Un talegazo impune
La viandante debió extremar la precaución
Las administraciones tienen la obligación de mantener en buen estado los servicios públicos. En caso contrario, recae sobre ellas la responsabilidad patrimonial por cualquier lesión que sufran los ciudadanos en sus bienes o derechos. Por ejemplo, un error médico. O, por ejemplo, una caída en un acerado en mal estado. Lo dice el artículo 106.2 de la Constitución Española. Nada menos.
Así ha sido hasta la sentencia del pasado 1 de julio dictada por el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2. Una vecina sufrió una aparatosa caída en un lugar no precisado de Córdoba como consecuencia del alzamiento de un acerado por la presión de las raíces de un árbol. El desperfecto ocupaba una superficie de 80 centímetros cuadrados y un desnivel de 2,5 centímetros. Lo suficiente, como cualquiera pueda entender, para pegarte un talegazo de consideración contra el suelo.
No sabemos qué lesiones se ocasionó la denunciante derivadas del trompazo. No aparecen detalladas en el despacho publicado. Ya tropezar en medio de la calle a las 14.30 horas del mediodía es un golpe moral que debería acarrear una indemnización automática. Imaginamos el arrebato antimunicipal y la cascada de improperios que se escaparían de su garganta mientras daba de bruces contra el acerado. Nos hacemos cargo.
La damnificada cuantificó el daño recibido en 10.082 euros. Pocos nos parecen. Solo el berrinche y el grave deterioro de su imagen pública se merecen una compensación equivalente. Otra cosa es averiguar a qué diablos de concepto se refieren esos 82 euros del ala. Pero eso es harina de otro costal.
El caso es que el Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número 2 exime al Ayuntamiento de indemnizar a la viandante por la caída y sus consecuencias en claro desafío al artículo 106.2 de la Constitución Española. Con dos bemoles. El magistrado concluye que la demandante “debió extremar las precauciones” y haber evitado caminar por “esa parte de la acera” que se encontraba en mal estado. Para este viaje, desde luego, no hacen falta alforjas.
De las labores de mantenimiento y la desidia municipal hablamos otro día. Que hoy, al calor de resoluciones judiciales como esta, no nos parece el momento adecuado para abrir ese melón.
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