Desolación (House where nobody lives)

https://youtu.be/kjqYCtilGF0

Hace unos días un grupo de señores y señoras se hicieron una fotografía frente a un club de alterne (aka puticlú) cerrado, abandonado a la ruina.

Iban bien vestidos, con ropa casual pero costeada, nueva, con un tijeretazo dado en las etiquetas del costado. El sol. El sol de cara les hacía cerrar un poco los ojos.

Eligieron hacerse la foto ahí y no frente a las puertas de una oficina de empleo o en un bar de barrio donde el café con leche lleva 15 años costando lo mismo. O al final de una cadena de envase de conservas de melva. O en una almazara o en una cooperativa de ajos. O bajo un plástico donde se cultivan fresas, aguacates y tomates cherry. O al lado de los camiones que los transportan. O frente a un contenedor oxidado del puerto de Algeciras.

Ni siquiera al pie de un escenario en la plaza del pueblo donde alguien intenta poner en pie una obra de teatro o un concierto de cámara.

No. Decidieron hacerse una foto junto a las paredes desconchadas de un inhabitado chalet aislado en las afueras.

Las curvas, los cruces de las carreteras secundarias de este mapa están llenos de esos esqueletos de ladrillo varados ya sin luces de colores, ahora con costras de cal desvaída, con pintadas (Jenny, te quiero. Abajo todo. Tu puta madre), con nidos de vencejos entre las vigas, con restos de una hoguera.

Construcciones que guardan un eco fantasmal de risas de alquiler y perfume barato.

Que ahora son zonas de sombra en el satélite que intenta dictarle algo al GPS de un Audi A8. Coche caro. Negro.

Eligieron hacerse una foto ahí como el que tira una piedra libre de pecado y el guijarro hace ondas en el charco y luego nada.

Iban bien vestidos; creo que eran unos moralistas o algo así.

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14 de octubre de 2018 - 03:00 h
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