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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Mateo

Juan José Fernández Palomo

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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Hoy, Domingo de Ramos, me acuerdo de un viejo chiste. Ese en el que un tipo sale del cine después de ver un antiguo western por enésima vez y se sorprende porque, una vez más, el forastero ha vuelto a entrar en el saloon y lo han vuelto a acribillar a balazos. “Parece mentira que no se entere de la que le va a caer después de entrar ahí tantas veces”, dice el entrañable espectador, “Yo, que él, no volvería”, concluye un pelín extrañado.

Pues eso pasa.

Hoy Jesús, el forastero, entra a la Ciudad Dorada, a lomos de una noble bestia de transporte para empezar a rodar la misma película de siempre desde el primer plano secuencia con extras blandiendo palmas y ramas de olivo con actitud jubilosa y de gran algarabía (palabra muy bonita de origen semítico que lo mismo sirve para una boda que para brindar con cava a las puertas de una administración de loterías y apuestas del Estado o para llegar con tus hijos a pisar la arena de la playa).