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Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

Cerrado por Eurocopa 3. Karol Wojtyla

Juan Pablo II.

Juan José Fernández Palomo

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Cuando uno ve a Robert Lewandosky disponerse a lanzar un penalty (uma grande penalidade, como se dice con precisión en portugués) piensa en el sentido teológico del caos; es decir, el estado donde aparentemente aún no ha pasado nada, ni siquiera la palabra, que sería el principio de todo.

El delantero polaco se dirige al punto de los 11 metros realizando un extraño bailecillo que incluye paradiñas, saltitos y amagues. Es una coreografía que se diría casi chiquitistaní. Un pelín exasperante si eres polaco (o del Barça) y también un poco divertida, si eres neutral. Al final, Lewandosky mete el gol o no, o se repite la falta. El portero es siempre el espectador que compró la entrada más cara para ver el espectáculo de cerca.

Bueno, vale, Robert es natural de Polonia, puedes acabar diciendo. Un país con una historia verdaderamente convulsa en el corazón de eso que llamamos Europa. Invadido por Hitler a ritmo de sinfonías románticas, sufrió bombardeos, fuego de artillería, construcción de campos de concentración, muros, guetos y películas de Polansky.

Y es la tierra natal de un Papa católico entre judíos: Juan Pablo II, que estuvo casi 30 años sentado en la sede de San Pedro, aunque fuera de culo inquieto porque viajó mucho, por todo el planeta, metiéndose en charcos sudamericanos, asiáticos o africanos. También europeos, claro. Dicen que su actitud, y su doctrina, fueron fundamentales para derribar el Muro de Berlín. A lo mejor hay que revisar un poco eso.

Juan Pablo II en su vida, digamos, más civil, se llamaba Karol Wojtyla, y fue actor amateur en una tierra rica en esa disciplina cultural y representativa: Zalensky, Mrozek, Turkow, Krasinski, Kieslowski, Andrei Wajda…

Y también fue portero de fútbol en el equipo del seminario que es, sin duda, la posición con más peso teológico en la cancha. Y la más dramática.

Recuerdo que cuando murió Juan Pablo II yo estaba invitado a la boda de mis amigos Olga y Gabriel. Como es natural, todas las campanas de la cristiandad doblaron anunciando su muerte. Yo, al escucharlas, con todo el respeto, me acerqué a la barra libre del convite de la boda y pedí un vodka helado para hacer un respetuoso brindis en su honor. No pudo ser. Solo tenían JB, Bacardi y Larios (era una barra libre pero no muy libre).

En fin, el consuelo es que creo que el matrimonio de Olga y Gabriel funciona y tienen dos hijas preciosas que han aprobado la Pevau. Yo me alegro mucho por estas cosas aparentemente pequeñas.

Todo acaba teniendo sentido cuando ves a Lewandosky acercarse haciendo extrañas piruetas al punto de penalti y a un portero enfrente que se aburre.

Al final gana otra vez la geopolítica: Polonia eliminada de la Euro.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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