Daniel Muñoz, jefe de bomberos: “El riesgo potencial para Córdoba está en la sierra y el río Guadalquivir”
Daniel Muñoz (Córdoba, 1981) espera en el Parque Central de Bomberos el inicio de la entrevista en la última mañana antes de que la ciudad afronte la quinta ola de calor del verano. Mientras transcurren los minutos previos a la grabación, apenas aparta la oreja del teléfono móvil. Responde varias llamadas mientras los periodistas buscan el entorno para la sesión de fotos. Es una escena cotidiana para quien dirige el Servicio de Prevención y Extinción de Incendios y Salvamento (SPEIS) del Ayuntamiento de Córdoba.
Una vez baja a encontrarse, ya liberado, se le pregunta si alguna vez consigue desconectar. Sonríe. Reconoce que, cuando por fin libra, casi le pide el cuerpo esconder el teléfono para no verlo durante unas horas. La disponibilidad casi permanente forma parte de un trabajo en el que una llamada puede cambiar el rumbo del día —o de la noche— en cuestión de segundos.
Arquitecto de formación y bombero por vocación, regresó a Córdoba en 2020 para ponerse al frente del servicio tras una etapa como jefe de los bomberos de Huesca. Desde entonces ha liderado algunas de las emergencias más complejas que ha vivido la ciudad, desde el apagón al incendio de la Albaida, pasando por las graves inundaciones de este año, que arrancó con un operativo especial con motivo de la tragedia ferroviaria de Adamuz. También la incidencia que motiva la charla que sigue a continuación, el incendio de la Mezquita-Catedral, un suceso que, según recuerda, lo colocó delante de los micrófonos y las cámaras cuando todavía estaba tratando de asimilar el éxito de un operativo que logró evitar que uno de los monumentos más únicos del mundo se convirtiera en un Notre Dame. “Los políticos están acostumbrados, pero para mí no era algo habitual”, cuenta un hombre que, como buen bombero, es experto en afrontar situaciones complejas.
PREGUNTA (P). Cuénteme, ¿cómo nace en usted el bombero?
RESPUESTA (R). Creo que fue durante mis estudios de Arquitectura. Ya durante la carrera veía como una salida profesional poder ingresar en los Servicios de Prevención y Extinción de Incendios y Salvamento. Durante la carrera, además, tenía amigos y conocidos que ya habían conseguido la plaza. Así que conocía un poco el mundo del bombero y, en mis proyectos de carrera, mi visión iba siempre hacia la redacción de un parque de bomberos. Es decir, ya estaba ese interés. Una vez que terminé la carrera —es verdad que es una carrera muy dura, que lleva muchos años de esfuerzo y sacrificio— me puse a trabajar. Y, durante el tiempo que estaba trabajando, sentía que tenía esa espinita de que no era exactamente lo que quería hacer el resto de mi vida. Y fue entonces cuando, sí o sí, me puse al 100%. Me propuse ir a por todas, a opositar. Estuve opositando por toda Andalucía, por toda España. De hecho, mi primer servicio... Perdona...
(La charla la interrumpe una llamada de teléfono que atiende brevemente).
Perdona. Te decía que estuve opositando por toda España. De hecho, mi primer destino fue en Huesca. O sea, bastante alejado de aquí. Luego, al cabo del tiempo, pude regresar a casa y, tanto para mi desarrollo profesional como para mi desarrollo personal, fue una alegría. Porque poder estar en el servicio en el que querías estar cuando empezabas es un orgullo y una satisfacción. Yo, cuando empecé a opositar, evidentemente, como cualquier opositor, pasaba por este parque de bomberos y decía: “Yo quiero estar aquí”. Y hoy en día es una realidad.
Hemos tenido simulacros en la Mezquita con más errores que el día del incendio
P. Es curioso porque la arquitectura tiene tal glamour que, cuando uno piensa en esos estudios, casi lo último que se le ocurre es la arquitectura desde el punto de vista de la prevención de incendios y todo eso. No sé qué papel jugaba dentro de los estudios en sus días de universitario, si estaba tan presente.
R. Pues fijaos, es fundamental. Tened en cuenta que durante la carrera de Arquitectura tenemos asignaturas de construcción, tenemos asignaturas de estructuras y tenemos asignaturas de protección contra incendios. De hecho, en las nuevas edificaciones, en todos los proyectos se tiene que cumplir el Código Técnico de la Edificación, que es una normativa que regula distintos documentos básicos, uno de los cuales es el de Seguridad en caso de Incendio, y que establece los requisitos que tienen que cumplir los edificios en cuanto a la protección contra incendios: la sectorización, la evacuación de ocupantes, las instalaciones de protección contra incendios... Hay un capítulo dedicado a la intervención de los bomberos.
Es decir, que la arquitectura está muy ligada al conocimiento de las consecuencias del fuego, que es a lo que nos enfrentamos los bomberos. Tened en cuenta que acudimos a incendios estructurales, tenemos asistencias técnicas en edificios... Toda instalación de fontanería, climatización, etcétera. Cuando ocurre una emergencia y no se sabe a quién llamar, finalmente terminan llamando a los bomberos. Entonces hay mucha relación entre las materias que se imparten en la carrera de Arquitectura y su aplicación en el mundo de los bomberos. De hecho, perdona que me extienda aquí un poquito, en las bases para ingresar en el Servicio de Bomberos muchos temas son de construcción, instalaciones y normativa contra incendios, una materia en la que se profundiza mucho en la carrera de Arquitectura.
P. Claro, aquí supongo que conviven los bomberos de vocación, los de “yo de mayor quiero ser bombero”, con quienes, como usted, se orientan al salvamento y la extinción por trayectoria profesional. No sé si percibe diferencia en cómo abordan el trabajo unos y otros.
R. Bueno, yo creo que se conjugan las dos partes. Está el bombero que nace, pero, al mismo tiempo, está el bombero que se hace. Porque el bombero que nace con esta vocación, al final, para poder desarrollarse profesionalmente, tiene que continuar con la formación a lo largo de su carrera. Entonces, aunque ese bombero tenga esa vocación, durante el desarrollo de su carrera profesional también se va haciendo.
Y luego está el bombero que, quizás, no nace con esa vocación desde pequeño de “quiero ser bombero”, pero que, a lo largo de su trayectoria personal o profesional, va adquiriendo ese ímpetu, esa idea de: “Oye, pues esta es una profesión que me atrae, una profesión que me gusta”. Y da ese paso. Como todo en la vida, tenemos etapas en las que sentimos la necesidad de alcanzar determinadas metas. Entonces, ese bombero que se hace también puede aportar mucho porque quizá tenga unos conocimientos que, aunque no partan de esa vocación, sean muy útiles para el servicio. Y, a la hora de conjugar ambas cosas, yo creo que hay una combinación muy buena entre compañeros que se han hecho bomberos y compañeros que nacieron con ese deseo. Al final, esa mezcla es muy enriquecedora.
P. Porque, claro, el componente heroico, que para la sociedad es muy importante cuando piensa en ustedes, en realidad no tiene ningún valor en vuestro día a día.
R. No, para nosotros eso no está en nuestras cabezas, desde luego. Al final no somos héroes, sino personas que contamos con muy buenos equipos y una formación específica. Tenemos equipos de protección individual que nos protegen y una experiencia que intenta dar el mejor resultado. Nos mantenemos un poco al margen de esa visión; no es algo que forme parte de nuestro día a día. Es verdad que es muy satisfactorio y uno se siente muy orgulloso cuando el trabajo sale bien. Esa sensación de haber podido ayudar a una persona y de sentir ese reconocimiento social que la sociedad da a los bomberos es muy gratificante.
P. En su caso concreto, seguro que cuando dijo “voy a opositar a bombero”, estando trabajando en un estudio de arquitectura, habría quien le diría que estaba loco.
R. Sí, claro. De hecho, ya sabes cómo son un poco las madres (risas), que se preocupan. Yo llevaba toda mi vida estudiando porque, al final, para entrar en Arquitectura tienes que sacar buena nota, la carrera es muy dura y ya la había terminado y estaba trabajando.
P. Y en un muy buen equipo, que es Castelló...
R. Sí, un muy buen equipo. Además, tengo muy buen recuerdo. Trabajé durante dos años en Castelló Arquitectura y guardo muy buenos recuerdos. Tengo compañeros, amigos. Pero, claro, cuando comuniqué en casa que quería opositar, la primera impresión fue: “Esto es un disparate”. Mi madre, al conocerme, sabía que cuando estaba tomando esa decisión no era algo aleatorio ni caprichoso. Así que enseguida dijo: “La trayectoria de mi hijo lo avala y esto no es un capricho”. En todo momento, tanto mi familia como mi pareja, hoy mi mujer, me han apoyado durante todo el recorrido. Y ha habido altibajos, como le ocurre a cualquier opositor.
No tenemos el personal que deberíamos tener para las dimensiones de Córdoba
P. Y luego, para Huesca.
R. Sí. A 800 kilómetros de tu casa, concretamente. Es verdad que guardamos muy buenos recuerdos allí.
P. ¿Cuánto tiempo estuvo allí?
R. Estuve seis años en Huesca. Y en agosto de 2020 fue cuando ya pude venirme aquí, a Córdoba.
Mi etapa en Huesca fue una época profesional y personal que me hizo crecer mucho. De hecho, compañeros que tuve allí tuvieron la oportunidad, mucho antes de que pasara el incendio, de visitar las cubiertas de la Mezquita-Catedral.
P. Y en 2022, si no me equivoco, ya cuando está instalado en Córdoba, nuevo jefe del SEIS.
R. Sí. Bueno, yo me incorporo aquí en 2020 y ocupo el puesto de jefe del servicio, pero con mi plaza todavía en el Ayuntamiento de Huesca. Luego salió la plaza de forma oficial y tuve que volver a examinarme, a pasar un proceso selectivo y demás. Claro, con una situación personal y profesional completamente distinta a la que tenía años atrás. Fueron de nuevo unos meses duros porque tienes que compaginar trabajo, familia y estudios. Era un poco volver a esa idea de que “esto no acaba nunca”. Pero dio su resultado. Había dos plazas de oficial. Yo consolidé una de ellas y la otra fue para el compañero, el oficial Jorge Baena. Entre los dos, por mi experiencia y la trayectoria que tenía, a mí me nombraron jefe del servicio.
P. ¿Y cómo lo vivió su madre?
R. (Se ríe). Bueno, mi madre al final se siente muy orgullosa. Parece que miras atrás y no hace tanto tiempo de cuando estabas en otra situación profesional. Ahora que me ve aquí, se siente orgullosa de lo que ha conseguido su hijo y de que esté aquí, en casa. Aunque también sabe que, evidentemente, es una profesión en la que estás expuesto al riesgo y eso a las madres también les afecta. Siempre tienen ese... no sé si miedo... ese respeto porque su hijo trabaja en una profesión de riesgo.
P. Hábleme del miedo. Me gustaría saber qué es el miedo para un bombero.
R. El miedo para un bombero, a mi modo de ver, es encontrarte con una situación en la que, aunque estás haciendo todo lo posible por dominarla, no estás obteniendo un buen resultado y, además, puede haber personas afectadas. Porque, en el momento en que hay vidas en juego y ves que toda esa serie de procedimientos que tienes entrenados no te están dando el resultado que esperabas, ahí es cuando sí puede surgir una sensación de disconformidad.
P. ¿Y cómo se entrena esa manera de reaccionar ante situaciones extremas?
R. Tened en cuenta que nosotros tenemos todo muy procedimentado, todo muy entrenado. Es decir, cuando vamos a un incendio de vivienda o a un accidente de tráfico tenemos unos procedimientos operativos en los que cada persona, en función del puesto que ocupa ese día, tiene unas funciones específicas. Por tanto, tienen muy asumido lo que tienen que hacer. ¿Qué pasa? Que cada emergencia o cada siniestro tiene sus propias características. Pero, al tenerlo todo procedimentado y protocolizado, las acciones son inmediatas, independientemente de que luego haya variantes o evoluciones distintas del siniestro. Tienes muy interiorizado y muy trabajado lo que tienes y lo que no tienes que hacer. Y eso facilita mucho la toma de decisiones.
El accidente ferroviario de Adamuz ha hecho mella en el servicio
P. ¿Y cuando uno llega a casa?
R. Bueno, cuando uno llega a casa, como en todos los trabajos, hay momentos muy buenos y momentos malos, porque realmente ves situaciones que al final marcan. Nosotros tenemos muy grabado el accidente ferroviario de Adamuz. Es algo que ha hecho mella en el servicio porque fue un siniestro de unas características a las que no nos habíamos enfrentado, al menos yo en mi carrera profesional. Son momentos duros y momentos en los que también hay que cuidar la mente. Se vive una auténtica montaña rusa cuando uno se dedica a esto. Está la satisfacción de haber podido salvar una vida, de haber ayudado a una familia o de haber conseguido que una emergencia se quede en un pequeño conato. Pero también hay situaciones complejas en las que hay fallecidos. Hay situaciones personales y familiares que marcan. En mi caso, por ejemplo, tengo muy grabado el primer accidente de tráfico al que acudí en Huesca, en el que había personas fallecidas. Eso es una realidad. Al final, de esas cosas se habla. Se habla con los compañeros, con los más veteranos. Y, en este caso, con el accidente de Adamuz, también tuvimos el apoyo psicológico de la Junta de Andalucía. Evidentemente, somos seres humanos y son momentos que uno también se lleva a casa.
P. ¿Hay que cuidar mucho la cabeza para estar en el servicio?
R. Sí, pero aquí lo bueno que tenemos es que somos una gran familia. Los compañeros prácticamente forman parte de la familia. Pasamos mucho tiempo juntos, tenemos aficiones muy similares, hacemos muchas actividades de forma conjunta y ese apoyo entre unos y otros genera un apego tanto a nivel personal como profesional.
P. Es verdad que lo mencionaba antes: entra en 2020, se come la covid y, solo en el último año, Adamuz, inundaciones y ahora esta campaña de verano que está siendo durilla, ¿no?
R. Sí. En 2020 me incorporé en agosto, que ya era la última fase del COVID, aunque luego hubo otras oleadas. Pero sí, es verdad que hemos vivido situaciones muy importantes estos años. Hemos tenido también el famoso apagón. El año pasado fue un verano duro porque, además del incendio de la Sierra, tuvimos el del vertedero y el de la Mezquita. Y, casi seguido, el accidente ferroviario de Adamuz que, aunque era competencia del Consorcio, nos activaron como apoyo. Y, prácticamente a continuación, llegó el episodio de las inundaciones de febrero, en el que tuvimos que hacer desalojos preventivos y demás. Es decir, llevamos una etapa en Córdoba con bastantes emergencias.
Ahora, como dices, este verano también está siendo duro. Pero es que los veranos, para los servicios de bomberos, son especialmente duros. Este, por las características y por distintos factores que se están acumulando, está siendo especialmente complicado por todos estos incendios forestales y de pastos que se están generando.
P. Ha sido además con usted cuando se ha incorporado la “P” de prevención al SEIS, que ahora se llama SPEIS, ¿no? Que parece una discoteca de Ibiza (risas). ¿Cómo se trabaja la prevención desde este servicio?
R. La prevención la trabajamos de muchas formas: haciendo inspecciones, elaborando informes, tanto en edificios públicos como privados. De hecho, estoy totalmente seguro de que el éxito de la intervención en el incendio de la Mezquita-Catedral fue consecuencia de todo el trabajo previo que se había hecho. Pero no solo por el Servicio de Bomberos. Creo que es de justicia poner en valor al grupo humano que tiene el Cabildo Catedral: el personal de mantenimiento, el personal de seguridad y el resto de servicios de emergencia que participaron, como el 061, Policía Local, Policía Nacional y Protección Civil.
Los que trabajamos en emergencias siempre decimos que el riesgo cero no existe. Eso es una realidad. Pero, si sucede una emergencia y existe esa parte preventiva, las consecuencias se reducen muchísimo. En el caso de la Mezquita-Catedral hacemos visitas continuas con toda la plantilla. Eso fue un valor fundamental: conocer previamente el edificio y sus instalaciones. El personal de nuevo ingreso, que ahora está en la fase final de un proceso selectivo, durante el curso de formación ya realiza una visita completa al monumento. Es decir, todo el personal de nuestro servicio conoce esta instalación. Y eso lo estamos ampliando a otros edificios, concretamente a edificios críticos como el Hospital Reina Sofía o el Hospital Provincial. Dentro de nuestras posibilidades de plantilla, en el día a día vamos ampliando esos campos porque, al final, también tenemos que cubrir las guardias, garantizar la seguridad de los eventos y atender el resto del servicio.
P. Además, Córdoba tiene una particularidad como ciudad: un casco histórico con partes que están siendo paulatinamente abandonadas y toda la zona de la Sierra, que casi os obliga a ser una primera línea de ataque forestal contra los incendios. Esa particularidad no sé si la ha visto en otras ciudades.
R. Bueno, es que cada ciudad tiene sus características. Es cierto que las particularidades del casco histórico de Córdoba nos han obligado a adaptar nuestros procedimientos operativos e incluso nuestros vehículos. Hay servicios de otras ciudades que no tienen las mismas características que los nuestros. Nosotros adquirimos vehículos de reducidas dimensiones para poder acceder al casco histórico y movernos con versatilidad por determinadas zonas. Y luego, eso es cierto, los dos grandes riesgos potenciales de la ciudad de Córdoba son la Sierra y el río Guadalquivir.
Es verdad que el Infoca hace una labor espectacular. En el momento en que hay un incendio en la Sierra, ellos tienen la competencia en la dirección de la extinción. A nosotros siempre nos activan y, en muchas ocasiones, llegamos de forma conjunta. Tenemos muy buena coordinación, muy buena sintonía y, en función de eso, coordinamos todos los medios necesarios para acometer la emergencia. Y el casco histórico es un casco histórico singular, pero normalmente el origen de los incendios en viviendas está en otras cuestiones: problemas eléctricos, causas accidentales o cuestiones estructurales. Una instalación eléctrica deficiente o conectar demasiados electrodomésticos en un mismo enchufe son algunas de las causas que pueden originar más incendios.
Los incendios a los que nos estamos enfrentando hoy son completamente distintos a los de años atrás
P. Y solares supongo que también habrá alguno que otro, ¿no? Porque cada vez hay más.
R. Durante esta época, lo que más se nos da son incendios de pastos —que así los llamamos nosotros—, tanto en zonas agrícolas como en solares abandonados. Es ahí donde se nos puede producir algún siniestro de estas características.
P. Lo que está claro es que cada vez nos vamos a acostumbrar más a que el fuego esté presente en nuestras vidas, a que nos atemorice. ¿Qué nos dirían ustedes a los ciudadanos sobre esta nueva situación que, creo, está abriendo el cambio climático para todos?
R. Fundamentalmente –esto siempre lo repetimos– que hoy en día se dan muchísimos casos en los que una persona presencia una emergencia o un incendio y se pone a grabar o a transmitir en directo a través de las redes sociales, pero no comunica lo que está ocurriendo a los servicios de emergencia. En el momento en que se detecte un incendio, aunque sea un conato, lo primero que hay que hacer es llamar al 112 o al 080, en el caso de los bomberos de Córdoba. Se nos dan muchísimos casos de este tipo. Luego, en algunas ocasiones, dicen: “Es que tardan mucho los bomberos”, cuando resulta que nadie ha avisado a los bomberos. Hay que avisar a la mínima.
P. De hecho, me hizo gracia porque el otro día, en el cuarto incendio de Cerro Muriano, fuimos nosotros los que avisamos al Infoca al preguntar por el fuego.
R. Claro. Eso es muy común y nos sucede en muchísimas ocasiones. Alguien ve un incendio y, directamente, lo publica en redes sociales, se pone a grabar un vídeo o manda una foto a un grupo de WhatsApp de amigos, cuando la primera acción tiene que ser llamar a los servicios de emergencia. Y, volviendo a tu pregunta, también queremos trasladar a la población que, cuando en una situación de riesgo se da la orden de evacuar, es porque esa decisión está sopesada, estudiada y pensada. Hay que hacer caso a las autoridades y no resistirse. Es por el bien de las personas. Nuestro primer objetivo siempre son las personas y, en segunda instancia, los bienes. Si alguna vez se ven inmersos en un incendio forestal que afecte a viviendas y reciben la orden de evacuación, que no la ignoren y hagan caso a la autoridad.
P. ¿Cómo está afectando el cambio climático a vuestro trabajo? ¿Cómo lo notan?
R. Es verdad que cada vez los veranos son mucho más intensos. En años anteriores ya teníamos veranos con muchos picos de trabajo, pero ahora son de mayor intensidad. Cada verano hay más incendios y de mayor virulencia. Los incendios a los que nos estamos enfrentando hoy tienen unas características completamente distintas a las de hace unos años.
P. ¿Y hay adelantos tecnológicos que ve que puedan incorporar a su trabajo y que les vayan a ayudar de cara al futuro?
R. Sí, hay muchos avances. Por ejemplo, uno de ellos, que yo creo que ya se está interiorizando por parte de la sociedad, es el que utilizaron los compañeros en el incendio de Cerro Muriano: el uso del fuego para combatir el fuego. De hecho, nosotros, instruidos por ellos, antes de la época de verano hemos realizado mucho trabajo preventivo de quemas controladas en distintos puntos estratégicos de la ciudad. Así utilizamos el fuego para que, en caso de un incendio, disminuya su potencial. Hay que interiorizarlo y entender que el uso del fuego, que se viene haciendo desde hace muchísimo tiempo, es una herramienta para combatir también el fuego. No debe sorprendernos este tipo de técnicas o de labores preventivas para minimizar las consecuencias de los incendios forestales.
P. Del 1 al 10, ¿cómo cree usted que está de concienciada la sociedad respecto a los riesgos del fuego?
R. Uf... Yo creo que ahora ya existe bastante conciencia sobre el fuego, sobre todo sobre sus consecuencias. A raíz de los últimos veranos y de las últimas emergencias, porque hemos vivido situaciones en las que han fallecido muchas personas. Yo creo que esa conciencia ya está ahí. Si tuviera que poner una nota, diría que un 7. Aunque todavía nos queda mucho por trabajar y avanzar.
Para mantener los servicios públicos se necesitan impuestos
P. Ahora sí quiero hablar del incendio de la Mezquita, porque ya ha pasado un año. ¿Cómo recuerda aquel fuego que se inició, si no me equivoco, un viernes a última hora de la tarde?
R. Sí, fue un viernes, un viernes 8 de agosto. Yo me encontraba fuera de guardia y me activaron desde la central de comunicaciones. Estaba en casa y me trasladaron que había un incendio en la Mezquita-Catedral. El primer momento fue de incertidumbre. Realmente, nadie contempla que se vaya a producir un incendio en la Mezquita-Catedral...
P. Perdone que le interrumpa, pero nosotros siempre bromeábamos en el periódico con aquello de: “Me voy de descanso, a mí no me llames a menos que se queme la Mezquita”. No sé si esa broma la tenían aquí...
R. Bueno, ahora sí (risas). Antes no la teníamos. Nosotros, en nuestro argot de bomberos, llamamos “nube negra” a la persona a la que, cuando está de servicio, le tocan bastantes siniestros. También, cuando tenemos un número importante de emergencias, hacemos alguna vez la broma de decir: “Oye, no te vayas de vacaciones fuera por si acaso”.
La cosa es que yo estaba en mi casa y, evidentemente, me trasladé al Parque Central. Ya durante el trayecto, el sargento responsable de guardia, que fue el primer mando interviniente, me comunicó que era un incendio de grandes dimensiones. Así que ya me fui haciendo una composición mental. Hasta que no llegas al lugar no empiezas a ver la magnitud: el volumen de gente, la columna de humo... Los primeros recuerdos que tengo son que el incendio había roto por la planta de cubierta y que comprobé que las decisiones que había tomado el primer mando interviniente estaban muy trabajadas y muy protocolizadas. Una vez que llegas, te metes de lleno en el trabajo y te evades un poco del exterior, de toda la parte mediática, por así decirlo.
P. ¿Cuando llegó allí fue cuando pensó: “Hostia, tengo entre manos un Notre Dame”?
R. Sinceramente, durante el trayecto, cuando iba recibiendo la información del incendio, la primera imagen que me vino a la cabeza fue la de Notre Dame. Es algo que tenemos muy reciente y fue un incendio que nos puso a todos muy alerta, tanto respecto a los edificios patrimoniales como a los servicios de bomberos. Una vez que llegas allí y ves que el incendio ha roto por la planta de cubierta, si conoces la estructura del edificio, completamente de madera, sabes que hay riesgo. Nuestro principal objetivo fue acotar el incendio para que no se extendiera por el resto de la cubierta. Es verdad que, en poco tiempo, sinceramente tenía la tranquilidad de que nos íbamos a hacer con el incendio porque los equipos de trabajo lo teníamos muy acotado y el incendio muy sectorizado.
P. Claro, yo tenía aquí una pregunta que voy a tener que tirar: “¿Hay alguna decisión que tomara de la que se sienta especialmente orgulloso?”. Pero, tal y como me lo está contando, todo estaba estudiadísimo y, básicamente, siguieron el guion que ya tenían escrito para un incendio que nadie esperaba (risas).
R. Totalmente. Sí. De hecho, fíjate, una vez que llegamos, el personal de seguridad, que fue quien dio el aviso a la central de comunicaciones, nos indicó por qué puerta teníamos que entrar, la más próxima al incendio. Pero eso también lo tienen contemplado en su Plan de Autoprotección. Nos indicaron que era la Puerta de Santa Catalina y nosotros ya sabíamos que en el exterior de esa puerta hay un hidrante y que allí tenemos la toma de la columna húmeda de las cubiertas, donde podemos conectar nuestros vehículos. Todo eso lo tenemos interiorizado. De hecho, en los simulacros que habíamos realizado previamente, el posicionamiento de los vehículos fue muy similar al que tuvimos el día del incendio de la Mezquita-Catedral. Incluso hemos tenido simulacros en los que cometimos más errores que durante la intervención real. Los simulacros son para entrenar, para cometer errores y evitar que se produzcan el día de la emergencia. Y aquel día no los hubo. Estaba todo muy protocolizado.
Es verdad que, durante la intervención, sí hubo que tomar decisiones. Si recuerdas, hubo un colapso de una de las bóvedas. Nosotros teníamos un equipo trabajando en la cubierta y otro en el exterior. Ahí sí hubo que tomar una decisión y de esa decisión nos sentimos orgullosos, porque vimos que, por la evolución del incendio, el tiempo transcurrido y la estructura de madera, existía riesgo de colapso de una de las bóvedas. Ordenamos sacar al equipo que estaba en el interior para evitar que ese colapso pudiera caer sobre ellos. Se hizo y, poco después, colapsó esa bóveda. Ese fue el momento más crítico porque veíamos que existía esa posibilidad de colapso por el incendio y por el agua que habíamos proyectado. Fue una decisión tomada con tiempo y tras analizar la evolución del incendio. Hoy la ves con la tranquilidad de saber que fue acertada y que las medidas adoptadas fueron las oportunas y las que llevaron al éxito de la intervención.
La primera inspección en Caballerizas Reales fue una sorpresa
P. Sin duda podemos decir que el de la Mezquita ha sido el incendio o la intervención más importante, por lo menos mediáticamente, de su carrera, aunque sé que va a decir que fue una cosa de todo el equipo. La pregunta que me hago es si ha sido la más difícil de su carrera.
R. Evidentemente, ha sido la intervención con mayor repercusión mediática de toda mi carrera profesional. Y sí quiero poner en valor, sobre todo, el trabajo del equipo que tengo aquí. Y no solo de los 35 efectivos que estuvieron trabajando allí, porque, si recuerdas, ese mismo 8 de agosto también tuvimos servicios por el resto de la ciudad. Es decir, nosotros cubrimos el incendio de la Mezquita, pero había compañeros que siguieron atendiendo otras emergencias. Si recuerdas, hubo un incendio de un autobús esa tarde. Pero también quiero destacar al personal de mantenimiento y de seguridad del Cabildo Catedral porque hicieron una labor encomiable. Aparte de que nosotros conocíamos el edificio, ellos nos prestaron apoyo para cualquier material o necesidad que tuviéramos. Yo di la orden de que ese personal de mantenimiento permaneciera cerca, dentro de un perímetro de seguridad, porque necesitábamos ese apoyo. Quiero insistir mucho en que este fue el resultado de una coordinación y de un trabajo conjunto entre los servicios de emergencia que actuaron y el personal de seguridad y mantenimiento.
¿La intervención más mediática? Sin ninguna duda. ¿Quizá la más difícil? No diría que haya sido la más difícil, porque hubo muchísimo trabajo previo que no se ve. No fue una intervención de extrema dificultad técnica, pero sí tenía una enorme dimensión mediática. Nosotros, mientras trabajábamos, éramos completamente ajenos a lo que estaba sucediendo en el exterior. No teníamos ni idea de los vídeos que se estaban difundiendo ni de nada de eso. Estábamos absolutamente centrados en la intervención. Creo que ha habido otras intervenciones en las que había vidas en juego y que, técnicamente, han sido más complejas.
P. Me gustaría saber si le sorprendió que hubiera vehículos eléctricos en el interior del monumento o si eso estaba también contemplado en sus informes previos.
R. La Mezquita-Catedral tiene un Plan de Autoprotección y, en ese plan, se contemplan una serie de riesgos. Los planes de autoprotección son documentos en los que se establecen las medidas que debe adoptar el personal que trabaja en el edificio en caso de emergencia. Ese plan contemplaba una serie de riesgos y uno de ellos era precisamente ese material de limpieza, como puede ocurrir en cualquier otro edificio. Se ha demostrado, con los informes de la Policía Nacional, que esa barredora no estaba cargando y que fue una reacción de las baterías la que produjo el incendio. Este tipo de baterías tienen una carga de fuego muy importante. Es verdad que de todos los episodios se aprende, pero también es cierto que ese riesgo estaba contemplado en el Plan de Autoprotección. Evidentemente, el Cabildo está estudiando y trabajando para sacar todos esos elementos. Al final, hablamos de un edificio de unos 23.000 metros cuadrados, con muchísimos visitantes. Esos son “puntos negros”, como yo los llamo: materiales que hay que tener identificados y, al menos, protegidos.
P. ¿Y el uso de velas en Semana Santa en el interior del edificio cómo lo ven? Lo digo porque hay informes de la Unesco que recomiendan no hacer uso de velas en monumentos de este tipo.
R. A ver, todo lo que sea estar en contacto con el fuego siempre entraña un riesgo. Evidentemente, el cirio de un nazareno entraña un riesgo, dependiendo de la zona o de que haya un contacto directo con un elemento combustible que pueda arder. Pero, evidentemente, si estás con un elemento que tiene fuego, ese riesgo existe. Eso está ahí.
P. Después del incendio de la Mezquita han iniciado también otra campaña de inspección de otros monumentos. Uno de los casos más sonados fue el de Caballerizas Reales, ¿no? ¿Le sorprendió el estado en el que estaban las Caballerizas Reales cuando hizo la inspección?
R. Sí. De hecho, fue a petición de Córdoba Ecuestre, que nos solicitó que hiciéramos una inspección del edificio. Fuimos un equipo desde aquí y la verdad es que nos sorprendió un poco. Creo que esto ya está publicado. Las condiciones en las que se encontraban las Caballerizas Reales no eran las mejores. Es verdad que, después, con la coordinación de la Gerencia Municipal de Urbanismo, se han hecho una serie de inspecciones e informes y me consta que están tomando medidas para paliar esas deficiencias. No han terminado, porque son actuaciones que tienen que continuar. Pero, evidentemente, la primera inspección en Caballerizas fue una sorpresa y así lo trasladamos. Emitimos un informe y lo pusimos en conocimiento tanto de la Gerencia Municipal de Urbanismo como de Córdoba Ecuestre y de la Alcaldía.
(Sobre usar velas en la Mezquita) Todo lo que sea usar fuego entraña un riesgo
P. Es verdad que es un edificio que tiene unas ciertas particularidades por el uso en precario. Pero a muchos nos sorprende que un edificio donde hay animales y personas pueda estar abierto sin un sistema de detección de incendios centralizado, como decía el tercer informe.
R. Bueno, no era únicamente el sistema de detección. Entraban en juego otros aspectos, como el almacenamiento o la sectorización. Al final, los edificios, cuando se hace una adaptación o una reforma, tienen que adecuarse a la normativa vigente. Toda esa serie de medidas que algunos edificios deben mejorar son cuestiones complejas por las características propias del inmueble. De hecho, la normativa permite establecer medidas alternativas. A veces ocurre que no se puede implantar un determinado sistema de extinción porque no lo permite Cultura u otra normativa, pero sí se pueden proponer medidas alternativas. Esas son las medidas que se están llevando a cabo y las que tienen que terminar de acometer.
P. ¿Y cuántos informes han emitido? ¿Han sido tres finalmente o ha habido un cuarto?
R. No, desde aquí, desde el servicio, son tres informes. Tened en cuenta que nosotros actuamos como apoyo a la Gerencia Municipal de Urbanismo, aportando nuestra visión desde el punto de vista preventivo y de la protección contra incendios. No solo ocurre en Caballerizas. También en el Alcázar, igual que en la Mezquita-Catedral, se han hecho visitas por parte de todas las secciones de trabajo. Coincidiendo con esta fase en la que se estaba modificando la zona de acceso, aprovechamos para que todas las secciones pasaran también por allí.
P. Bueno, pues ahora es el momento de pedir. Cuando llegó le dio un 10 a su equipo y un bien raspado a las instalaciones. ¿Cuál es la nota ahora mismo?
R. A mi equipo le voy a dar un 14. Y a las instalaciones... Bueno, esta es una realidad: el Parque Central de Bomberos es una instalación que está agotada. Ahora mismo se ha adjudicado la asistencia técnica para la elaboración del proyecto básico y de ejecución de una reforma integral del Parque Central. Tienen que presentar ese proyecto a finales de septiembre. Evidentemente, es un edificio que obliga a adaptarte a lo que tienes. Pero, una vez que se entregue el proyecto básico y de ejecución, habrá una fase de licitación de la obra, se presentarán las empresas que quieran ejecutarla y, posteriormente, llegará la fase de ejecución. Es decir, los tiempos se alargan, pero el Parque Central necesita un cambio radical para poder adaptarse a nuestro día a día.
P. ¿Y el arquitecto que hay en usted cómo ha visto el proyecto?
R. Bueno, están trabajando en ello y es verdad que nos están escuchando. Nosotros estamos aportando nuestra visión, tanto desde la perspectiva de arquitecto como desde las necesidades propias de un servicio de bomberos. Necesitamos espacios de vestuario para los trajes de intervención, zonas de recarga de botellas de aire, almacenamiento para motosierras, una zona de lavado para descontaminar los equipos... Es decir, necesita una serie de espacios muy específicos del servicio.
P. Para terminar, me gustaría saber cómo vive, como servidor público, esta deriva antiimpuestos que se escucha en la sociedad y en las redes sociales.
R. Al final, para mantener los servicios públicos se necesitan impuestos. Eso es una realidad. Son necesarios para que el Servicio de Bomberos pueda contar con plantilla, con equipos y con vehículos de última generación que, evidentemente, van a permitir una respuesta muy distinta a la que tendríamos con unos medios mínimos. Un servicio de bomberos conlleva un gasto importante.
P. ¿Está bien dotada la plantilla del SPEIS para la ciudad que tenemos?
R. Yo creo que tenemos que seguir creciendo. Recursos Humanos también está haciendo un esfuerzo en los últimos años porque se están convocando más oposiciones para incorporar personal. Aunque también es verdad que mucha gente se jubila. La realidad es que ahora mismo no tenemos el personal que deberíamos tener para las dimensiones de una ciudad como Córdoba. Al igual que la ciudad está creciendo, el Servicio de Bomberos tiene que seguir creciendo.
No somos héroes, sino personas con muy buenos equipos y formación específica
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