Detrás de la cantante ‘fake’ cordobesa que seduce a Spotify y TikTok: “La IA puede ser una droga para gente creativa”
“Me ha recordado un poco a María José Llergo”. “Sí, y la música suena como la de Javier Limón”. Son reacciones habituales cuando desde un dispositivo culquiera suena Sereia, una “artista digital con raíces en Córdoba”, ronda ya los 3.800 oyentes mensuales en la plataforma de Streaming más importante del mundo, y suma hasta 70.000 interacciones en algunos de sus vídeos en Tik Tok. La cuestión, claro, es que Sereia no existe, aunque lo que suena se haya escrito, compuesto y prompterizado* desde Córdoba.
Por momentos parece una broma privada. Una travesura tecnológica. Un experimento doméstico con más curiosidad que ambición. Pero hay mucho más detrás: todo un debate sobre el futuro de la creación que ya es presente. Y, como telón de fondo, unas plataformas -Spotify, muy especialmente- que no entiende de ironías: entiende de datos. Y los datos dicen que Sereia ha logrado en unos meses colarse en listas editoriales como Jaleo, Novedades Flamenco, Equal España o Fresh Finds España junto a artistas de carne y hueso. Ya decía Gata Cattana en Desértico que 10.000 oyentes bien usados son un ejército; los casi 4.000 de esta cantante fake pueden ser pocos si se comparan con los grandes nombres de la industria, pero, si se miran los números de cantantes cordobesas emergentes y de un rango similar -digamos flamenco pop-, este perfil multiplica por diez sus números en la principal plataforma de streaming.
Una plataforma que vive días oscuros, con boicots de artistas tanto por las inversiones del cofundador y CEO Daniel Ek en empresas de tecnología militar, como por quejas por la proliferación de música generada con IA y perfiles de “productores fantasma”, proyectos sin identidad artística clara que alimentan playlists funcionales y recomendaciones algorítmicas con piezas creadas en serie, que clarificación y transparencia, lo que para muchos músicos independientes supone competir contra un flujo masivo de contenido de bajo coste que diluye ingresos y visibilidad.
Practicamente ajeno a toda esta cuestión, el productor que ha diseñado y creado a Sereia ha descubierto que su música se colocaba allí donde nunca había llegado con sus otros proyectos sin tener ninguna ambición. Nada de campañas de pago. Nada de bots. Nada de inversión publicitaria. “Todo es orgánico”, insiste su creador, Alejandro —38 años, empleado en el sector de las telecomunicaciones, productor musical por vocación desde la adolescencia— que prefiere mantenerse en un discreto segundo plano. “No hay nada de pago detrás ni impulsos raros. Ha sido suerte y entrar en playlists editoriales. Ahí fue cuando explotó”.
Lo que no existe, pero cada vez está más presente
La historia de este perfil arranca en 2025. Y ni siquiera había música, solo imagen. Ante la proliferación de perfiles falsos en redes, Alejandro cuenta que se propuso crear un rostro. No uno cualquiera, sino uno coherente, repetible, con identidad. Sereia —“sirena” en portugués— nació como un reto personal de diseño generativo. El nombre, curiosamente, termina en “IA”, aunque no fue intencionado. “Simplemente me gustó”, dice. Hubo incluso una versión descartada con apellido, pero finalmente quedó en un nombre único, flotando entre lo exótico y lo ambiguo.
La imagen está generada y almacenada en su propio ordenador. “Tengo su archivo. Es mía. La hago en mi equipo”. La modelo base, confiesa, es su pareja. A partir de ahí, ha aprendido a generar múltiples variaciones de una misma escena, distintas poses, pequeñas alteraciones que construyen la ilusión de continuidad y de personalidad propia.
Una consistencia visual que trabaja especialmente en TikTok, donde la cuenta ha empezado a recibir comentarios —incluidos algunos pretendientes desconcertados— que le han hecho replantearse cuánto realismo desea otorgarle a su criatura digital. “De momento voy cauto con el tema vídeo, ya que me da más cosa”, reconoce. “Es como si la hicieras demasiado real”.
De Fruity Loops 3.5 a la inteligencia artificial
Alejandro lleva haciendo música desde los 12 o 13 años. Recuerda con precisión el primer programa: Fruity Loops 3.5. Después vendrían FL Studio, Studio One y, actualmente, Ableton Live. Su recorrido es el de una generación en la que hay productores que nunca grabaron baterías o guitarras acústicas en un estudio analógico, sino que aprendió a programarlas, a sintetizarlas, a moldearlas a golpe de ratón y teclado.
En este sentido, apunta que la música ha cambiado. “Ya hace mucho tiempo que una buena parte de la música que escuchamos no la hacen humanos como antes. La hacen máquinas, sintetizadores digitales. Lo que cambia ahora, eso es verdad, es que la máquina sea también la voz”, reflexiona.
La voz de Sereia, con un notable y conseguido acento andaluz, se genera con Suno, una polémica herramienta que usa la IA y que, pese a que cuenta con el respaldo de productores estrella como Timbaland o Diplo, ha acabado en los tribunales porque varias de las principales discográficas la han demandado, alegando que sus sistemas habían sido entrenados en grabaciones protegidas por derechos de autor sin permiso.
“Suno es como una droga”
Alejandro la usa por un módico precio. Paga una suscripción mensual (en torno a diez euros) que le permite transformar sus ideas y referencias musicales en una interpretación cantada. Alejandro cuenta que escribe las letras y produce la base instrumental en su estudio. Luego sube esa instrumental y el texto a la plataforma, que genera una versión vocal ajustada, con el acento cordobés incluído. Después viene el desmontaje: elimina elementos, rescata otros, remezcla, corrige. “Al principio tenía menos intervención mía. Pero este año quiero que cada tema tenga más producción propia. Que suene menos IA”.
Hay un momento en la conversación en el que Alejandro define con crudeza el fenómeno. “Suno es como una droga para gente creativa”. La comparación no es casual. Habla de dopamina, de esa descarga inmediata que produce pulsar un botón y obtener una canción terminada en segundos. “Te segrega algo… y dices: ‘Hostia’. Pero luego te das cuenta de que eso no es lo que quieres. Si eres artista, quieres participar. Sentirte parte”, admite, reconociendo que todo el proyecto está atravesado por un dilema moral.
Por un lado, la fascinación técnica. Por otro, la necesidad de autenticidad. Alejandro no quiere que Sereia sea un “churro” automático. Quiere que sea una obra trabajada. Por eso, según asegura, compone sus propias instrumentales, intenta independizar la voz del generador y persigue una identidad sonora que no quede asociada a la textura algo “guarra” de los primeros outputs de IA. Todo porque ya observa con cierta inquietud cómo el algoritmo de Spotify tiende a agrupar canciones generadas por IA en recomendaciones conjuntas, como si el sistema reconociera un patrón tímbrico común. Y no quiere quedar atrapado en esa etiqueta.
¿Hackeando Spotify?
El salto de una quincena de oyentes mensuales con sus otros proyectos previos, con los que lleva años trabajando, a casi cuatro mil en unos meses con Sereia, no es habitual en la escena independiente cordobesa. Mucho menos sin inversión promocional. En este ámbito, las entradas en playlists editoriales de Spotify, que no controlan ni discriminan, fueron determinantes: en algunos días, comenzó a sumar miles de reproducciones.
Alejandro se sorprende tanto como cualquiera. Tiene otros proyectos musicales —de electrónica experimental, ambient, propuestas más duras— que apenas sumaron escuchas pese a años de trabajo minucioso. Con Sereia, en cambio, el crecimiento ha sido meteórico, con algunos post totalmente viralizados en la otra plataforma donde es más activo el perfil: Tik Tok.
En el gigante chino sí que recibe comentarios y feedbacks. Desde quien intenta ligarse a Sereia a quien trata de descubrir el pastel de que es un perfil generado por IA. Él no lo oculta, y en el Tik Tok pone visible las cuatro palabras clave de toda esta historia: “Contenido generado por IA”.
¿Ha ganado dinero? Alejandro es muy claro: “Es que yo no lo hago por dinero”. Añade que sus ingresos actuales ni siquiera cubren el coste de la suscripción a Suno. Lo vive como un reto superado, una metatécnica alcanzada. “A veces me digo: mira, al final lo he logrado”, cuenta, con la mezcla de orgullo y desconcierto de quien no esperaba que el experimento trascendiera.
El dilema moral
Eso sí, Alejandro no rehúye el debate. Reconoce que existe una barrera psicológica cuando el público descubre que la voz no pertenece a un cuerpo real. La asociación entre voz y emoción, entre garganta y biografía, está profundamente arraigada. En el fondo, todo esto plantea una pregunta incómoda: ¿Cuánta música contemporánea lleva años maquillando las voces para que suenen con ese pellizco que algunas estrellas ya no alcanzan? ¿Cuántos éxitos están basados en samples y refritos de viejas canciones desde la época del hip hop, que transformó por completo la industria?
Para él, la clave está en la honestidad. No ocultar la naturaleza digital del proyecto. No fingir que Sereia es una persona de carne y hueso. “Eso no está bien”, dice, en referencia a perfiles que se presentan como cantantes reales cuando no lo son. Lo que sí reivindica es el papel humano en la selección. “Siempre hay alguien que decide qué se publica y qué no. Si lo que presento es una mierda, no le va a gustar a nadie”.
Tampoco oculta que Suno ha cubierto un hueco que siempre ha tenido en su música: “He probado antes con cantantes, pero si te soy sincero, es que con Sereia nunca me peleo”, confiesa, antes de advertir dos cuestiones: nunca ha querido ser músico profesional y no se considera una persona con la que sea fácil trabajar.
Así que prefiere hacerlo todo en la soledad de su casa. El 28 de febrero publicará un nuevo tema. No está del todo satisfecho con el resultado, pero sí que indica que va a seguir estirando el chicle. Desde luego, sin querer erigirse en símbolo de nada. “Sereia ha sido otra cosa más de las que he hecho. Soy inquieto, eso es todo”.
*Prompterizar es una anglicismo que se usa para dar órdenes (prompts) a los motores de Inteligencia Artificial (como ChatGPT, Gemini o Midjourney) para guiarla y obtener un resultado concreto, ya sea texto, imagen, código o resumen
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