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Sobre este blog

Soy ingeniero agrónomo y sociólogo. Me gusta la literatura y la astronomía, y construyo relojes de sol. Disfruto contemplando el cielo nocturno, pero procuro tener siempre los pies en la tierra. He sido investigador del IESA-CSIC hasta mi jubilación. En mi blog, analizaré la sociedad de nuestro tiempo, mediante ensayos y tribunas de opinión. También publicaré relatos de ficción para iluminar aquellos aspectos de la realidad que las ciencias sociales no permiten captar.

John Adams y la democracia americana

Eduardo Moyano

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Soy ingeniero agrónomo y sociólogo. Me gusta la literatura y la astronomía, y construyo relojes de sol. Disfruto contemplando el cielo nocturno, pero procuro tener siempre los pies en la tierra. He sido investigador del IESA-CSIC hasta mi jubilación. En mi blog, analizaré la sociedad de nuestro tiempo, mediante ensayos y tribunas de opinión. También publicaré relatos de ficción para iluminar aquellos aspectos de la realidad que las ciencias sociales no permiten captar.

No son pocos los norteamericanos que aún creen que la historia de los EE.UU. está bendecida por la Providencia. Esta dimensión religiosa, que impregna gran parte de la vida americana, la llevan en su cultura desde que los “peregrinos” del Mayflower llegaron el 11 de noviembre de 1620 a Cape Cod y crearon la colonia de Plymouth en la costa de Massachusetts. Pero, sobre todo, desde que los “puritanos” arribaron diez años después a la bahía de Boston algo más al norte.

Por eso, en una época, como la de mediados del s. XIX, aún no liberada de la superstición y todavía en los albores de la ciencia y la razón, muchos ciudadanos de los EE.UU. interpretaron como una señal divina que la muerte de dos de sus más ilustres políticos (Adams y Jefferson) se produjera justo el mismo día (4 de julio de 1826) y justo medio siglo después de la firma de la Declaración de Independencia (1776) en la que ambos fueron importantes protagonistas.

John Adams murió en Quincy (Massachusetts) a los 91 años, y Thomas Jefferson en Monticello (Virginia) a los 83 años. Era, sin duda, la coincidencia de una fecha tan cargada de simbolismo (el 4 de julio), que no es extraño que muchos vieran en ella indicios de tipo religioso.