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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Del toples al burkini. El speedo está de vuelta

Magdalena Entrenas

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Sobre este blog

Soy cordobesa, del barrio de Ciudad Jardín y ciudadana del mundo, los ochenta fueron mi momento; hiperactiva y poliédrica, nieta, hija, hermana, madre y compañera de destino y desde que recuerdo soy y me siento Abogada. 

Pipí Calzaslargas me enseñó que también nosotras podíamos ser libres, dueñas de nuestro destino, no estar sometidas y defender a los más débiles. Llevo muchos años demandando justicia y utilizando mi voz para elevar las palabras de otros. Palabras de reivindicación, de queja, de demanda o de contestación, palabras de súplica o allanamiento, y hasta palabras de amor o desamor. Ahora y aquí seré la única dueña de las palabras que les ofrezco en este azafate, la bandeja que tanto me recuerda a mi abuela y en la que espero servirles lo que mi retina femenina enfoque sobre el pasado, el presente y el futuro de una ciudad tan singular como esta. 

¿ Mi vida ? … Carpe diem amigos, que antes de lo deseable, anochecerá.

Vaya por delante de cada cual puede bañarse como le de la gana, Lo que ya de por sí es un gran avance. El caso es que producto del aburrimiento del que les hablé la semana pasada fue que empecé a reparar en los bañadores que me rodeaban y a pensar en cómo hemos cambiado.

Y eso me llevó a mi madre y mis tías con aquellos gruesos bañadores con faldita integrada y los cascos puntiagudos. Era la época del aceite Uve e incluso los gorros de goma con flores de colores. Me gustaban tanto que solo quería crecer para ponerme uno. El día que lo probé, tardé un segundo en arrancármelo. Me di cuenta de lo fantástico que es sumergirte en el mar y sentir tu pelo fluir libre y acompasado. ¡qué manía la de algunos con taparnos el pelo a las mujeres!

Un día, a finales de los 70, cuando el bikini ya se había instalado en nuestras costas, fuimos toda la familia a una bonita playa con acantilado que decían era “muy moderna”. Lo moderno consistía en que allí había llegado el toples. Después de una mañana de baños y risas, una de mis tías -la más moderna y desinhibida- retó a mi madre y a mi otra tía a bajarse el bañador y a hacer toples mientras se bañaban en aquellas aguas cristalinas. Mi abuela, mis primas y yo nos mirábamos divertidas. Los tres incrédulos maridos se reían, pensando -supongo- que no serían capaces de semejante ocurrencia. Pero lo fueron. Durante toda su vida, las tres recordaron muchas veces aquel baño.