Muere Rafael Navarro, expresionista matérico

Rafael Navarro, junto a alguno de sus cuadros, en 2012
El pintor cordobés falleció la semana pasada y deja una extensa obra que se ha expuesto en varios países

Rafael Navarro falleció la semana pasada. El pintor cordobés nació en 1946 y se formó como artista fuera de la ciudad, en en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid, hoy Facultad de Bellas Artes. Durante un tiempo fue profesor de la Escuela de Artes y Oficios, de la que se apartó para dedicarse de lleno a la creación artística.

Su obra se ha expuesto en distintos países. En 2012 protagonizó una importante muestra en Kassel (Alemania). La organizó Michael Wilkens, arquitecto catedrático de Teoría de la Arquitectura en la Universidad de Kassel y fundador del grupo Baufrösche (Ranitas constructoras), un equipo de arquitectos ecologistas con renombre en el país. Su padrino en Córdoba era el arquitecto Alfonso Rodríguez, amigo personal del pintor y viejo coleccionista de sus obras. Parte de sus pinacoteca personal constituyó un importante porcentaje de la muestra alemana.

Navarro calificaba su propia obra como “expresionismo matérico”. Y se consideraba en la misma línea marcada por Francis Bacon o Antonio Saura. “Sí, sí, sí, somos de la misma familia. Con Saura, con Picasso, con Francis Bacon, con Bukowsky… Todos somos de la misma familia. O sea, todos somos expresionistas”, señalaba en una entrevista hace casi tres años. También era meridiano en sus clasificaciones. “Yo a los pintores los agrupo por familias. Y yo pertenezco a la familia de los expresionistas matéricos. Otros pertenecen a los realistas… Luego tenemos conexiones unos con otros. Ya te digo, yo, con Saura”.

A través de la abstracción, Navarro hablaba de la vida, de las personas y de la condición humana. Una de sus preocupaciones era asomarse al lado oscuro, a esa especie de demonio que llevamos dentro, en la mente. “Dios y diablo. La condición humana es lo que me inspira”, explicaba Navarro, rodeado de sus lienzos de trazos gruesos, relieves y colores oscuros y vivos. “Cuando veo a Ratzinger [el papa Benedicto XVI] o a Bush [George W., anterior presidente de los Estados Unidos] a Aznar [José María, expresidente del Gobierno ], o ahora, más actual, Rajoy [Mariano, presidente del Gobierno], no veo su cara o su barba. No, lo que yo veo es esto, el monstruo. Y eso es lo que yo pinto. Trato de sacar los fantasmas que llevo dentro”.

Y esa tesis fue la que marcó su carrera hasta el final. “A lo largo de los años me he centrado en ese lado oscuro de la condición humana. La dinámica de trabajo te da la evolución sin tú pretenderlo. La dinámica de la ejecución de una obra, otra obra, otra obra te va librando de cosas y coges otras nuevas. Se va decantando la obra. Esto es antiguo y esto es nuevo. Pero la filosofía es la misma, es el ser humano pero desprovisto de la epidermis. No me interesa la gente, si tiene los ojos más grandes o es más guapo o más feo. Me interesa lo que hay dentro. Tras una cara bella puede haber después lo que hay…”, explicaba el propio pintor.

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