ALBACETE BALOMPIÉ - CÓRDOBA CF
El Córdoba resucita de su propio caos (1-2)
Se dice que el fútbol no hay quien lo entienda, pero, normalmente, si se hacen cosas lógicas, ocurren cosas lógicas. También en este deporte. Y es que no parece ni mucho menos casualidad que el Córdoba haya tenido dos caras antagónicas en el Carlos Belmonte. En la primera, en la que Iván Ania decidió repetir e insistir con una idea que no venía funcionando en las últimas semanas, un desastre; en la segunda, con mayor equilibrio y acierto en los cambios, un equipo mucho más reconocible. Y que, de paso, sí tuvo esta noche la contundencia de la que tanto había adolecido durante las primeras jornadas. En el primer acto pudo mantenerse en pie sin saber muy bien cómo, cuando pudo recibir una goleada escandalosa y, en el segundo, logró castigar las dudas del Albacete para firmar un resultado que le permite coger aire y, sobre todo, confianza para despejar las dudas. Al menos durante una semana.
Lo mejor del primer acto, el resultado
El inicio del Córdoba fue absolutamente esperpéntico. Inaceptable, si se prefiere o, directamente, una broma de muy mal gusto. Tanto fue así que en solo treinta segundos de partido ya iba perdiendo. Treinta segundos. Los que le bastaron a Álex Rubio para desnudar todas las carencias de un equipo anticompetitivo y defensivamente funesto para hacer el 1-0. Cabía esperar una reacción, aunque fuera tibia. Pero el Córdoba tardó poco en demostrar que su inicio de temporada se podía calificar de vulgar y, lo que es peor, que no está dispuesto a aceptar que su camino indiscutible se puede corregir.
Así, el bochorno y la vergüenza no se iban a quedar en ese primer minuto. Y es que, en tan solo un cuarto de hora, el Albacete podía haberse situado tranquilamente 3-0. Afortunadamente, dos de ellos fueron anulados por fuera de juego, aunque Corpas gozó de dos claras ocasiones de gol antes de llegar al ecuador del primer acto, en el que Alberto González tuvo que retirar del campo a Lorenzo Aguado por lesión y darle entrada a Fran Gámez.
¿Y el Córdoba? Bien, gracias. Pero en el Belmonte, no; el único que comparecía era el Albacete, que no marcó el segundo de milagro. Pero los tuvo de todos los colores. Especialmente clara fue la que tuvo Mario Soberón en el 34’, cuando se recorrió más de 40 metros sin oposición hasta plantarse en el área para finalizar, si bien Rubén Alves evitó un mal mayor cuando medio estadio gritaba ya lo que parecía el 2-0.
La única certeza es que el partido, siendo generosos, era de 3-0 y que la única buena noticia estaba precisamente ahí, en el resultado. Marcharse 1-0 a vestuarios resultaba poco menos que un milagro. Ania, en la banda, ya avisaba de sus intenciones de cara al intermedio: hasta cinco jugadores empezaron a calentar pasada la media hora de juego; es decir, 45 minutos tirados a la basura.
Cambios para buscar la reacción
Tras el paso por vestuarios, Ania movió el árbol. Tres de una tacada. La banda izquierda salió al completo (Bri y Tasende tenían amarilla) y Egoitz también pagó los platos rotos. Adnane, en el costado zurdo, Albarrán a pierna cambiada y Budesca en la derecha fueron los reemplazos. ¿Cambió algo? Pues no. El Albacete era el dueño del partido. Todo lo que ocurría era lo que querían los de Alberto González. Y, pese a que Éder probó de manera tímida a Carlos Marín de cabeza (51’), fue Soberón el que tuvo la mejor con un disparo de falta que se marchó a la madera. Tal estaba siendo el desastre que Ania agotó los cambios en el 56’: Carracedo (amonestado camino de vestuarios) y Éder dejaron su lugar a Enol y Kevin.
Y, cosas del fútbol, todo cambió en segundos. De no hacer ningún tipo de merecimiento a conseguir el empate de la manera que nadie hubiera imaginado, con un envío tenso por delante de la defensa de Budesca y un remate de espuela de Isma Ruiz atacando el primer palo. Era el 1-1 y, de repente, el escenario del partido había cambiado por completo. Sobre todo a raíz del cambio de dibujo, en el que el doble pivote era claro y el equilibrio, mucho más evidente que con la apuesta de las últimas semanas.
El caso es que el Córdoba fue ganándole terreno a un Albacete que, poco a poco, se fue descomponiendo. Especialmente después de la lesión de Javi Moreno, que obligó a Alberto González a meter a Bernabéu y modificar sus piezas en defensa. Circunstancia que resultó determinante, pues fue el propio Bernabéu el que fallaba minutos después en el despeje de un centro lateral para que Percan, completamente solo, fusilara a Carlos Marín. 1-2 y locura total en el sector cordobesista, que estuvo a punto de celebrar el tercero en el 75’, pero el remate de Budesca con la zurda se marchó al larguero y no terminó de botar dentro.
De ahí al final, y pese a que el resultado le era muy favorable, el Córdoba permitió que los últimos minutos se convirtieran en un ida y vuelta constante en el que nunca tuvo el control del partido. El Albacete se rompió y, a cara descubierta, trató de establecer una igualada que rozó en un par de acciones, aunque lo cierto es que sin gozar de ocasiones tan claras como las que sí dispuso en el primer tiempo. La victoria deja al conjunto blanquiverde con la sensación de haber encontrado un camino y la certeza de saber que hay otro que no funciona. Veremos en Valladolid.
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