Havenaar, séptima víctima de la maldición japonesa

Havenaar, con Sergio Ramos al fondo, en el Real Madrid-Córdoba | MADERO CUBERO
Zaizen, Shoji Jö, Nishizawa, Nakamura, Aki y Okubo le precedieron en la cadena de fiascos nipones en la Liga española

Quizá se lo piense dos veces el club de la Liga que pretenda contratar a un futbolista japonés para reforzarse. Los jugadores de esa nacionalidad han encarnado sonoros fracasos en sus experiencias en el campeonato, que han resultado todo un monumento a la intrascendencia. El último eslabón de esa ristra de decepciones lo representa Mike Havenaar (Hiroshima, 1987), que saldrá del Córdoba por la puerta traserá y en el más absoluto silencio después de haber llegado envuelto en fanfarrias, con un impresionante aparato mediático detrás y una recordada presentación pública en el Alcázar de los Reyes Cristianos. Descomunales expectativas para un desempeño mínimo. Llegó para hacer goles y se va sin haber firmado ninguno en partido oficial. Aún hay quien se pregunta para qué trajeron a este ariete de 1'94, internacional y con un historial notable en el campeonato japonés y en la Eredivisie holandesa con la camiseta del Vitesse. El primero que se plantee ese incómodo interrogante puede ser el propio jugador, totalmente fuera de onda en el césped, en el vestuario y en la propia ciudad. A Mike se lo tragaron las circunstancias. Como a los compatriotas que le precedieron en su paso por la Liga.

El pionero fue Nobuyuki Zaizen, fichado por el Logroñés en la temporada 96/97. La ilusión que traía se apagó pronto. La normativa limitaba el cupo de jugadores extracomunitarios por entonces y el entrenador del equipo riojano, Miguel Ángel Lotina, le dejó sin ficha después de ver su desempeño en algún amistoso. Estuvo unos meses en Las Gaunas antes de ser enviado en el mercado invernal de esa misma temporada al Verdy Kawasaki.

Tres años después, el Real Valladolid se embarcó en una operación impactante. Pagó 2'4 millones de euros (unos 400 millones de las antiguas pesetas) en el 2000 por Shöji Jö. El delantero hizo historia al ser el primer japonés que jugaba un partido oficial en la Liga. Jo firmó dos goles ante el Oviedo en 15 partidos y sufrió una grave lesión durante un partido con su selección ante China. Se rompió el ligamento cruzado y necesitó siete meses de recuperación. En Pucela no ejecutaron la opción de compra.

Lo intentó también el Espanyol, que en el mercado invernal de 2000-01 reclutó a Akinori Nishizawa. Estuvo lejos de ser un revulsivo. Actuó en seis partidos y en ninguno logró batir la portería rival. El club catalán decidió cederlo al Cerezo Osaka para estudiar su posible regreso, que nunca se produjo.

Tardó un lustro en llegar otro japonés a la Liga. En enero de 2005, el Mallorca echó las redes a Yoshito Okubo, quien protagonizó la irrupción más impactante en el campeonato. Se estrenó en un partido ante el Deportivo de La Coruña marcando un gol que valió un punto. El argentino Héctor Cúper supo explotar las virtudes del japonés, que actuó en 13 partidos y marcó 3 goles en la segunda vuelta, ayudando a la agónica permanencia de los bermellones en Primera. El Mallorca amplió la cesión y Okubo jugó 27 partidos (3 goles) en la siguiente campaña, muy convulsa y con relevo en el banquillo, al que llegó Gregorio Manzano. Después de temporada y media de servicio aceptable, Okubo se fue de Son Moix para retornar a Osaka.

Con muy buen cartel llegaba en 2009 al Espanyol Shunsuke Nakamura, un japonés de acreditada experiencia en el fútbol europeo con tres temporadas en la Reggina italiana y cuatro en el Celtic de Glasgow. Un refuerzo de calidad y un escaparate mediático para el Espanyol, que contempló con estupor las paupérrimas prestaciones de un jugador desubicado en la Liga. Doce partidos, cero goles. Pocchetino le sacó de las alineaciones y Nakamura se vino abajo. Regresó al Yokohama Marinos, el club en el que empezó como futbolista.

El sexto japonés en la Liga fue Akihiro Ienaga, que llegó en el mercado de invierno de la temporada 2010/11 al RCD Mallorca con un contrato de cinco años y una cláusula de rescisión de 18 millones de euros. Aki despertó las esperanzas de los aficionados baleares y también de Michael Laudrup, que le dio un sitio en el once. El balance fue de 2 goles en 25 partidos entre 2011 y 2013, año en el que se marchó a préstamo al Ulsan Hyunday de Corea del Sur. No volvió.

El periplo de Mike Havenaar no ha sido mucho mejor que el de los paisanos que le precedieron. El punta ha jugado 290 minutos en cinco partidos y lleva fuera de las convocatorias toda la etapa de Miroslav Djukic, quien nada más aterrizar lanzó una advertencia -“el puesto hay que ganárselo con actitud en los entrenamientos”- que terminó siendo una sentencia. El japonés firmó en verano un contrato hasta junio de 2016, pero su historia en el Córdoba ya ha terminado.

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