Almudena Castillejo, ilustradora: “El mundo avanza hacia la oscuridad”
En el taller de Almudena Castillejo hay sirenitas, retratos, marineros, narices turquesa, orden y color. Mucho color. La joven ilustradora cordobesa ha logrado forjar un sello inconfundible a caballo entre la postal folclórica y la ensoñación andaluza. En 2021 fue seleccionada por Cruzcampo para la súper campaña Con mucho acento que devolvió nada menos que a Lola Flores al mundo de los vivos. Desde entonces no ha parado. Fundadora del colectivo artístico Algazara, se ha rebelado como una creadora hiperactiva, nada acomodaticia y siempre dispuesta a ampliar los horizontes del arte visual.
PREGUNTA. Usted ha dicho: “Estoy segura de quién soy y hacia dónde voy”. Soy todo oídos.
RESPUESTA. Soy Almudena Castillejo. Soy artista. Soy mujer. Soy andaluza y sé de dónde vengo.
P. ¿Y de dónde viene?
R. Sé quiénes fueron mis padres. Conozco cada esquinita y cada recoveco de esta ciudad, de la historia de mi familia, de la historia de mi vecino y lo que me queda todavía por descubrir. Sé por qué tengo los ojos marrones, por qué muevo las manos de una manera tan exagerada, por qué tengo este acento y por qué digo expresiones que suelo usar en mi día a día. Conozco mi historia y por eso sé a dónde quiero ir. Y no soy más que una hormiguita en este hormiguero que quiere pasar por esta vida cuidando del lugar donde se encuentra. He ido regando los campos por donde he pasado y he hecho todo lo que estaba en mis manos por hacer el bien a mi comunidad.
P. ¿Saber de dónde se viene ayuda a saber adónde se va?
R. Para mí, sí. Y lo puedo defender. Yo siento mis raíces y forman parte de quien soy inevitablemente.
Soy artista, soy mujer, soy andaluza y sé de dónde vengo
Almudena Castillejo (Córdoba 1987) es hija de una modista. Y en la casa donde se crió era indistinguible dónde llegaba la vivienda y dónde empezaba el taller. Siempre que volvía del colegio había una mujer esperando en el salón y otra que acababa de cerrar la puerta. Todo era una bendita confusión: el taller de costura, el comedor y el cuarto de las tareas. “Todo eso lo he llevado en mi ADN y en mi formación”, asegura sentada en una butaca.
De tal forma que ha repetido en su vida el modelo de negocio que heredó de su madre. “Durante años mi casa y mi taller eran lo mismo”, sostiene. Al menos, hasta que abrió Recoveco, el luminoso estudio donde tiene lugar esta entrevista. “Siempre terminaba con mis alumnos tomando café en la cocina o el cliente sentado en el salón de casa”.
Formó parte de la primera promoción de la rama de Ilustración que se puso en marcha en la Escuela de Arte Mateo Inurria. Jamás dudó de que quería ser lo que ha terminado siendo. “Nunca tuve un plan B”, afirma de manera gráfica. De pequeña, se entretenía con el dibujo, las telas de su madre y los collages. Y sus padres lo tenían claro: “La niña va a ser artista”. Y así fue.
Su paso por la Escuela de Arte fue providencial. “Qué profesorado más maravilloso”, proclama. Cuando terminó el ciclo de Ilustración se matriculó en la Facultad de Bellas Artes de Granada, pero no pudo concluir la carrera y regresó a Córdoba. Irrumpió en el mundo profesional como un vendaval. Ilustrando libros, organizando exposiciones, dando clases de dibujo y presentándose a todas las convocatorias públicas que se ponían por delante. “Y nunca dejé de pintar”, asegura.
P. He leído en internet sobre usted lo siguiente: “Artista que fusiona el surrealismo pop, la ilustración clásica y una profunda carga simbólica”. ¿Da el clavo?
R. Surrealismo pop es una corriente guapa nueva, ¿no? Mola para hacer camisetas. La voy a explotar porque me gusta un montón. He bebido mucho de la ilustración y puedo utilizar iconos que sean muy reconocibles. Me interesa más el mundo de las emociones que el de las apariencias. Por eso hago tantísimos retratos.
P. Ilustradora, artista visual y muralista. ¿Dónde se siente más como pez en el agua?
R. Con un pincel en la mano. Y manchadita de pintura.
P. ¿Mejor pincel que lápiz?
R. Colores. Necesito los colores.
P. ¿Por qué necesita los colores?
R. Porque forman parte de mi mensaje. Por ese simbolismo. Por este surrealismo pop, que necesita el color. Yo no puedo hacer nada por azar. Todo tiene que tener un porqué. Siempre tiene que haber una historia detrás. Y necesito la fuerza que me da el color para que esa historia esté completa.
No quiero ser solo la chica Cruzcampo
Se declara una “obstinada narradora de historias” y reivindica el retrato como soporte esencial de su obra. De hecho, las paredes de su taller están pobladas de rostros multicolores envueltos en vegetación, rodeados de fruta o sosteniendo ovillos de hilo. Sus ilustraciones se han dejado ver en Buenos Aires, Cuba, Frankfurt, Murcia, Alicante, Madrid, Gijón, Jaén y, por supuesto, Córdoba. “Me he presentado a muchas convocatorias, a muchos certámenes, a muchas agencias de publicidad, siempre con mi portfolio en la mano. Es un trabajo muy duro. Y lo que saco de aquellos años, aparte de sumar un currículo artístico, fue acostumbrarme al ”no“. No sé cuántos ”noes“ he recibido en mi vida”, reconoce en su estudio Recoveco.
En mayo de 2021, lideró la fundación del colectivo artístico Algazara, que agrupa a una veintena de creadores comprometidos con la defensa de la identidad andaluza. La iniciativa surgió a partir de un proyecto expositivo titulado Algazara, el presente del Califato, comisariado precisamente por Almudena Castillejo, pero acabó consolidándose como un grupo estable de creación multidisciplinar. “La cuestión no es solamente dibujar o pintar, sino también buscar conexiones entre artistas e inventar. Me encanta hacer proyectos de coordinación o colaborativos”, señala la ilustradora.
La idea central de la iniciativa perseguía combatir los clichés y estereotipos que gravitan habitualmente sobre la cultura andaluza. “Queríamos exponer una visión propia de nuestras raíces, aunque bajo una perspectiva contemporánea, y defender esa parte cultural andalucista a través de nuestra obra, ya sea por las temáticas o por las técnicas que usamos”, argumenta Castillejo.
P. Usted fue fundadora del colectivo Algazara. ¿Se aburría sola en el taller?
R. No. Estoy a gusto en el taller, pero necesito compartir. Por eso también me gusta mucho el retrato, porque necesito de la gente. La realidad es que estaba muy enfadada en ese momento. Ya estaba harta de los estereotipos y quería dar un mensaje sobre la identidad andaluza contemporánea. Podía haber hecho una exposición andalucista con esa idea yo sola, pero era mucho más interesante hacerlo con artistas andaluces. Y bendita la hora.
P. El título de aquella exposición fue Algazara, el presente del califato. ¿Y quién es vuestro califa?
R. Se llamó El presente del califato por unas declaraciones de Ayuso acerca de que la historia de España había empezado con la reconquista. ¿Y Al Andalus nos lo comemos con papas? Es que es muy fuerte el robo identitario continuo desde el franquismo hasta ahora. Ahí tenemos, por ejemplo, Madrilucía. ¡Qué vergüenza! Vamos a hacer un mes de feria y la vamos a llamar Madrilucía. Utilizan parte de nuestra identidad, que es la feria, para sacar reales. Y encima está detrás una empresa de Bertin Osborne. Como andaluza se me cae la cara de vergüenza. Así que Algazara sale del enfado y es una palabra que alude al ruido de mucha gente que nace de la alegría. ¿Quién es nuestro califa? Nuestra matria, nuestra madre, nuestro padre, nuestro vecino. Y tenemos muchos profetas: desde Antonio Manuel a Soledad Castillero, Jesús Bienvenido o Isidoro Moreno. Gente maravillosa.
P. ¿El arte andalucista existe?
R. Sí. Por supuesto.
Tengo un corazón muy quinqui
P. El suyo.
R. El mío y el de otras personas. En el momento en el que un ilustrador o un poeta está escribiendo en EPA ya es andalucista.
P. ¿Qué es EPA?
R. EPA es una propuesta lingüística de escritura en andaluz. No quiere decir que vayamos a dejar de escribir en castellano de la RAE.
P. ¿Usted escribe en EPA?
R. He escrito muchas veces en EPA para crear títulos o poemas. En la forma de rimar me viene muchísimas veces mejor mi acento andaluz que el castellano.
P. Y luego vino la colaboración con la campaña de Cruzcampo.
R. Surgió a través de las redes sociales. Contactaron conmigo por Instagram. Habían visto mi trabajo, mis proyectos y como defendía públicamente la iniciativa de Algazara.
P. ¿Y qué le dijeron a través de Instagram?
R. Al principio no me desvelaron de qué empresa se trataba ni cuál era la campaña. Nada. Solo me dijeron de qué agencia de publicidad se trataba, que les había gustado mi trabajo y que querían proponerme colaborar en una campaña.
P. Y la llamaron por teléfono.
R. Sí. Y me dijeron que tenían entre manos un proyecto de ilustración y merchandising. La idea de ellos era hacer camisetas, bolsas y otro material. Me comentaron que les había gustado mucho mi perfil, mi trabajo y la defensa que hacía de nuestras raíces bajo mi prisma contemporáneo. Y me contactaban para una campaña que luego se llamó Con mucho acento. También querían encontrar palabras que conectaran con el público para defender nuestra identidad. Cada botellín y cada lata estaba ilustrada por una palabra: duende, coraje, fiera, poderío. Eran palabras potentes e identitarias.
P. La suya fue duende.
R. Sí. Ellos me la asignaron.
P. No estaba usted sola. Había otros seis ilustradores andaluces en este proyecto.
R. Sí. Dos de ellos forman el estudio Rebombo y son de Cádiz. Gracias a ese proyecto nos conocimos y seguimos teniendo mucho contacto. Fue un proyecto que funcionó muy bien. Formamos un equipazo impresionante y luego hemos seguido trabajando posteriormente.
P. Y le dio visibilidad como artista.
R. Sí. Incluso más al colectivo Algazara, aunque yo fui como Almudena Castillejo. Y mi mensaje fue un mensaje andalucista a través del arte. A partir de aquella campaña me empezaron a tomar más en serio.
Necesito la fuerza que me da el color
P. Usted hizo etiquetas para la botella y la lata de cerveza Cruzcampo.
R. Cada uno diseñó una etiqueta distinta. No sé cuántas dibujamos. Había un trabajo detrás inmenso. Estaba todo estudiadísimo al milímetro. Hicimos muchas propuestas. No sé cuantas rondas se hacían y además con un feedback duro.
P. ¿A qué se refiere feedback?
R. Tú empiezas con mucha libertad poniéndole mucha alma y yo tuve que dar una masterclass de por qué había metido una estrella tartésica en la botella. Tuve que defender cada elemento. Me preguntaron: “¿Esta estrella tiene connotaciones religiosas?”. No. No tiene connotaciones religiosas. Teníamos que explicar cada detalle con un contrato firmado de aupa.
P. ¿De dónde era la agencia?
R. La agencia era sevillana. Y la campaña era Con mucho acento. La famosa de Lola Flores. Los jefes eran vascos, aunque la última palabra la tenía la empresa alemana de cerveza. La campaña estaba muy bien pensada. No solamente era una nueva etiqueta, sino que querían conectar con un público más joven.
P. ¿Cuánto tiempo duró el proyecto?
R. Fueron muchos meses hasta la fiesta de presentación. Aproximadamente un año. Y como funcionó tan bien al año siguiente nos volvieron a contratar. No teníamos que diseñar nada nuevo, pero mientras que la campaña estuvo vigente estábamos contratados. Si tú has firmado unos derechos de autor para un año, y esa campaña se va a seguir publicitando en televisión y las botellas van a seguir vendiéndose en un bar, pues los tienen que pagar. Ojalá esa campaña se hubiera tirado 10 años más. Para mí fue una pasada y me lo tomé muy en serio. Yo puse el corazón en la mesa y nos dio el espacio para tener voz.
P. ¿Almudena Castillejo será ya siempre la chica Cruzcampo en Córdoba?
R. No, leche. Tengo mucho más que dar. Para nada. Es bonito, pero no quiero quedarme en Cruzcampo.
P. Quiere pasar a Estrella Galicia.
R. Este año he estado trabajando con la cerveza Alhambra.
P. Se está usted especializando en cerveza.
R. Voy a ir pasando por todas. La chica de las cervezas. Eso sería guay.
P. ¿Qué es el duende?
R. Me hace mucha gracia cuando me dicen que tengo un don. Y el don son muchos años de curro, ya seas músico, pintor o escritor. Hay muchas horas detrás. Cualquier persona puede aprender a dibujar. ¿Qué te puedo enseñar yo? Perspectiva, composición, dibujo, técnica. Pero, de repente, hay una cosa que atrapa al espectador: eso que no sabemos explicar por qué nos hemos detenido en este cuadro y no puedes dejar de mirarlo. Ese es el duende. La magia. A mí me encanta la sensación del vello de punta porque es una de las pocas cosas que no se pueden disimular en esta vida.
Los chicos votan a la derecha mientras que las chicas defienden políticas feministas
P. ¿Todos los muralistas llevan un grafitero en su interior?
R. Si digo que sí me comerían viva. El grafiti tiene una historia social y política detrás absolutamente potente. Y de por sí engloba un estilo y una técnica muy particulares.
P. El grafitero es el muralista furtivo.
R. Por supuesto. El clandestino, el de la crítica social, el rompedor. No hay mejor escaparate para que llegue un mensaje que un muro.
P. Usted lleva una grafitera dentro.
R. Sí. Yo tengo una parte quinqui que no se puede obviar. Y aunque sepa cómo comportarme en una mesa, tengo un corazón muy punky. Y si llega el momento en que puedo lanzar un mensaje potente social o político, lo voy a hacer ya sea usando una pared, un dibujo en Instagram o una camiseta.
P. ¿Y qué mensaje político quiere lanzar?
R. Me gustaría lanzar muchísimos.
P. Deme uno.
R. Ahora mismo estoy pasando una época muy triste y muy desalentadora.
P. ¿Por qué?
R. No me gusta hacia donde nos dirigimos.
P. ¿Y hacia dónde vamos?
R. Hacia una oscuridad. Tengo la energía de cuando tenía 15 años, pero parece que por dentro llevo a un ser de 80. Estoy un poco desalentada.
P. Por cómo circula el mundo.
R. Por el mundo. Por el fascismo creciente en nuestra sociedad. Ya no solamente en Andalucía y Europa. Yo he crecido pensando que los derechos conseguidos ya no se iban a perder. Y se pueden perder. He sido muy ilusa y muy ignorante. Y me da muchísimo miedo. Parece que el ser humano está empujando hacia atrás en contra de las propias leyes de la física. Me parece muy triste y me da mucha mucha rabia.
Algazara nació del enfado con los estereotipos sobre Andalucía
P. ¿Para qué diablos sirve el arte?
R. El arte es un buen arma para lanzar mensajes y hacer reflexionar al espectador. Con una canción se puede convencer de que el amor puede con el odio. Pasó ayer con Bad Bunny. Y lo que dijo tendría que ser la base de la humanidad. El arte urbano es una herramienta social y política para lanzar mensajes fuertes. A veces me pregunto: “Con todos los problemas que hay en este mundo, ¿que hago yo pintando?”. Muchas veces me siento una absoluta mierda. Si lo que tendría que hacer es tirar los pinceles y echarme a la puta calle donde hagan falta estas manos. Aunque luego tengo que reconocer dónde están mis límites.
Yo tengo una parte de psicóloga increíble. Toda esta parte del retrato por encargo que hago de una manera muy emocional y con un objetivo muy claro. El producto que hago está cargado de sentimentalismo. Antes del retrato, entrevisto al cliente con una descarga brutal de sus luces y sus sombras. Trato de personalizar el retrato y alguno de mis clientes terminan llorando.
P. ¿Para ser mujer y artista hay que tener poderío?
R. Hay que tenerlo para todo en esta vida. Hasta para abrir el frigorífico y tener solo un tomate y un pimiento para cocinar. El poderío no solamente es la fuerza, sino la resolución de un problema siempre de forma creativa, con ímpetu y no agachando la cabeza. Tengo un tomate y un pimiento y voy a sacar una obra de arte con muy poquito.
P. ¿El feminismo es la gran revolución contemporánea?
R. En la tercera ola del feminismo se han conseguido muchas cosas. Sí, el feminismo ha sido la gran revolución contemporánea. Antes se negaba y ahora me encanta escuchar a un político de derechas diciendo “hola a todos y todas”. ¿Ahora qué? Les sale ya fluido. Desde el lenguaje inclusivo hasta la negación del techo de cristal.
P. Leo en internet lo siguiente: “El antifeminismo emerge ya como motor del voto de extrema derecha”.
R. Totalmente. La mayor parte de los chicos son más votantes de derecha que las chicas. La mayoría de las chicas jóvenes van a votar a la izquierda y defienden políticas feministas.
P. Antes, sin embargo, la mujer era la reserva conservadora de la sociedad y ahora son las más progresistas.
R. En el momento en que la mujer pudo acceder mayoritariamente a la educación y se salió del rol de esposa y madre.
P. ¿Raíces o alas?
R. Es que para que crezcan las alas tenemos que tener raíces. Si no las plantas no crecen.
P. Es usted consumidora compulsiva de poesía. ¿Qué verso le abrió los ojos?
R. Es que si os lo cuento…
P. Hemos venido para eso.
R. Puede parecer muy típico, pero desde muy pequeñita el verso que me abrió los ojos fue el Ser o no ser.
P. De Shakespeare.
R. Yo era una apasionada de Shakespeare. Y puedo repetirle el verso entero: “Ser o no ser, esa es la cuestión, ser más noble, sufrir en el ánimo la ira y venida de la insultante fortuna o alzarse en armas…”. No le voy a decir que el verso que me abrió los ojos fue de Lorca o Machado.
Ayuso dijo que la historia de España empieza en la reconquista. ¿Y Al Andalus nos lo comemos con papas?
P. Eso es lo que se espera de una andalucista.
R. Pues no. ¿Qué entiende usted por andalucismo? ¿Que tengo que cantar todo el día fandango? Esa no es la visión de Algazara: yo te hago rap pero te meto un fandango. ¿Por qué? Porque esa ha sido mi generación también. Nosotros hemos crecido con los mass media. Hemos crecido con música en inglés. Pero es que eso es lo que mola. Esa es la fusión. Hay cosas en la actualidad de nuestra propia Andalucía que yo rechazo y reniego. Y quiero cambiarlas. Quiero una Andalucía feminista y una Andalucía diversa de infinitos colores. He leído a Shakespeare y he escuchado a Camarón, pero después de Camarón me ponía los Red Hot Chilli Peppers. Es que eso es lo que soy también. Por eso no pinto como Murillo y soy surrealista pop.
P. Dice usted ser una “obstinada narradora de historias”. ¿Le ha tentado el cómic?
R. Sí. Me ha tentado, pero nunca he conseguido hacer algo realmente bueno. Soy tan cambiante que paso de un cuadro de madera a un muro o a un papel. Y se necesita de verdad mucha paciencia y disciplina para que empieces una novela gráfica y termine como ha empezado. Eso es muy difícil. Es admirable lo que hacen todos estos artistas. Tener un buen dibujo de autor y hacer una novela gráfica así es complicadísimo. Yo cuando llevo hechas 30 páginas me apetece meter un collage. Me cuesta la misma vida.
P. Sus clientes son Cruzcampo, Carrefour, Sadeco, Reina Sofía, Alhambra, Diputación Provincial. ¿Somos todos mercenarios?
R. Sí. Yo lo llamo de otra manera. ¿Lo puedo decir?
P. ¿Cómo?
R. A veces veo que somos muy putas. Yo me he sentido así.
P. Putas artísticas. Vendemos nuestro arte.
R. Muchas veces se ha utilizado mi obra para algo que no tenía absolutamente nada que ver.
P. También ha trabajado para la Fundación Blas Infante. Para una andalucista como usted es como jugar en casa, ¿no?
R. Pues me dieron tela.
P. ¿Por qué?
R. Me dieron para el pelo la primera vez que colaboré por cómo podemos entender ahora el andalucismo. Luego, al cabo del tiempo, fuimos más escuchados. Al principio Algazara no se veía con muy buenos ojos por esa forma que teníamos de defender a Andalucía desde lo andalusí. Se producía un choque en la Fundación Blas Infante entre personas que ya habían perdido completamente la esperanza y otras que no hemos vivido ni la autonomía ni ciertas cosas del pasado. Y claro: cuando vienes con una fuerza y unos ideales es normal que te digan: “¿Dónde vais?”. Dentro del andalucismo antiguamente, por ejemplo, el feminismo no era tan importante como lo es ahora. Es que ni existía. Tú podías ser muy andalucista y un machista de pro. Pero ahora mismo con el rol tan fuerte que tenemos la mujer en la sociedad de Andalucía no tendría sentido hacer ningún cambio social y político sin contar con nosotras.
P. Usted ha dicho: “Imagino una Andalucía libre y justa”. ¿Nos queda mucho?
R. Ahora mismo estoy muy desesperanzada. Y me da mucho miedo de que todo este esfuerzo y todo este trabajo que hemos hecho desde el andalucismo actual se vaya a a quedar en una mera estética o en algo superfluo. Y me da mucha pena.
El arte andalucista existe
P. ¿Qué representan sus narices turquesas?
R. Es la importancia que le doy al color, por ejemplo, para expresar un aroma. Yo pintaba antes muy realista y empecé a divertirme más con el retrato. Empecé a resumir mucho las caras; a transformarlas. Y a todos esos primeros retratos de marineros o de gente que trabajaba en el mar en diferentes oficios comencé a ponerles las narices turquesa por ese olor tan fuerte a salitre. Y se fue convirtiendo en un sello de identidad. Me gusta mirar la vida con esa ironía.
P. ¿Y qué hace una artista de tierra adentro como usted dibujando sirenitas y sombrillas de playa?
R. Porque parece que vivo soñando. A lo mejor moriré como muere la cigarra. Soñando con una Andalucía mejor. Y, si mis colores sirven para crear otras realidades en las que sentirme bien y hacer sentir a los demás reconfortados, pues bienvenidos sean.
P. ¿El color es siempre alegría?
R. No. Puede ser también peligro. Me encanta, por ejemplo, utilizar el amarillo y el negro. Esa combinación de color en la propia naturaleza está para indicarnos que algo es venenoso. La encontramos en las serpientes, las ranas o las avispas. Y también se puede crear violencia a través del uso del color.
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