Sobre este blog

Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

Cuando la realidad se mezcla con el sueño

Mujer durmiendo en el sofá

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¿No os ha pasado alguna vez que os habéis quedado dormidos viendo la tele, y los diálogos de la película se os han metido en el sueño creando una historia absolutamente fantástica?. Y los golpes en la pantalla coinciden con golpes en tu sueño, cosa que siempre me pareció un misterio, y lo que hablan coincide con lo que dicen las personas de tu sueño. Y todo a la vez. Como magia.

¿Quién no se ha leído un libro sobre cualquier temática y, esa noche, ha soñado con algo del argumento convirtiéndose en protagonista?.

¿A que todo suena estupendo?.

Ea, pues a mi me pasó una noche algo horrible. Se me mezcló con mi sueño una cosa que encontré en internet por casualidad, y se hiló con la realidad y aaaay... y bueno, os lo cuento.

En fin, la cosa es que estuve con gripe este invierno y la tos no terminaba de abandonarme. A lo que voy, mi insomnio de toda la vida, el trabajar de noche, el haber cometido el error de tomarme un red bull y el aburrimiento, me llevaron a “googlear” motivos y remedios para mi tos que no acababa de irse.

Encuentro mil cosas, y el destino me lleva a una página de “tos”. Ay, qué asco... Una página de tos provocada por las lombrices intestinales. Como te lo cuento.

Porque aunque en casa fuimos muchos hermanos, tuvimos la suerte de no tener “de eso” nunca. Y además, una amiga de mi colegio me contó una vez que su padre tenía lombrices y se las quitaba con unas pinzas de depilar y un espejo, lo juro, y nunca olvidé esa anécdota que me tuvo traumatizada años. Y bueno, que las lombrices por dentro del cuerpo son un tema que siempre he tenido anclado ahí en el horror de mi cerebro gracias al padre de mi colega. Aunque ame a los animales. Aunque ame a los bichillos, a los insectos... Lombrices por detrás, no por favor.

Y puta manía de leerlo todo hasta el final, aun muerta de la grima, que hizo que se me metiera la información en el sueño de esa noche y....

Soñé que continuaba leyendo (en realidad el texto que salía en el sueño era real, lo había visto en el pc rato antes) síntomas de tener lombrices y que yo tenía lombrices. ¡SOÑÉ QUE TENÍA LOMBRICES y que tenía todos los síntomas!. ¿Podéis entender mi ASCO?.

Sigo, EN EL SUEÑO iba leyendo... (mierda de tener buena memoria, porque era casi literal a lo que vi en aquella dichosa página de médicos y de toses).

...“las lombrices suelen estar provocadas por no lavar bien frutas y verduras”. Y yo pensaba en el sueño:

-¡claro, por eso tengo tos!. ¡Yo me he comido mil veces manzanas sin lavar!. Como mucha fruta y verdura ¡y nunca le echo la gotita de lejía esa que recomiendan!. Me la pela porque no soy escrupulosa y paso de pensar en microbios. Me lo como todo crudo aún a sabiendas de que ha estado manoseado. Directamente del mercado. Por tanto ¡mi tos es porque tengo lombrices! (aunque en realidad mi tos es de no haberme curado bien, porque el ambiente cargado de los bares no acompaña a la salud, punto.)

...“las lombrices hacen que el color de la piel se apague”. Y yo pensaba en el sueño:

-claro, ¡mi piel está super apagada! ¡siempre he notado que no tengo “lustre” como los que recogen aceitunas. ¡Mi tos es porque tengo lombrices! (aunque en realidad estoy apagada porque trabajo de noche y no me da el sol ni de coña por lo general, ya que de día estoy tan reventada que no piso la calle). (Esto lo pienso ahora despierta para consolarme, pues en el sueño estaba convencidísima de lo de los gusanos).

...“las lombrices te hacen bajar de peso y pierdes el apetito”. Y yo pensaba en el sueño:

-claro, yo ahora estoy pelín más flaca y ¡como menos!. ¡Mi tos es porque tengo lombrices! (aunque en realidad, como me levanto tarde y me gusta desayunar como primera comida, pues a veces no tengo tiempo -literalmente- de hacer alguna de las dos comidas fuertes y, bueno, en el bar yo no como que queda feo. Y eso, que las épocas de “camarera a saco” me dan un aspecto menos saludable siempre).

...“las lombrices te cambian el carácter y te vuelven más susceptible por el insomnio que te provoca la inquietud y el picor”. Y yo pensaba en el sueño:

-claro, ¡yo me noto bastante más insoportable que antes! ¡Mi tos es porque tengo lombrices! (aunque en realidad, lo que me pasa es que duermo fatal, me despierta el teléfono, el bullicio de la calle no me deja descansar. Total, que reconozco que no me aguanta ni un guardia a veces).

...“las lombrices las pillan los niños más fácilmente porque se meten en la boca las manos sucias y juegan con tierra, que a su vez puede contener restos de heces”. Y yo pensaba:

-claro, yo recojo las “cacas” de mi perro siempre ¡y seguro que alguna vez ha traspasado la bolsa y he estado en contacto!. ¡Y de limpiar la cajita de tierra de mis gatas! ¡y de tocar la tierra de las macetas por mi amor a la jardinería!. ¡Mi tos es porque tengo lombrices!.

...“las personas infectadas por lombrices deben lavar muy bien con lejía su wc y no compartir toallas, blablabla”... Y yo amargada, pensaba:

-claro, ¡y yo nunca uso lejía porque no me gusta el olor! ¡y siempre comparto toallas!. Socorro... he debido contagiar de lombrices a mi chico y a todas mis visitas!. ¡Y por eso mi chico ahora tose también!. ¡Nuestra tos es porque tenemos lombrices todos (cuando en realidad lo que pegué a mi chico fue la gripe, está claro).

Y el sueño iba creciendo Y CRECIENDO en ASCO.

...“las lombrices pueden medir entre 2 y 25 cm (¡AAAARRRGGGGG!) y a veces suben por el intestino a la garganta y se expulsan por la tos”. (¡AAAARRRRGGGG!) Y se pueden sacar por el ojete y romperse, quedando una parte dentro (¡AAAAAARRRRGGG!) y puedes tener mil kilos de lombrices en tu cuerpo y ni enterarte (¡AAAARRRRGGGG!) y te revuelven las tripas, y te conviertes en una lombriz gigante, y la lombriz viene a tu casa y te comeeeee... (¡AAAARRRRGGGG! ¡BASTAAAAAAAAAAA!).

Y me desperté.

Y tosí.

Y me fui corriendo al espejo a mirar si asomaba una de ellas por mi garganta enrojecida.

SOCORRO.

Y por suerte, allí no había nada.

Y por requetesuerte, ahora sé que si no te pica el culo, por mucho que tosas, no hay lombrices que valgan. Bufffff... ¡qué alivio!

FIN.

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Desde muy pequeña he sentido que mi mundo lo dirigían como en “El Show de Truman”, pero con Fofito. Me esforzaba en tener una vida seria y, desde arriba, alguien iba soltando “extras” y guiones absurdos que me hacían perder la dignidad a base de risa. Llegó un momento en que mientras protagonizaba esas historias, mi mente solo pensaba -para sobrevivir- en cómo iba a escribirlo. Por lo que ya no puedo seguir siendo testigo en silencio. Necesito vaciar mi cerebro y madurar.

Rakel Winchester

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