió en 2021. Pero el teatro en las capitales de provincias, al margen de Madrid o Barcelona, sobrevive gracias a organismos como el IMAE, destinados a satisfacer “las necesidades y aspiraciones vecinales”.
Hasta la irrupción del cine, el teatro era el gran divertimento de la ciudadanía. Su producción y promoción era exclusivamente privada. Pero el estallido del séptimo arte no mató al teatro, aunque sí que le hirió. Al igual que el vídeo no mató a la estrella de la radio, ni la tele a la radio, se sobreentiende, las plataformas tampoco se han cargado a las salas de cine, aunque las han herido de muerte.
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