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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

El miedo

Magdalena Entrenas

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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

En este día 1 de noviembre en el que recordamos a nuestros muertos ¿quién no tiene miedo a la muerte? Pocas fechas hay en el calendario que evoquen con tanta fuerza el miedo más antiguo del ser humano: el miedo a la muerte y a lo que desconocemos de ella. Y no digamos cuando llega de repente, inopinadamente y de forma tan evitable como injusta. Las muertes de esta semana son el claro ejemplo de ello. 

No sé si serán estas fechas, la era de escorpio que ya ha llegado y con ella un nuevo cumpleaños, o las duras vivencias ajenas que he oído esta semana en mi trabajo y en la tele. El caso es que no he parado de reflexionar estos días sobre la inquietante levedad del ser y ese poderoso sentimiento que puede condicionar de manera relevante toda nuestra vida: el miedo.

Y creo haber llegado a la conclusión de que hay dos tipos de miedo, aunque muchas maneras de afrontarlos. Está el miedo infundado, ese que carece de una causa objetiva que lo provoque. Ese miedo que está solo en tu cabeza y hasta puede que en tu pecho, sintiendo incluso como lo oprime. No hay motivo, pero sientes miedo a situaciones y cosas, convirtiéndose ese sentimiento recurrente en casi una forma de vida.