Dylan en la Feria de Córdoba
Sobre este blog
Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.
Reconocemos que esto que les vamos a contar es una historia un pelín rocambolesca; pero nadie la ha negado hasta ahora.
Resulta, que hace unos años, se planteó la posibilidad de que Bob Dylan, cantautor de Minnesota (EE.UU) y Premio Nobel de Literatura en 2016, acudiese a Córdoba para intervenir en una de las ediciones de Cosmopoética. La “percha” era fantástica: Bob podría cantar o no, leer sus textos o no, comer bolitas de flamenquín o no, con una fecha tan emblemática como la de 2016 como leit motiv (por la que nació años antes “Cosmopoética”) y en la que las aspiraciones de esta ciudad, Córdoba, sufrió un duro varapalo en su autoestima. La cosa pintaba bien, melancólicamente bien, porque la épica de Bob está plagada de perdedores, de sueños rotos y de aspiraciones que se quedan chapoteando en una orilla incierta.
Las empresas de “gestión cultural” que aspiraban a coordinar el festival poético se enfrascaron entre mails cruzados, rifirrafes de procedimiento, intermediarios rarunos y cosas así. Y, mientras, al Ayuntamiento (con una corporación recién estrenada) se la sudaba un poco todo esto pensando que Bob Dylan era un veterano recordman afroamericano de salto de longitud al que, en todo caso, debía invitar el Instituto Municipal de Deportes para hacer una exhibición en El Fontanar.
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