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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

20 years ago

Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Hace veinte años y un día yo vivía de alquiler –como siempre- en una casita muy mona, dúplex, chiquita en plena Judería de Córdoba, en la calle Averroes. Un amigo me decía que yo vivía en la calle Abbey Road, porque nos gustaba hacer chistes con los sonidos de los idiomas.

Aquel martes, 11 de septiembre, yo estaba de vacaciones, vacaciones tiesas, sin salir de casa, y me puse unos espaguetis carbonara a las tres de la tarde. Los carbonara llevan trozos de panceta, ajo y huevo batido. Desconfíen de esa mierda del bacon y la nata.

Y vi el telediario a las tres. Y en Manhattan eran las nueve. Y sucedió. Y yo, como todos, me quedé pillado viendo la tele. Me extrañó no ver a Bruce Willis en camiseta de tirantes resolviendo todo aquello. También me extrañó la llamada de mi hermano, que por aquel entonces regentaba un bar en el Parque Cruz Conde y había acabado su turno de servir comidas.