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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

Una de las imágenes de 'Tívoli'.

Alfonso Alba

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Este jueves, la productora Aliquindoc estrenó en Córdoba el documental Tívoli, que en el fondo es una historia de amor en la que es difícil no emocionarse porque todo está en la infancia. Y raro es el niño cordobés que no haya veraneado en la Costa del Sol que se pasase al menos una noche por el Tívoli, que flipara con la avioneta que anunciaba las actuaciones por la playa y que no guarde extraordinarios recuerdos en lo más profundo de su memoria.

Pero la película, que pronto estará en abierto, es una historia que nos dice mucho más que lo que significa la nostalgia y demuestra el paso del tiempo. La historia actual de Tívoli es la de un documental que detalla cómo un grupo de trabajadores acaban formando una gran familia, solidaria, que se ayuda, que se acompaña. Y cómo trabajando por la felicidad de otros se genera un vínculo tremendo, tanto que cuando ya está casi todo perdido se sigue luchando porque el parque de atracciones llegue intacto y se pueda acabar reabriendo en el futuro.

Y también de la sociedad actual. Es imposible entender qué sería de Arroyo de la Miel y Benalmádena sin el Tívoli, cómo sus gestores entendieron que la explosión turística del pueblo llegaría con un parque de atracciones y cuánto se le debe a aquella idea de un grupo de daneses. Los trabajadores, en el documental, lamentan que la gran manifestación que convocaron no fuese acompañada de manera masiva “por el pueblo”, con todo lo que ellos le habían dado a un pueblo al que habían hecho tan feliz.

Con diferencias, la historia de Tívoli es parecida a la de los cines de verano de Córdoba, unos espacios que son memoria colectiva de nuestras ciudades, que las hacen diferentes frente a otras y unos lugares siempre amenazados por la especulación urbanística. Como los cines de verano, Benalmádena acabó protegiendo el suelo de Tívoli para que aquello fuese siempre un parque de atracciones.

Como en Córdoba, es probable que la historia de Tívoli tenga un final feliz. Hay inversores interesados en explotar aquella maravilla de los años setenta como un parque de atracciones. Y como aquí, no habría sido posible sin la movilización, sin la constancia y sin el amor por unos espacios que en el fondo nos han hecho felices a todos.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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