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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Mi Maricarmen (I)

Magdalena Entrenas

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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

En el año 1976 mis padres compraron una vivienda de nueva construcción con la que complementar sus ingresos, pensando en el futuro. A través de unos conocidos alquilaron aquel piso a una pareja joven de recién casados que llegó con las mejores referencias. Él tenía un buen trabajo como funcionario y ella, como la mayoría, ama de casa. Los perfectos inquilinos. 

El contrato de arrendamiento lo firmaron el 1 de abril de 1976. La renta, 59.364 pesetas al año, pagadera en 12 mensualidades y la duración un año. Para los que nacieron después del 2000, o para los que ya no se acuerdan del cambio, la renta mensual equivalía a 29,72 euros actuales.

Ese contrato, como no podía ser de otra manera, estaba sometido a la Ley de Arrendamientos Urbanos entonces vigente. Esto es, la Ley de 1964, una ley netamente franquista que, atención, era absolutamente protectora de los derechos de los inquilinos. Tanto, como para establecer la renovación indefinida de los contratos -mientras el arrendatario quisiera- y la congelación de la renta. ¿Les suena? Sí, como lo oyen.