Rafa del Calli: “Siempre he visto el flamenco como un juego”
Rafa del Calli (Córdoba, 1993) suda más por la atención mediática que por la presión de los escenarios y los concursos. Días después de hacer historia en La Unión, el cantaor cordobés recibe a Cordópolis en su tablao, El Pañuelo, cerrado durante el mes de agosto. Allí, entre el silencio de un escenario sin público y unas mesas en las que todavía hay restos de la última jarana, comienza a poner palabras a lo que está viviendo desde que, en la madrugada del 9 de agosto, se convirtió en el primer cantaor en ganar el Concurso Nacional de Arte Flamenco (lo hizo en 2022) y la Lámpara Minera.
En los días previos a la entrevista, ha tenido algo de tiempo para asumir la hazaña. Aparece por la calle vestido de corto, sin el toque estético elegante y serio que se da a sí mismo cuando se sube a un escenario. Llega además sin el último trofeo, que espera en su piso a que su madre vuelva de la playa para que se traslade definitivamente a la vitrina de la casa de sus padres, y ocupe la misma repisa que el Nacional y los premios que obtuvo su referente: El Calli, un cantaor para cantaores que siempre se ocupó de inculcarle a sus hijos el amor y el respeto por lo jondo.
Posa con timidez. “Todavía no me hago a esto, mira como sudo”, dice entre risas. Mientras posa, vuelve a aparecer una característica menos solemne y mucho más humana del hombre que acaba de entrar en la historia del flamenco. Y que lo ha hecho con la humildad que le caracteriza. Cuenta que sigue queriendo ir despacio y que su objetivo no es brillar durante unos días, sino ser una luz templada que se resista a apagarse. Quiere una carrera larga cuya meta sea ser un respetado viejo cantaor. “En La Unión me dijeron una cosa muy bonita: que canté sin pegar voces. Eso me gustó mucho”, confiesa antes de que se encienda la grabadora. Y tiene sentido. Rafa del Calli habla como canta: sin levantar la voz, pero sin ocultarse.
PREGUNTA (P.). Bueno, a ver. Ahora que ya han pasado unos días, ¿a qué sabe la victoria?
RESPUESTA (R.). Pues, Juan, la verdad es que todavía estoy asimilándolo, pero es verdad que sabe muy dulce. Además, es una repercusión... No sabía que tenía tanta repercusión este premio. Yo sabía siempre de compañeros que se lo han llevado, que han salido en todos los medios y todo, pero es verdad que me ha impresionado la repercusión mediática que tiene este concurso.
El flamenco y el jazz son las músicas más extensas y raciales del mundo
P. ¿Más que el Nacional?
R. Lo que llevo vivido ahora creo que sí. Que artísticamente es verdad que para mí son las dos Champions League, ¿no?, como siempre he dicho. Pero, a nivel de repercusión, creo que este está un pelín por lo alto.
P. ¿Y a qué crees que se debe eso?
R. Pues creo que allí, en La Unión, la verdad, viven todo el año para el concurso y en ese aspecto le dan mucho valor. No es que en Córdoba no se le dé al Nacional, pero como Córdoba también es una ciudad más grande, tiene más vida o más cosas, pues en ese aspecto, a lo mejor, allí le echan un poquito más de cuenta a su concurso, al Festival de La Unión.
P. ¿Tú cómo te has visto respecto al Rafa del Calli que ganó el Nacional en el 22? Que han pasado cuatro años.
R. Sí, cuatro años. Pues sí es verdad que me noto más maduro. Juan, tío, me noto más maduro porque, claro, cuando me llevé el Nacional, estaba en el ballet. Era un cantaor que obviamente ya tenía una trayectoria a mi corta edad, pero me notaba en algunos momentos, a lo mejor, pa cantar delante, un pelín más nervioso. Me faltaba estar más seguro, tener un repertorio bien cogido. Y ahora, pues es verdad que cuando fui al concurso, yo fui a concursar como si estuviera en un recital de cante. Obviamente haciendo los cantes como son, sabiendo que estaba concursando, esos nervios van sumados. Pero es verdad que me lo tomé para disfrutarlo, como si fuera a una actuación. Y luego hacerlo a mi manera, que creo que es lo que ha valorado también el jurado.
P. ¿Te sentiste solo ya cuando te dieron el premio? ¿Llegó el punto en el que te dio el bajón y qué sentiste en ese punto?
R. No. Yo cuando llegué a la final, casi no quise decirlo, porque también soy un poco supersticioso. Me fui a la plaza, solté las cosas del camerino el día de la final, e hice lo mismo que hice en la semifinal. Me fui con mi compadre, con Luis (Medina, el guitarrista) y con mi mujer, que eran los que me acompañaban a tomarme un chupito. Que yo no bebo, yo bebo agua. Pero me tomé un chupito de whisky, que además no era un chupito, era casi un whisky solo. Me lo tomé del tirón, me calmó los nervios y, cuando ya salí a cantar, estaba un pelín más tranquilo. Y yo, en mis adentros, divisaba el llegar al hotel y poner la lámpara en el sitio donde la puse cuando llegué. Y realmente, cuando llegué, le dije a mi mujer: “Nos la hemos traído. Mira, ahí está”.
Entonces descansé ahí, pero hasta el día que colgaron allí, en el mercado, los que pasaban a la final… Es que Luis no sabía si había pasado o no, porque me acerqué al papel y, como había muchos compañeros, yo quise ser cauto, no quería venirme arriba. Y lo miré con una cara y me dijo: “¿Pensaba que no habías pasado porque tu cara no sabía si era de buena o de mala?”. Entonces creo que ha sido muy contenido y, cuando terminó, ya sí es verdad que desahogué. Ya me quedé como: “Uf, qué peso me he quitado encima”.
P. ¿Dónde está la lámpara ahora mismo en tu casa?
R. La lámpara la tengo en mi piso, pero la lámpara va a ir a casa de mi padre. Que allí es donde tengo el Nacional, en toda la vitrina donde tiene sus premios. Lo que pasa es que mi madre está de vacaciones con mi hermano Jose, que están en Conil, y estoy esperando que venga mi familia. Mi hermano Lolo está en Madrid. Haremos una comida en casa y, además, llevaré la lámpara al cementerio, igual que hice con el Nacional. Se la enseñaré a mi padre, con mi familia, y luego se la dejaré en su vitrina.
P. ¿Qué te dijo tu madre?
R. Mi madre me llamó llorando:“¡Qué contento tendría que estar tu padre!”. Y yo, cuando subí, pues también. Cuando me dieron el premio por mineras, que yo ya pensaba que la lámpara me la iban a dar, ahí subí, vamos, llorando. Me emocioné mucho porque me acordé de mi padre y dije: “Uf, ¿cómo estaría mi padre en este momento?”.
Tengo menos papeles que una liebre. Yo lo que sé es cantar
P. Más ancho que largo, ¿no?
R. La verdad que sí. Porque mi padre era muy exigente. Nunca, nunca, ni a mí ni a mi hermano nos decía que cantábamos bien. Siempre nos estaba sacando puntas. Porque su manera de enseñar era esa. Y luego, a lo mejor, lo escuchaba a nuestras espaldas y me decían: “Joe, os ha puesto tu padre por las nubes. Dicen que cantáis pa reventar, que cantáis mejor que él, que no sé cuánto”. Pero delante siempre era: “No, has podido estar mejor, has podido estar…”. Y eso era lo que, en verdad, nos hacía crecer.
P. ¿Y hoy tú crees que cantas bien?
R. Pues eso tiene que decirlo la afición, hombre. Creo que soy buen aficionado, la verdad. Me gusta el flamenco, me gusta el cante y creo que, hombre, pues que no lo hago mal. Pero ya no lo sé si soy muy buen cantaor o no. Eso ya tiene que decirlo la afición.
P. Me refería más al estándar de tu padre.
R. Ah, al estándar de mi padre... Mi padre, ya antes de irse, en el COVID, que hice un recital, me acuerdo yo, en Orive, y vino a verme. Y ya, cuando se puso malo, además, me dijo una cosa como que él sabía que se iba, antes de ingresarlo. Y estábamos viendo el vídeo que salió en televisión municipal, de mi actuación, y me dijo: “Tienes una cosa muy buena, que haces el cante tuyo”. Eso me decía. “Te escuchan y saben que eres tú, Rafa del Calli. Eso es lo bueno que tienes, que eres muy personal cantando. Y haces el cante como es”. Y esas son las últimas palabras que me pudo decir antes de ponerse malo o ya ingresarlo.
P. Rafa, ¿cómo se hace un cante tuyo cuando lo han cantado 500 antes que tú?
R. Pues, Juan, para mí el cante se hace de uno mismo... (se para a pensar) Bueno, es demasiado heavy decir que se hace el cante de uno, ¿no? Pero llevártelo un poco a tu terreno, que es la palabra que creo que es más adecuada. Mi padre siempre decía que tienes que aprender la raíz de donde viene el cante. Por ejemplo, escuchar a los antiguos. Y luego, cuando ya escuchas lo antiguo y tengas la matriz del cante tal y como es, ahí es donde se ve a un buen aficionado. Cuando tú empiezas a decirle, oye, pues si, por ejemplo, una malagueña, la malagueña del Mellizo, pues si tiene la caída que va de aquí a aquí, si en medio del camino tú le haces un dibujo que no desvirtúa el cante, sabiendo siempre y conociendo el cante, y enriqueces ese cante o le das tu impronta y tu personalidad, para mí eso es cuando un cante te lo llevas un poco a tu terreno.
Y creo que eso es, poniendo un ejemplo, lo que para mí tenemos en Córdoba: al mejor cantaor del mundo que hay ahora mismo, y el mejor cantaor que hay sin duda, que es el Pele, mi tío el Pele. El Pele es un conocedor del cante enorme, un friki del flamenco. Sabe más que el que lo inventó y hace con el cante lo que le da la gana. ¿Pero por qué lo hace? Porque tiene la personalidad arrolladora de hacer lo que quiera y, como conoce el cante, entonces el cante lo hace suyo. Para mí eso es el mero hecho de hacer con el cante lo que uno quiere y haciéndolo bien, ¿me entiendes?
P. ¿Y cuánto hay que saber pa' poder lanzarte y hacerlo tuyo? Porque es que, hostia, es que no termináis nunca.
R. Sí, la verdad, yo qué sé. Es que es muy extenso. Yo pienso que no se para nunca de aprender. Yo los cantes mineros los tenía aprendidos, pero yo la minera en sí nunca la había cantado en un recital. Yo sabía cómo era la minera, pero, claro, cuando ya te metes aquí, ya empiezas a escuchar uno, empiezas a escuchar a otro. Empiezas a escuchar a Pencho, a Encarna, a los últimos ganadores, a Miguel Ortega lo escuché mucho también cuando se lo llevó, Antonia Contreras, que me felicitó, a todos los que han ganado, Corbacho. Y claro, empiezas a escuchar a uno y a otro. Uno lo hace de una manera: “Uy, pues este lo alarga más de aquí, pues aquí…”. Y claro, ya lo metes todo en una batidora y dices tú: “Pues mira, de este me gusta esta cosita, de este, esta”. Y ahora, pues voy a llevármelo yo un poco a mi terreno y creo que eso es lo importante.
P. Me acuerdo que me dijiste el día que ganaste que estabas cantando una minera, pero parecía que estabas cantando por soleá. Y es una imagen que me viene muy potente tuya, porque digamos que es uno de tus fuertes, cantar por soleá y te sientes muy a gusto, pero claro, el palo es distinto, ¿no?
R. Totalmente. Además, allí valoran mucho la forma de hacer esos cantes, que los tercios tienen que ir sin respiración. Entonces, claro, ahí eso sí es verdad que es un don que he tenido que trabajar más en esos cantes. Yo me considero un cantaor que alargo el tercio, que tengo buen pulmón, o, como dicen, que puedo alargar bien el tercio. Pero para mí la dificultad de esos cantes es eso: darle el carácter que allí quieren, que suene a mina, que suene, que huela a aquello, a La Unión, a Levante, ¿no? Pero es verdad que luego, dentro de lo que cabe, los giros sí me los llevé un poco a mi terreno, haciendo el cante como es. Pero sí es verdad que yo intenté como si estuviera cantando eso por soleá, por malagueña, por alegrías.
P. ¿Y esa solemnidad quizás cordobesa ayuda pa cantar una minera, un cante por Levante?
R. Es que en Córdoba se sabe mucho de cante. Como he dicho, es como una ciudad que entre los flamencos siempre... Es verdad que tiene mucha fama de buena guitarra y de buen baile. Pero de cante siempre se ha dicho: «No, en Córdoba...». Y yo discrepo. En Córdoba, a lo mejor, cuando vino mi familia, pues decían que estaba a lo mejor más corta en los palos festeros de compás. Pero hoy en día todos los artistas emergentes y jóvenes que estamos de ritmo estamos bastante bien. Se canta en un repertorio muy amplio, tocamos casi todo el árbol genealógico del flamenco. Entonces, claro, yo creo que Córdoba está en un momento muy bueno de flamenco.
Arrancar un ‘olé’ en Córdoba es complicado
P. Si no hubieras ganado la Lámpara, ¿te lo hubieras tomado como un fracaso?
R. Pues no, la verdad que no. Hombre, siempre que te presentas a un concurso tú vas con las miras de intentar llevártelo, pero obviamente el aprendizaje... Yo creo que lo bueno de un concurso es el tiempo que le echas a prepararte, que te enriquece tú mismo, que no es tiempo tirado a la basura. Obviamente, luego, si tú tienes la percepción de que “sí, sí, me lo voy a llevar”, pues luego te pegas un chasco. Pero yo iba con los pies en el suelo. Yo sabía que podía, que tenía posibilidades, obviamente lo sabía, pero también sabía que podía gustar más otro compañero, otra cantaora. Entonces, en ese aspecto, fui cauto en cada momento. Yo, no sé si te lo dije a ti, pero fui como el Cholo: partido a partido. Yo fui, hice las fases en Madrid, pasé, canté en el mercado y no fui a pensar “tengo que pasar la final”. No. Voy a hacerlo bien y luego, en la final, dije: “Voy a disfrutarlo”. Y ya, como yo digo, matar el toro. Y ya que el jurado sea el que valore.
P. Claro, pero habías ganado el Nacional. A lo mejor tenías más que perder que ganar, ¿no?
R. Eso lo hablé con mi mánager, porque, claro, yo lo comenté con ella, con María (Laroca), que es de Madrid. Y le dije: “María, me presento a La Unión”, y ella me dijo: “Rafa, lo veo bien”. Y claro, le dije yo: “Pero es que yo pienso que tengo más que perder que ganar”. Porque, claro, el Nacional, como estamos diciendo, es como el culmen de los concursos junto a La Unión. Como si tengo La Unión y vengo a Córdoba, pues claro, es un... Le dije, “empatar es llevarme el concurso”. Y ella me dijo: “Bueno, no tiene por qué. El Nacional no te lo van a quitar porque no te den La Unión”. Así que, palante. Y como este verano lo tenía más tranquilo, tenía más tiempo, también cuando monté el tablao, este año está más enfocado en el tablao, está un poquito más tranquilo, dejé mi disco un poco aparcado, pues dije: “Venga, creo que es el momento”. Y la verdad que me preparé con muchas ganas, también con ese miedo y con esa presión de decir: Es verdad que también en un concurso grande ayuda un poco la trayectoria, creo, ¿no? Aunque te valoren obviamente por la actuación, yo creo que, si yo fuese jurado y se presenta un artista que ya tiene un nombre, no te digo que le vayas a dar el premio ni mucho menos, porque tienes que valorar lo que haga en ese momento, pero es verdad que en un premio de tanto abolengo, el currículum, para mi gusto, también creo que aporta.
P. Es casi una oposición, ¿no? Estos dos concursos son casi como si te hubieras sacado el máster de verdad del flamenco. En el Nacional es exigente...
R. Mucho.
P. Y este es exigente en el sentido de que tienes que cantar unos palos a los que encima no estás acostumbrado. O sea, quiero decir que ahora mismo que te queda ya...
R. No, no. Yo de concursos, obviamente, me corto la coleta. Vamos, es que creo que no hay más que esto. Y la verdad que, hombre, yo creo que sí. Para una carrera de un artista, yo siempre es verdad que desde chico he soñado el Nacional. Siempre lo había soñado porque a mi padre, en su año, le quitaron los premios… Y para mí, aquel premio fue, entre comillas, una vendetta. Porque además cuando me lo dieron lo dije. Y La Unión siempre es verdad que mi padre siempre decía: “Es un concurso muy complicado por la idiosincrasia de esos cantes”, ¿no? Y es la primera vez que me he presentado, y tenerlo, pues la verdad que me hacía mucha ilusión por tener, como decir, Champions League y el Mundial. Y tenerlo en Córdoba, que además, como he dicho, yo muero en mi tierra y vivo aquí. He estado en Sevilla, he estado en Madrid, pero he montado mi tablao aquí en Córdoba, así que...
P. ¿Tu padre cantaba por Levante o no?
R. Mi padre cantaba muy bien por Levante. Además, él es el que desde chico me impuso las mineras. Lo que es verdad es que él, a lo mejor, tenía una voz más flamenca o más gitana que la mía. Y a lo mejor, pues para esos cantes, al ser los tercios tan largos, la respiración tiene que ser más larga. A lo mejor, a él le venían quizás un pelín más incómodos. Pero mi padre cantaba por tarantos muy, muy bien. Y por cartagenera cantaba muy bien. Es verdad que la minera, a lo mejor, no era un cante que se hiciera muy común en los repertorios.
P. Ya es que, de hecho, está prácticamente extinguido, ¿no?
R. Es que hay muchos palos que ya están fuera de los repertorios.
P. ¿A ti te gustaría incorporarlos ahora al tuyo?
R. Pues sí, hombre. La minera la quiero incorporar, obviamente. Además, ahora la próxima cosa que tengo es el 29 de agosto en el Museo Minero de Teruel. Y claro, obviamente en todos los recitales que haga este año tendré que hacer la minera. Además, yo, orgullosísimo de hacerla.
P. ¿De quién es la minera que hiciste?
R. Yo hablé cuando me presenté con Jeromo Segura, que es Lámpara Minera, y a todos los compañeros que últimamente se la han llevado, pues él nos ha echado una mano. Y las letras me las hizo un muchacho de Huelva. Es que no me acuerdo bien del nombre. Porque yo pa los nombres soy malísimo.
P. Ah, ¿pero que era una minera hecha expresa?
R. Claro, expresa para mí. Las hicieron, las dos letras, expresas para mí. Y además, ayer me escribió el muchacho. Claro, que yo no tenía el gusto de conocerlo, porque yo hablé con Jeromo y él fue el que me las dio. Y me llamó y me dijo: “Mira, yo he sido el autor de las dos mineras”. Digo: “Pues, de verdad, este premio también es parte tuya, porque las letras eran preciosas”.
La muerte de mi padre me ha hecho mejor persona y mejor cantaor
P. Es que es curioso además, ¿no? Porque una minera es un cante, pues eso, como una carcelera, que van vinculados a una época del flamenco que ya está extinta, ¿no?
R. Totalmente. Además, el cante puro del minero que cantaba en la mina cuando estaba pasando la fatiga de la muerte, vamos, ese es la minera.
P. A ti te atraviesa algo, se te vienen los ancestros cuando cantas determinados temas.
R. Claro, yo intento también llevarlo a mi terreno, por eso siempre intento indagar en la génesis del cante. Y de ahí empiezo ya a tirar hasta mi época y es donde empiezo yo a encontrarme con el cante. Y claro, yo cuando la canto la siento. Obviamente, me transporto a esos tiempos, a lo que sentiría el minero cuando estaba cantando ese tipo de letras, que no salgo de la mina. Claro, esas fatigas que pasaría ese hombre en ese aspecto.
P. ¿Cómo era la letra? ¿Me la puedes recitar?
La primera decía:
«El minero, a pico y pala,
cincela su corazón.
En un jondo diapasón,
donde lleva siempre a gala,
la minera de La Unión».
Esa es la primera. Y la segunda:
«Sanará mis pesadumbres,
la minera cada día,
sanará mis pesadumbres,
siempre que en la minería,
con la lámpara se alumbre,
a La Unión en esta vía».
P. La letra es muy bonita. La cantas mejor que la recitas.
R. (Se ríe) Hombre, mucho mejor. Además, claro, cuando las canto, las tengo bien hechas en el cante, tengo que repetir el tercio y recitárselas a los míos, obviamente.
P. ¿Hubieras cambiado cualquier premio porque tu padre estuviera contigo?
R. Hombre, sin duda. Sin duda.
P. ¿Qué le hubieras dicho?
R. Puf. Pues yo daría, vamos, una mano, Juan, por hablar con él diez minutos, de verdad, en serio. Y hablar ahora mismo y decirle: “Mira dónde estoy” (Se queda pensativo). Además, su sueño también era tener un tablao. Como que teníamos el de la familia, pero verme a mí con un tablao, empezando a reconocerme en mi tierra, con estos dos premios tan importantes, funcionando bien, a mi hermano igual, mi hermano Jose, que está cantando súper bien, está funcionando muy bien... Pues claro, nada más que charlar con él y decirle: “¿Cómo estás? ¿Cómo lo ves?”. Yo qué sé... Darle un abrazo. Pa mí eso no tiene precio.
P. Esta pregunta que te puedo hacer la puedes ver jodida, pero seguro que tú la entiendes. ¿Esa pena de que no esté tu padre te ha hecho mejor cantaor?
R. Pues... puede ser que sí. También te lo digo, ¿ves? Puede ser que sí porque mi padre... Yo creo que yo era el más afín a su personalidad, porque mucha gente me dice: “Te pareces mucho a tu padre”. Porque es verdad que mi padre era un gitano por bandera, muy responsable, muy humilde, era como el patriarca de la familia. Y aunque yo soy el más chico de mi casa, ellos me dicen siempre por WhatsApp: “Eres el formal, eres el formal de la familia”. Y yo creo que, en ese aspecto, he cogido un poco el legado de la personalidad de mi padre.
Pero sí, es verdad lo que dices. Creo que cuando se fue mi padre, pues en ese aspecto sí creo que me ha hecho madurar mucho y, aparte, llevar por bandera la casa del Calli, en ese aspecto, en su cante y en su forma, y llevarlo por bandera, pues creo que sí, que me ha hecho mejor persona y creo que mejor cantaor.
P. Para quien no conozca a tu padre, ¿cómo se lo presentarías?
R. Pues creo que es una persona, vamos, amigo de sus amigos, muy buena gente. Le daba el sitio a todo el mundo, al mayor, hasta a un niño pequeño. Un enamorado de este arte, un padre inigualable, con un respeto increíble, y luego un cantaor como la copa de un pino. Además, está su discografía. Tiene sus tres discos: Sueño gitano, que es el primero; Orgullo de estirpe, el segundo, y el tercero, Sonidos con alma, que el tercero es, vamos, pa reventar: desde Paco Cepero, Vicente Amigo, Puanseco, Foforito, Montse Cortés, El Niño Seve... Bueno, una maravilla. Y luego un enamorado de su familia. Que él creo que no rompió más en su carrera porque, claro, somos cinco hermanos. Y claro, él estaba muy, muy pendiente de su casa. Él nunca quiso partir para Madrid. En eso se quedó en Córdoba porque quería estar pendiente de su familia.
Los artistas hemos sido siempre los niños pobres de la sociedad
P. Y eso, al mismo tiempo, ¿ser hijo del Calli también pesa?
R. Hombre, claro que sí. En Córdoba pesa. Yo creo que somos... Bueno, hay muchas familias en Córdoba muy flamencas. Están los Tomates, como está la casa de Merengue, como está la casa de los Chaparros, ¿no? Pero, en familias gitanas, como es la casa del Pele y la nuestra, Los Plantones, pues creo que son dos estirpes muy flamencas, gitanas de Córdoba. Entonces, claro, nacer de una de las estirpes flamencas gitanas de Córdoba, pues también pesa, claro que sí.
P. ¿Cómo veías tú tu familia con respecto a la de tus colegas cuando estabas en el cole o en el instituto?
R. Pues, en verdad, me he criado... Yo siempre he sido muy futbolero, Juan. Me ha gustado mucho el fútbol. Soy del Barça, toda mi familia del Madrid. Eso también, que me dan palos por todos lados. Pero, en verdad, la diferencia es a la hora de juntarnos en las fiestas, en Navidades, porque siempre era una guitarra, cantar. Entonces, claro, como he dicho, yo siempre el flamenco lo he visto como un juego. Yo no sabía lo que era una soleá, pero me decían... La escuchaba y yo sabía eso qué era, me sonaba. No sabía que eso era una soleá y que había muchos estilos de soleá. Pero yo, claro, lo escuchaba, como lo puede escuchar mi niña, que tiene nueve meses, y de aquí a unos años, pues no sepa lo que es una soleá, pero claro, está harta de escuchar a su padre cantar por soleá. Entonces, claro, en ese aspecto, la diferencia es que, comparado con otras familias, me he criado escuchando flamenco en casa todos los días.
P. ¿De qué año eres tú?
R. Del 93.
P. O sea que en tu generación, pues todavía había gente que el flamenco lo repudiaba...
R. Totalmente. Además, me acuerdo de que yo jugaba al fútbol, y hubo un tiempo que casi medio profesionalmente.
P. No me digas.
R. Sí, yo porque me rompí el cruzado muy joven, con trece años, y ahí, pues obviamente, ya hubo que colgar las botas. Pero, vamos, yo estuve convocado con la Selección Andaluza, que jugaba bien en mis tiempos al fútbol. Ya, obviamente, me puse más gordo, me puse a comer y me dediqué al flamenco. Pero es verdad que, claro, a mí siempre me gustaba más el fútbol que el flamenco, pero porque como lo había visto en casa, lo veía como algo natural, y no le daba importancia. Pero, con trece, catorce años, después de la lesión de la rodilla, fue cuando dije: “Papá, me quiero dedicar a cantar”. Mi padre se quedó como un poco... No le gustó.
P. ¿No se lo esperaba?
R. Eso es. Es como que le metió presión, porque él admiraba mucho a Enrique Morente, además eran amigos y todo, y decía: “Es que yo no quiero que mis hijos”, le decía a mi madre, “salgan al escenario y peguen petardazos y se vean verdes. Yo quiero que salgan ya con un nivel”. Y decía mi madre: “Bueno, pero tendrán que tener un bagaje, Calli”. “Ya, pero —le decía—, Gloria, tienen que salir que nadie diga: Uf, cómo están los niños del Calli, qué verdes están”. Entonces, claro, en ese aspecto nos apretaba mucho las tuercas, mucho.
P. ¿Tú cuándo cantaste por primera vez?
R. Pues, en el tablao de la familia siempre.
P. Pero, cuando diste ese paso pa adelante...
R. Claro, yo, por ejemplo, cuando iba a las fiestas de los gitanos, a las bodas, siempre me ponían a cantar. Estaba Raúl Núñez, no sé si lo conoces. Bueno, un cantaor de aquí. Bueno, no es cantaor pero canta en fiestas y canta más bien que el copón, lo que pasa es que no se ha dedicado nunca a esto. Y cuando había un pedido, una boda de nuestra familia o de nuestros amigos, pues siempre me ponían, a lo mejor, a mitad del corro a cantar y era como tipo un niño con diez años: “Uy, qué bien canta este niño, no sé qué”. Pero, claro, lo tomaba como un juego. Y cuando empecé, me acuerdo yo que canté una vez en el Rincón del Cante, con mi padre. Tendría yo 12 años o 13, y canté una malagueña, que se la cogí a Miguel Poveda, me acuerdo yo. Y era la malagueña de la Peñaranda. Yo no sabía ni qué estilo era. Yo la cogí porque me gustó y me dijo mi padre: “Este es este estilo”.
Y canté y entonces, al otro año, me dieron un recital con 13 o 14 años en el Rincón del Cante. Y claro, ahí empezó mi padre: “¿Te quieres dedicar a esto?”. Claro, me hizo tanta ilusión: “Sí, sí”. “Ah, pues entonces tienes que dejar un poco el fútbol de lado, métete en esto, empieza a trabajar, empieza a funcionar”. Y luego ya canté en el homenaje de mi tío El Pipa, y todo, claro, que se hizo en el Teatro Góngora. Eso creo que fue en el 2012 o 2013 también. Y ahí tendría, a lo mejor, 17 o 18 años. Ahí es cuando ya, en teoría, empecé a cantar y ya tenía un repertorio un poquito más amplio, ya estaba un poquito más hecho. Y luego ya, cuando me llevé el premio de Jóvenes Flamencos, que fue en el 2014. Ahí es cuando ya realmente sí me empecé a dedicar a eso.
P. Hostia, es que sí que eras joven.
R. Claro. En el 2014, además, yo me acuerdo que nos presentamos. Me echó la inscripción mi compadre, Alberto el Parraguilla. Tenía 20 años. Me acuerdo yo que ahí iba a algún tablaíto, al de mi casa, obviamente, pero a lo mejor iba al Patio de la Judería, a la Chiquita de El Quini, que es de mi primo. Tenía como un patio cordobés y hacíamos flamenco allí todas las noches, y yo cantaba allí todas las noches. Pero, claro, era un cantaor amateur que tenía proyección de llegar a profesional. Y me dijo mi compadre: “Os voy a presentar a los Jóvenes Flamencos”. Yo no sabía ni lo que era.
Y nos echó él la inscripción. ¡¡Cuando se enteró mi padre, se formó una!!, al Alberto le dice: “Tú, ¿pa qué presentas a los niños? ¿No ves que no están preparados?”. Bueno, pues nos llevamos yo el premio de menores de 21 años, que era el de Cayetano Muriel Niño de Cabra, y mi hermano Jose, el del premio Fosforito de mayores de 21 años. El primer año que nos presentamos, nos llevamos los dos el premio. Y ya le dije a mi padre: “¿Ahora qué dices?”. Y ya te puedes imaginar lo que nos dijo mi padre: “Ya, pero no estáis preparados. Que no habéis cantado tan bien”. Y desde entonces, me acuerdo, que ese año fue ya un no parar. Ya empezamos a trabajar con el baile, con Alba Luna, y ya a hacer recitalitos, poquito a poco. Y ya fue algo dulce, no... Empezamos de un año pa otro a funcionar.
Me gusta una carrera paso a paso porque todo lo que sube muy rápido luego también baja
P. ¿Tú, cuando estabas en el instituto, ya le pegabas a la Niña de los Peines o te gustaba Camarón de la Isla o te gustaba otro tipo de flamenco?
R. Yo es que es verdad que me da miedo decirlo muchas veces, porque en mi casa me dicen muchas veces: “Es que eres muy payo pa escuchar el cante”. Hay cantaores que me gustan más o menos, pero es que a mí me gusta todo el cante. Ahora, de Camarón sí te digo que es absurdo copiarlo. Es que es salir a perder. Querer cogerle algo a Camarón es una tontería, es como querer copiar a Messi en el fútbol. Entonces, cuando yo lo escucho, a lo mejor es cuando voy en un viaje y me lo pongo pa que se me pongan los vellos de punta. Pero si luego yo tengo que llevarme algún cante a mí, por ahí no. He escuchado antes a Mairena o he escuchado a Fosforito, que son números uno. Pero Camarón es que era muy especial.
P. Claro. Es que estamos hablando del único. Oye, ¿y eres morentiano tú o no?
R. Me gusta mucho Morente. No lo entendía de chico. Es que es muy difícil de entender.
P. Es que es una catedral, eh. Yo he pasado de “me gusta por lo que hace, pero no me llega tanto como canta” a ya volverme loco absolutamente encontrándole matices a cómo cante.
R. Qué bonito eso que has dicho. Mira, mi padre, cuando nos ponía de chico a Mairena, yo decía: “Papá, este gitano canta muy mal”. Y le decía a mi madre: “Gloria, ¡estos niños en la vida van a cantar, mira lo que dice!”. Pero es que, cuando te vas adentrando en el flamenco, como tú has dicho, te vas dando cuenta de la dificultad de cómo canta esa gente. Lo que te tienes que extrapolar. Claro, yo, por ejemplo, cuando doy clases en los colegios de cante o a algún amigo que le preparo, yo no puedo irme, si no están muy adentrados en el flamenco, al génesis porque les va a aburrir. Yo tengo que darles, como a los niños chicos, algo fácil y, cuando ya lo tengan, les digo: “¿Estás escuchando esto? Pues vámonos un pasito pa atrás”. Creo que es la manera buena de aprender.
Y con Morente pasa que, cuando no lo escuchas, te resulta, a lo mejor, hasta el metal de voz, el ritmo, algunas cosas, dices: “No lo entiendo”. Pero Morente era un genio. Un genio a la hora de componer, a la hora de ser personal. Eso sí que era un cantaor personal, vamos, personalísimo. Y luego tenía una cabeza prodigiosa. Era una persona muy especial. Además, con Kiki, que vino al homenaje de mi padre, con Kiki se lleva mi hermano Lolo muy bien y nosotros muy bien. Y bueno, y Estrella... Estrella es una maravilla, es una mujer que canta prodigiosamente bien. Pero es verdad que era un hombre hiperinteligente y, con las facultades que tenía, es que era un genio, la verdad, en su época.
P. ¿Tu padre se llevaba con él, no?
R. Sí. Además dicen que coincidían allí en Granada, que coincidieron unas pocas veces. Y claro, porque mis tíos, claro, son más del corte tradicional. A ellos les gustaba mucho Pansequito, Juan Villar, Turronero. Y, a lo mejor, mi tío el mayor, que es el único que no se dedica al flamenco, a lo mejor escuchaba a Morente y decía: “Este hombre a mí no me gusta»”. Y decía mi padre: “Bueno, hombre, pero es que es muy bueno”. Y mi tío: “Eh, no me gusta, me hace cosas muy raras”. Claro. Y era un poco también un incomprendido en su época. Pero, aun así, creo que son los dos referentes que han dejado el flamenco hasta donde está ahora mismo, que son Camarón y Morente. Obviamente, Camarón es Camarón, pero Morente ha dejado una impronta increíble, vamos.
P. Y de los cordobeses me has dicho el Pele. Si yo te digo Córdoba, ¿quién te viene a la mente?
R. Hombre, si digo Córdoba, obviamente me viene mi familia y mi padre, pero sin duda El Pele. Para mí es el estandarte de Córdoba, sin duda. Pero es que Córdoba tiene muy buenos artistas. Es que, por ejemplo, a mí Chaparro me encanta. Sus cantes... Es verdad que son cantaores de otro corte, son más antiguos. Pero Chaparro canta por soleá y canta por seguiriyas muy bien. El Toto cantaba por seguiriyas, que en paz descanse el padre, muy bien. Yo qué sé, es que del Campo de la verdad… El Guerra, por los cantes de Córdoba, canta muy bien.
Además, hace poco, en el homenaje a Blanca del Rey, tuve que cantarle a Olga Pericet una soleá de Córdoba, y me puse a estudiar al Guerra. Claro, otro, a lo mejor, dice: “Yo no me escucho al Guerra, que ya es una persona a lo mejor más antigua, no me viene bien pa este tipo de cantes”. Pues yo todo lo contrario, ahí es donde voy, a la génesis. Y luego lo extrapolé un poco a mí. Y lo escuché a ver cómo lo respira, a ver cómo hace el cante, y luego me lo llevé un poco a mi terreno. Y que te baile Olga, que baila muy bien, pues es una maravilla.
P. ¿Ayuda echar los dientes en un tablao?
R. Pues yo me acuerdo que allí, en el Tablao de La Bulería, claro, a lo mejor estaban aquellos llenos de gente y a lo mejor yo me ponía a cantar por los pasillos, me ponía a bailarle, a pegar saltos… Era chico, claro, con cuatro años por ahí. Y me acuerdo de llegar a lo mejor mi tío El Mori, mi tío El Güeñi, y me pegaban un pescozón: “Estate quieto ya, niño, que vas a echar a la gente”. Pero es verdad que creo que ayuda mucho. Ayuda mucho porque, como te he dicho, lo ves y lo aprendes como un juego. Claro, una vez me acuerdo que fui a cantarle con mi tío en una zambomba, con mi tío El Güeñi. Era muy pequeño. Y le canté a mi tía Loli, vamos, a la mujer de mi tío El Mori, y le canté por alegrías.
Y claro, yo no sabía, tendría yo 11 o 12 años, que el palo de remate de la alegría son las bulerías de Cádiz. Yo sabía que eran unas bulerías diferentes porque iban en otra tonalidad y me empecé a cantarle bulerías por medio. Claro, eso pegaba como un santo a dos pistolas. Era la peña del Taranto, en Almería, ahora me acuerdo. Y cuando termino, me dice la presidenta: “Muy bien, pero en las bulerías has metido un poco la pata”. Y yo decía: “Sé que he metido la pata, pero no sé ni por qué”. Entonces, en ese aspecto, era lo bueno, porque yo sabía las cosas, las había aprendido natural, de oído. Pero luego cuando ya empiezas a estudiar te das cuenta: “Pues mira, esto va aquí, esta tonalidad va aquí”. Entonces, obviamente, ya se ve. Pero aprenderlo así, como un juego, yo creo que es lo más fácil y lo más bonito.
P. Ahora has acabado montando tu tablao, pero igual podrías haber repudiado este mundo totalmente, ¿no?
R. Totalmente. Eso pasa. Por ejemplo, a los niños de mi hermano Jose les gusta a los dos mucho, pero los pobres míos no lo tienen. A mí me da un poco de coraje porque, claro, digo: “Joe, coño, nosotros somos cinco hermanos, dos niñas y tres niños, y los tres, y además las dos niñas cantan muy bien. Y ahora que nuestros niños no lo tengan. Que se pierda aquí la saga no me gustaría”. Pero bueno...
P. Bueno, pues tú tienes una niña.
R. Tengo una niña. Pero, claro, tiene nueve meses ahora mismo. Es muy chica.
Aunque se sigan haciendo letras de antiguamente, las fatigas de hoy son distintas gracias a Dios
P. Bueno, pues háblame de este tablao, el tuyo, porque de La Bulería a esto ha cambiado mucho la película.
R. Sí. La Bulería, ya obviamente desde que murió mi padre, mis tíos ya no querían continuar. Yo hablé con mis hermanos: “¿Lo cogemos nosotros y hacemos relevo?”. Pero, claro, la casa era muy grande, era la herencia de la familia, y ellos ya también llevan toda la vida trabajando. Lo que querían era cerrarla, venderla y ya, como aquel que dice, terminar ese ciclo. Que me dio mucha pena porque era el decano de los tablaos junto con El Cardenal, el que llevaba Merengue. Y este tablao, pues la verdad que la idea fue de mi socia, de Ana Latorre. Porque me dijo: “Nos tiramos palante”. Y claro, yo lo vi como un poco locura. Pero es verdad que con Ana me llevo muy bien desde chica, igual que Javier, que trabajaba mucho con él. Y Ana es una tía de putísima madre. Entonces, directamente nos lo dijo. Y claro, ayuda que mi mujer es abogada y estaba trabajando, porque aquí se me fue un poco la cabeza: insonorizamos todo el local, todo hecho entero de nuevo, sonido nuevo… Nos hemos gastado mucha pasta. Y ha pasado que este año lo he tenido un poco más sabático porque estaba pendiente del negocio. Y la verdad que lo montamos con mucha ilusión, con muchas ganas. Y claro, gracias también a que está mi mujer, que somos tres socios, que está ella metida en medio, que ella es la que lleva la parte fea de la empresa: números, alta de camareros, cocineros... Porque yo, Juan, tengo menos papeles que una liebre. Yo lo que sé es cantar. Obviamente, no me considero una persona torpe, pero claro, a mí me hablas de un contrato y digo: “Uf”. Además, a mí me mandan a firmar un contrato, ahora que tengo que firmar un par de contratos, obviamente lo revisa mi mánager y lo revisa mi mujer.
P. Esas son las fatigas de hoy, ¿no? El IVA trimestral...
R. Totalmente. Además, ahora hay que ser autónomo. Puf, madre mía, tío. Y además hay que pagar un montón de impuestos. Me cago en la mar serena. Que está bien, que así sea pero que los artistas pagamos una barbaridad de impuestos, Juan, y también estaría bien ya que se nos reconozca un poquito, que hemos sido siempre el niño pobre de la sociedad. Es que antes, ni en el epígrafe para darte de alta estaba cantaor, estabas como animador. Y ya, obviamente, a raíz de la pandemia, pues ya tienen un epígrafe tanto de cantaor, de palmero, de guitarrista, de bailaor principal, de cantaor solista. Ya, hombre, que tengamos un epígrafe y que se dé de alta a un artista. Porque es que antes, tú ibas a trabajar hasta para un ayuntamiento y no se daba de alta. Hacían como un recibo de colaboración. Entonces, claro, era como el niño pobre. Llegabas a tu vida laboral y había diez días, en 30 años de carrera.
P. Es que, de hecho, eso es lo que te iba a preguntar, que ha cambiado mucho la película desde que vosotros teníais esto a cómo era antes.
R. Totalmente.
P. Los propios tablaos, que en Córdoba fue una ciudad de tablaos.
R. Sí, ahora otra vez estamos, como aquel que dice, queriendo emerger un poquito, a ver si lo echamos arriba. Que es lo que hablo yo muchas veces con los ayuntamientos: “Hombre, apoyar un poquito, que la gente que venga... Que Córdoba es una ciudad que viene todo el turismo a verla, que la Mezquita tiene que venir por cojones todo el mundo a verla. Vamos, apostad también que la gente pernocte aquí y venga a ver el flamenco”. Pero es que Córdoba es muy dura. Sevilla, tío, Sevilla hay 40 y pico tablaos. Y haciendo tres y cuatro pases diarios. Aquí hacemos uno y, por ejemplo, ahora en agosto cerramos porque obviamente en Córdoba no viene nadie.
P. ¿Esto es distinto a La Bulería? Porque La Bulería había más público local, ¿no? Aquí el público local viene menos, me imagino.
R. No, no, aquí viene menos. Hombre, viene mucho turismo nacional porque es verdad que tenemos muy buenas reseñas, tenemos el cinco. Y la comida es muy buena, aquí cuidamos, y la calidad artística, pues Juan, se da calidad suprema. Aquí ha pasado desde El Farru, han pasado Dani Navarro, ha pasado El Choro, ha pasado Canales, ha pasado El Yiyo, ha pasado Jose Maya. Ahora viene Pepe Torres, ahora viene Gema Moneo, viene El Choro otra vez. Aquí fijos están El Víctor Tomate, Inma Aranda, mi hermano Lolo, El Niño Seve... Es que aquí, dentro de lo que hay, tenemos calidad premium. Pero, aun así, claro, el tablao vive del turismo. Aunque el 20% o el 15% sea de turismo nacional, lo demás es turismo extranjero.
P. ¿Qué le pedirías tú, o cómo querrías tú que Córdoba os apoyara a vosotros?
R. Pues yo creo que Córdoba debería apoyar desde que aquí también se ve flamenco. Porque yo he estado hablando con agencias de viaje y dicen: “No, los mandamos a Granada o a Sevilla”. Digo: “Pero, hombre, por Dios, si vienen a Córdoba, ¿cómo los mandas fuera?”. Y yo creo que tendría que ser desde el génesis, desde arriba, porque claro, yo soy la última piedra. Entonces, claro, que desde Cultura, Turismo, no sé quién corresponda, que se dé la orden a todo lo que sea capacidad hotelera, a todo lo que sea promoción decir: “Oye, que en Córdoba hay tablaos y flamenco de categoría”. Que vendan la marca Córdoba como se vende en Sevilla, en los tablaos. Pero eso nos cuesta. Eso es un proyecto a medio plazo. Pero también que si lo promocionas, en dos años está funcionando. No te digo que funcione como Sevilla porque obviamente es más grande y tiene más turismo, pero para que se hagan dos pases diarios en Córdoba no tiene que ser complicado.
P. Porque se han hecho, además. Ha habido etapas con menos turismo en Córdoba en las cuales los tablaos funcionaban más horas.
R. En La Bulería, que estaba en La Corredera y tenías que bajar hasta allí... Puf, La Bulería era una mina. En La Bulería se podían hacer los pases que quisieran. Había veces que, obviamente, agrupaban más y metían el grupo, pero tú podías hacer con media sala o el 75% de sala llena, que cabían 100 y pico personas, no aquí, que caben 60, 60 y pico. Puf, allí podías hacer tres pases diarios sin ningún problema.
P. A mí me sorprende, tío, el poco apoyo que hay en Córdoba a los tablaos. Es una cosa que me sorprende muchísimo, tío. Porque, además, ¿qué es el tablao para un flamenco?
R. Pues creo que es la universidad. Yo creo que todo artista que se estime, y sobre todo hoy en día, debe pasar por esto. Porque antiguamente había muchos más promotores que hacían espectáculos grandes y eso, pero hoy en día no hay artista de primer nivel que no esté... Coño, hasta Manuel Liñán va a los tablaos. Y te estoy hablando de Manuel Liñán, que en el baile hoy en día es el puntero. Espectáculo que hace, se tira tres años girándolo. Y te estoy hablando del baile, que en teoría es lo que más fuerza tiene en un tablao porque es lo que más te llama la atención, lo más visual. Pero de cantaores están todos. Hace poco coincidí en Málaga, que estuve de vacaciones. Me invitaron allí al Alegría pa verlo, y estaba David de Jacoba, que estamos hablando de que es un pedazo de cantaor, y el Rubio de Pruna, y mi hermano, me meto yo. Guitarristas, desde Rafael Rodríguez Cabeza, que está en Sevilla... Es que en Sevilla vas y hay días que coincides y estoy de cante con Jesús Corbacho, El Pulga, y de guitarra está el Salvi Gutiérrez, y de baile están La Piñona, La Moneta y El Choro. Dices tú: “Es que ¿cuánto vale un espectáculo así?”. Entonces, claro, el tablao yo creo que es el que llena el frigorífico al artista mensualmente. Y luego las galas o los festivales son los que le dan el plus económico, ¿no? Pero creo que el tablao es muy necesario, tío.
P. Y las peñas, tío. Esas sí que están pasando fatigas.
R. Las peñas es verdad que desgraciadamente se están quedando un poquito atrás. Pero yo creo que es porque la afición joven apuesta poco en las peñas. Aquí, es que si quitas El Almíbar, queda muy poco. Y me da mucha pena, porque el flamenco es la música nuestra. Yo creo que las instituciones tendrían que apoyar en ese aspecto, apoyar la música que además es patrimonio, tío. Y deberían apoyar a los tablaos y las paseas porque aportan mucho con muy poco. Porque, además, el artista, cuando va a una peña, sabe que no hay mucho dinero. Por ejemplo, yo no cobro igual cuando voy a un festival o voy a un teatro que cuando voy a una peña. Y lo entiendo, porque te llaman de la peña y te dicen: “Pues mira, hay X”, y tú te apañas. Dices: “Venga, vale”, y a lo mejor vas con la guitarra sola. Y al guitarrista no le paga el mismo dinero que cuando va a un festival porque sabe también lo que hay. Entonces, en ese aspecto, hasta el artista se vuelca también en las peñas pa echarle una mano. Pero es que yo creo que en las peñas es donde se forja el flamenco.
Yo no quiero ser el nuevo Israel Fernández, lo que quiero es vivir de lo que hago
P. Quizá el problema es que la apuesta por el flamenco es más de cara a la galería. Porque las discográficas o las radios y las teles no ponen flamenco en prime time, en los colegios no se le da la importancia que tiene, etcétera.
R. Totalmente. Es que, claro, tú vas a un bar, y todo lo subliminal que te entra en el oído música latina y reguetón. Y es normal que te preguntes qué estamos fomentando. Y eso por no hablar de las letras. Porque si tú escuchas las canciones y ves a las niñas y los niños con nuevo o diez años haciendo Tik Tok y se me pone la piel de gallina de pensar en si las niñas saben lo que están diciendo las letras. Pero es que eso ha pasado casi siempre: en España, lo nuestro, que es el flamenco, vale menos. Eso lo decía Lola Flores: “¿Por qué vale más el adjetivo que se diga en inglés?”. Si tenemos el flamenco, que es la música más extensa y la más racial junto al jazz. ¿Por qué no lo apoyamos? Y es verdad que es como dijo la Pastori en los Grammy: es una música de categoría, totalmente. Pero, para todos los gremios de música: tú le preguntas al que le preguntes, a Michael Jackson, y te decían: “El flamenco es lo más difícil de hacer”.
Es de categoría pero para minorías. Y yo sí pienso que también que en el flamenco se puede avanzar y tiene que estar en continuo movimiento, como digo, para que llegue a todos los públicos. Yo sí es verdad que me como muchísimo la cabeza en mis recitales para que, cuando yo voy a un sitio, al público le guste. A todos. Que no me diga el flamencólogo: “Madre mía lo que ha hecho, ese niño es más moderno…”. Que me diga: “Uy, qué fresco suena y está haciendo el flamenco tal y como es”. Y al que no lo escucha tanto, pues pueda decir: “Este flamenco me gusta”. Creo que eso también es una asignatura pendiente de los flamencos de hoy en día. Porque a un cantaor de 60 o 70 años, no le puedes pedir que cambie ese registro porque es de otra época. Pero los jóvenes tenemos esa responsabilidad. Es lo hace Israel Fernández, ¿no? Que llega a un sitio y gusta.
Porque sobre gustos, colores. Te puede gustar uno más u otro menos. Pero que el flamenco tiene que llegar. Y te lo dice alguien que escucha mucho flamenco, pero que yo me pongo un disco de Paco todo el día, y que si una rondeña, una taranta… Cuando llevo media hora digo: “Madre mía, cómo estoy”. Y soy yo, que amo a Paco y amo el flamenco. Entonces hay que dar el flamenco a veces para masas o para festivales. No te digo que sea todo bulería y tangos, ni mucho menos, pero ahí está el compromiso con este arte de decir: “Voy a hacer una malagueña, pero que no aburra a la gente”. Y voy a hacer una seguiriya que no me tire cinco letras cantando por seguiriya. Porque eso es bueno para el cuarto de cabales, como decían antiguamente, pa estar en una reunión que haya 20 que le encante el flamenco. Pero cuando tú tienes que dar un recital o un festival pa muchísima gente, que el 20% le encanta, pero al otro 80 ni fu ni fa, tú tienes que gustarle al 100% en general. Y eso es muy difícil.
P. Y más ahora que estamos en la dictadura del compás, ¿no?
R. Totalmente. Por ejemplo, mi hermano Lolo, yo con él me mato porque somos la antítesis en personalidad. Y él, claro, es el compás, el compás… Y a lo mejor cuando escucho a algún cantaor antiguo, me dice: “Ay, pero este no vale porque no tiene compás”. Y digo: “No, pero es que tienes que extrapolarte al tiempo en el que estaba, mirarlo con otros ojos y con otras miras”. Claro, si tú lo miras ahora, pues dices: “Hostia, está pasado de moda”. Por supuesto. Pero tú tienes que mirar que esto está grabado en los años 30 o en los años 40, los medios que había, la vida cómo era, que iban en burro, que no había coche. Entonces, claro, tú tienes que pasar a esa época. Y es verdad que hoy en día, si no estás bien de ritmo, cuesta trabajo.
P. ¿A qué fatigas le canta tu generación?
R. Pues... Es verdad que seguimos manteniendo casi las mismas letras y las mismas formas. Pero yo creo que... Yo le canto siempre, obviamente, a la alegría, a la pena y luego, obviamente, al estado de ánimo que uno tenga. Yo es verdad que siempre que canto me suelo acordar mucho de mi padre, de mi familia. Y sí es verdad que, si he tenido un problema, estoy enfadado con mi mujer, no sé... Pues llega un momento y cantas a lo mejor un poquito más sentimental. Pero es verdad que el artista, cuando se sube al escenario, es el estado de ánimo que uno tenga.
P. Claro, pero porque las fatigas son otras. Es lo que tú dices: ya no vamos en burro, ni estamos en la mina ni...
R. Las fatigas de hoy son otras. Gracias a Dios, hoy en día las fatigas pueden ser que estemos más achuchados de trabajo o menos, pero las fatigas no eran antiguamente. A lo mejor había una guerra, había un problema, que uno era de un bando, que otro era de otro. A mi abuelo lo metieron preso. Sobre todo a los gitanos, porque iban por... Robaban un melón y los metían dentro. Claro, antiguamente. Eso ha cambiado. Hoy en día los gitanos estamos totalmente en sociedad. El flamenco es una música que está metida en sociedad. Entonces, aunque se sigan haciendo letras de antiguamente, las fatigas son distintas totalmente.
P. ¿A ti te gusta hacerte tus letrillas, además, no?
R. Sí, sí. A mí me gusta, me gusta componer. No es que te diga que tenga una barbaridad, pero sí. En cada cosa sí me gusta. Tengo letras tanto por malagueña como por levante. Le saqué a mi padre dos letras muy bonitas por tarantos. Vamos, por bulerías tengo muchísimas letras.
P. ¿Es jodío componer flamenco, eh? Como que con muy poco se tiene que decir mucho.
R. Hombre, claro que sí. Lo bonito del flamenco es que cada letra cuenta una historia. Tú puedes cantar una letra de “mi madre está enferma”, y la otra, a lo mejor, te habla de que vas por el campo, has visto a las estrellas y te has enamorado de tu gitana. Cada una te cuenta una historia. Entonces, claro, con muy poco tienes que decir mucho.
P. El disco, ¿para cuándo?
R. A ver, esto todavía no lo he contado. Voy a hacer un proyecto en directo, pero grabado también en vídeo, y quiero sacarlo a principios de septiembre. Quiero grabar cada tema con una buena cámara y con buen sonido. Y cada tema en un sitio. A lo mejor uno aquí, otro en El Bailío, otro dentro del Alcázar… E ir sacándolo poco a poco. Pero en directo. Porque lo que es el disco disco lo tengo medio emperejilado, pero eso va a ser otra cosa. Quiero algo que suene fresco y natural y que me sirva también para entregarlo como dossier. El disco tiene mucho más, tienes que echarle más tiempo, tienes que meterte en el estudio. No es tan fácil, se tarda más. Y me gustaría, si dios quiere, poder dejarlo listo entre noviembre y febrero. No quiero pararme más.
P. En el flamenco, además, los discos no es como, yo qué sé, como en el jazz o en el rock, que hay que estar constantemente sacando material.
R. En el flamenco no hace falta tanto. Por ejemplo, mira, un cantaor que se ha jartado de trabajar porque es buenísimo, como Antonio Reyes, pues creo que tiene dos discos. Claro, el disco, en teoría, al flamenco no es que te vaya a dar mucho trabajo. El disco es por tener algo que se quede en la historia y tenerlo grabado. Pero es verdad que no es como Manuel Carrasco, que graba un disco y se tira tres años, o dos años, girando ese disco hasta que saque otro. En el flamenco no ocurre eso. Porque además, si grabas un disco y lo grabas además con muchísimos instrumentos, luego en el directo tú lo vas a hacer una o dos veces. Luego, lo demás, lo que te van a salir son peñas, festivales y cosas reducidas.
Me ha impresionado la repercusión mediática que tiene el concurso de Las Minas
P. Es que dices tú Antonio, pero es que Pedro el Granaíno mira la carrera que tiene y no tiene disco.
R. Pedro tiene muchísimo trabajo, además es un pedazo de artista. Es que grabar un disco es tirarte, como mínimo varios meses. Si eres un poco sibarita, como mínimo cinco o seis meses tienes que echarle, sin nada más que te robe el tiempo. Si, a lo mejor, has grabado unos pocos de temas, como ha pasado en mi caso, que tengo cuatro temas grabados, ahora los veo que el acompañamiento no me gusta, o la letra a lo mejor no me gusta. Claro, ya dices: “Venga, vamos a grabarla otra vez de nuevo”. Entonces, claro, el disco es sentarte y decir: “Lo tengo que grabar en dos meses”. Y dos meses, ni coger trabajo, ni tener mujer, ni tener niño. Es dos meses para esto como mínimo.
P. Claro. Y que encima tampoco hay discográficas. Eso te lo tienes que montar tú solo. ¿Y para qué? Porque hoy en día ya ves tú los algoritmos cómo son.
R. Está complicado. A mí es verdad que, cuando me llevé el Nacional, Chemi López, de La Droguería Music, me lo propuso y quería grabar conmigo. Pero no lo vi... Me gustó mucho la oferta y lo agradezco un montón, pero no me salió. Y luego mi hermano Lolo también me lo ha dicho. Pero le dije, vamos a esperarnos.
P. Es lo que hablábamos antes, que es muy complejo sacar un disco cuando la industria no apoya el flamenco. Mira Luis, tu guitarrista, el pedazo de disco que sacó.
R. Movimiento. Es un descaso increíble.
P. Y no ha sacado el siguiente. Aunque es verdad que los guitarristas son todos unos psicópatas para lo suyo.
R. (Se ríe). Todos. Esos están todos mal. Mira que yo siempre digo que, dentro del gremio, son los mejores: los mejores en compañerismo, en humildad. Lo que es verdad es que tienen su tara, como yo digo. Que si la uña, que si la humedad, que si esto, que si la guitarra se le queda blanda. Pero es verdad que luego escuchar a un guitarrista que hable mal de otro compañero es imposible. Es muy difícil. Son muy buenos compañeros entre ellos.
P. Y ya hemos hablado de cante, pero cómo suena Córdoba en guitarra.
R. Puf. Vamos, en guitarra, desde... Vamos, te hablo de: desde José Tomás, Luis Medina... Es que no me quiero olvidar de ninguno. De los más tradicionales, acompañando, el Chaparro. Luego El Seve, Currito... Como guitarristas, vamos, son dinosaurios del instrumento. Y más antiguos, Vicente (Amigo), José Antonio Rodríguez, Paco Serrano... Es que no me quiero olvidar, pero es que es una barbaridad. Es que tenemos muchísimo, tío.
P. ¿Sigue siendo Córdoba una isla dentro del flamenco?
R. ¿Una isla? Pues... sí, te diría que sí. Yo qué sé. Es que somos un poco diferentes, ¿no? Creo que nuestra personalidad, los cordobeses para todo somos un poco diferentes. Eso sí, creo que también no somos falsos. Somos secos, el carácter seco, pero somos de verdad. Somos auténticos. Porque, a lo mejor, en Sevilla y en Cádiz y en Jerez, porque los conozco mucho y trabajo mucho allí, hay mucha más hojarasca, como se dice, entre el flamenco, ¿no? Hay mucha más coba. “Ole, te quiero, te amo, no se puede cantar mejor”. Y, a lo mejor, a la espalda están diciendo: “Este no sabe”. Pero en Córdoba, si te dicen bien, es bien. Pero es que, arrancar un ‘olé’ en Córdoba es complicado.
P. ¿Te sientes profeta ya en tu tierra?
R. Puf, pues no lo sé. Eso tendrá que decirlo la afición. Es verdad que, hombre, de unos años pacá pues estoy más reconocido en mi tierra. Además, cuando me llaman, pues ya me dan, por ejemplo, ese sitio, eso de que uno se siente querido. A mí no me mueve el dinero, Dios lo sabe, pero sí el cariño. El cariño es muy importante: que te sientas querido en tu tierra, que cuando te llamen a un festival o a algo importante cuenten contigo. Porque, mira, por ejemplo, a mí me dolió, ahora que estamos hablando de esto, cuando me llevé el Concurso Nacional en 2022, que yo me tiré pidiendo La Noche Blanca tres años seguidos.
P. ¿En serio?
R. La pedí una vez yo, otra vez la pidió Manuel Jiménez, y la última vez, ya cuando firmé con mi mánager, que era de Madrid, María. Y a la tercera vez la cogiero. Porque María dijo: “O te da La Noche Blanca o hago un escrito muy grande, porque es muy fuerte que a un artista de La Corredera, que es donde tú eres, de Córdoba, gitano y que te has llevado el premio nacional, no te dén hueco en La Noche Blanca”. Bueno, pues ya por fin la hice en el 2025. Y no te digo que no: ahí sí es verdad que había cosas que me dolían. Decía yo: “Pero ¿por qué? ¿Cómo puede ser esto?”. “Cómo me pueden llamar pa cantar el himno de Andalucía en el Parlamento, que el año anterior lo había cantado Arcángel, el otro Niña Pastori y José Mercé” y en Córdoba no.
Te digo eso o te digo la Suma Flamenca o los Veranos de la Villa en Madrid, que agoté las entradas en diez minutos. Que le decía yo a María: “Pero yo, ¿quién soy pa agotar las entradas?”. Es que hicimos Rocío Luna y yo un mano a mano en el Auditorio Nacional de Madrid, con 1.800 localidades, entrada 35 euros, y con entradas agotadas. Y yo decía: “Mi tierra, claro, y yo amo a mi tierra. Me cago en la mar, tío, que yo pido La Noche Blanca, que creo que me la merezco”. Que yo no quiero ni Las Tendillas, que yo sé dónde estoy y tengo los pies en el suelo, pero que yo, hombre, hacer mi Noche Blanca, con mi espectáculo, en mi tierra... Hombre, que creo que ya tengo un pequeño nombre pa por lo menos estar un poquito reconocido en mi tierra. Y claro, pues esas son las cosas que a uno todavía le dolían. Pero creo que poquito a poco sí es verdad que se va reconociendo.
P. A ti te gusta ir despacio.
R. Sí, me gusta paso a paso, porque creo que todo lo que sube muy rápido luego también baja. Entonces, yo creo que el flamenco es una carrera de fondo. Y, sobre todo, que soy joven, que mi sueño es, siempre lo he dicho, que cuando tenga 40, 42, 43 años, que ya esté mucho más formado como cantaor, yo mire atrás y diga: “Uy, qué buena carrera he tenido, que ha ido siempre con la flechita hacia arriba”. Un ejemplo donde mirarme, donde me miro a un espejo, tipo Antonio Reyes. Me encanta. Su carrera: es un tío humilde, un tío trabajador, un tío currante, canta muy bien. Otro tipo, que su carrera me encanta, aunque la forma de cantar sea muy diferente, Julián Estrada. Es un tío formal, un tío que donde va, queda bien. Entonces, son artistas en los que me miro, que llevan una carrera de 20 años, no han caído en ningún momento, son tíos formales, todo el mundo habla bien de ellos. Ese es el espejo. A mí, cuando gané el Nacional, me decían: “vas a ser el nuevo Israel Fernández”. Y yo no busco eso. Yo no quiero ser el nuevo Israel Fernández, lo que quiero es vivir de lo que hago y que me reconozcan con buen cantaor. Que de aquí a unos años, diga: “Pues es un cantaor de Córdoba reconocido en su tierra y que está en todos los circuitos del flamenco importantes”. Como está, como he dicho, Antonio Reyes, Pedro Granaíno, gente que ya tiene una trayectoria y una carrera más larga que la mía, obviamente.
El Pele es el mejor cantaor del mundo y un friki del flamenco
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