Carmina Gómez, teresiana: “El Dios de Trump no es mi Dios”
En la imponente casa donde tiene lugar esta entrevista se celebró hace un mes un iftar que puso fin al Ramadán. Musulmanes y cristianos compartieron mesa bajo sus vetustas paredes uno de los días más sagrados del calendario islámico. La Casa de la Concha no es una casa cualquiera. Pertenece a la Institución Teresiana fundada hace un siglo por el sacerdote Pedro Poveda. Y aquí trabaja incansable Carmina Gómez, al frente del Espacio Cultural Plaza de la Concha, empeñada desde hace décadas en abrir caminos de diálogo entre las dos religiones monoteístas más numerosas del planeta.
Nació en 1944 en Villanueva de las Peras, un diminuto pueblo de Zamora, cuyo censo hoy apenas rebasa los 85 habitantes. “Entonces vivían cien familias”, asegura sentada en su pequeño despacho junto al precioso patio porticado. Allí apenas residió. En aquellos años no había agua corriente ni luz eléctrica. Solo quietud, silencio y felicidad.
Como el Papa Francisco, me declaro anticlerical porque rechazo el autoritarismo y el privilegio
PREGUNTA. Y su familia se fue a Melilla.
RESPUESTA. El parvulario ya lo viví en Melilla. Mi padre era funcionario y pidió el traslado.
P. ¿Por qué?
R. Lo puedo sospechar. Los funcionarios que vivían fuera de la península cobraban más y tenían más vacaciones.
P. Y llegó a Melilla antes del año 50.
R. Probablemente en el año 48 o 49.
P. ¿Cómo recuerda Melilla?
R. Con un recuerdo muy grato. Siempre fui a la escuela pública, con niñas y niños separados. Mis compañeras de clase eran la mayoría “moras”. Entonces, la palabra “moro” no tenía connotaciones negativas. Había también alguna judía, alguna india y unas cuantas cristianas. Teníamos una convivencia muy grata. Plural. Y al acabar el bachillerato, mis padres consideraron que por edad y por tener un futuro en la universidad había que volver a la península.
La igualdad de la mujer es un tema pendiente en la Iglesia
P. Usted vivió la diversidad con naturalidad.
R. Con normalidad absoluta. Esa era mi realidad y agradezco muchísimo la experiencia. Los amigos venían a casa y yo iba a las suyas, a veces hasta la cabila argelina. No era el Marruecos de hoy. Entonces, no había verja en Melilla. Era un paso franco. La aduana real estaba en Málaga.
P. Se podía cruzar a Marruecos sin ningún control.
R. La frontera real era al bajar del barco en Málaga. En la frontera te miraban a fondo lo que llevabas, pero entre Melilla y Marruecos era paso franco. Entonces teníamos Sidi Ifni, el Sáhara y una serie de zonas españolas que permitían un paso normal. Las cabilas estaban en esa zona argelina más rural.
P. Era la época del Protectorado Español.
R. Era la época del Protectorado Español.
P. ¿Y cómo os percibían los musulmanes a los españoles en pleno periodo colonial?
R. No tengo mal recuerdo. Yo era una niña y tenía una relación normal con los amigos. Lo que sí recuerdo es que pillé toda la etapa de preparación de la independencia de Argelia, con el Frente de Liberación Nacional y toda la época de violencia que se genera en esas situaciones.
P. Pero usted vivía en Melilla.
R. Sí, pero venían personas de Argelia a casa y hablaban con mis padres de lo que estaba pasando. Hay imágenes de la violencia que a una niña no se le borran.
P. ¿Por ejemplo?
R. Por ejemplo, de familias que envolvían en colchones y le prendían fuego. Esa imagen te desborda. Mi estancia en Melilla era feliz, tranquila, sosegada y de una convivencia normal. Y sabía que si mi bocadillo era de sobrasada no le podía dar que mordiera a mi amiga musulmana.
P. Usted ya sabía ese tipo de cosas.
R. Claro. Hay cosas que se aprenden por la relación. Y sabía que en ciertas asignaturas nos quedábamos muy poquitas en clase. En gimnasia, en música, en religión.
P. ¿Por qué gimnasia?
R. Creo recordar que estábamos muy pocas niñas en clase de gimnasia. Todo con normalidad total, que te permitía un conocimiento claro de la realidad.
Con el islam tenemos mucho más en común que diferencias
P. También tenía relación con las niñas judías.
R. Menos que con las moras. Por mi casa venían familias musulmanas, pero no recuerdo visitas de familias judías.
P. ¿Qué se aprende en Melilla?
R. Yo aprendí lo que es la convivencia dentro de un pluralismo que es riqueza. Y aprendí que es posible vivir, convivir, mirar hacia el mismo horizonte y caminar de la mano siendo diferentes.
P. Y, si es posible, ¿porque lo hacemos imposible?
R. Vamos dando pasitos. Tenemos mucha carga histórica en las divisiones y mucha carga de egos en las religiones. Cuando digo religiones podía decir también en las culturas. Aquí hicimos un iftar de Ramadán con un grupo de musulmanes. Lo que nos unió en ese momento es poder celebrar juntos la fiesta de unos vecinos con los que convivimos y hacemos camino.
P. Educarse en Melilla es un máster de diversidad.
R. Cuando yo viví allí podía decir que sí. Hoy creo que es diferente.
P. ¿Por qué?
R. Hoy hay una verja y actitudes menos espontáneas. Hablo sin estar allí. Hablo de lo que el olfato me dice. A mí la verja me levanta ampollas. Yo he vivido en Melilla sin verja, donde venía gente del campo con su burrito a vender tomates y pasaba tranquilamente.
P. ¿Y por qué se puso una verja?
R. No sabría decirlo ahora, pero no tiene sentido. Tiene sentido político en las divisiones y el enfrentamiento que vamos gestando en este momento histórico.
P. ¿Las verjas sobran en el mundo?
R. En el mundo sobran las verjas y las murallas; y faltan puentes.
P. ¿Todas las ciudades deberían ser Melilla?
R. Yo creo que sí. Todas las ciudades deberían ser una realidad en la que cada uno tiene su propia identidad reconocida y la puede compartir con la persona que tiene al lado en el trabajo, en la vecindad o en la escuela. Eso ayuda al conocimiento mutuo. Cuando me relaciono con personas musulmanas no veo el islam de Afganistán o de cualquier otro sitio. Veo una convivencia normal, sana y gratificante.
No es posible bombardear un pueblo en nombre del judaísmo, ni del islam, ni del cristianismo
P. Luego abandonaron Melilla.
R. Yo debería tener unos 17 años.
P. Y se viene a la península.
R. Acabé en Barcelona estudiando en la universidad.
P. ¿Por qué Barcelona?
R. Porque la especialidad que yo quería hacer en ese momento solo la había en Barcelona o en Santiago.
P. ¿Qué especialidad?
R. Dentro de Ciencias de la Educación, en lo que entonces era una rama de Filosofía y Letras, estaba Orientación Escolar.
P. Usted quería ser profesora.
R. Me gustaba el mundo de la educación. Luego la he ejercido en la Generalitat de Cataluña en la formación del profesorado y, sobre todo, en la formación de educadores de tiempo libre.
P. En Barcelona estuvo muchos años.
R. En Barcelona acabé la carrera y trabajé toda mi vida laboral en la Generalitat. Hice oposiciones a nivel estatal y me incorporé en la Dirección General de Formación de Adultos. Coordiné el Programa General de Formación de la Generalitat. También formó parte de mi trabajo la coordinación de las clases de Religión en la enseñanza pública. Nuestra Constitución reconoce el derecho de los padres a que sus hijos sean educados según sus creencias. No es un derecho de los gobiernos; es un derecho de los padres. Esos acuerdos están firmados con la Iglesia Católica, judíos, musulmanes y evangélicos. Hice esa coordinación con muchísimo gusto porque reconocí una realidad que había vivido desde pequeña.
P. Barcelona en los años 60 era una ciudad abierta.
R. Barcelona es una ciudad abierta y extraordinaria. A mí Barcelona me cautiva. Y cuando me jubilé, marché unos años a París.
P. Su bagaje melillense le sirvió.
R. Sí. Por una parte, para despertar a las relaciones interreligiosas, sobre todo islamocristianas, y darme cuenta de que lo que yo había vivido no era lo normal. Estudié a fondo el islam y descubrí que había sido una privilegiada porque lo conocía desde el inicio de mi vida, con la convivencia y la amistad.
P. ¿Qué descubrió en el islam?
R. Que tenemos mucho más en común de lo que tenemos diferente. Aunque hay diferencias teológicas profundas.
En Melilla aprendí que es posible caminar de la mano siendo diferentes
P. ¿Por ejemplo?
R. Pues, por ejemplo, todo el tema relacionado con la divinidad de Jesucristo. Los dogmas fundamentales del cristianismo no son compartidos. O el concepto de Dios y la unidad/trinidad. Constatar estas diferencias me ha ayudado a limpiar mi fe de adherencias y también en el Islam. La historia y las culturas van generando adherencias, unas ideológicas, otras teológicas y otras de autodefensa.
P. ¿Cuando habla de adherencias habla de prejuicios?
R. Hablo de que le vamos añadiendo a la práctica de la fe afirmaciones, comportamientos o imágenes que no son de la esencia de esa tradición. Son adherencias de las que nacen los prejuicios. El encuentro con el islam me ha ayudado a limpiar adherencias en ambas tradiciones. Cuando yo me encuentro con un musulmán o con una musulmana, me encuentro con personas que practican el islam que yo he ido descubriendo en mi estudio del Corán y sus distintas interpretaciones.
P. Usted ha estudiado el Corán.
R. Sí. He leído sobre todo la versión de Julio Cortés. También me ha ayudado mucho la versión francesa de Denise Masson, que tiene dos volúmenes con explicaciones en cada sura. Y eso me ayuda, sobre todo, a mirar a los musulmanes y las musulmanas sin prejuicios. Para mí, el islam no es el islam radical de algunos países. Es el islam que yo he descubierto en contacto con personas y con el Corán. Me ayudó mucho también el máster sobre Espiritualidad Transcultural que hice en Barcelona.
P. ¿Por qué le interesó la religión?
R. Me interesó la espiritualidad. El motor de mi vida es la espiritualidad.
P. ¿Qué diferencia hay?
R. La espiritualidad inicialmente la vivimos todas las personas. Es algo inherente al ser humano localizado incluso neuronalmente en nuestro cerebro. Desarrollado o no a lo largo de la vida, toda persona humana tiene un despertar espiritual. La religión es la forma con la que yo descubro que puedo vivir esta espiritualidad. Y mi espiritualidad la vivo dentro del catolicismo.
P. ¿Por tradición familiar?
R. Por tradición familiar. Y luego llega un momento en que cuando somos adultos somos responsables ya de nuestras opciones. Desde lo que se hereda se pasa a la opción libre y personal. A veces me encuentro con textos de otras religiones con los que espiritualmente conecto. Textos de Rumi y de otros sufíes, que despiertan algo en mi interior que no es de mi religión, pero que no la desdice sino que la alimenta.
P. ¿Cuándo decidió ingresar en la Institución Teresiana?
R. En un momento muy curioso. Yo inicialmente no era muy piadosa. Yo creo que soy la única de mi familia que sigue estos caminos.
P. Su familia no era especialmente religiosa.
R. Mis padres quizás sí, pero mi familia no. Hubo un momento en el que oí hablar de un libro que a una amiga mía le había gustado. Un día de mi cumpleaños mi abuela me regaló un dinero y yo compré ese libro. Ya ni me acuerdo del título. Pero recuerdo que al abrirlo leí “boga mar adentro”. Y para mí fue una llamada. Fue como el enamoramiento. En ese momento me sentí cautivada por un Dios que me habitaba. Dios me sedujo y yo me dejé seducir. Y vivo de esa seducción. Luego ya le di forma viviéndolo en el seno de una institución que entonces no conocía. Esa experiencia me llevó a cambiar lo que era mi proyecto de vida futura y con la persona con la que pensaba compartirla para siempre. Han pasado muchos años y aquí estoy.
P. Pero usted no ha ingresado en ninguna orden.
R. No. Esto no es una orden. La Institución Teresiana es una asociación internacional de mujeres y hombres laicos de la Iglesia Católica. Está constituida por diversas asociaciones, que comportan también modos de compromiso. Uno es el que yo vivo. Mi experiencia personal de encuentro con Dios o de dejarme encontrar por él me ha llevado a este modo de vida dentro del carisma de la Institución Teresiana. Y no tengo más palabras que decir. Es difícil poner letra a estas experiencias profundas. Me enamoré.
P. Usted lleva en la institución Teresiana desde muy joven.
R. Desde muy joven. En aquellos momentos, con 19 o 20 años, las mujeres ya se casaban. La vida la avanzábamos mucho más. Yo tenía mis planes de vida compartida y pensaba en los hijos que me gustaría tener y cómo hablaría con ellos. Y en un momento mi vida dio un giro. Dios me sedujo y yo me dejé seducir. Podía haber dicho que no, pero fue un acto libre en su inicio y libremente sigo diciendo sí hasta el día de hoy.
Dios está donde hay dolor
P. ¿Tenéis voto de castidad?
R. No. La asociación a la que yo pertenezco comporta un compromiso de disponibilidad para la misión y la espiritualidad de la Institución Teresiana. Este compromiso de disponibilidad no es compatible con crear la propia familia. Pero no crear la propia familia surge del amor y la seducción de la que yo vivo.
P. Y se va a París cuando se jubila.
R. Allí estoy casi cuatro años. Me fui a París para conocer el islam europeo. Hice algunas escapadas a Bélgica y conecté con varias tariqas sufíes.
P. Le interesa el misticismo.
R. Era lo más fácil de abordar para conocer el islam. Y me interesa el misticismo sufi. Me es cercano. Yo puedo leer a Rumi, a Santa Teresa, al maestro Eckhart, a Juan de la Cruz y encontrar el mismo vocabulario y los mismos símbolos. Y cuando ya me pareció que eso lo tenía olfateado, decidí volver a España y elegí Córdoba.
P. ¿Por su vínculo con el pasado andalusí?
R. Por su vínculo con el pasado musulmán.
P. ¿Y ha descubierto algo en la ciudad que entronque con ese pasado musulmán?
R. Sí. Aquí hay una cultura de base musulmana en el lenguaje, en muchas tradiciones y en las piedras.
P. Este interés por el islam lo desarrolla en el seno de la Institución Teresiana.
R. Lo ejercito en mi vida personal. El Espacio Cultural Plaza de la Concha tiene una línea de diálogo interreligioso. Tenemos relación con personas musulmanas, judías y budistas. Tenemos encuentros de música por la paz desde que empezó la guerra de Ucrania. Y ahí nos encontramos en el canto, en la música y en la poesía con musulmanes, judíos, budistas y cristianos.
P. ¿Por qué desconfiamos del diferente?
R. Yo creo que hay prejuicios históricos, pero también personales. Hace unos días coincidíamos cuatro o cinco personas hablando. Pasó por nuestro lado una mujer con niqab y a alguien le molestó. Yo no me lo pondría, pero allá ella. Es su opción. En el mismo grupo había otra persona que lamentaba cómo van hoy día las chicas jóvenes luciendo cuerpo por abajo y por arriba. A una le molestaba el exceso de ropa y a otra el defecto. Yo digo: que cada uno vaya como quiera.
P. Usted defiende la libertad de las personas.
R. Totalmente. Con una condición: el respeto al otro. Yo quiero que se me respete como cristiana y como mujer, y yo he de respetar a los demás con su propia identidad y lo que esta conlleva.
P. Usted no prohibiría el niqab ni el burka.
R. Yo no me lo pondría.
P. ¿Pero lo prohibiría?
R. Depende de qué entorno. Lo de prohibir es muy fuerte. No tengo respuesta. Dudo que una mujer con mentalidad libre acepte el burka. Yo veo una mujer con niqab por la calle y que vaya como quiera. Si veo a una con burka diría: “Qué pena me da esa mujer”.
Confío en que los poderosos caerán de su trono
P. Las monjas de clausura aceptan voluntariamente renunciar a muchas cosas.
R. Es una opción personal. No es cultural ni de la religión.
P. Es cultural.
R. La cultura cristiana no impone ser monja de clausura. Es una opción personal. Una persona que quiere vivir apartada del mundo, pero normalmente comprometida con él, y que cuando se asoma fuera va cubierta puede decir adiós cuando quiera y no pasa nada. No hay un paralelismo.
P. El pudor se impone a la mujer, no al hombre.
R. Ese es el drama. Yo he ido a la playa en Barcelona y he visto a una familia llegar con el coche. Ella iba con niqab, le preparó a los niños el bañador y el hombre se ha metido en el agua con los hijos mientras ella se volvía a sentarse en el coche. ¿Eso es una opción? Yo creo que es una mentalización. Una falta de opción libre de esa mujer. Cuando digo libre no digo que la estén obligando, sino que su mente no es libre.
P. ¿Cuanto más se abre el mundo, más se cierran algunos cerebros?
R. Yo creo que hay dos caras de la realidad. Por un lado, crece la autodefensa. Que no me toquen mi religión. Que no me toquen mis tradiciones. Y, por otro lado, hay una ósmosis que antes de la globalización no se daba y que es riqueza. Todos sabemos que la historia ha estado llena de autodefensas con ataques profundos. Aquí en Andalucía solo basta que miremos atrás la relación con los judíos y los musulmanes. Eso de los años de oro y de la bonita convivencia habría que verlo.
P. Usted no se lo cree.
R. No. Siempre fue una convivencia impuesta de un lado o del otro. ¿Que esa convivencia impuesta favoreció aspectos culturales? Sin duda. Pero no fueron los años maravillosos de la convivencia.
P. Hace un mes en esta misma casa se compartió un iftar de Ramadán entre musulmanes y cristianos. ¿Osadía o signo de normalidad?
R. Yo había celebrado el iftar algunas veces en Barcelona con distintas comunidades musulmanas. En Córdoba nunca me había atrevido a proponerlo. Y este año, dada mi relación con Isabel, Bárbara y otras personas de la Junta Islámica, me atreví a proponérselo. Fue una experiencia extraordinaria. Y yo diría que, a partir de ese momento, no somos ajenos. Somos diferentes, pero somos vecinos, hermanos cercanos y caminamos construyendo la misma sociedad.
P. Y se repetirá.
R. Por mi parte, sí. Hace años, antes del Covid, celebramos aquí la Navidad de Jesús invitando a musulmanes. Este Jesús tan importante en el cristianismo también lo es en el Islam.
P. Se conoce como Isa en árabe.
R. Y Yeshua para los judíos. En el Corán, es un profeta y el nombre de Jesús está muchísimo más repetido que el del mismo Muhammad. Un año ya hicimos la Navidad juntos y, por mi parte, lo volveremos a intentar en la próxima.
P. ¿Judaísmo, cristianismo e islam son la misma religión con distinto envoltorio?
R. Tienen el mismo punto de arranque en Abraham. Es verdad que en el cristianismo y en el islam se reconocerán trayectorias diferentes. Tenemos la misma raíz con concreciones históricas y teológicas diferenciadas, lo cual no tiene por qué dividirnos ni tampoco borrar las diferencias. El pluralismo es una riqueza para la humanidad.
P. En Oriente Medio, tres países invocan al mismo Dios cada mañana para destruirse mutuamente.
R. Menudo tema saca. Yo creo que tiene más carácter político que religioso. Netanyahu no bombardea Gaza ni Líbano por problemas religiosos, sino por poder político. El sionismo no es el judaísmo hebraico.
P. El sionismo invoca al pueblo elegido de Dios.
R. Lo invoca. Pero no creo que Netanyahu haga lo que está haciendo por honor y defensa de su religión. El judaísmo también habla de misericordia y de respeto a las personas. No creo que Trump, cristiano episcopaliano, haga lo que está haciendo por su religión, porque eso es negar el cristianismo. No es posible bombardear un pueblo, ocupar otro y no tener en cuenta los acuerdos internacionales en nombre ni del judaísmo, ni del islam, ni del cristianismo. Es poder político centrado en el ego.
La riqueza de la humanidad es el pluralismo
P. ¿Dios está en el campo de batalla?
R. Dios está en todas partes. Estuvo en la cruz. Está donde hay dolor, donde hay humillación, donde hay sin sentido. Y es ahí donde nos tenemos que abrazar a un Dios que pasó por la experiencia de todo esto y que salva a pesar de todo. Cristo pasó por el apedreamiento, por la calumnia, por la infamia, por la expulsión, por el intento de matarlo, por la denuncia y por el peor de los castigos y el más humillante: la crucifixión. ¿Esto qué quiere decir? Que Dios está también donde está el dolor. Y está con las víctimas de la violencia, no con quien la provoca.
P. ¿El Dios que invoca Trump, Netanyahu y Jamenei es su Dios?
R. No. Mi Dios es un Dios de misericordia. Dios es amor por definición. Y el Dios en el que yo creo no es compatible con el ejercicio de la violencia, con el no respeto a los pueblos, a las personas y a los acuerdos internacionales. Ese no es mi Dios.
P. ¿En qué clase de mundo vivimos?
R. En un mundo caótico, injusto, dolorido, pero también en un mundo con esperanza. Hay muchísima gente que no sale en los telediarios porque no tira bombas. Hay muchísima gente dando su vida por acompañar estos momentos de dolor y no sale en el telediario de cada día. Este es un tiempo caótico, pero la esperanza sigue presente.
P. Usted tiene esperanza.
R. Yo tengo esperanza y tengo confianza.
P. ¿En qué tiene confianza?
R. Tengo confianza en las personas y en que habrá un despertar de las conciencias. Y tengo confianza en que estos poderosos caerán de su trono.
P. En 2025 recibió el Espacio Cultural Plaza de la Concha la medalla del compromiso al diálogo intercultural.
R. Sí.
P. ¿Qué hay que hacer para romper las barreras que nos separan?
R. Dos cosas. Por una parte, acercarnos. La cercanía fraterna de hermano a hermano. Los hermanos no somos todos iguales, pero somos de la misma familia. Y, por otro lado, el conocimiento. La ignorancia es la que nos tapa los ojos y nos genera prejuicios y autodefensas.
P. Entro en la web corporativa de la Institución Teresiana y leo lo siguiente: “Disueltos como la sal, insertos en la sociedad”. ¿Me lo explica?
R. Una de las llamadas del fundador de la Institución Teresiana, que murió fusilado en nuestra Guerra Civil, era que viviéramos como la sal: disueltos en la vida social y cultural. Una comida sin sal es insípida. Nuestra vida es como la sal allí donde hace falta. Fíjese el buen sabor que hoy usted y yo en este rato de diálogo podemos transmitirnos. Y la luz que nos da compartir.
P. La Institución Teresiana es una organización de mujeres fundada por un hombre. ¿Todo en orden?
R. La Institución Teresiana es una asociación de asociaciones formada por hombres y mujeres. Es verdad que una de estas asociaciones a la que yo pertenezco es solo de mujeres. En todas las demás hay hombres. La Institución la fundó un hombre ayudado desde el primer momento por mujeres. Sobre todo por Josefa Segovia, que también estaba a punto de concretar su futura vida compartiéndola con un hombre y sintió la llamada a cambiar su estilo de vida.
P. La Revuelta de Mujeres en la Iglesia pide igualdad, visibilidad y dignidad. ¿Usted también?
R. Yo no soy del grupo de la Revuelta, pero pido lo mismo. A nivel de Iglesia es una asignatura pendiente el tema de la mujer. Muy pendiente. No me basta con que ahora se le estén dando cargos en los dicasterios del Vaticano. Hombres y mujeres tenemos que tener los mismos derechos y deberes en la Iglesia.
P. ¿Y para cuándo el sacerdocio femenino?
R. Eso no me preocupa. Lo que me preocupa es la igualdad.
La verja de Melilla me levanta ampollas
P. Y en la Iglesia no hay igualdad.
R. No. Hay situaciones que son las que van unidas al sacerdocio que solamente son accesibles a hombres. Por ejemplo, los dicasterios, en los que hoy se da entrada a las mujeres, dependen de un obispo o del Papa. Siempre dependen de alguien que está por encima y siempre es un hombre.
P. ¿Jesucristo hubiera ideado una organización sin igualdad entre hombres y mujeres?
R. Los que seguían a Jesucristo eran hombres y mujeres. Magdalena es la primera a la que se le apareció después de la resurrección. Y a la que le dio el encargo de decirle a los discípulos que había resucitado. Era una mujer. Las primeras comunidades cristianas eran mixtas.
P. El Vaticano se resiste a la igualdad.
R. El Vaticano se resiste a muchas cosas.
P. ¿Y por qué se resiste tanto?
R. No lo sé decir. Se buscarán argumentos bíblicos, litúrgicos o teológicos, pero en el siglo XXI no tiene sentido porque las ciencias han avanzado y lo de la costilla de Adán no tiene nada que ver. Ni hubo una mujer que se llamaba Eva, ni un hombre que se llamaba Adán. Hubo una evolución hacia lo que llamamos humanidad.
P. ¿Usted es feminista?
R. Depende de la carga que le demos a la palabra. Soy una mujer que defiende la igualdad de derechos y deberes de las mujeres en toda la realidad de la sociedad. Si la palabra feminista tiene carga ideológica, no lo soy. San Pablo lo dice: “Ya no hay hombres ni mujeres”.
P. El feminismo es el discurso de la igualdad. Esa es la carga ideológica.
R. Hasta ahí sí. Pero también hay una carga ideologizada con la que no me identifico.
P. La Iglesia Anglicana ha necesitado 500 años para nombrar a una mujer al frente de la institución. ¿Cuántos años necesitará la Iglesia Católica?
R. Todos los que pueda necesitar ya le sobran.
P. El Papa Francisco se declaraba un profundo anticlerical. ¿Usted también?
R. Yo también. En la misma línea que lo decía el Papa Francisco: en el sentido de rechazar todo lo que pueda suponer de autoritarismo, superioridad y privilegio.
P. ¿Lo veremos algún día?
R. No sé si en persona o como colectivo humanitario, pero espero que sí.
P. ¿Qué se dejó el Papa Francisco en el tintero?
R. Se dejó muchas cosas sin cerrar. Abrió muchas puertas extraordinarias.
P. ¿Y por qué no las cerró?
R. Es muy difícil. La Iglesia es universal y está inserta en muchas culturas. Cada cultura tiene su propia antropología. La Iglesia, justamente por ser lo que es, es muy difícil de remover. Muy difícil. Cada paso que daba el Papa Francisco le surgían críticas profundas y él tenía sobre sus espaldas la responsabilidad de evitar escisiones en la Iglesia. ¿A precio de qué? Ahí ya cada uno que se lo piense.
El motor de mi vida es la espiritualidad
P. ¿Qué espera de León XIV?
R. Creo que León XIV está haciendo de puente con todas aquellas divisiones que los avances del Papa Francisco pudieron crear.
P. ¿El mundo necesita más espíritu o más justicia?
R. El mundo necesita la dimensión espiritual y recuperarla actualizada. Si hay espiritualidad hay justicia. Yo no me puedo encontrar con Dios y no con la justicia.
P. Para usted es lo mismo.
R. Claro. Depende de lo que entendamos por justicia. Mi Dios es justo, pero no justiciero.
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