Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Machos alfa, mujeres mega

Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

He estado estos días comiendo con las amigas de siempre. Que si la jubilación de una, que si la recuperación de un ictus, que si los hijos que se han casado, que si los que se independizan y vuelan solos. Los mejores brindis fueron por la vida. Sin más. Por estar vivas y por lo que aún nos queda. Mujeres de cierta edad y con vidas normales que darían para una serie de Netflix o, al menos, para un manual de psicología de supervivencia femenina.

No conozco a nadie que haya visto la serie Machos alfa que no le haya gustado. Todos le reconocemos su gracia y confesamos habernos reído a carcajadas con esos hombres tan reconocibles como certeros, que ponen en crisis su masculinidad porque creen estar perdiendo los privilegios que siempre tuvieron sobre las - sus - mujeres. El privilegio de ser el triunfador con éxito, el del poder del dinero, el de mandar en la cama … e incluso en las camas ajenas. “Mi polla es la que manda dentro y fuera”. Punto y final.

Y hablando con mis amigas de los machos alfas de nuestras vidas, con las noticias de fondo de los Premios Feroz y el Sr. Alvés, ya saben, dije de repente: “Que levante la mano a la que le hayan tocado el culo alguna vez sin ella querer”. La respuesta fue demoledora. Todas sin excepción. Doce de doce. En el cine, en el autobús, en la calle, un amigo, un jefe, en el ascensor … y no una, sino muchas veces.