Sobre este blog

Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

El Gugu de los cojones

Juego para el móvil

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Me acaba de venir a la memoria una historia de móviles.

Yo tuve teléfono muy rápido. De los primeros, aunque de segunda mano, super ladrillo. Estoy hablando de hace muchísimos años. Y por aquella época no teníamos ni idea de los timos esos que ahora bien sabemos que no debemos contestar. Esos mensajitos que te llegan y te piden enviar otro a un número (normalmente de 4 cifras) que te lían y te sacan la pasta. Y al menos ahora se los trabajan que te mueres, no como antes.

Es más; por aquella época, yo ni siquiera sabía que se podían enviar mensajes y, aunque me llegaba alguno de cualquier amigo, nunca lo contestaba. No tenía libro de instrucciones de mi teléfono y pensaba que era imposible. Aunque veía que las teclas de los números tenían letras, siempre creí que era una agenda o algo así. En fin, cosas de ignorancia sobre novedades de la técnica. Porque en esos días pensar en mensajear a tiempo real era cosa de “buscas” o de magia.

Una mañana me llegó el siguiente mensaje:

-SI QUIERES TENER UN MUÑECO VIRTUAL, REENVÍA “GUGU” AL 9999- o algo parecido.

Tonta de mí, le di a reenviar el mensaje, tal cual, al instante.

Me llegó otro mensaje al segundo:

-ENHORABUENA, YA TIENES A GUGU, TU MUÑECO VIRTUAL.

Pensé que, vaya pego, que ni siquiera me salía un dibujito con ojos y boca, pero bueno, me conformé.

El caso es que al día siguiente, a las 9 de la mañana, me llegó un segundo mensaje:

-GUGU TIENE HAMBRE.

Socorro... ¿y ahora qué tengo que hacer?. Porque ni tan siquiera había manejado jamás un tamagotxi de esos, con lo cual me dispuse a llamar al 9999 ese, a ver cual era el procedimiento a seguir, cual ignorante.

Y... mierda, el número ese no daba una señal normal, por lo que continué mis quehaceres cotidianos.

A las doce de la noche (vaya horitas) me llega otro:

-GUGU TIENE FRÍO.

Me empezaba a dar ya un poquito de mal rollo el tema, sobre todo por el horario, pero como volví a intentar llamar a ese número de cuatro cifras y nada, pues seguí durmiendo. Y a la media hora...

-MAMÁ, POR QUÉ NO ME TAPAS?

Pa cagarse. Pa cagarse en los muertos del que se inventó al puñetero muñeco virtual.

Pasé la noche en vela soñando con el tal GUGU congelado. Y encima me llamaba MAMÁ, haciendo tambalearse mi reloj biológico. Un chantaje emocional que nunca le perdonaré.

Por la mañana me fui a clase y, en medio del silencio, PIP PIP, mensaje.

-GUGU SE ESTÁ PELEANDO.

Cago en to, ¿y qué porras puedo hacer yo?. ¡No me han dado instrucciones! ¡el 9999 ese no contesta! ¡ni siquiera sé si puedo mandar mensajes desde el menú, sólo sé reenviar!. AAAAAARRRGGGG...

Cuando a las seis de la mañana me llegó el:

-GUGU TIENE MUCHA SANGRE- yo ya quería extrangular a AIRTEL (se llamaba así antes).

¡Pero bueno! ¿qué quieren estos, amargarme la vida?.

Me tenía en vela la sucesión de mensajes nocturnos rollo...

-GUGU QUIERE IR CON SU MADRE.

-GUGU TIENE MUCHÍSIMA HAMBRE.

-GUGU LLEVA UNA SEMANA SIN COMER.

-GUGU HA ADELGAZADO OCHO KILOS.

-GUGU NECESITA UN ABRIGO.

-GUGU TIENE MUCHA FIEBRE.

-GUGU ESTÁ MUY ENFERMO.

Yo me quería morir junto a GUGU, en serio. Me tenía sin ganas de comer, sin sueño, ojerosa. Mis amigos se llegaron a preocupar por mí, y ¡OH, casualidades de la vida!. Encontré a una persona con el mismo ladrillo-móvil que yo... ¡y SE PODÍAN ENVIAR MENSAJES!.

A las 2.35 de la madrugada me llegó un nuevo mensaje de mi hijo virtual:

-GUGU SE HA PELEADO CON OTRO AMIGO- mierda de colegas que se echa el muy asqueroso- pensé.

Y, poseída por el espíritu del insomnio, puse en práctica mis aprendizajes enviando un mensaje al 9999 que decía:

-ME HE DIVORCIADO, PÓNGASE EN CONTACTO CON EL PADRE A PARTIR DE AHORA, PLEASE.

Sí, parecía una loca, lo sé, pero es que me tenían enferma ya, en serio. No tengo ni idea si alguien lo leyó o a dónde fue a parar mi mensaje, pero es que los muy hijoputas, a las 5.40 de la madrugada me despiertan con un:

-GUGU TIENE MUCHA SANGRE.

Histérica contesté:

-LA CUSTODIA DE GUGU SE LA HAN DADO A SU PUÑETERO PADRE, ¿ENTENDIDO?.

Y, aunque mi inquietud nocturna (y diurna) no cesó, me olvidaron por un tiempo.

Poco tiempo, por cierto:

-GUGU ESTÁ EN EL HOSPITAL.

Enfermos mentales. Solo unos enfermos mentales podían inventar semejante juego amargante.

Aunque sé que es difícil creer, a la semana me llegó un último mensaje que me dejó acongojada, con remordimientos (que aún me duran, confieso) y con los ojos llorosos.

-GUGU SE HA MUERTO SOLO PORQUE HAS SIDO UNA MALA MADRE.

Y hasta aquí. Me tiré una semana sin salir, sin compartir mis malas acciones, mis pocos cuidados, mi dejadez por Gugu.

No me he inventado nada, ni una coma. Y agradecería unas palabras de aliento o una anécdota similar que me quite el mal cuerpo que tengo desde entonces.

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Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

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