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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Discreción

Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Mi padre, al que le gustaba mucho Galicia por sus múltiples viajes allí por motivos de trabajo, se hizo del Dépor, del Deportivo de La Coruña. Y lo decía en los bares del barrio: “mis hijos son del Barça, y yo también por ellos, pero en realidad soy del Dépor porque en Galicia fui feliz”. No sé por qué no dijo ser del Celta, la verdad. Tampoco explicó mucho más de su felicidad galaica.

A finales de los años sesenta, mi padre, que era perito industrial, estaba montando unos transformadores eléctricos en una subestación de las afueras de Vigo, en un polígono industrial (en aquella época, desde Córdoba se exportaban cosas de importancia) y tuvo que llegarse al Aeropuerto de Peinador a esperar que un avión le dejase una caja de complementos necesarios.

Mi padre miraba desde la ventana de la terminal (siempre me ha gustado la palabra “terminal”) fumando ducados y esperando la entrega.