¿Por qué ha fracasado el Parque de Miraflores?
Si usted desciende a la plataforma más baja del Parque de Miraflores observará un intenso olor a orín, abandono y mugre. Hasta el revestimiento de granito ha sido arrancado salvajemente en algunas partes del muro. Las luminarias son aniquiladas sistemáticamente desde hace veinte años y cuando cae la tarde este formidable paseo fantasmagórico junto al río es engullido por la soledad y el desamparo.
Durante el día tampoco se ve un alma. Apenas media docena de deportistas y unos cuantos paseantes incautos se atreven a recorrerlo cada mañana. En las terrazas superiores difícilmente se detecta a alguien. Y en el corazón del parque, junto al C3A, no se registra nunca mucha más afluencia.
Hablamos de un excelente espacio verde de 11 hectáreas y una inversión pública global de casi 90 millones de euros, incluido el puente, situado en el meandro del río Guadalquivir, en el marco de una operación urbana estratégica que se propuso desplazar el centro de gravedad de Córdoba y recuperar el flanco sur de la ciudad.
La operación fue un éxito notable. Pero a medias. Hoy la Ribera y el Puente Romano exhiben una vitalidad indiscutible, gracias a un esfuerzo de rehabilitación urbanística y regeneración poblacional de barrios históricamente degradados. El Parque de Miraflores, diseñado por el arquitecto Juan Cuenca, fue inaugurado en el año 2003. Y, junto al Balcón del Guadalquivir, constituyeron dos piezas centrales del gran proyecto de recuperación del río.
Dos décadas después, la península de Miraflores es un conjunto deslavazado de solares vacíos y viales inconexos rematado por un espléndido parque que apenas nadie usa. El paseo inferior, que rodea el meandro entre el Puente Romano y el del Arenal, tiene 850 metros de largo por 40 de ancho que dormitan en la más absoluta desidia.
Desde su inauguración, hace ya 23 años, han pasado tres formaciones políticas distintas por Capitulares y ninguna de ellas ha logrado reactivar un espacio que reúne condiciones óptimas en pleno epicentro del casco histórico. ¿Por qué ha fracasado el Parque de Miraflores? ¿Qué impide que los ciudadanos lo usen? ¿Qué hay que hacer para reactivarlo como equipamiento público?
Cordópolis ha recabado la opinión de responsables municipales a través del gabinete de prensa pero al cierre de esta información la única respuesta obtenida ha sido el silencio administrativo. “Por el momento, no hay nada”, contestó escuetamente una fuente municipal autorizada por Whatsapp.
El arquitecto Pedro García del Barrio fue gerente de Urbanismo a principios del siglo XXI, en un momento clave del Plan del Río que revolucionó parcialmente todo el flanco sur de Córdoba. Es consciente de que el Parque de Miraflores es un magnífico equipamiento infrautilizado y víctima del vandalismo urbano. “Se han llevado las luminarias y hasta el recubrimiento de granito. A muchos bancos le han dado la vuelta y hay un claro abandono”, lamenta en conversación telefónica.
No hemos sido capaces de hacer un río vivo compatible con la presencia humana
En su opinión, todos los achaques del parque y su escaso uso público confluyen en una palabra mágica: mantenimiento. “Las cosas se inauguran y luego no se cuidan”, afirma tajante. El abandono devora los espacios públicos y el gamberrismo urbano hace el resto. “No únicamente pasa en Córdoba, sino en muchos otros sitios. Hay lugares donde es obligatorio por ley. Aquí no. Las cosas se terminan, se inauguran y ya está”.
Una de las claves para reactivar el Parque de Miraflores, a juicio de García del Barrio, es la programación de actividades. “Si tú no ocupas los espacios, los ocuparán otros”, sostiene el arquitecto. Y, en la mayor parte de las ocasiones, son ocupados por la “marginalidad”. Un ejemplo claro en este mismo espacio público es la ubicación del parque infantil junto al Puente Romano. Es el único sitio de todo el paseo donde hay siempre gente. Tres metros más allá impera el vacío. “Mi primera reacción al parque infantil no fue buena, pero es verdad que ocupa un sitio y los padres llevan allí a sus niños”, reflexiona.
Por eso no descarta que la implantación de dos o tres quioscos de refrescos a lo largo del paseo pudieran estimular la presencia ciudadana y la sensación de seguridad, otra de las claves del debate. “Sería un sitio estupendo para pasar la tarde”, agrega el arquitecto. “A lo mejor lo único que funciona en este país son los bares”.
Para Juan Andrés de Gracia, presidente del Consejo del Movimiento Ciudadano, hay un problema de fondo por ahora insalvable. En su opinión, todos los proyectos que se han puesto en marcha en los últimos años para integrar el Guadalquivir en la ciudad han chocado sistemáticamente con el mismo obstáculo: “No es un río lo suficientemente apetecible”.
La suciedad, los olores, la vegetación descontrolada, la falta de iluminación o la percepción de inseguridad convierten a los márgenes del río en una zona poco atractiva, según el punto de vista de Juan Andrés de Gracia. “Hay miedo a poner instalaciones sociales y de ocio teniendo en cuenta que la parte baja del río sigue siendo inundable”.
“A lo más que se ha llegado”, agrega De Gracia, “ha sido a poner el parquecito infantil y poco más”. El resto del amplio paseo es víctima de la apatía y “nadie se responsabiliza de su mantenimiento”. La zona superior del Parque de Miraflores, situada junto al Centro de Creación Contemporánea C3A, está presa de la “indefinición”. Y está alterada, según el presidente del Consejo, por los dos aparcamientos provisionales y una zona de esparcimiento canino “a la que nadie se acerca porque no hay luz ni elementos atractivos”.
En todo el debate de la recuperación del río subyacen dos modelos contrapuestos, asegura Juan Andrés de Gracia. Por un lado, la visión del río como “ecosistema vivo” que debe quedar a salvo de la intervención humana, y por otro, un modelo más urbanizado y apto para el uso público.
De resultas, Córdoba vive todavía, en cierta medida, de espaldas al Guadalquivir y el Parque de Miraflores no ha conseguido acercarlo a la ciudadanía. “No hay atractivos para la gente ni hemos sido capaces de hacer un río vivo compatible con la presencia ciudadana. Y yo estoy convencido de que se puede”, subraya.
El vandalismo persistente es uno de los obstáculos más infranqueables. “En toda esta zona del Parque de Miraflores han robado los cables más de una vez, está oscura y tardan mucho en la labor de mantenimiento. Yo creo que debería tener algún quiosco donde puedas sentarte a tomar un refresco, porque sin elementos de atracción el parque se va degradando”. A su juicio, el Ayuntamiento de Córdoba, en realidad, no tiene una idea “coherente” del tratamiento de los parques.
La reactivación del parque pasa por la reactivación de los barrios adyacentes
El arquitecto Fernando Osuna es autor de una monografía titulada Córdoba y el Guadalquivir. Construcción de un ideario de futuro. En su amplia investigación, analiza pormenorizadamente la integración urbana del río y su compleja interacción con el entorno. Algunas de sus propuestas acabaron en un cajón de la Gerencia de Urbanismo hace ya bastantes años.
Osuna cree que la situación actual del Parque de Miraflores no se puede examinar aisladamente sino como pieza de un puzle mayor que incluye a los barrios adyacentes. “Toda esta zona tiene cantidad de espacios segregados, muchas barreras y fronteras visuales, urbanas y psicológicas”, sostiene. Muchos de los proyectos no se ejecutaron, hay solares vacíos reutilizados como aparcamientos, recorridos sin continuidad y ausencia de usos sociales.
“La reactivación del parque pasa por la reactivación de los barrios adyacentes”, afirma Osuna. “Hay que generar una economía local más potente y los primeros usuarios de este espacio son los habitantes más próximos”. El diseño del Parque de Miraflores, en opinión del arquitecto, es “acertado” pero adolece de la “atención necesaria” para que sea usado por los ciudadanos.
El desarrollo de todo el meandro del río, en el que se incluye el espacio verde y otros equipamientos no ejecutados, ha sido fragmentario e inconexo. “El propio C3A, con todo el vallado perimetral, lanza un mensaje de aislamiento. Y los solares se han convertido en aparcamiento. Estamos creando nuevas islas”, argumenta Fernando Osuna. “Yo no lo veo como un parque. Debería estar conectado con una economía más sólida del barrio”.
El arquitecto cordobés, hoy profesor en la Universidad de Granada, cree que todavía resta mucho trabajo por hacer. “Hay que concretar todos los espacios libres que quedan y conectarlos para generar actividad económica y relaciones de vecindad. Todas las arterias que conectan con Miraflores están vacías. No tienen nada”, lamenta. Sin reactivar todo ese entramado urbano adyacente, por mucho que inviertas en seguridad, mantenimiento y limpieza no se conseguirá el objetivo de dar vida al parque, concluye el experto.
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