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José Luis Navarro, 'El Cazador': “El boxeo ha sido mi mejor amigo, me ha dado todo”

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

Álex Jiménez

5 de septiembre de 2026 19:46 h

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Falta menos de un mes. El 3 de octubre, en Madrid, José Luis Navarro Jr. se juega ante Damián Biacho el Campeonato de Europa del peso supermedio. Si lo gana habrá dos cinturones europeos en esa casa. El primero lo trajo su padre el 17 de diciembre de 1994, en un Vista Alegre completamente lleno, con 6.000 almas, que sigue siendo el récord de asistencia del pabellón. Ahora le llega el turno a su hijo. Los dos se llaman igual. Los dos pelean con la camiseta del Córdoba CF por bata. A los dos les dicen 'El Cazador' y a los dos los ha entrenado el mismo hombre, Ricardo Sánchez Atocha, que dentro de unas semanas puede convertirse en el primer técnico de la historia que hace campeón de Europa a un padre y a un hijo con treinta y dos años de diferencia.

De todo esto tiene la culpa una rodilla. La izquierda, la que hoy lleva sujeta con una rodillera y la que a los 17 años, tras un accidente de moto, estuvieron a punto de cortarle. Aquella rodilla le quitó el fútbol, que era lo único que quería, y lo metió en un gimnasio. José Luis Navarro Rivas (Córdoba, 1965) recibe a CORDÓPOLIS en El Cazador Boxing Club, su nave del polígono de Chinales, con naturalidad, una camiseta del Coto Córdoba con Fernando Bello a la espalda, y saludando uno por uno a todos los que están entrenando. En las paredes casi todas las fotos son de su hijo. La suya es una.

Durante prácticamente una hora habla. Pausado, con calma, pero muy seguro de lo que dice. Habla de una aparición en un hospital y de una tarjeta, clave, que se quedó en el fondo de un macuto. De la noche en la que se proclamó campeón de Europa y de por qué casi nadie pudo verla. De un golpe en el oído, en París, pero también otros golpes, de esos que no ves venir, tanto dentro como fuera de un ring. Y del miedo, que es lo único que le ha llegado tarde: subió veintisiete veces a un cuadrilátero sin vérselo a nada y ahora lo ve todo, sentado abajo, cada vez que pelea su hijo.

PREGUNTA (P). Lo tenemos aquí a la vuelta de la esquina. Justo hoy, que estamos haciendo la entrevista, queda un mes para el combate de tu hijo, José Luis Navarro Jr.. Pelea en Madrid, Campeonato de Europa. ¿Cómo lo ves?

RESPUESTA (R). A Pepe (José Luis Navarro Jr.), como siempre, muy bien. Muy responsable con su entrenamiento, muy trabajador y concienciado en su trabajo, que es lo que tiene que hacer, sin despistarse ni un momento. Ahora estará ya con el problema del peso, pero es lo lógico cuando se van acercando los compromisos importantes.

Estuvieron a punto de cortarme la pierna con 17 años

P. Es probablemente el combate más importante de su carrera. Tú sabes perfectamente lo que es esto. ¿Cómo lo llevas desde fuera?

R. Hombre, como ya pasó todo… Ahora que pasó todo mi época de boxeador, yo antes no veía peligro y ahora veo mucho peligro. En mí no lo veía, pero lo veo en mi hijo. Será porque soy su padre y me duele. Y veo que es un momento muy importante para él y que su sueño lo puede conseguir. Uno de sus sueños, el primero, ser campeón de Europa, lo tiene ya un poquito más cerca, así que a ver si lo materializa.

P. Hace un par de meses ya tuvo aquel combate en La Zarzuela y se quedó en un nulo técnico por la lluvia. ¿Cómo lo viviste tú y cómo crees que lo vivió él? Es raro que acabe un combate así.

R. Hombre, sí, lo vi raro, que se tuviera que aplazar por la tormenta que cayó. Pero fue un combate que iba a ser muy duro tanto para Pepe como para él, porque Pepe va de menos a más. Al danés lo pilló muy fresco, muy rápido en los tres primeros asaltos, se veía que iba un poco más fresco que él. Pero Pepe empieza a trabajar bien cuando el otro empieza a sufrir. Es decir, que el danés lo hubiese pasado fatal, pero fatal. No hubiese llegado al final, seguro.

P. ¿Y a Biacho cómo lo ves en comparación con Zaren?

R. Biacho es un rival muy importante. Es un rival con muchos recursos técnicos y tácticos, y es un rival muy difícil. Pero bueno, Pepe va muy fuerte. Va a ser un combate para la afición española tremendo. Un combate espectacular.

P. En caso de que lo ganase, sería el segundo título europeo de la familia. ¿Qué significaría que siguiese esa estela?

R. A mí ser campeón de Europa me aportó mucho. Me aportó un reconocimiento a nivel provincial, nacional e internacional que me ha abierto el camino para seguir mi futuro. Y personalmente también, porque mi historia es distinta: yo me caí con 17 años de una moto y, gracias al boxeo, conseguí superar esa lesión, me propuse ser campeón de Europa y lo hice. Total, que fue una serie de acontecimientos que me ayudaron mucho en mi vida personal y particular.

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

P. Antes de entrar en tus inicios, te quería preguntar por Sánchez Atocha. Fue tu entrenador y ahora es el entrenador de Pepe. Sería también el primer entrenador que consigue tener a los dos, padre e hijo, como campeones de Europa. ¿Has hablado con él de eso?

R. La verdad es que no hemos hablado nunca de eso, pero sí es un caso curioso: que haga campeón de Europa al padre y muchos años después al hijo. No lo hemos hablado con él, pero es un caso curioso, y esperemos que sea el primer entrenador que tiene al padre y al hijo como campeones de Europa. Y que haga también al primer supermedio campeón de Europa, que nunca había habido en España un campeón de Europa supermedio.

P. En tu casa el deporte era común: tu hermano fue futbolista, a otro de tus hermanos le dio por el ciclismo. ¿Cómo era tu familia?

R. Lo que decía mi padre: si nos hubiese dado por estudiar, hubiésemos tenido cada uno dos o tres carreras, seguro. Nos dio por el deporte y bueno, nos ha valido mucho también para la vida, para tener una vida sana, para estar siempre fuertes. Nos ha ayudado mucho el deporte.

P. En tus inicios tú también querías ser futbolista, como tu hermano Rafa. ¿Cómo se cruzó el boxeo en tu vida?

R. Yo quería ser futbolista, aunque sí es cierto que practicaba boxeo, pero con el fin de ponerme fuerte para aplicarlo al fútbol. Yo era central, un central de estos… De los que por ahí no pasa nadie -ríe-. El boxeo me ayudaba mucho a tener esa condición física, a estar fuerte. Un accidente de moto me rompió mi sueño de ser futbolista, y lo enfoqué a no quedarme cojo. Y ya me dediqué más al boxeo para no quedarme cojo, me puse muy fuerte y la vida me llevó al equipo nacional. Y del equipo nacional, a ir a Barcelona 92, pero no pude ir. Hice muchos torneos internacionales, cogí mucha experiencia deportiva: Juegos del Mediterráneo, Campeonato de Europa, Campeonato del Mundo. Hice mucho rodaje en el campo amateur. Y luego no fui a la Olimpiada, me vine para Córdoba. Y lo que pasa cuando terminas tu carrera deportiva: que se acabó todo.

P. Después de aquel accidente fueron prácticamente dos años de operaciones, muletas, infecciones… Creo que incluso te dejaron un poco de cordón dentro de la rodilla.

R. Sí, sí, la seda esta con la que cosen por dentro.

Yo sabía que no estaba solo, que lo que me propusiera en mi vida lo iba a lograr

P. ¿Cómo se sale de eso? Porque es complicado.

R. Pues no sé, será mi mentalidad de no querer afrontar la realidad, porque lo mío era muy serio: estuvieron a punto de cortarme la pierna con 17 años. Pero no sé, yo creo que fue también un milagro. Me acuerdo de que estaba una vez en el hospital, tenía fiebres porque estaba chungo de la rodilla, y me acuerdo como de una aparición, una mujer que entró en mi habitación. Era de noche, se abrió la puerta de la habitación y dio todo el resplandor de luz que hay en los hospitales. Desde la oscuridad, veo entrar a contraluz a una mujer mayor y me dice: “Niño, ¿cómo estás?”. Digo: “Bien, aquí estoy malito”. Y me dio una estampa de Sor Ángela de la Cruz. Dice: “Rézale y verás cómo te pones bueno”. Me la dio, cogió la mujer, se fue, y la tuve ahí siempre rezándole. Y mira, me puse bueno.

P. ¿Y qué te dejó aquello para siempre? Entiendo que también un poco de fe o de confianza.

R. Claro. Yo sabía que no estaba solo, que lo que me propusiera en mi vida lo iba a lograr, porque eso no había sido una casualidad, había sido por algo. Si esa situación me pasó, era porque alguien quería que yo tirara para arriba. Y a partir de ahí ya no me rendí. Empecé ahí con mis muletas, subía a la ermita hasta que conseguí subir corriendo. Ahí, como podía, pero lo conseguí.

P. Tu hermano sí consiguió ser futbolista, que era también tu sueño. ¿Lo has hablado con él alguna vez?

R. Bueno, la verdad es que Rafa también se quedó a medio camino, porque Rafa era un futbolista de Primera División, pero por circunstancias tuvo la mala suerte de que, cuando se iba a ir al Zaragoza, se lesionó. Después se murió su mujer, recién casados, y eso también le condicionó mucho luego, cuando salía al campo: la gente le exigía mucho y nadie sabía todo lo que estaba pasando. No tuvo suerte, pero Rafa era un futbolista de Primera División.

P. Después de aquella rodilla, de todas esas operaciones, en prácticamente tres años acabaste en el equipo nacional de boxeo, apuntando a Barcelona 92.

R. Fue una época dura: estabas fuera de tu casa, tenías que competir mucho. En el boxeo amateur se boxea muy continuamente, hay que viajar mucho. Una época dura, pero a la vez muy bonita, yo siempre la recordaré. Conocí a mucha gente, muchos países. Gente buena, gente mala, de todos aprendí algo.

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

P. Pero no llegaste a aquel sueño de Barcelona 92.

R. No. Yo creo que porque nunca confié en mi esquina. Cuando estaba en el equipo nacional, los entrenadores que tuve, nunca confié en ellos. No como en el campo profesional, que con Ricardo (Sánchez Atocha) confiaba: Ricardo me decía “tírate por un puente” y yo me tiraba por un puente. Y en el equipo nacional no. Por eso, cuando salía a boxear, no salía con esa mentalidad de ganador.

P. Y cuando vuelves a Córdoba con ese sueño pendiente, ¿qué haces?

R. Pues digo: “Bueno, ¿y ahora qué hago?”. Porque claro, con 17 años me caí de la moto, los estudios los dejé aparcados, mi mentalidad era solamente no quedarme cojo. Me dediqué a seguir haciendo deporte. Llegué a mi casa sin trabajo, sin formación, sin nada, pero por aquel entonces echaban un programa que se llamaba 'Pressing Boxeo', donde daban todos los combates profesionales. Estaba viéndolo y vi que había compañeros míos, que habían estado en el equipo nacional, y que estaban ya en el campo profesional. Y pensé: “Coño, si yo le he ganado a todos estos”. Lo pensé así de claro.

Me acuerdo de que cuando me proclamé campeón de España amateur, en Igualada (Barcelona), estaba Sánchez Atocha haciendo una preparación con Javi Castillejo en el mismo hotel donde estaba reunido todo el campeonato. Me vio boxear una vez y, cuando terminé, me dio una tarjeta y me dijo: “Si alguna vez te quieres pasar a profesional, me llamas”. Cogí la tarjeta y la metí en mi macuto, y la dejé ahí. Cuando terminó toda mi historia del boxeo amateur, yo acabé muy asqueado del boxeo, ya no quería ni boxear. Me fui a Córdoba, pasó un tiempo y vi el programa este de 'Pressing Boxeo'. Vi a mis compañeros y dije: “Hostia, a estos les he ganado a todos. Yo podría estar ahí”.

Ricardo Sánchez Atocha es un excepcional entrenador, un psicólogo, tu amigo, tu chófer y tu cocinero

P. Y te acordaste de la tarjeta.

R. Claro, la busqué, llamé a Ricardo, le dije: “Ricardo, que me paso a profesional”. Dice: “Pues vente para Madrid”. Cogí la maleta y tiré para Madrid.

P. ¿Y quién es Ricardo Sánchez Atocha para ti a día de hoy?

R. Ricardo ha sido, para mí y para todos mis compañeros, como Javi Castillejo o Berdonce y muchos compañeros míos que han triunfado… Sin Ricardo, ninguno de ellos, yo incluido, hubiésemos hecho nada. Ricardo es un excepcional entrenador. Es un psicólogo, es tu amigo, es tu chófer, es tu cocinero.

P. Me lo estás contando y estoy recordando los vídeos que sube Pepe con Ricardo. Sigue siendo exactamente igual treinta años después.

R. Sí, sí. Es incluso tu médico. Te cortas, llega Ricardo: “Para adelante, te coso”. Te pones malo: “Ricardo, me duele aquí”, y te llega con tu pastillita. “Ricardo, la comida”: en las concentraciones él nos hacía la comida. Era nuestro padre, vamos.

P. En aquella concentración estabais en la sierra de Madrid, en Fresnedillas de la Oliva, y me recuerda mucho también a Pepe subiendo esas cuestas. ¿Cómo recuerdas aquello?

R. Sí, allí teníamos un equipo de profesionales. La verdad es que lo de Pepe es mucho más duro, porque está solo. Nosotros éramos un grupo, un equipo, y más o menos nos apoyábamos entre todos. Vivíamos en una casa, cada uno teníamos su habitación, comíamos juntos, entrenábamos juntos, hablabas… Pepe está solo. Pepe se va a su casa, come, se tira al sofá, está solo. Sí que tiene su novia, pero su novia no está siempre con él. Yo lo veo mucho más duro. Se tiene que ir por la mañana a correr solo. Nosotros íbamos un equipo, íbamos corriendo, íbamos charlando. Lo de Pepe es mucho más solitario, mucho más duro.

P. De aquel grupo salió tu mote, El Cazador.

R. Sí, mi apodo me lo puso Poli Díaz. Eso fue recién llegado con el equipo de Ricardo. Estábamos entrenando y al poco tiempo tocaba hacer sparring, me tocó hacerlo con Poli. Y le metí un palo que no veas.

P. Al Poli Díaz.

R. Hombre, Poli siempre ha tenido su peligro, lo que pasa es que ya estaba ahí un poquillo con la droga y todo, pero todavía tenía ilusión y tenía ganas de volver. Poli estaba joven, es tres años más joven que yo, pero le pegué un palo que flipó. Cuando terminé el entrenamiento, yo me dirigía al vestuario y estaba Poli quitándose las botas. Llega, me mira y dice: “Cabrón, tú vas a ser el Cazador”. Así me miró, como amenazando. Digo: “¿Y eso por qué, Poli?”. Dice: “Porque todos los boxeadores tenemos nombre de animal: que si el Potro, que si el Tigre, que si el León... Tú te los vas a cargar a todos, cabrón”. Y me llamó la atención, y me quedé con 'El Cazador'.

Todos mis combates, tanto los que he ganado como los que he perdido, han sido por KO

P. Y te los cargaste a casi todos, y por KO.

R. A todos, a todos. Todos mis combates, tanto los que he ganado como los que he perdido, por KO. Nunca he llegado al final.

P. No sé si será tu noche más especial, pero diciembre del 94 en Vista Alegre, con tu gente. El récord de asistencia del pabellón y que sigue vigente a día de hoy: seis mil espectadores. Llévame a aquella noche.

R. Yo recuerdo que llegaba al pabellón donde iba a pelear, me metía en el vestuario y no salía hasta que me tocaba. Ese día me acuerdo de que preguntaba: “¿Cómo está? ¿Hay gente?”. Y me decían: “Vas a flipar cuando salgas, tío”. Y así fue. Cuando salí, macho, los focos, las categorías inferiores del Córdoba haciendo el pasillo, todos con la camiseta del Córdoba, las luces, las gradas, la pista llena de sillas... Seis mil espectadores. Cuando salí fuera, con el vello de punta, pensé: “Este no me gana ni con alas”.

P. ¿Te daba respeto o te daba motivación un pabellón así?

R. Motivación, tío, eso es indescriptible. La música, la gente… Qué pasada. El pelo de punta, iba volando.

P. ¿Cómo recuerdas el momento de la victoria?

R. La victoria, con mucha ilusión, sobre todo acordándome de mis comienzos, de cuando dijeron que me iban a cortar la pierna, de que no podría correr en mi vida. Porque eso me lo dijo el médico. Yo le pregunté: “¿Cuándo volveré a correr?”. Y me dijo: “Olvídate, no vas a correr en tu vida”. Me entró por un oído y me salió por otro. En ese momento, cuando lo consigues, pues lloras y todo.

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

P. En términos generales, un boxeador, ¿cómo recibe un golpe? ¿Sabes que te va a venir?

R. Eso no lo ves. Bueno, los ves venir, pero son milésimas de segundo. Si no lo ves venir, sí te hacen daño. Los golpes son como en la vida: los que más daño te hacen son los que no ves venir. A lo mejor una traición, un engaño o algo: esos golpes te duelen más. Pues en el boxeo igual. Si te viene un golpe y no lo ves venir, cuando te impacta, te hace más daño. Ahora, si tú lo ves venir, te aprietas, te preparas.

P. ¿Se sube con miedo al ring en algún momento?

R. Sí, claro. Hay gente que lo lleva mejor, parece que están contentos, pero por dentro están cagados.

P. Sobre todo si se enfrentan al Cazador.

R. Me imagino que sí -ríe-.

Los golpes en el boxeo son como en la vida: los que más daño te hacen son los que no ves venir

P. ¿Y cómo sabes que el rival que tienes delante está tocado, que es el momento de soltar un golpe definitivo?

R. Hombre, eso lo notas en la respiración, en la mirada... Eso lo observas. Y, sobre todo, sabes si vas a ganar cuando nos llama el árbitro al centro del ring para explicarnos las normas y todo el rollo. Cuando nos miramos a los ojos, a la cara, es cuando dices: “Le gano”. Hay algo que te dice: “Le gano”.

P. ¿Qué se siente al noquear a alguien y saber que has ganado?

R. Si lo noqueas antes del límite, alegría, porque te vas a llevar menos golpes. Y sobre todo es la recompensa a un entrenamiento, a un campamento largo. Satisfacción.

P. ¿Se llega en algún momento a odiar al rival?

R. No, nunca. Yo veo a cualquier rival de los que me he enfrentado y seguro que nos recordamos y nos abrazamos, seguro. Es un deporte muy noble. Cuando termina el combate nos abrazamos, y uno gana y otro pierde, como es lógico.

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

P. ¿Cómo es el día siguiente de una pelea?

R. Depende de las circunstancias del combate. Si es un combate que has ganado en el primer asalto, pues nada, a esperar la reacción del público, de los medios de comunicación, a ver cómo ha ido. Pero si ha sido un combate dramático, como fue mi último, lo llevas de otra forma.

P. Con el paso de los años, ¿has visto mucho cambio en el boxeo o sigue siendo más o menos igual?

R. Yo lo veo igual. El boxeo son golpes. Los golpes siempre son golpes: un recto siempre será un recto, un gancho siempre será un gancho. Ahora, en el tema de la promoción y todo eso lo veo mucho mejor, por el tema de internet. Hay algunas televisiones que apuestan por combates millonarios y, quieras o no, los medios de comunicación son los que venden. Si no hubiese televisión ni redes… Y ahora, con las redes, con internet, cualquier boxeador tiene su canal, se promociona y lo ve la gente. Antes no.

P. ¿Y cómo es todo ese mundo de las promociones, de los promotores, del dinero?

R. Sinceramente, yo nunca he estado atento a eso. Yo siempre he confiado mucho en Ricardo, y lo único de lo que tenía que preocuparme era de entrenar y de que, cuando llegase el momento del combate, estar físicamente muy bien y ganar. Mi bolsa siempre la tenía estipulada y siempre la recibía. Después, como en todo, nunca sabes si te han dicho “vas a ganar seis” y por otro lado son ocho. Yo siempre he confiado en Ricardo y ya está.

Mi sueño era ser Campeón del Mundo. Se lo dije al médico, cuando me dijo que no volvería a correr

P. No sé si estás al tanto del tema de las veladas de streamers, como 'La Velada del Año' de Ibai Llanos. ¿Cómo lo ve una persona con tu trayectoria? ¿Como promoción del boxeo o como una falta de respeto?

R. Yo lo veo como un espectáculo, y que, a través de las redes, la gente sigue eso y genera mucho dinero. E indirectamente los gimnasios también arrastran público para que venga al gimnasio. Lo veo bien. Ahora, otra cosa es que eso no es boxeo: el boxeo requiere otras cosas.

P. ¿Si te pusieran a ti ahora, con 25 años, en un ring de boxeo, crees que serías mejor o peor de lo que eras?

R. Hombre, con la experiencia que tengo ahora, muchísimo mejor. Yo creo que sería invencible.

P. 'Pressing Boxeo' fue muy importante en tu carrera. Y después desapareció.

R. Sí. Casualmente, en ese programa salían todos mis combates, o muchos de ellos los televisaban en Telecinco. A mí me conocía todo el mundo. Iba por la calle y parecía Michael Jackson, macho -ríe-. Me conocían las mujeres mayores, los niños, todo el mundo me saludaba, iba a los pueblos firmando autógrafos todo el rato.

Total, que se despidieron del programa este diciendo: “Bueno, pues la semana que viene, desde el Palacio de Vista Alegre, combate en directo de José Luis Navarro contra el británico Delroy Bryan”. Y cuando venían los camiones para Córdoba, hubo una decisión política, se dieron la vuelta y no volvieron. Por eso las imágenes que hay de mi combate del Campeonato de Europa son tan oscuras: no había televisión, no había ese colorido… Una putada, porque hubiese sido un combate tremendo con las cámaras de televisión allí, con el colorido ese, el pabellón lleno. Pero no llegó la televisión y no pudo ser.

P. ¿Cuánto cambió tu carrera a partir de aquella noche?

R. Hubiese supuesto un cambio espectacular si hubiese estado la televisión, pero como se fueron, todo dio la vuelta a la tortilla. Ya no había dinero. Hice una defensa sin televisión, y con la taquilla de un pabellón solamente no se cubren gastos, por mucho que haya lleno: tienen que venir médicos, árbitros de fuera, boxeadores de fuera, la bolsa de los boxeadores. Y a partir de ahí se dio la vuelta a la tortilla: teníamos que salir fuera. No pasaba nada, pero claro, ahí juegas a contratiempo, porque los que mandan son los que organizan. A mí, por ejemplo, cuando perdí el título contra Valery Kayumba me aplazaron el combate tres veces. Teníamos planificado el combate para enero. Llegaba enero: “No, que se ha cortado, que para marzo”. Y luego: “No, que se ha hecho daño”. Entonces ya juegas contra eso. Cuando llegó el combate, aquí ya no había televisión, no peleaba con asiduidad, y llegué a hacer el título de Europa ya como cansado. Mentalmente destruido.

P. ¿Crees que se ha maltratado un poco al boxeo en España?

R. Yo creo que sí, el boxeo tiene mucha audiencia. Me acuerdo que, cuando boxeaba, el programa este de Pressing Boxeo tenía récord de audiencia en su franja horaria. Lo que pasa es que yo creo que hay otros deportes que a lo mejor no quieren que compitan con ellos.

P. Parece, incluso, que está mal visto el boxeo.

R. Sí. Yo, cuando empecé a entrenar boxeo, me iba a la Fuensanta y yo no decía que hacía boxeo, me daba como vergüenza. Lo que pasa es que había algo que me llamaba. Iba todos los días de Ciudad Jardín a la Fuensanta, con 15 años, andando, o en bicicleta, o corriendo. Iba allí, era una mierda de gimnasio, sin agua, con frío, sucio, pero yo iba todos los días, tío. Algo me llamaba: “Ve, ve, ve”.

A mi hijo siempre le he puesto todas las trabas del mundo en el boxeo

P. A día de hoy, ¿Se puede vivir del boxeo?

R. Es muy complicado. Sin televisión es muy complicado, a no ser que consigas un título de Europa: entonces te posicionas arriba y ya puede cambiar un poquito la cosa. Pero hasta entonces no hay nada que hacer. Cuando consigues un título de Europa ya empiezas a hacer combates importantes, y eso ya te rankea a nivel mundial. Ya estás llamando a la puerta del título del mundo, y si consigues un título del mundo, ahí sí hay mucho dinero. Si vas a los Emiratos Árabes a hacer un combate, hay dinero, dependiendo del escenario.

P. ¿Qué crees que le puede faltar al boxeo para volver a estar en las casas como estaba antes?

R. Hombre, eso son decisiones de las cadenas de televisión. Lo que está claro es que el boxeo tiene mucha audiencia, y si no lo echan es por algo. Yo tengo en mi mente que es, a lo mejor, por las federaciones de fútbol u otras, para que no les quiten audiencia. Ellos ponen el boxeo y dicen: “Hostia, que juega el Madrid o pelea José Luis Navarro. Pues 10 van a ver a José Luis Navarro, nos va a quitar audiencia”. Creo yo, no sé. Soy muy mal pensado.

P. Terminando con lo que pasó en Francia, con Kayumba. Acabaste mal del ojo.

R. Sí. Ese combate, si hubiese sido aquí en España… Es otra de las cosas de pelear fuera o en casa: aquí en España no me hubiesen parado el combate, porque Kayumba estaba ya frito. Yo me acuerdo, tengo esa imagen: los promotores de Kayumba, los hermanos Acariès, uno de ellos mandó al médico arriba: “Tú, para el combate”. Yo tenía el ojo mal, la verdad es que lo tenía mal, pero Kayumba estaba ya frito, ya estaba soplando. Era el octavo asalto, quedaban todavía cinco asaltos, no hubiese llegado al final. Y entonces, ¿qué hicieron? Mandaron al médico arriba, me miraron y se acabó. No había nada que hacer.

P. Hablaba hace unos meses con Noelia Gutiérrez, que tuvo una experiencia parecida con los árbitros. ¿Crees que hay una especie de favoritismo hacia ciertas nacionalidades?

R. No, en el caso mío no. En el caso mío porque son negocios: ellos organizaban el combate, ellos manejaban todo, los médicos, la televisión, el tiempo, todo. Y vieron que lo iban a pasar jodido y decidieron mandar al árbitro y parar el combate. Aquí en España no me hubiesen parado y hubiésemos ganado el combate.

P. El último de tu carrera fue en febrero del 97, contra Andrey Pestryaev. Cuéntame aquel combate.

R. Un combate dramático. Un combate al que llegué también físicamente muy bien, pero hasta llegar ahí tuve que hacer cinco combates y llegué ya destruido prácticamente, como mi última bala. Y para colmo, cuando estaba allí en París, me senté en el hall del hotel y casualmente había un billete de avión allí en la mesa. Lo cojo: de Valery Kayumba, de Estados Unidos, que venía de entrenar de allí. Y yo había estado entrenando prácticamente solo en un gimnasio de aquí, en El Gigante, al lado del Arcángel. Ahí me ponía Ricardo los entrenamientos, porque ya no nos podíamos concentrar, ya no había pasta. Yo me quedaba aquí y, a lo mejor quince días antes, me iba para Madrid. Pensé: “Yo entrenando solo y este en Estados Unidos entrenando…”.

Total, que llego allí físicamente bien, porque yo siempre entrenaba mucho. Nada más salir, me tira un golpe, me pega en el oído, me estalló, me lo perforó, y ya me condicionó todo el combate. La cabeza como una lata, tío, no escuchaba. Escuchaba como si fuera todo metálico, un zumbido, como en las películas. Llegué al primer asalto: “Ricardo, no me siento la cabeza”. Ricardo me hablaba y yo lo escuchaba ahí como embotado. Yo pensé que ese día me moría. Y fueron doce asaltos con eso, pegándonos palos, del primero hasta el doceavo. En el último asalto, en la esquina, le iba a contragolpear, se me quedó la mano por fuera de la cuerda y me quedé frenado. Ahí ya me mató. No quería caer, pero ya estaba... cuando me levanté, todo negro, no veía nada. Pararon el combate por KO.

P. ¿Qué se siente en un KO? ¿Una desconexión completa?

R. En ese momento me acojoné, tío. Me acojoné porque no veía nada. Y no podía ni tirar de las piernas. Hasta que llegué a la esquina y me sentaron en la silla, me quitaron los guantes, me quitaron el protector. Recuerdo la gente allí hablando y yo ahí sin ver nada. Me metieron en una camilla, me llevaron al hospital y me tiré dos días en el hospital.

P. ¿Has vuelto a ver ese combate?

R. Sí, hay por ahí unas imágenes de los dos o tres últimos asaltos, que no sé por qué están en blanco y negro, parece que es mucho más antiguo. Lo he visto de vez en cuando, y es un combate dramático. Yo me acuerdo perfectamente de todo lo que estaba pasando por mi cabeza en ese momento.

P. ¿Y qué pasaba?

R. Que me moría, tío. “Hoy me muero”.

P. ¿Fue en ese momento cuando dijiste “Se acabó”?

R. Cuando perdí el título y volví a Córdoba, ya sin televisión, ya con treinta y tantos años (31). Pues ya, y sin ilusión, un combate duro… Ya decidí colgar los guantes totalmente.

P. Te faltó la espinita del título mundial.

R. Sí, claro. A mí el título de Europa me llenó de alegría, pero mi objetivo era el título del mundo. No pudo ser, pero por algo sería.

Cuando boxeaba no era consciente del peligro que tiene el boxeo, pero ahora con Pepe sí lo veo

P. ¿Crees que te faltó algo a ti o fue por las circunstancias?

R. Por mí no, por las circunstancias. Yo también estaba ya cansado. No me sentía importante. Iba a un gimnasio solo a entrenar, no tenía la repercusión que tenía antes. Antes te sentías importante, tenías objetivos. Y ya no había dinero, ya no televisaban combates, ya no eras reconocido. Todo eso no te ayuda mucho.

P. Hablábamos antes del sueño de ser futbolista. ¿Crees que cumpliste un sueño al menos al ser boxeador?

R. Bueno, sí. Campeón de Europa no es fácil hacerlo. Es muy difícil, pero mi sueño era ser Campeón del Mundo. Se lo dije al médico, cuando me dijo que no volvería a correr. Se lo dije: “Voy a ser campeón del mundo”.

P. Te retiras con 31 años. ¿Cómo vuelves a la vida normal después de esa montaña rusa? ¿Cómo frenas?

R. Pues imagínate, con 31 años ya había nacido mi niña Cristina. Fue duro, tío, sin formación. Casualmente me propusieron ser seleccionador del equipo nacional, y también me llamaron de la Diputación para currar ahí. Yo estaba ya harto del boxeo, y me tenía que ir a Madrid a vivir, así que decidí quedarme aquí, en Córdoba, en la Diputación. Gracias a José Mellado, que por mi trayectoria deportiva y por la promoción que había hecho de Córdoba, me echaron un cable y me colocaron en el departamento de Deportes de la Diputación de Córdoba.

P. Estuviste 14 años allí.

R. Sí, entre el departamento de Deportes, la imprenta provincial componiendo el BOP y administrativo en Asuntos Sociales. Fue una etapa en la que estuve a punto de irme. El primer día que llego yo a la Diputación, todos mis compañeros formados, con sus estudios, sus historias, y yo me siento allí en un despacho con un ordenador. Y digo: “¿Y yo qué hago aquí ahora?”. Y todos mis compañeros trabajando. A mí me daba vergüenza, me decía “Soy un melón”.

P. Un mundo completamente diferente al que estabas acostumbrado.

R. Empecé a formarme. Me dio tanta vergüenza que empecé a hacer cursos de formación por mi cuenta, a comprarme libros de informática, me quedaba por las noches... Hacía todos los cursos que había en la Diputación, todos, a todos me apuntaba. Al final llevé el programa más gordo del departamento de Deportes, que era el de subvenciones.

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

P. Han pasado ya más de 30 años desde que fuiste campeón de Europa. ¿Cómo crees que se ha portado Córdoba contigo?

R. Córdoba muy bien, lo que es la gente de a pie, genial. Es más, aún hoy día la gente me reconoce, me pide autógrafos. Vas a bares y establecimientos y hay fotos mías. A cualquier sitio al que voy me atienden así, como un poquillo de enchufado -ríe-. La verdad es que muy bien. Después, políticamente, me prometieron una cosa y cuando llegó el momento me pegaron la puñalada. Pero me la pegaron muy tarde, tío, era ya muy mayor, y a otra persona no le hubiese dado tiempo a reaccionar, porque ya con dos niños y cuarenta y tantos años te ves otra vez en la calle, en el paro. Pero gracias al boxeo, a la fortaleza que me ha facilitado tanto física como mentalmente, me lo tomé como un golpe: que tienes que subir las manos y seguir.

P. Rafael Lozano Sr. está ahora de seleccionador. ¿En algún momento te replanteaste volver a llamar a la federación?

R. No, nunca. Nunca, nunca. Porque la vida es la que a cada uno se le presenta. Yo, cuando me dejaron parado en la Diputación, en vez de rendirme empecé a dar clases particulares, empecé a entrenar a gente, iba a sus casas, los entrenaba, y ganaba pasta. Me tiré muchos años. Después compaginaba las clases particulares con el GO fit, que me contrataron, más otros gimnasios que me contrataron. No paraba, estaba todo el día moviéndome con mi bicicleta. Iba del GO fit a un gimnasio, de un gimnasio a un cliente, de un cliente a otro, y así estaba todo el día.

P. Y en 2021 surge esto, El Cazador Boxing Club.

R. Sí, pero esto tenía que haber surgido antes. Por circunstancias surgió cuando tuvo que surgir. Cogí un dinerillo por la venta de un piso y todo el dinero que tenía, como en una ruleta… Al verde, y lo metí todo aquí. Lo tiré todo esto abajo. Y, para colmo, el día que firmé el proyecto me caí de la moto. Me tiré 21 días con el cabestrillo. Cuando me quitaron el cabestrillo, el brazo muerto. Y yo aquí soltando ya pasta. Me habían dejado roto el supraespinoso y el manguito rotador.

P. No podías mover nada.

R. Muerto, tío, se me caía. Tuvieron que operarme, y todo esto empantanado, soltando pasta. Total, que me operan, empiezo a rehabilitarme, y a la vez atento aquí a la obra. Cuando empecé a inaugurar ya había hecho un poco de rehabilitación, y empecé a dar las clases sin estar todavía bien. Decía “uno, dos” y se me caía el brazo para abajo, no tenía fuerza. Poquito a poco fui recuperando, empezó a venir gente y, gracias a Dios, hoy va muy bien.

P. ¿Te has planteado en algún momento ser entrenador de profesionales, o incluso llevar a tu hijo o echarle un cable a Ricardo?

R. No. No, porque yo soy muy exigente y Pepe conmigo chocaría mucho. Y aparte, yo no me dedico a la competición en mi gimnasio. Yo aquí, clases colectivas, atraer público de todo tipo, que es lo que en verdad genera dinero. Hay gimnasios que se dedican a la competición y están dispuestos a eso, a que un chico pase por donde he pasado yo: malos ratos, sin ganar dinero, porque no se gana dinero. Yo no lo veo, deportivamente, porque aquí en España es como querer ser torero en Japón, ni más ni menos. Así que yo lo tenía muy claro: que mi gimnasio sería para todo tipo de público, gente mayor, niños, que vengan aquí a echar un buen rato, a ponerse físicamente bien. Y hacerlo mi forma de vida, mi negocio.

Vista Alegre puede volver a lucir en toda Europa

P. ¿Y qué es hoy el boxeo para ti?

R. El boxeo ha sido mi mejor amigo, me ha dado todo. He conocido a personas, buenas y malas, me ayudó a recuperarme, me ha dado trabajo... Para mí el boxeo es mi mejor amigo.

P. Tienes tres hijos, y te sale Pepe boxeador. Con todo lo que me estás contando, cuando te lo dice y ves que va en serio…

R. A Pepe siempre le he puesto todas las trabas del mundo. Como era muy mal estudiante, le decía: “Guapo, si no estudias no hay boxeo”. Y lo quitaba del boxeo. Pero el cabrón se las ingenió. Yo iba a los gimnasios y decía: “Si viene Pepe, que no entrene, que está castigado por los estudios”. Ese era mi trato, pero me buscaba las vueltas y entrenaba. Es más, una vez se fue a Barcelona a boxear y yo me enteré cuando ya había vuelto.

P. ¿Has sentido tú más miedo por él o por ti?

R. Yo, cuando boxeaba, no era consciente del peligro que tiene el boxeo. Estaba físicamente muy fuerte y no veía el peligro. Pero ahora, con Pepe, sí lo veo.

P. ¿Y te ves a ti reflejado en Pepe? Se ha ido a Madrid, está con Ricardo…

R. Sí, claro. Ha hecho lo mismo que yo hice. Cogió la maleta y sin un duro se fue allí, a Madrid, a compartir piso con gente extraña, aunque veo lo de Pepe más duro que lo mío, porque yo estaba con un equipo, estaba respaldado por Ricardo. Pero Pepe se fue sin un duro.

P. ¿Te pide consejos?

R. No. Pepe no me escucha a mí. Eso les suele pasar a todos los hijos.

P. ¿No sé si influyes en él o no te quieres meter en el tema del boxeo con él?

R. No, nada. Yo, cuando hablo con él, creo que hablo de todo menos de boxeo.

Entrevista N&B a José Luis Navarro 'El Cazador'

P. Y ahora que lo ves desde abajo, ¿cómo es verlo pelear? Encima en un peso superior al tuyo.

R. Ya ves, yo paso mucho miedo, porque en su categoría son muy fuertes, son muy grandes, y las hostias ahí son tremendas, tío.

P. ¿Y en qué crees que es mejor que tú y en qué crees que podría mejorar todavía?

R. Hombre, mejor que yo... en el peso y altura, evidentemente. Lo que pasa es que Pepe no tiene experiencia, el pobre. Dio el paso al profesionalismo con trece combates, creo que fueron. Yo creo que hice ciento diez, un montón de combates y de torneos internacionales. Entonces yo tengo mucha experiencia, tengo más recursos a la hora de cualquier situación. Pepe no, Pepe está aprendiendo a base de palos. Y es complicado, en esto del boxeo, aprender a palos, y más en citas importantes, sabiendo que viene gente importante. Cuando eres amateur vas cogiendo experiencia: con uno que es bueno, otro más malo, a este le ganas… Pero a Pepe ya todos los que le vienen son gente buena. No tiene mucha experiencia, pero bueno.

P. ¿Le vas a decir algo antes del combate o prefieres no decirle nada y dejarlo solo?

R. Le doy un abrazo y ya está, y que se desarrolle como lo hayan planteado.

P. ¿Y si pierde? ¿O no lo planteas?

R. Pepe es joven. Si pierde, es jovencísimo, tío. Tiene la oportunidad de ser cualquier cosa en la vida. Ya te digo: yo, cuando llegué a la Diputación, me pusieron delante de un ordenador y tenía ya 32 años o por ahí. Y tuve que apretar el culo y formarme. Pues a él le pasará lo mismo: si no consigue dinero, tendrá que ponerse a currar, y cuando se ponga a currar, formarse, ser trabajador y tirar para adelante. Teniendo salud y ganas, no hay quien te pare.

P. Es curioso lo de Córdoba: están los Lozano, están los Gutierrez y están los Navarro. Tres padres con tres hijos boxeadores.

R. Sí, es curioso, la verdad que sí. Cada uno con sus circunstancias. Cada uno hemos tirado por un lado, cada uno hemos sido formales, y ahora, con nuestros hijos, les deseamos que sus carreras sean lo más fructíferas posible, que no pase ningún accidente y que sean felices.

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P. ¿Se puede ser boxeador en Córdoba? Porque calidad hay.

R. No. Quien quiera ser boxeador profesional se tiene que ir de Córdoba. Lo primero, es que no hay ni recursos ni gente que sepa manejar a un boxeador profesional, porque el boxeo profesional no es solo entrenar: luego tienes que saber manejarlo a la hora de promocionarlo, de buscarle combates, jugarse la pasta, porque esto es como una inversión. Cuando yo empecé, Ricardo se jugó la pasta conmigo: “Vamos a organizar una velada en Madrid”. Organizaba veladas, le costaba la pasta. Si iba público, recuperaba un poco; y si no, palmaba. Va invirtiendo, va invirtiendo, va invirtiendo, para cuando llegue un Campeonato de Europa, algo importante, que ya estés formado y te reconozcan. Aquí en Córdoba nadie está dispuesto a eso, a poner pasta. Aquí sí, puedes ir al gimnasio, entrenar, pero luego ¿a dónde vamos a boxear? “Vamos a ir a Francia”, a llevarte a perder. Tienen que llevarte una carrera ordenada: “Mira, vamos a pelear con este, y ahora vamos a pelear con este otro”. Aquí no saben de eso.

P. Estábamos hablando de Córdoba. ¿Crees que en algún momento volverá aquel Vista Alegre que viviste tú, un Campeonato de Europa?

R. Yo creo que ese colorido, como cuando boxeamos en Vista Alegre, no lo he visto aquí. Aunque creo que eso puede volver si Pepe consigue el Campeonato de Europa, si las instituciones aquí en Córdoba se vuelcan un poquito y ayudan. Entonces yo creo que sí, que Vista Alegre puede volver a lucir en toda Europa.

P. Y ya la última. A tus 61 años, en el gimnasio, en plena forma...

R. Es que cuando yo entrenaba siempre iba a entrenar a gimnasios asquerosos, tío. Yo pensaba: “¿Por qué al boxeo tienen que darle esta imagen de suciedad?”, y en mi mente decía: “Si alguna vez tengo un gimnasio, tiene que ser esto con mucha luz, limpieza, buen ambiente”.

P. ¿Y qué sientes al ver todas estas imágenes que tenemos por aquí?

R. De Pepe, nada, porque está haciendo su historia.

P. Pero también hay alguna tuya, he visto por allí.

R. Sí, pero pocas todavía. Las mías las tengo muy chulas en mi casa, pero aquí en el gimnasio creo que tengo una nada más. Esto es la historia de Pepe, está aquí reflejada, y en mí también.

P. A José Luis Navarro Jr., ¿qué le queda por hacer a estas alturas de la vida?

R. Hombre, él tiene todo el camino por delante. Ahora está en pleno desarrollo, formándose, está deportivamente en esta etapa, y esta etapa pasará. Si gana dinero hará una cosa y si no, hará otra, y la tendrá que afrontar con humildad y con respeto. Le queda toda la vida por delante.

P. ¿Y a ti? ¿Qué crees que te queda por hacer?

R. ¿A mí? La verdad es que me siento muy bien, físicamente y mentalmente me encuentro muy bien.

P. Estás para boxear, yo creo que puedes volver.

R. Bueno, en mi cabeza yo me creo que estoy muy bien, pero cuando subes arriba te agarra un chaval de veintitantos años y te pega una paliza que flipas. Pero la verdad es que me siento muy bien. ¿Qué me queda por hacer? Pues nada, seguir viviendo día a día, ser feliz y tener salud. No quiero otra cosa.

P. ¿Harías algún sparring con Pepe, simplemente por probar? Aunque sea de una forma no muy fuerte.

R. Al boxeo no se juega.

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