Cristina Muñoz, médica: “Los trastornos del sueño nos pueden llevar a una enfermedad”
Los datos publicados esta misma semana por la Sociedad Española de Neurología dicen que el 56% de la población adulta española no duerme el número de horas recomendadas y, entre los niños mayores de once años solo lo hace el 30%. Más del 50% de la población no tiene un sueño reparador y hasta cuatro millones de personas en España padece algún trastorno de sueño crónico y grave.
Cada viernes previo al equinoccio de marzo se conmemora el Día Mundial del Sueño, que este año ha sido este viernes día 13. Y, con ese escenario, Cordópolis ha querido conocer lo que rodea al sueño -una función vital a la que parece no prestarse atención hasta que aparecen distintos trastornos o enfermedades-, de la mano de Cristina Muñoz, médica especialista de la Unidad del Sueño en el Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Neumóloga y colaboradora docente de la Universidad de Córdoba, además de partícipe de proyectos en el Instituto Maimónides de Investigación Biomédica de Córdoba (Imibic), Muñoz ha centrado su tesis en aspectos del sueño y, cada día, trabaja en la unidad que supervisa trastornos que aparecen a la hora de dormir. De lo esencial que resulta el sueño para la vida y el funcionamiento de nuestro cuerpo, de los malos y buenos hábitos que podemos tener para ello, de las alertas que saltan para señalar algún trastorno y del diagnóstico de graves enfermedades asociadas a disfunciones del sueño, habla esta experta largo y tendido, de una manera didáctica, en la siguiente charla.
PREGUNTA. Empecemos por el principio, por definir qué es el sueño y qué función cumple en nuestra vida.
RESPUESTA. El sueño cumple una de las funciones más importantes en nuestra vida, en nuestra fisiología humana. De hecho, siempre se habla de los pilares básicos de la vida y el sueño es uno de ellos. Tenemos la alimentación, la dieta y el sueño. Lo que mucha gente no sabe es que el sueño, en esos tres pilares, está por delante prácticamente de cualquiera de ellos.
¿Por qué? Porque, sin sueño, da igual la alimentación, la dieta que tú sigas, en el sentido de que por muy bien que lo hagas, si tú no das al cuerpo descanso, no va a poder aprovechar el beneficio de una buena alimentación, de un ejercicio diario, de unos buenos hábitos. Porque ese sueño es lo que te repara, es lo que te permite reparar, descansar, que el cuerpo coja la energía y que se levante para poder afrontar un día nuevo.
Dormir es salud
P. No sé si afirmaría entonces esa frase popular, ese dicho, de que ‘el sueño es alimento’.
R. Totalmente. Es más, yo te diría, si algún día tienes dudas, dices ‘estoy muy cansado, ¿qué hago, dormir o comer?’. Dormir, sin ninguna duda, luego come, pero duerme primero. Porque al dormir el sistema inmune se activa, le permites que se ponga en acción, que recupere lo que haya que recuperar, que si hay infecciones o hay algo haga su labor, que es esa, la de cuidarnos entre comillas, activarse. Y también que se limpie el cuerpo de todos los tóxicos naturales que se generan y pueda eliminarlos. Entonces, el cuerpo coge energía y ahí es cuando luego te aparecerá el hambre real, el hambre fisiológica, después de descansar y después de, a lo mejor, haber tenido pues un mal día.
P. Pero, ¿le damos la importancia que tiene al sueño?
R. Para nada. Es más, en la sociedad que vivimos ahora mismo, yo diría que ahí está el gran problema, vemos el sueño como una obligación. Tengo que dormir. Y, de hecho, a veces, cuánta gente no te dice: Voy a ver si consigo dormir solo cinco horas. Pero porque lo ve como algo que tengo que hacer, porque sé que tengo que dormir, pero todo rápido.
De hecho, es: Me duermo, me meto en la cama y a ver si me duermo ya, para despertarme a las cinco horas. Eso no puede ser así. El sueño debería ser un hábito más en nuestra vida, un hábito que hay que cuidar.
Hay que pensar, por ejemplo, que antes de irte a dormir tú no puedes estar superactivado. Tú necesitas darle al cuerpo el relax para entrar en ese sueño y, a veces, no es tanto las horas sino horas de calidad de sueño. Porque quizá me interesa más una persona que me duerma seis horas de calidad, que está ahí en la media aunque un pelín bajo, que una que me duerma nueve horas de muy mala calidad.
P. Algo que siempre decimos es que cuando duermes, el cerebro sigue funcionando, que tu cuerpo sigue de alguna manera activo, ¿no? ¿Cómo es esto realmente?
R. Exactamente. De hecho, hay una parte de nuestro organismo que nunca para, que es el intestino. El intestino nunca para, está trabajando continuamente. Mientras cuando puede haber otros problemas tenemos que poner distintos aparatos, digamos, para ayudar al cuerpo a salir de momentos difíciles agudos, el intestino nunca para, está siempre en funcionamiento.
Y, como ello, está el sistema inmune. De hecho, gran parte del sistema inmune está en nuestro intestino, van un poquito de la mano. Entonces, cuando dormimos todo sigue activo, incluso hay partes, como ya hemos comentado, de este sistema inmune que está más activo. Porque ese es su momento, su momento de ayudarte a depurar, a recuperar, a esas cositas que hayan pasado en el día eliminarlas y a fomentar las cosas buenas también.
Luego, por otro lado, en cuanto al cerebro, ya que lo has comentado, tenemos una vía de limpieza, digamos, que se llama el sistema linfático, que está en nuestro cerebro y que lo que hace es eliminar, depurar también distintas proteínas, proteínas anómalas, entre ellas la beta amiloide, que está relacionada con el Parkinson. Cuando no hay un sueño de calidad, esta proteína también puede acumularse más, porque este sistema linfático falla. Porque yo no le estoy permitiendo a mi cuerpo parar, hacer las funciones de detoxificación, de limpieza adecuadas, y como no pueden hacerse bien, en vez de eliminar todo lo que se debe pues, a lo mejor, algo se nos queda acumulado.
El problema es que esto no sucede un día: sucede todos los días, porque esto es repetitivo. Cada día tenemos que dormir, cada día tenemos que vivir y ahí viene un poquito el problema. Los trastornos del sueño, son problemas que, a la larga, nos pueden llevar a una consecuencia negativa o a una enfermedad real, porque es acumulativo, se va acumulando todo el daño, día tras día, hasta que llega un momento en el que ya no puede más.
P. Ya que lo ha citado, ¿cómo se definiría ese sueño de calidad?
R. Pues un sueño de calidad -al margen de los estudios y pruebas que nosotros hacemos que son las polisomnografías donde se puede ver muy bien-, es aquel en el que tú te vas a la cama, te duermes con relativa facilidad, no te despiertas en la noche, y cuando tú te despiertas, al margen un poquito del número de horas que también puede depender de cada uno, te encuentras renovado, no necesitas café sí o sí para activarte.
Tú ya te levantas activo, te levantas con energía, te levantas con ánimo, con buen ánimo, tú te encuentras bien. Porque cuando una persona se levanta y es capaz de, a los diez minutos, ponerse a hacer lo que le digas, esa es una persona que ha descansado.
P. Hay quien complementa luego con la siesta, ¿no? ¿Cómo debe ser, qué beneficios puede reportar o cómo no debe ser?
R. A ver, la siesta es algo, como tú bien dices, que hay gente que complementa mucho con la siesta. Es verdad que el momento siesta se relaciona a lo que es después de comer, va un poquito ligado también a la digestión. Al final, el cuerpo es uno, entonces el sueño, la alimentación, la dieta, hábitos dietéticos y el ejercicio van muy de la mano.
De lo que se trata es, si yo como y descanso 15 o 20 minutos después de comer, favorezco que mi cuerpo haga una buena digestión. ¿Por qué? Pues porque le doy un poquito de reposo. Pero hablamos de tiempos cortos. O sea, estamos en una horquilla de eso, de unos 10 a 20 minutos. En el momento que pasamos de media hora, esa siesta ya empieza a no ser favorable. Porque ya pasamos las fases del sueño, ya pasamos a una fase de sueño en la que ya no es un sueño más superficial, que es lo que tenemos en una siesta. Pasamos ya a un sueño un poquito más profundo, nos vamos a despertar obviamente antes, porque no es tu momento de dormir y, probablemente, muchas veces te encuentras peor que cuando te echaste la siesta.
Si tu cuerpo no se relaja por el estrés, el sueño no va a ser de calidad
P. ¿Hay también ritmos distintos para el sueño? Se suele decir que una persona o es alondra o es búho, por las horas en las que se está más activo. ¿Cómo se explica esto y a qué se debe que tengamos esa diferencia entre personas?
R. En realidad, el sueño lleva el ritmo circadiano. Nosotros tenemos que intentar alinearnos con nuestros ritmos circadianos. ¿Por qué? Porque cuando nos levantamos por la mañana, cuando sale el sol, el cortisol, que es la hormona que nos activa, que nos mantiene más en alerta, está muy elevado, porque es fisiología. Entonces, es el momento bueno para aprovechar, para hacer las actividades del día a día, para tener máxima vitalidad.
Cuando empieza a caer la noche, lo que pasa es lo contrario, el cortisol ha ido cayendo a lo largo del día, se encuentra en uno de sus niveles más bajos y la melatonina va ganando protagonismo. La melatonina es la que nos ayuda a dormir. Entonces, hay que aprovechar eso para dormir.
¿Qué pasa? Que mucha gente, cuando no aprovecha ese momento de la melatonina un poquito más alta que te va a dar como un sueñecillo ligero, una sensación de querer descansar, llega un momento que ya pasa ese umbral, que suele ser cuando pasas las once o doce de la noche. Y ya, si tú ahí no te has dormido y, encima tenemos pantallas, tenemos un montón de disruptores que interfieren en ese sueño, digamos que el cuerpo lo relaciona como alerta y entonces vuelve a activarse. Y, por eso ya, pues dicen: ‘No si yo por la noche rindo mucho, pero luego por el día estoy muy cansado’. Claro, estás cansado porque el cuerpo ya te está pidiendo lo que no le has dado en la noche.
Lo que tú has hecho ahí es alterar de forma patológica tu propio ritmo circadiano. O sea, eso no es que uno sea más nocturno o más diurno, es que tú vas llevando al cuerpo a ello. Pero tu cuerpo no está hecho para eso. Y eso, muchas veces, puede acabar en alguna patología o al menos en una dolencia o malestar.
P. ¿En cada fase de la vida el sueño es distinto o no?
R. La necesidad de horas de sueño es lo que yo te diría que va cambiando. Cuando eres más pequeñito, los niños, duermen mucho. ¿Por qué? Porque están en desarrollo, lo necesitan. También la hormona del crecimiento está íntimamente relacionada con las hormonas que se activan durante el sueño, entonces, cuando tú duermes, favoreces ese desarrollo, ese crecimiento, ese buen funcionamiento del sistema inmune. Entonces, de pequeñitos, sí que se exigen, digamos, más horas de sueño.
Cuando llegamos a una edad adulta, más o menos la media está en unas siete u ocho horas diarias, aproximadamente. Con mantener una media de esas horas, vamos bien. Incluso ya te digo que si es de muy buena calidad podría arriesgarme a decirte que hasta con seis, pero bueno, siete u ocho es lo normal.
Y, bueno, cuando vamos envejeciendo también todo va cambiando, el cuerpo se va debilitando y, es verdad, que a veces sí que con menos horas el cuerpo se despierta un poquito antes, esos ritmos circadianos se pueden alterar un poquito, pero es verdad que, en la edad adulta son siete u ocho horas.
P. Sobre adolescentes y jóvenes se dice que duermen como un tronco. Pero, ¿esto es así o precisamente en ellos vemos esos disruptores que decías como uso de pantallas o hábitos que no ayudan a dormir? Además, en esa edad entiendo que ya se forman tus hábitos para la edad de adulto, ¿no?
R. Los adolescentes, si duermen bastante en sus horas de noche, no hay ningún problema. Eso es porque todavía, pues bueno, están ahí en la transición de adolescencia a adulto. Dormir es saludable, o sea, dormir es salud, así que por eso no habría ningún problema.
El problema es aquel adolescente que se te duerme a las 4:00 de la mañana y se te despierta a las 12:00 del mediodía. Volvemos a lo que ya hemos comentado, esos ritmos circadianos completamente alterados. Sumados a que se ha acostado a las 4:00 porque está con la tele, con el móvil, con todas las pantallas que quieras. Esos solo son falsos estímulos. ¿Por qué? Porque cuando yo veo una luz, una luz blanca, una luz fuerte por la noche, a mi cerebro le estoy queriendo decir 'actívate'. Se activa el sistema nervioso simpático, principalmente, porque él piensa al ver esa luz que hay que estar activo, que hay que estar en el día digamos, pero en realidad no es de día, es de noche.
Entonces, eso ya empieza a alterarnos todo. Si lo hacemos de forma consecutiva, ese niño cada vez pues tiene más activado continuamente su sistema nervioso simpático, está activado continuamente. Y el parasimpático, el que necesitamos también para que nos dé esa relajación, pues cada vez le cuesta más funcionar de forma adecuada. Es lo que hemos comentado al principio de estar por el día muy activos y por la noche vamos relajándonos. Y van alterando esos ritmos.
Eso es un problema, porque como bien has dicho tú, genera los hábitos del futuro. Y ya el problema no es que va a tener peores hábitos, ojalá todo fuera eso. El problema es que ese cambio de hábitos va a llevar también probablemente a una inflamación, porque el cuerpo empieza a alterarse, a lo mejor ese niño se levanta a las 12:00, tiene más ansiedad por la comida, por decirte un ejemplo, come peor, lo que come es de peor calidad...y acabamos derivando, pues en una inflamación, en una obesidad, en un sobrepeso... Son personas muy jóvenes con trastornos del sueño, con obesidades asociadas y con el resto de patologías que pueden ir derivando.
P. ¿Cuáles serían esas reglas básicas de hábitos positivos para tener una buena calidad de sueño?
R. Pues, son varios. El primero de ellos es un ritmo de horarios. Mantener siempre más o menos una rutina de horarios. Me acuesto aproximadamente a la misma hora, me levanto aproximadamente a la misma hora, incluyendo casi fines de semana. Que eso es quizá una de las cosas donde se cometen más fallos, porque si tu sueño es de calidad y duermes las horas que se deben dormir, lo normal es que en el fin de semana no necesites compensar, que es lo que se hace. Lo primero son esos ritmos, mantener esos horarios regulares de sueño. Una hora aproximada de sueño a la que me acuesto siempre y más o menos a la misma me levanto. Si puede ser, acompañando a cuando cae el sol y cuando aparece el sol, porque al final es lo que el cuerpo más va a agradecer.
Las pantallas, hay que limitarlas dos o tres horas antes de dormir, sería lo ideal. También tener un ambiente ya más cálido cerca de la hora del sueño, luces un poco más bajas, evitar toda luz blanca, luces muy directas que mantienen la mente muy activa, y hacer cosas que te puedan relajar, leer sobre un libro...
Y también distinguir muy bien las zonas de la casa. En el salón, pues veo la tele, leo, hago las cosas de ocio digamos-, en la cocina, como. Pero en la habitación, donde está la cama, duermo. Mucha gente se pone ahí la tele, de todo y, de repente, la habitación se convierte en ‘tu todo’. Y eso también es un problema, porque el cuerpo ya no conecta la habitación, la cama, con dormir, sino que me voy a la cama y me pongo a ver la tele y me duermo cinco horas después.
Luego también están las comidas, hacer cenas más ligeras e intentar espaciarlas a dos o tres horas antes de acostarte. Incluso, si cenas y te puedes mover un poco, aunque sea pues dar un paseo al perro, eso es muy favorable porque cenas, favoreces esa digestión y, al irte a dormir, vas a tener un sueño de más calidad porque tu cuerpo ya ha digerido gran parte de esa cena y ya se prepara para dormir.
Si pasa de media hora, la siesta ya empieza a no ser favorable
P. Quería preguntar por lo que nos quita el sueño. Siempre decimos que es estar estresado, tener problemas laborales o familiares...¿cómo pueden afectar al sueño?
R. Demasiado. Ahora mismo, yo creo que uno de los problemas del siglo XXI es el estrés. Creo que casi todos vivimos estresados. Voy a todo corriendo, no llego a todo, siempre quiero más, la mente no para, estoy haciendo una cosa pero estoy pensando en la siguiente. Eso es muy malo, porque es la multitarea, no focalizamos en una sola cosa. Luego, encima, tenemos el móvil, me llaman, me mandan un WhatsApp... Esa multitarea nos hace mucho daño, muchísimo daño, porque tiene al cerebro en un nivel energético, o sea, demandando una cantidad de energía, que no está preparado para ello o que luego no le damos la paz o la calma que necesitaría para compensar.
Ese estrés nos afecta mucho, nos mantiene alerta. El estrés hace lo que ya hemos comentado que le puede pasar a los adolescentes con las pantallas, pues un poco lo mismo. El estrés te mantiene todo el tiempo en alerta porque tu cuerpo relaciona ese estrés como una lucha contra algo. Pero claro, ese algo a veces no puede resolverse, es un problema laboral, es un problema en casa... Entonces, hay que saber manejar muy bien ese estrés porque, si no, tu cuerpo está todo el tiempo como queriendo luchar, queriendo huir en su concepto, eso es lo que él percibe. Nunca se relaja y, si nunca se relaja, ese sueño no va a ser de calidad.
Porque en ese juego del sistema nervioso simpático y parasimpático tan importante para estar en alerta y estar en relajación, digamos que gana la batalla ahí el simpático, estamos todo el tiempo continuamente alerta, alerta, alerta y nunca nos relajamos bien. Entonces el sueño siempre es superficial, porque tu cuerpo piensa que, en cualquier momento, va a pasar algo, pero ese algo es un estrés. De ahí la importancia del manejo del estrés. Es muy, muy importante.
P. ¿Hay especificidades en el sueño en cuanto a las mujeres, por ejemplo en épocas de la maternidad o la menopausia?
R. Sobre maternidad no te puedo decir tanto, pero en la menopausia, por ejemplo, las hormonas sí que también juegan un papel importante. Ese cambio hormonal tan grande que hay, sí que puede influir en la regulación de estos ciclos y que altere un poquito a veces la capacidad de conciliar el sueño.
No hay grandes estudios, o sea no hay una evidencia, pero los cambios hormonales sí que influyen. También, como a veces ellas se encuentran muy incómodas, con esos sudores, ese malestar, todo eso también te tiene mal, es como cuando uno tiene algún proceso y eso dificulta también el sueño. Porque el cuerpo, vuelvo a lo mismo, el cuerpo lo ve como que algo está pasando, algo hay de alerta ahí, entonces no puedo descansar bien porque yo estoy por dentro jugando con ese cambio hormonal.
P. Lo comentaba antes pero, por puntualizarlo. Siempre hemos escuchado que las personas mayores duermen menos, pero ¿hay realmente alguna base científica de eso? ¿Es verdad o no?
R. Eso va un poco con la senescencia, vamos perdiendo un poquito no cualidades, pero, bueno, va envejeciendo el organismo y, a veces, pues al ir envejeciendo simplemente con menos horas de sueño su cuerpo como que considera pues que ya se ha reparado. No hay mucha más evidencia, o sea no hay algo que digas pasa esto y por este motivo, es un poco el proceso normal de la evolución. También hay gente mayor que duerme muy bien.
P. Hablemos un poco de trastornos o enfermedades asociadas al sueño. El insomnio, esos periodos de vigilia, ¿qué ocurre en el cuerpo y cuáles son las consecuencias?
R. Sí, es un trastorno más bien de insomnio. El insomnio tiene una barbaridad de posibles orígenes y hay que ir a la raíz, como en casi todo. ¿Qué está provocando este insomnio? Porque, al final, el insomnio es que no consigo conciliar el sueño, me paso muchas horas intentando dormir y yo no soy capaz de dormirme.
Normalmente, eso tiene una base. O sea, hay algo. Por un lado, hay patologías asociadas al insomnio, que esas hay que tratarlas, por supuesto. Y luego ya, en el gran porcentaje de insomnio hay por detrás ansiedades, estrés, situaciones de mal manejo, que lo que te tienen es como en un estado de alerta, de rumiación. Tu cerebro no para y, como no para, no es capaz de relajarse.
Luego ya pues entramos en un tema más complicado, más fisiológico. Porque hay gente que, bueno, tiene mucho estrés, muchas situaciones complejas, pero duerme bien. Y otros no, porque también está como tu cuerpo lo regule. Ahí necesitamos también neurotransmisores, el GABA -principal neurotransmisor inhibidor en el sistema nervioso central, crucial para calmar la actividad neuronal, reducir la ansiedad, el estrés y mejorar el sueño-, aparte de la melatonina. Y, a veces, se asocia a ciertos trastornos intestinales. El propio hecho de que haya trastornos intestinales genera menos neurotransmisores que puedan llegar al sistema nervioso, disminuye el GABA, e influye en ese insomnio.
Es muy complejo, el cuerpo es bastante curioso, pero luego está todo hilado. Entonces, siempre la clave es ir a la raíz. ¿Qué es lo que a ti te está causando ese insomnio? No tanto poner parches. Los parches se ponen mientras se resuelve el problema, porque obviamente hay que dormir. Pero no es solo te pongo un parche y ya, no. Te pongo el parche, pero vamos a ver qué te ha llevado a ti a eso.
P. ¿Y la narcolepsia? Esos ataques de sueño, ¿por qué se producen? No sé si hay muchos casos diagnosticados o es algo más desconocido.
R. Hay, hay casos, pero eso ya es más complejo. Eso ya sí que es una patología. No te puedo decir ahora mismo la fisiopatología, pero es más complejo, porque pierden el conocimiento. Ellos, además, lo pasan mal. Ahora mismo estamos haciendo el estudio a un paciente con sospecha de narcolepsia y, en la misma consulta, se te queda en la silla. Ellos van con mucho cuidado, con un acompañante siempre, porque pierden el conocimiento de golpe. Eso ya es un trastorno mayor, ya hablamos de una patología seria.
La genética es la pistola que tenemos y nuestros hábitos son los que la disparan o no
P. La apnea es una de las protagonistas de los estudios que se hacen en la Unidad del Sueño del hospital Reina Sofía de Córdoba.
R. La apnea, para nosotros aquí es la patología princeps, por descontado. Creo que, poquito a poco, se va haciendo más eco de esta patología, es muy importante que se conozca. Hace unos años era muy desconocida, pero tiene una repercusión a nivel sistémico enorme. Y eso es lo que hay que intentar dar a conocer. La apnea es que la obstrucción de la vía aérea nos deja sin oxígeno durante un tiempo, lo que nos dure esa apnea, y eso se produce equis número de veces en la noche, a veces, muchas. A veces, tenemos porcentajes en el que más de la mitad de la noche están haciendo apneas. ¿Qué pasa? Que más de la mitad de la noche tú estás bajando la saturación de oxígeno. Cuando tú bajas la saturación de oxígeno, generas en el organismo estrés oxidativo e inflamación.
Y eso se va produciendo todas las noches, todas, una detrás de otra. Al final, te genera una inflamación sistémica, un estrés oxidativo generalizado, y todo ello lo que lleva es a que puedan aparecer otras patologías: arritmias, hipertensiones de mal control, mal control del azúcar. En el peor de los casos, cuando empieza a ser más grave, aparecen infartos asociados, ictus. Y luego incluso hay enfermedades degenerativas y cánceres. Porque, como es continuo, o sea, esto sigue y sigue y sigue y no se trata, tú estás todas las noches privándole durante equis tiempo a tu cuerpo de oxígeno. Y eso es malísimo.
Por eso la importancia de divulgar y de dar a conocer esta patología. No es solo como la gente que te dice, “No, es que yo ronco desde siempre”. Ya, pero ¿roncas y te quedas parado? ¿Y tú qué notas? La gente te suele decir que ronca, que a veces le dice su mujer o un amigo que parece que no respira y por eso es por lo que suelen venir a consulta.
Pero, aparte de eso, si tú luego indagas, por el día se quedan dormidos con facilidad, suelen tener mucho cansancio, dicen ‘Es que no valgo para nada, es que son las seis de la tarde y yo ya no puedo hacer nada’. Eso no es normal. No normalicemos que sean las seis de la tarde y ya no pueda hacer nada con mi vida. No. Hay que hacer algo. Yo les digo: solo por eso ya tenías que haber venido. También tienen dolores de cabeza, migrañas que no ceden, todo esto va asociado a la apnea.
P. ¿Qué avances hay en su diagnóstico y tratamiento?
R. Nosotros aquí en la Unidad del Sueño les hacemos una polisomnografía. Se ponen un aparato en la parte de la frente para ver el electroencefalograma, las ondas, para ver si hay un sueño de calidad, si entramos en fase REM, fase no REM, si hay cambios de fase; y también en el abdomen y en el tórax, para ver si hay trabajo respiratorio, y para ver también la saturación de oxígeno.
Con esto se ve cuántas apneas hace, si hay mucho ronquido o no hay ronquido, si hay participación del abdomen o no en la respiración, y cómo son las ondas cerebrales. Y con eso se diagnostica. Una vez que se diagnostica, si estamos ante una apnea, tenemos que tratarlo.
El tratamiento gold standard -patrón de oro- a día de hoy es la CPAP (Presión Positiva Continua en la Vía Aérea), que es un dispositivo de presión positiva. Es una maquinita, con la que hay que dormir todos los días, y mucha gente pues, como es una patología que cada vez se está diagnosticando más y hay gente más joven, pues te limita al final, si quiero viajar, me voy con la máquina. Es más complejo y también hay gente que no lo tolera.
Gracias a los avances, pues van saliendo nuevas cositas. Entre ellas, tenemos un dispositivo de avance mandibular (DAM), que es como una férula, que se hace y se ajusta a tu medida. Hay que hacerte un estudio muy completo, para ver bien qué movimiento anteroposterior podemos hacer para abrir esa vía aérea. Al final, la vía aérea lo que pasa es que colapsa. Entonces, lo que hay que hacer es que no colapse. O ponemos una máquina que mete presión y no colapsa porque te abre con la presión, o te ponen un dispositivo que -no todo el mundo es candidato esto también hay que decirlo-, pero si eres candidato te puede ir bien porque te abre la parte de la mandíbula. Y te hace una apertura anteroposterior, abriendo esa vía aérea. Ayuda y además da tono a los músculos.
Ahora, como yo digo siempre a mis pacientes en la consulta, el primer tratamiento y el principal es cambiar los hábitos. Porque, normalmente, cuando ya vienen con esta patología, detrás hay obesidades, hay muy malos hábitos de comida, muy malos hábitos de sueño. Entonces, si esto no lo cambiamos, ya va a dar igual una CPAP, un dispositivo, o una terapia que se descubra de aquí a en los próximos años, que obviamente sigue habiendo investigación. Porque si tú no cambias esos hábitos, no hay nada que hacer. Podemos ayudar a que no estés haciendo esas pausas de apnea, que es que eso te puede llevar a un infarto. Pero no vas a conseguir otros cambios, no vas a resolver todo por completo, porque el origen está ahí muchas veces.
P. ¿No es algo fisiológico digamos, sino que está en esos hábitos?
R. La mayor parte sí, o sea, puede haber un componente genético. Siempre está la parte genética, pero al final la genética digamos que es la pistola que tenemos y nuestros hábitos son los que disparan o no esa pistola. Entonces, puede haber, pero no es necesariamente preciso que exista esa genética, no tiene que estar sí o sí. Hay gente que sí que se sabe, pues bueno, pueden tener un poquito más predisposición y que sin ser obesos ni tener sobrepeso ni tener otras patologías ni comorbilidades lo desarrollen, pero normalmente es adquirido.
Está muy relacionado con personas que tienen sobrepeso, que tienen diabetes de mal control, hipertensión de mal control, obesidad, mucha obesidad, y malos hábitos, muchos trastornos del sueño, de ‘Es que no duermo, es que me acuesto a las 5:00, me levanto y voy a trabajar como un zombi, me tomo cuatro cafés...’. No es normal tomarse cuatro cafés, no normalicemos eso. Entonces, hay muchas cositas detrás que es lo primero que hay que cambiar. Primero hay que cambiar eso, muchas veces trabajamos con endocrino, con otorrino también, porque también puede haber una hipertrofia de cornetes. Es un equipo multidisciplinar para ver bien todo lo que se puede trabajar a nivel de la base y, luego ya, si de verdad hace falta continuar con ese tratamiento, pues para eso está.
P. ¿Y son más hombres que mujeres o es un mito?
R. Son más hombres que mujeres, sí. Por ahora, sí. Es verdad que, cada vez, se está viendo gente más joven, cada vez hay más diagnóstico porque sí que creo que la sociedad está un poquito más concienciada, y se está viendo gente más joven. A mí es algo que me sorprende. Y sí que hay mujeres, pero son más los hombres en proporción.
P. Entre las personas que vienen a consulta, ¿qué es lo que más comúnmente se encuentra para la falta de sueño?
R. El estrés. El estrés. Es una cosa además de tónica general. Dicen: ‘Es que llevo una época muy mala, es que estoy muy estresado“. A veces por un problema personal, laboral, de matrimonio o pareja también, pero normalmente son situaciones que te sobrepasan. El vivir ya en un nivel de decir ‘no puedo, entonces empiezo a dormir mal’. Y cada uno va haciendo con sus recursos como puede: Empiezo a hacer una cosa, empiezo a hacer la otra, luego ya vienen ‘me da ansiedad’, otro ‘me da depresión y empiezo a tomar fármacos’, o ‘la ansiedad me da por comer’... Y ya empiezan con la pescadilla que se muerde la cola.
El sueño debería ser un hábito más que cuidar. Es un tercio de nuestra vida
P. Y luego están las consecuencias de esa falta de sueño. Supongo que provoca un abanico de consecuencias, esa somnolencia, que por ejemplo en algunos trabajos puede ser un peligro mortal.
R. Sí, exactamente. Claro, es un problema porque con esa somnolencia te dicen que tienen como una neblina mental, que están como en una nube, literalmente. Estando así, la memoria se afecta, la concentración se afecta una barbaridad, y hay problemas también conduciendo. La gente, otro de los motivos por los que viene, es que ‘casi tengo un accidente de coche o lo he tenido porque me he quedado dormido y ahí es cuando me he dado cuenta del sueño que tengo’.
O sea, esto llega a muchos niveles. El rendimiento es mucho peor, tu capacidad para concentrarte es nula. Muchas veces no son capaces de estar en una conversación cinco minutos, porque no pueden focalizar, porque están totalmente pues obnubilados, porque su cuerpo está como yo les digo, te está pidiendo que por donde sea le des sueño. O sea, necesita ese descanso.
P. Ese rendimiento, en fase de estudiantes, imagino que también se notará muchísimo.
R. Sí, sí, pero mucho.
P. Sobre la importancia de seguir los ritmos circadianos para el sueño, quería preguntar sobre los casos de personas con turnos de trabajo variables, de noche, de mañana, de tarde... Eso es algo ajeno a los hábitos que uno puede querer tener y supongo que marca mucho la calidad del sueño.
R. Mucho. Mira que no soy quién para decirlo porque yo estoy sometida a guardias de 24 horas, pero los turnos son muy malos para el cuerpo. Es algo que se nota mucho. El trabajar a turnos variables no te permite tener unos hábitos. Los pacientes te lo cuentan muy bien: ‘Es que claro, estoy un día de mañana, uno de noche, luego otro de noche, en la noche no duermo, por la mañana yo de verdad que intento estar despierto pero no puedo, entonces ya duermo por la mañana, luego llega la noche y ya no duermo...’ Alteran muchísimo esos ritmos.
Para los turnos, es muy complejo, porque al final es tu forma de vida y eso es un problema. Hay trabajos por turnos que de verdad necesitan estar despiertos toda esa noche, entonces es muy complejo de ajustar esto en gente que tres veces a la semana se pasa tres noches despiertos. Lo que yo intento recomendar es, si se puede, aquellos que puedan dormir un poco en ese turno, que lo intenten, para que luego por el día intenten aguantar lo máximo posible dentro de lo que es viable, que tú no veas que es que no puedes, y así hacer una mañana un poco más normal.
A lo mejor, ahí pues ves la siesta te puede compensar, pero nunca creo que sea aconsejable una siesta larga, simplemente para darle un poquito de descanso al cuerpo. Y ese día irse a dormir pronto. Pero intentar no alterar, para que el cuerpo vuelva a coger ese hábito y al día siguiente intentar ya empezar de cero y mejor.
Pero los turnos son horribles para todo, es que te altera todo, te altera el ritmo circadiano, te altera hormonas, altera las digestiones, es que te altera todo el cuerpo.
P. Al final todo se resume en que la vida es sueño, ¿no? No sé si se nos queda atrás algo que quieras añadir...
R. Yo diría que le demos la importancia que tiene al sueño. Un tercio de nuestra vida la pasamos durmiendo, cuando hacemos el cómputo total, que se dice poco. Creo que entre el sueño, la alimentación y el ejercicio, una vida sana, se puede vivir muy bien y que cuando se está bien la vida se ve de otra manera.
Por todas aquellas personas que sé que luchan, que yo lo veo, que tengo ansiedad, tengo depresión, es que no puedo con mi vida, es que me levanto cansado... Hay cambios, yo se lo digo, esto es proponérselo, puede costar, que las cosas no son fáciles, pero si te lo propones y de verdad lo quieres, lo puedes conseguir, y que la vida se ve de una manera muy, muy diferente.
Y, también, a aquellos que ven que tienen una patología o pueden tener un problema, que consulten. El sueño es una patología y hay que pensar en ello porque se puede abordar y se puede mejorar. Entonces, que no se queden con ‘Es lo que me ha tocado o como es que llevo así años’. Bueno, pero a lo mejor se puede hacer algo y los restantes años de vida pues tienes una vida que no te imaginabas.
Con la luz de una pantalla por la noche, a mi cerebro le estoy diciendo actívate
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