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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Caminos. En pos de Wallada

Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Hay muchas razones para emprender un camino, para detenerse en la mitad o para seguir adelante con determinación. Incluso para tomar de repente otro distinto. No es fácil a según qué edad saber cual es el camino - ¿correcto? -, el camino de tu vida, ese por el que te resultará más gozoso transitar, o reconocer el que ni siquiera debes empezar. Sin darnos cuenta, de una forma u otra, cada día al amanecer vamos decidiendo un camino, ese que marca de manera inexorable el lugar donde llegamos. Da igual si es donde llegas al final del día, o al final de toda una vida. 

Ahora están de moda además “otros caminos”. Los exóticos a países recónditos para descubrir destinos inexplorados; caminos que nos lleven a la cima de una montaña, al cráter de un volcán o por el borde de un precipicio; e incluso esos mágicos y sagrados caminos como el que te lleva en Japón a la cima del Fuji - lo haré algún día -, o los Caminos de Santiago, caminos hacia uno mismo que todos alguna vez debiéramos andar. Doy fe. 

Esta semana he conocido a alguien que había llegado a Córdoba desde muy lejos en un camino propio y sorprendente. Venía en busca de la historia de sus ancestros, de las huellas de una princesa de la misma sangre omeya que corre también por nuestras venas. De la bella Princesa Wallada, nacida en Córdoba hace algo más de 1.000 años, en un tiempo muy diferente, en el que ella eligió un camino de libertad único.