Alejandra Pera, científica: “Ser pobre mata”
En la segunda planta del IMIBIC reina el orden y el silencio. Los laboratorios se suceden uno detrás de otro en el perímetro de un edificio funcional y moderno que abrió sus puertas en abril de 2008. Hablamos de uno de los 35 centros de investigación científica y sanitaria más punteros de España. La vanguardia del conocimiento. Aquí se descifran los enigmas del cuerpo humano y se buscan respuestas a los desafíos que plantean las enfermedades del siglo XXI.
Son las 10.15 horas de la mañana de un día azotado por la violencia incontenible del temporal Kristin. Afuera decenas de árboles han sido arrancados de cuajo por el viento huracanado. Pero en el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica gobierna la calma. Alejandra Pera teclea en el ordenador dentro de una urna de cristal desde la que se divisa este innovador microcosmos de secuenciadores, microscopios de alta resolución, incubadores y citómetros de nueva generación. Es profesora de Inmunología en la Universidad de Córdoba. Una científica más del casi millar de profesionales integrados en la red del IMIBIC.
Alejandra Pera fue nombrada Investigadora Emergente del IMIBIC en 2019 gracias a su excelente labor científica y desde hace un año dirige la Cátedra Econatur Salud, patrocinada por la empresa Econatur, dedicada a la innovación en biotecnología y salud integral. Tomamos asiento en las banquetas de uno de los laboratorios del grupo de inmunología.
PREGUNTA. ¿Qué le debe Córdoba al IMIBIC?
RESPUESTA. Echo en falta quizás más visibilidad. Todavía me encuentro con gente que no sabe qué es el IMIBIC. Y me sorprende que tengamos un instituto en Córdoba con esta calidad y haya ciudadanos que no sepan lo que es.
P. ¿Valoramos nuestro sistema público de investigación y de salud en España?
R. Yo creo que la sociedad, en general, sí. Pero los investigadores pensamos que se necesita muchísima más inversión.
El estrés produce cáncer
Alejandra Pera, en realidad, podría haber sido una solvente paleontóloga. De niña le apasionaban los dinosaurios y su propósito era desentrañar los misterios de la evolución de la vida en la Tierra. De hecho, se matriculó en Geología. Pero la licenciatura apenas tenía cuatro asignaturas relacionadas con la paleontología en toda la carrera. Así que la Geología se le atragantó, aunque vio la luz en una de las optativas que estudiaba los protozoos y los organismos unicelulares. “La protistología me encantó”, admite frente a la grabadora. Fue entonces cuando dejó la carrera y se enroló en Biología, en cuya disciplina ha desarrollado la totalidad de su trayectoria investigadora.
Nuestra entrevistada es hija del reputado cirujano Carlos Pera, pionero en el programa de trasplantes que catapultó el prestigio del Hospital Reina Sofía en los años ochenta y noventa. Su expediente de bachillerato ofrecía un panorama desolador hasta que se trasladó a Estados Unidos para repetir tercero de BUP. Y sus notas, de pronto, resplandecieron como por arte de magia. “Yo era bastante mala estudiante en el colegio porque el método de enseñanza español no me gustaba nada. Era todo de memorieta y muy pesado. Y en Estados Unidos saqué unas notas increíbles”.
El sistema anglosajón, explica Alejandra Pera, no tiene nada que ver con el español. En Estados Unidos descubrió que la motivación es un motor educativo esencial y que podía llegar a ser una alumna brillante si se esforzaba lo suficiente. “Yo creo que no hay estudiantes malos, sino un sistema educativo y profesores malos. Para mí, desde luego, fue clarísimo. Pasé de repetir curso a estar entre los 20 mejores alumnos de un colegio de 300 estudiantes”.
P. ¿Y qué tiene el sistema anglosajón de enseñanza que no tenga el español?
R. Que no está basado en la memoria. Es mucho más pragmático. Las notas no estaban enfocadas solo al examen. O sea, tú podías tener una nota mediocre en un examen, pero se evaluaba todo tu esfuerzo académico durante el curso. Y entonces no te lo juegas todo a una. Ellos ya aplicaban en Estados Unidos en el año 92 o 93 eso que ahora está de moda de la evaluación continua. Nos llevaban bastante ventaja y a mí, desde luego, me cambió la forma de pensar.
P. En su casa, entonces, todo el mundo es científico.
R. No. Una de mis hermanas sí que es médico, aunque al final no se ha dedicado al ámbito asistencial de enfermedades pero tiene una clínica de medicina estética. Otra es de finanzas y contabilidad. Y la otra hizo imagen y sonido, y trabajó mucho tiempo en cine y televisión, aunque ahora mismo es decoradora. Yo soy la más pequeña. No hay chicos. Todo chicas. Y mi padre está encantado.
P. Entonces se da cuenta de que es la carrera que realmente quiere hacer y estudia Biología.
R. Sí. Yo hice COU en Madrid para poder entrar en la Universidad Complutense porque antiguamente se accedía por comunidades autónomas. En Huelva había una Facultad de Geología pero yo prefería Madrid. Luego me volví a Córdoba para hacer la carrera de Biología aquí. En la licenciatura me enamoré de genética y en Córdoba no había ningún grupo de investigación que estuviera enfocado en ese momento en la genética humana. Trabajaban todos con modelos animales, que a mí no me interesaban. Así que me volví a Madrid a hacer el doctorado y me incorporé al grupo del profesor Felipe Moreno en el Ramón y Cajal. Y allí hice mi tesis doctoral con un contrato del Ministerio.
P. O sea, la famosa fuga de cerebros.
R. Me fugué, sí. Al principio no tenía beca en Madrid. Antiguamente las cosas funcionaban de otra manera. Yo me metí en el laboratorio con la “beca Carlos Pera”. Mi padre me ayudaba un poquillo para sobrevivir en Madrid. Luego ya conseguí una bequita, 300 euros al mes, aunque lo más importante es que me pagaban la matrícula de los cursos de doctorado. Luego logré el contrato predoctoral. Durante mi tesis me casé y tuve dos niños, así que se me complicó un poco la cosa. Y desde 2003, con la baja maternal, tardé hasta 2009 en leer la tesis.
Es mucho más caro vivir sano
P. ¿El sistema está preparado para que las mujeres puedan seguir investigando a la vez que forman una familia?
R. Yo fui la primera investigadora de mi laboratorio que tuvo baja maternal pagada. Tenía una beca pero no teníamos paro ni derecho a nada.
P. Y le siguieron pagando la beca durante la crianza.
R. Sí. Eso lo conseguimos después de manifestaciones y manifestaciones. Y lo más sorprendente fue que me ampliaron la beca hasta los meses que había perdido por la baja maternal. Entonces eso era inaudito.
P. Y ahora ya se ha normalizado.
R. Eso ya se ha normalizado. Y ya no hay becas. Son contratos. De los cuatro años de beca, el último sí que fue un contrato en prácticas, aunque muy mal pagado: 1.000 euritos al mes. Yo, por lo menos, tuve suerte. Muchos han estado todos esos años sin contrato siquiera.
Fueron años duros. Escribió la tesis en Córdoba con dos niños pequeños y al borde del abandono un día sí y otro también. En conjunto, Alejandra Pera ha realizado varias estancias en el extranjero en algunos centros de investigación prestigiosos, como el Brighton and Sussex Medical School, la Universidad degli Studi de Milán y el Singapore Immunology Network. “En Italia hice además unos experimentos muy importantes para la tesis. Mi mejor artículo de investigación del periodo predoctoral lo escribí allí”.
Alejandra Pera formó parte del equipo fundacional de investigadores del IMIBIC en 2008. Entonces apenas sumaba un centenar de profesionales. Hoy ese número se ha multiplicado por diez. Y en 2009, tras una larga carrera de obstáculos, leyó su tesis doctoral. Desde entonces, trabaja en el Instituto Maimónides de Investigaciones Biomédicas de Córdoba. La élite de la ciencia.
P. Le pedí a la inteligencia artificial el nombre de diez mujeres jóvenes, innovadoras y emergentes de Córdoba. Y apareció usted en ese listado.
R. Sorprendente.
P. ¿Nos podemos fiar de la inteligencia artificial?
R. Tiene que ser utilizada con inteligencia humana y además muy supervisada porque tiende a inventarse muchas cosas. Está muy sesgada por el uso que le damos a internet. Y es muy machista.
P. El machismo está en todos lados.
R. El machismo es una epidemia.
Se necesita mucha más inversión en investigación
P. ¿Usted utiliza mucho la inteligencia artificial para la investigación?
R. Yo la uso bastante. No tengo miedo a reconocerlo. La superviso mucho, pero me facilita el trabajo. Por ejemplo, para escribir correos electrónicos. Este año pasado he estado montando un consorcio europeo para pedir un proyecto que, al final, no nos han dado por motivos absurdos porque es muy competitivo. Todos los correos y la organización de los meeting con los partners, que tenía que ser en inglés, lo hacía con Chat GPT. Yo le decía: “Escríbeme esto, escríbeme lo otro, haz no sé cuánto, dile a este no sé qué”. Y me lo hacía.
P. Como si fuera un becario.
R. Claro. La uso de asistente.
P. ¿La inteligencia artificial revolucionará la investigación?
R. Sí. Pero no la inteligencia artificial de modelo de voz, sino la de datos. El big data y todo eso nos va a permitir encontrar cosas en grandes bases de datos que antes se tardaba un montón de años en analizar o ni siquiera conseguíamos llegar a esa potencia analítica que tiene la inteligencia artificial.
P. Acelerará los avances.
R. Yo creo que sí.
P. ¿Y la inteligencia artificial es más inteligente que nosotros?
R. No. Simplemente es capaz de procesar más rápido que un ser humano, pero llega hasta donde la inteligencia humana puede llegar.
P. De niña le apasionaba la paleontología, los dinosaurios, los documentales de naturaleza y el cuerpo humano. ¿Y ahora?
R. Ahora me apasiona mi trabajo. Y fuera de mi trabajo me encanta la música, el cine, el teatro y todas las cosas culturales y creativas que me saquen del trabajo precisamente.
P. También le apasiona descifrar el funcionamiento de nuestro organismo. ¿Qué enigma se le resiste?
R. Muchos enigmas de cómo funcionan muchas enfermedades. En nuestro grupo lo que más estudiamos es el envejecimiento del sistema inmunitario. ¿Por qué en unos individuos hay un aceleramiento de ese envejecimiento? Se produce un envejecimiento prematuro y hay personas que envejecen bien y otras que envejecen mal. Y tratamos de descubrir todas las causas que hay detrás. Algunas ya las sabemos y otras estamos todavía investigando.
P. ¿Y ha encontrado respuestas?
R. Algunas respuestas están en los virus y hay otras que se me escapan. Creo que podrían estar en nuestros genes, que tienen mucho que ver, y en cómo respondemos frente a esas agresiones externas.
La inteligencia artificial es muy machista
P. ¿Los genes nos determinan?
R. No. Pero hay algunas personas que tienen malos genes y se tienen que esforzar más en envejecer de forma saludable que otras que están protegidas por sus genes.
P. Pero, ¿qué pesa más en el individuo: la genética heredada o el ambiente y la forma de vida?
R. Yo creo que el ambiente. Aunque el componente genético es muy importante, a pesar de tener muy buenos genes, si tú le das mala vida al cuerpo, al final te lo cargas.
P. Y le damos mala vida.
R. Muy mala vida. Cada vez peor.
P. Pero ahora la gente se cuida mucho. Bastante más que antes.
R. Ahora sí está empezando a cuidarse la gente. Pero hay un sesgo: la gente pobre no se cuida y ser pobre te mata. Eso es algo que me sale en todos mis estudios.
P. ¿El sesgo de la pobreza?
R. Sí. Un nivel educativo bajo se asocia a mayor riesgo de desarrollar enfermedades tanto infecciosas como cardiovasculares. Cada vez que meto ese dato, me sale que los enfermos tienen un nivel económico y educativo menor que los sanos.
P. O sea, que los pobres no solo son pobres, sino que además son enfermos y más frágiles.
R. Sí. Así que es una cosa en la que hay que trabajar para que no haya esas diferencias. Que los pobres puedan tener la oportunidad de alimentarse bien. Es que alimentarse bien, pagar un gimnasio o un entrenador personal vale dinero. Es mucho más caro vivir sano. Hoy se han invertido los términos. Antiguamente era todo lo contrario. Los que se enfermaban eran los ricos porque no se movían, no trabajaban en el campo y estaban todo el día comiendo sin parar. Y ahora es al revés. Los pobres comen sin parar porquería y no se mueven.
P. ¿Y esa radiografía social forma parte de su ámbito de investigación también?
R. Es una observación como consecuencia de mis investigaciones.
P. ¿Qué es el sistema inmunitario?
R. El sistema inmunitario es un conjunto de células y moléculas que tenemos en el cuerpo y que trabajan de forma coordinada para defendernos de las agresiones externas e internas. Porque también es muy importante para defendernos del cáncer. Y, si no funciona bien, causa muchísimas enfermedades. Está detrás de todo lo que acaba en “itis”, que significa inflamación. Y la inflamación la provoca un sistema inmunitario descontrolado o desregulado.
P. ¿El sistema inmunitario define nuestra salud?
R. Sí. Tiene un componente muy importante. Las personas que tienen un sistema inmunitario muy bueno viven más allá de los 80 años. Las otras no.
Si tienes depresión te bajan las defensas
P. ¿Y el sistema inmunitario está en los genes?
R. También tiene un componente genético. Cómo respondemos frente a las infecciones o frente al cáncer tiene un componente genético importante.
P. ¿Y el sistema inmunitario se puede modular a lo largo de la vida? ¿Lo podemos fortalecer?
R. Sí. Por ejemplo, con el ejercicio. Se ha visto que después de tres meses de realizar ejercicio moderado mejoran las defensas incluso en personas muy mayores. O sea, que aunque hayas castigado el cuerpo, siempre estás a tiempo de recuperarte.
P. ¿Y cómo se mide el sistema inmunitario de un ser humano? ¿Con qué magnitudes?
R. Nosotros estudiamos las células inmunitarias y vemos cómo cambian su fenotipo. Es decir, las características que las definen y las proteínas que tienen en su superficie o en su interior. También vemos cómo responden frente a distintos antígenos. Es decir, a distintas proteínas o moléculas frente a las que las enfrentamos y vemos si responden de forma controlada, ineficaz o excesiva. Hay una parte del sistema inmunitario dedicada a la regulación. Este año se ha llevado el Premio Nobel el descubrimiento de las células T reguladoras. Hay que mirar si esas células T reguladoras están ajustadas en número y su función es adecuada. Porque si funcionan en exceso, estaremos expuestos a infecciones y al cáncer.
P. ¿Las células del sistema inmunitario son distintas al resto?
R. Están súper conectadas con el sistema endocrino y el sistema nervioso. Son tres sistemas que necesitan estar coordinados. Por eso cuando estás con depresión te bajan las defensas. Eso es real. Comparten mediadores y receptores. O sea, que cuando uno de los sistemas se altera, el otro también.
P. Podríamos decir que el sistema inmunitario es un sistema centinela.
R. Así es.
P. ¿De qué depende la fortaleza del sistema inmunitario?
R. Tiene una gran influencia la alimentación, el ejercicio, una buena actividad física y, sobre todo, un buen sueño. Dormir bien es fundamental porque durante la noche y en el descanso nocturno se repara el cuerpo. Y uno de los reparadores del cuerpo es el sistema inmunitario.
P. Y para dormir bien hay tener buena conciencia.
R. Sí. El estrés es malísimo para el sistema inmunitario.
P. Sin embargo, en las personas mayores el sueño siempre es más ligero.
R. Claro. Duermes peor por las hormonas y también eso afecta al sistema inmunitario. Hay que intentar dormir y descansar. Aunque solo duermas seis horas. No hay unas horas fijas para dormir, pero el sueño tiene que ser de calidad.
El cáncer es el gran fracaso del sistema inmunitario
P. O sea, que dormir bien y mucho no es de holgazanes, sino de gente sana.
R. Sí.
P. Uno de cada dos hombres desarrollarán a lo largo de su vida un cáncer. ¿Qué está pasando?
R. Tiene la culpa un poco toda la forma de vida occidental actual. Los llamados disruptores endocrinos y todos esos contaminantes.
P. ¿Qué son los disruptores endocrinos?
R. Son moléculas que interrumpen al sistema endocrino y afectan al sistema inmunitario lo que acaba desarrollando alteraciones.
P. ¿Esas disrupciones por qué se producen? ¿Por nuestro hábito de vida?
R. No. Por contaminantes que están en el aire. Contaminantes que están en los productos químicos que nos echamos. Las cremas, los champús, los detergentes, las soluciones para limpiar. Estamos llenos de los nanoplásticos famosos como, por ejemplo, toda la comida plastificada, los insecticidas, los pesticidas y demás que se utilizan en lo que comemos. Por más que haya regulaciones y que los más peligrosos se han quitado sigue habiendo muchos más que siguen siendo peligrosos.
P. La vida moderna produce cáncer.
R. Sí. Y el estrés.
P. ¿El estrés?.
R. Sí. El estrés afecta al sistema inmunitario y genera inflamación. La inflamación favorece la aparición de cáncer porque en un ambiente inflamatorio las células se reparan peor y acaban acumulando fallos. El cáncer son células normales del cuerpo que empiezan a acumular mutaciones que no son capaces de repararse. Entonces, llega un momento en que pierden el control de la división. Son células que se dividen descontroladamente y toda la inflamación promueve la aparición de este tipo de enfermedades. Además el estrés disminuye las defensas. O sea, que tenemos por un lado más inflamación y, por otro, una peor respuesta defensiva.
P. ¿Entonces en las zonas rurales se registra menos cáncer que en las urbanas?
R. Yo creo que sí, aunque con matices.
P. ¿Está estudiado científicamente?
R. Sí. Hay algunos estudios, aunque yo ahora mismo no los recuerdo de memoria. Pero es conveniente matizar. Hay muchos tipos de cáncer y es complicado generalizar . En las ciudades se diagnostican más casos de algunos tipos de cáncer, aunque en las zonas rurales también hay factores de riesgo, como la exposición a ciertos productos utilizados en la agricultura.
Si perdemos la sanidad pública perdemos la igualdad de oportunidades
P. ¿Y en los países del tercer mundo, por no tener todos esos agentes nocivos, hay registros inferiores en el desarrollo del cáncer?
R. En los países con menos recursos no siempre hay menos cáncer. A veces, hay menos controles ambientales y menos capacidad para detectar y registrar los casos, por lo que las cifras pueden no reflejar la realidad.
P. Una de cada tres mujeres desarrollará cáncer, un tercio menos que en los hombres. ¿El cáncer también es una cuestión de género?
R. Las mujeres tenemos menos inflamación.
P. ¿Por qué?
R. Porque tenemos un sistema inmunitario más controlado por nuestras hormonas, que nos protegen. Por lo menos hasta que llegamos a la menopausia. Ahí ya empezamos a igualarnos. Por ejemplo, en enfermedades cardiovasculares los hombres las sufren más porque tienen un sistema inmunitario más inflamatorio que el de las mujeres. Nuestras hormonas nos protegen. Si se miran las enfermedades cardiovasculares, a partir de cierta edad de la mujer empiezan a ser enfermedades más prevalentes que en hombres.
P. ¿El cáncer es el gran fracaso del sistema inmunitario?
R. Podría decirse que sí. Como son células propias, es muy difícil desarrollar una respuesta completamente eficaz. Pero a la vez hemos conseguido utilizar precisamente ese sistema inmunitario para fabricar herramientas contra el cáncer.
P. ¿Ganaremos la batalla del cáncer?
R. De los peores quizá sí. Como las mutaciones son aleatorias, si no hacemos algo por eliminar todos estos carcinógenos a los que estamos expuestos, siempre aparecerán cosas nuevas. Es muy difícil eliminar todos los tipos de cáncer.
P. Mariano Barbacid acaba de presentar un experimento que ha logrado curar un cáncer de páncreas.
R. Esa es una muy buena noticia. Sí, señor. Y en unos años casi se ganará completamente la batalla de ese cáncer, porque siempre habrá algún paciente que sea resistente.
P. Aunque desde que se hace una prueba en animales hasta que se aplica en el ser humano pasan algunos años.
R. Sí. Se tarda muchos años. En animales son los estudios preclínicos. De ahí ya tiene que pasarse a los ensayos clínicos con distintas fases. Primero se prueba su seguridad y su eficacia. Si se demuestra que funciona, ya se pasa a grupos más grandes. Y luego lo tienen que aprobar las distintas agencias del medicamento. Aunque lo apruebe la FDA (la agencia estadounidense de seguridad sanitaria) no significa que la Agencia Europea de Medicamentos lo apruebe también. Hay medicamentos que se aprueban en Estados Unidos y luego tardan más tiempo todavía en aprobarse en España. Tiene que estar todo muy bien controlado para que no haya intereses de las farmacéuticas.
P. Es muy difícil que no haya intereses de la industria farmacéutica.
R. Hay intereses, claro, pero hay que demostrar que los resultados son fiables.
P. ¿Qué dice de nuestro sistema público de sanidad el escándalo de los cribados de cáncer de mama?
R. Dice que hace falta más gestión eficiente. Más eficiencia. A mí me sorprendió mucho cuando salió la noticia porque yo he estado en un cribado aquí en Córdoba y, desde luego, el Hospital Reina Sofía funciona maravillosamente bien bajo los mismos políticos. Supongo que es un reflejo de como algunos puestos que deberían estar ocupados por profesionales en algunas instituciones, a lo mejor se ha primado otras cosas antes de que sea una persona con formación especializada y sepa lo que hace.
Hay que difundir la ciencia para desmentir los bulos del negacionismo
P. Si perdemos la sanidad pública, ¿qué perdemos?
R. ¡Uf! Perdemos la capacidad de que todo el mundo tenga las mismas oportunidades de ser bien atendido. Yo creo que perderíamos mucho.
P. Antes ensalzó usted el sistema educativo anglosajón. ¿Podría decir lo mismo del sistema de sanidad anglosajón?
R. Yo creo que funciona bien. No funciona mal. Yo estuve allí viviendo casi dos años y uno de mis hijos tuvo una amigdalitis. Y recuerdo toda la burocracia y la cantidad de pasos que hay que seguir hasta que conseguí que me dieran un antibiótico. Fue un poco horrible y mi hijo estuvo con unos fiebrones más tiempo del necesario.
P. En EEUU hay 50 millones de ciudadanos que no tienen salud ni pública ni privada.
R. Estados Unidos es terrorífico. Aunque en un congreso en el que fui en septiembre, estuve hablando con un investigador polaco que vive allí. Y me dijo que es mentira eso de que no hay sanidad para todos en EEUU. Lo que pasa es que como la gente tiene la posibilidad de no pagar el seguro pues no paga. Aquí en España, no es que sea gratis, sino que nos lo quitan del sueldo. Pero allí tú tienes la decisión y hay gente joven que se ve sana y decide no pagarlo. Luego, eso sí, hay charitys [instituciones caritativas]. Realmente no sé. No vivo allí.
P. En 2019 fue nombrada Investigadora Emergente del IMIBIC ¿Cuáles son sus méritos?
R. Pues se miden por los proyectos que consigues, las publicaciones y los contratos de investigación que has tenido.
P. Terraplanismo, antivacunas, rechazo al cambio climático. ¿El negacionismo científico se está apoderando del planeta?
R. Yo me imagino que esa gente estaba ahí, pero ahora con las redes se afianzan más porque los algoritmos hacen que a ti te salga lo que tú crees y te sigue alimentando sobre lo mismo. Hay más información que nunca y va acompañada de mucha desinformación. Ahí está precisamente el papel de las instituciones públicas en educar y en hacer mucha divulgación. Yo por eso me apunto a todas las cosas que me proponen para difundir ciencia y desmentir todos esos bulos.
P. Ahora tenemos a un negacionista al frente del planeta que ha puesto a un antivacunas como responsable de sanidad.
R. Y que ha recortado los fondos de investigación. Eso es una noticia terrorífica porque realmente Estados Unidos era el motor de la investigación mundial. Un motor muy importante. Y la verdad es que es preocupante lo que está pasando. Esperemos que no dure mucho.
P. Es usted hija del gran cirujano Carlos Pera. ¿De tal palo, tal astilla?
R. Ya quisiera yo, pero yo no llego al nivel de mi padre. De esos hay uno cada equis tiempo. Aunque es verdad que he aprendido de él muchas cosas.
P. ¿Por ejemplo?
R. Me ha ayudado mucho a perseverar. A tener resiliencia. Y a saber que la ciencia es difícil y que tienes que seguir intentándolo hasta que lo consigues.
P. ¿El apellido le pesa o le estimula?
R. Cuando era más joven me pesaba mucho. No quería porque me daba miedo que me viesen como la mujer que consigue todo por su apellido. Entonces, en cierta forma también me estimuló a demostrar que no era por mi apellido, sino por mí misma.
EEUU ha recortado los fondos de investigación. Es una noticia terrorífica
P. En la última entrevista que le hice en el año 2021 me dijo lo siguiente: “Viajar es muy importante y yo se lo he inculcado a mis hijas”. ¿Le ha hecho caso?
R. Mucho. Y además añado que, aparte de viajar, es muy importante vivir en otros sitios lejos de donde has nacido y donde te has criado. Cura muchas estupideces.
P. ¿Cuáles?
R. Por ejemplo, creer que un partido político te va a solucionar la vida. Creer en él a pie juntillas, defenderlo y pelearte con los demás porque tu partido hace o deshace cualquier cosa.
P. Según su padre, el alma se aloja en el cerebro. ¿Y según usted?
R. Supongo que también soy un poco científica en ese caso. Y creo en el cerebro.
P. ¿A qué aspira?
R. Aspiro a poner mi granito de arena en la salud humana. Y a ser feliz en mi vida personal.
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