El adulterio como una de las bellas artes

Es posible que El paciente inglés sea una de mis películas favoritas. Es posible, también, que lo piense hoy y nunca más otro día. En esa peli se habla de amor y de guerra, de frescos en una capilla de la Toscana y pasiones bajo el sol abrasador del desierto. De colonia, de espías, del cuidado al moribundo, de secretos, de traiciones y de adulterio.

La mejor canción de amor que conozco la compuso un italiano que –aún- responde al nombre de Gino Paoli. Se titula "Il cielo in una stanza". La cantaron Ornella Vannoni, Mina o Franco Battiato. Cuenta la historia de cómo pasan la siesta dos amantes en la habitación alquilada por horas mientras por la ventana sube el sonido de la armónica de un músico callejero. La canción es en blanco y negro neorrealista italiano. Tumbados boca arriba en la cama a los amantes el techo mal pintado de la habitación les parece todo un cielo. No hay canción más bella.

Leo en un periódico que la Guardia Civil desmantela una red de ladrones de trofeos de caza. Hay gente para todo. La noticia dice, además, que en la provincia de Córdoba se han decomisado 10 toneladas de cornamenta. Su destino era China, al parecer.

Exportamos cuernos. Qué cosas.

Me tomo una caña en el barrio leyendo la noticia del periódico y me acuerdo de El paciente inglés y de Il cielo en una stanza y pienso en el medio ambiente y en el polen del olivo y en cómo me pican los ojos y la nariz. Y creo que, aquí, en Córdoba, ni el aire ni el amor son puros. Y que hasta la Fiesta de los Patios se adultera.

Y, claro, concluyo que habría que revisar el concepto de "Pureza".

O el de "Impureza".

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17 de mayo de 2015 - 03:13 h