Sobre este blog

Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

El próximo alcalde y los termómetros

Una mujer fotografiando un termómetro a 48 grados en Córdoba

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Cuando yo sea alcalde (más pronto que tarde, por el bien de la ciudad), habrá cosas que cambiarán; y será bueno para todos y también para todas.

Desgraciadamente (de momento esto no se ha remediado), seré elegido primer edil en un mes de mayo, al borde o al final de la celebración de las Ferias y Romerías de España y sus poblados. Esto suele pasar así por una causa obsoleta que se llama “democracia” y su gadgetobrazo que se extiende y que se encoje a voluntad para llamarse “calendario electoral”.

Un atraso, pero qué le vamos a hacer. No me importa ser un alcalde democrático si el fin justifica los medios.

Les adelanto que mi primera decisión será la de eliminar todos los termómetros instalados en la vía pública de la ciudad. Sí, esos supuestamente modernos que tienen los dígitos amarillos sobre fondo negro y que van cambiando como cuando coges número en la pescadería o en la consulta del proctólogo.

Sí, esos de la empresa JCDecaux que ha llenado de marquesinas, mingitorios, quiosquitos y presuntas columnas de información pública de cosas que no le importan a nadie a más de media Europa. Llevan tanto tiempo ahí que parece retrofuturismo. 

Eliminaré todo esos termómetros por una mera razón disuasoria: no puede ser que un trasto de lata puesto en una esquina al sol inclemente sea objeto de miradas, resoplidos y sustos.

Por no hablar de que una ciudad patrimonial como ésta, palimpsesto de la historia y las civilizaciones, acabe siendo conocida en el mundo a través de imágenes de instagram de gente en chanclas, despedidas de solteros o solteras o entrañables jubilados de Cuenca y Albacete que se retratan con un palo selfie en un plano contrapicado bajo uno de esos termómetros que marcan 52º. Y se creerán Orson Welles.

Naturalmente, la decisión de retirar esos termómetros será unilateral porque seré el alcalde. Lo de la consulta, lo de la participación ciudadana y lo del consenso es una cosa viejuna que nunca ha ido a ningún lado. La historia lo demuestra; no daré detalles para no aburrir.

Una persona no tiene ni calor ni frío si no hay nadie ni nada que se lo diga. Es un principio básico de la comunicación. De la semiótica, si me apuran.

Sin esa información no hay ni frío ni calor. Esa ignorancia nos iguala. Es pura democracia. No nos importan lo hechos, lo dijo Chomsky.

Tenemos el incendio a las puertas y nosotros miramos el termómetro para presumir y enviar un whatsapp.

Pues, valle. Sigamos.

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Como desde siempre he sido reacio a levantar pesos o manipular herramientas, pero sé leer, escribir y hablar, he acabado trabajando (es un decir) en medios de comunicación escritos y radiofónicos. Creo que la comunicación y la cocina tienen muchas cosas en común: por ejemplo ambas necesitan emisores y receptores, y tienen una metodología parecida, una suerte de sintaxis y de morfología que deben ser aplicadas. Cocino habitualmente en casa y mi último descubrimiento ha sido comprobar que recoger y limpiar utensilios mientras preparo la comida es muy bueno: ha cambiado mi vida, de hecho. Buen provecho a todos.

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