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Sobre este blog

Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

Regla del camarero: VER, OÍR Y CALLAR.

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Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

Al igual que me encanta el oficio de “camarera”, empiezo a cansarme de algunas cositas que NUNCA dejan de pasar. Y el cansancio que tengo hoy me hace recordar algunas... Y aunque nuestra regla sea: ver, oír y callar, si no se dicen nombres “se vale” quejarse.

Por ejemplo: el “momento te agarro la mano” que muchos clientes tienen por costumbre en su repertorio nocturno.

O sea, o bien te dan el billete para pagar y tiran de él cuando lo vas a coger sintiéndose Fofito por un minuto o, cuando les vas a dar la vuelta te “agarran” suave y asquerosamente la mano, buscando qué se yo. Bueno, lo sé perfectamente y me muero de la grima.