Diego Peinazo, naturalista: “Las vallas cinegéticas tendrían que desaparecer”
Es uno de los vástagos de la generación Félix Rodríguez de la Fuente. Aquel naturalista que entraba en el salón de casa cada semana para desvelar los secretos de la fauna ibérica. Son legión los ecologistas que se forjaron al amparo del descomunal talento divulgador del gran pionero burgalés. Diego Peinazo es uno de ellos. Aún no había cumplido la mayoría de edad cuando fundó, junto a un grupo de colegas del barrio, uno de los primeros colectivos ecologistas: Amigos del Medio Ambiente de Córdoba.
El arroyo Pedroches fue su primer campo de observación. El mismo que el de decenas de jóvenes de aquella Córdoba de los setenta que aún integraba la naturaleza como una extensión de la periferia urbana. Luego llegó la batalla del cementerio nuclear de El Cabril y el ecologismo combativo que no se conformaba con la mera contemplación de la biodiversidad. “Les llamábamos los energéticos”, afirma recostado sobre un banco del Parque de la Asomadilla.
PREGUNTA (P). ¿Y usted qué es: más ecologista o más naturalista?
RESPUESTA (R). Ahora mismo soy más naturalista. Me dedico más al tema del conocimiento de la naturaleza y la investigación en mi tiempo libre. Aunque, en realidad, soy las dos cosas. Si tú te enamoras de algo, tienes que protegerlo. Y no solo mirando las causas inmediatas, sino las que trascienden de lo local. Ni siquiera en el ámbito de España, sino a nivel mundial.
Diego Peinazo es especialista en el conocimiento de las aves. Ha peinado todos los ecosistemas de Córdoba y provincia, singularmente la Sierra y la Campiña, aunque también la Vega del Guadalquivir y la Subbética. En Córdoba se contabilizan unas 180 aves reproductoras. Si se suman las migradoras, el cómputo alcanza las 280 especies. Como provincia de interior, carece de aves marítimas y tampoco registra ejemplares propios de los grandes humedales como Doñana. En conjunto, hay representadas aquí un 56% del total de especies reproductoras de Andalucía.
En la Sierra se concentra un mayor número de aves, aunque en la Campiña habitan especies singulares que no frecuentan los sistemas montañosos. El Alto Guadalquivir aglutina un buen número de avutardas, sisones y alcaravanes. Los olivares dan cobijo a numerosas alzacolas, que vienen a criar a mediados de mayo con la intensificación de las temperaturas. “Es una especie que está disminuyendo bastante por el uso de agrotóxicos y plaguicidas, que afectan a su principal alimento: los insectos”.
La Sociedad Cordobesa de Historia Natural nació en 2018 para ocupar un espacio del conservacionismo que en ese momento estaba vacío. El ambientalismo reivindicativo estaba representado por Ecologistas en Acción, un grupo muy activo en toda España en la denuncia de la degradación del medio natural. “Veíamos que había un hueco. No existía una asociación referente en Córdoba en el estudio y la conservación de la naturaleza”, explica. “Y vimos la necesidad de crear un colectivo que estudiara la biodiversidad de la provincia, sensibilizara y realizara propuestas de conservación”.
La organización supera el medio centenar de miembros, muchos de ellos profesores de universidad, biólogos, naturalistas y docentes de enseñanza media. El colectivo se centra en el conocimiento y divulgación de la biodiversidad de Córdoba. Diego Peinazo es el presidente de la junta directiva. Son las 8.30 de la mañana de un caluroso día de agosto.
En Andalucía hemos dejado morir al lobo
P. ¿Qué define la historia natural de Córdoba?
R. Hemos cogido un término tradicional. En el siglo XIX empieza a haber investigadores que se preocupan por lo que les rodea. Es lo que se contrapone a la historia social y agrupa a la geología y la biología, aunque nosotros como sociedad estamos centrados en los ecosistemas y las especies vivas.
P. ¿Qué amenaza nuestros ecosistemas?
R. Hay una amenaza global, que es el cambio climático. Y, entre otras cosas, acentúa otras amenazas que existen.
P. ¿Por ejemplo?
R. Uno de los ecosistemas más amenazados son los acuáticos. Hemos puesto barreras en los ríos que impiden la migración de los peces. La fauna que hay en el Guadalquivir no es la que había en el siglo XIX. Todas las especies que venían desde el mar al interior de Córdoba, donde existían pesquerías que aprovechaban las sabogas, los esturiones y las anguilas, han desaparecido del Guadalquivir. Es un ecosistema que está amenazado. Los pequeños humedales, las charcas o los arroyos de la Sierra, tanto los de agua permanente como escasa, también están amenazados por las captaciones, la contaminación y la modificación del hábitat. El cambio climático acentúa ese problema.
P. ¿Cómo lo acentúa?
R. Si tenemos un verano mucho más largo, más seco y más cálido, estamos haciendo que especies que ya estaban viviendo al límite, propio del ecosistema mediterráneo, ahora agudicen sus problemas. Los anfibios y algunos invertebrados que viven en charcas, como los tríops, cuando la charca desaparece se quedan los huevos enterrados en la tierra. Y cuando regresa el agua vuelven a aparecer.
Al lado del Tanatorio en Rabanales hay una población de triops y queremos que esa charca se conserve. No es una charca permanente. A veces, las charcas temporales son muy interesantes. ¿Por qué? Porque conservan esta fauna muy especializada en ecosistemas donde el agua desaparece y no son colonizadas por especies invasoras, como el cangrejo de río americano, que necesita agua permanente.
P. ¿Qué se llevará por delante el cambio climático?
R. Muchos ecosistemas acuáticos y especies que viven en alta montaña, sobre todo en Andalucía. Aquí tenemos algunas especies que son muy escasas. Están en la zona más alta de la Subbética, en la Tiñosa o en la Sierra de la Horconera. Hay algunas parejillas de roqueros rojos, que es una especie estival. Y una planta que se llama armeria trianoi y vive en la zona más alta de la Subbética. También se la llevará por delante en Córdoba. Y las especies que necesitan veranos más frescos. Algunas especies de libélula ya han desaparecido de aquí. En concreto, la oxygastra curtisi, una libélula que necesita aguas permanentes o arroyos con cierta calidad. Había alguna población en el Guadalora y posiblemente haya desaparecido.
P. ¿Por qué se niega el cambio climático?
R. Yo creo que se niega de una forma interesada.
P. ¿Cuál es el interés?
R. La obtención de energía a través del carbono. Y, de ahí, están diciendo que tenemos que seguir consumiendo petróleo.
P. ¿Hay más intereses económicos, más ignorancia o más falta de compromiso?
R. Yo creo que es interés económico. ¿Y qué hacemos? Pues sacamos datos para defenderlo. En Estados Unidos es donde aparecen los mayores negadores del cambio climático. Podían decir que el cambio no tiene un origen antropogénico, pero la estupidez máxima es negar que se está calentando el planeta, cuando hay miles de datos y evidencias que lo demuestran.
Los grupos más negacionistas se oponen a cualquier cambio que implique una merma en nuestro modelo económico. El tema del transporte, por ejemplo, es uno de los factores principales de contaminación. ¿Quién cambia este modelo? ¿Cómo? Sería una apuesta por un modelo de transporte público y menos movilidad, pero eso hace daño en la economía.
No deberíamos decir adios a los Baños de Popea
P. ¿Somos la mayor amenaza del planeta?
R. Yo creo que sí. Pero a mí no me gusta hablar sobre las personas. La capacidad de amenaza que puede tener alguien que subsiste en un pueblo perdido no es la misma que la que pueda tener alguien con mayor capacidad de consumo. Por ejemplo, una energética que se niega a sustituir el carbono como fuente de energía o a reducirlo al máximo. El impacto de Elon Musk con su viajes espaciales no equivale a la huella ecológica de alguien que está subsistiendo.
P. ¿Los humedales tienen los días contados?
R. En Córdoba hay humedales que están conservados y si se gestionan bien no hay problema.
P. ¿Cuáles?
R. Los humedales grandes o las lagunas pueden conservarse
P. ¿Estamos hablando de Zóñar?
R. Zóñar ha perdido mucha fauna. Se está investigando para recuperar gran parte de la biodiversidad que tenía. Los humedales se han recuperado este año por las lluvias, pero la extracción masiva de agua está haciendo que esa recuperación no sea tan fuerte.
P. ¿La Campiña es el triunfo del hombre o la derrota del medio natural?
R. La Campiña tiene valores naturales que no hay en otras zonas de Córdoba. Hay un tipo de saltamontes que vive en la Campiña en lo poquito que queda de pastos en las lindes de los cultivos de secano. Se descubrió a finales del siglo XIX y no se volvió a ver hasta bien avanzado el año 2000, cuando se encontró un macho.
Esa pequeña fauna es única. De hecho, puede que aparezcan algunas especies nuevas en la Campiña, que siempre se había visto como un paisaje degradado. La Campiña puede conservar una mayor biodiversidad si se hace una gestión de cultivos más sostenible o ecológica. Si el principal foco se pone en la productividad sin tener en cuenta los efectos colaterales, estamos convirtiendo la Campiña en un páramo.
P. ¿Y los agricultores están dispuestos a colaborar?
R. El problema es que nos movemos en un ámbito donde reina la competencia: “último tonto”. Los agricultores quizás estarían dispuestos a colaborar si se mantienen las rentas agrarias. Y yo creo que hay que garantizar la renta agraria pensado en la redistribución de la riqueza. La renta agraria de unos pocos terratenientes me da igual.
P. ¿Se puede mantener la renta agraria si se dejan de utilizar ciertos productos fitosanitarios?
R. En un sistema competitivo no sería posible. Conservar la Campiña debía ser interés de todo el mundo y, por tanto, debería haber una transferencia de sectores con mayor beneficio a las zonas agrarias. Trasladar este coste a los precios sería muy injusto. Si tú trasladas lo que realmente cuesta un cultivo ecológico a la población, habría mucha gente que no podría acceder a productos de calidad.
P. ¿Conocemos nuestra Sierra?
R. Es la zona que quizás conozcamos más y donde más interés se ha puesto. Hay especies emblemáticas. Todo el mundo sabe lo que es un águila imperial y un lince, pero hay otras especies que pasan más desapercibídas. Me preocupa cuando la Sierra se convierte solo en escenario deportivo y en parque de atracciones.
Los ecosistemas más amenazados por el cambio climático son los acuáticos
P. ¿Por qué le ponemos puertas al campo?
R. Es curioso el sistema de propiedad que tenemos en Andalucía, no como en otros sitios donde existen muchos más montes comunales. Aquí los montes públicos son escasos y gran parte de nuestro campo es de alguien.
P. ¿Por qué se ha privatizado?
R. Vino privatizado con el reparto de tierras en la mal llamada Reconquista. Y se acentuó en las primeras desamortizaciones cuando los pocos terrenos comunales pasaron a manos privadas.
P. Pero el vallado cinegético se ha extendido recientemente.
R. Esa es la siguiente cuestión. Hay cotos donde quieren mantener una calidad de los trofeos porque hay un negocio relacionado con la caza mayor. Y quieren que los bichos no se vayan a la finca de al lado. Eso es un disparate. Como tenemos nuestra Sierra de Córdoba con los vallados cinegéticos no lo ves prácticamente en ningún otro sitio. En la Sierra de la Culebra o en el norte no hay un vallado cinegético y encima hay abundancia de ciervos, corzos, jabalíes y lobos.
P. ¿Usted también es partidario de desalambrar?
R. Sí. Salvo casos muy concretos y por proteger un determinado entorno o para recuperar una población de plantas. El resto de vallas tendría que desaparecer.
P. ¿Y por qué no desaparecen?
R. Porque para un coto es más rentable tener una mayor carga cinegética.
P. La administración defiende el derecho de unos pocos frente al derecho de muchos.
R. Sí. Se debía haber puesto freno al principio y no haberlo permitido. Cuando el problema se acentuó, ya hay mucho más interés en no poner normas. Es un problema para nuestra Sierra, incluso para los caminos públicos. Hay grupos como A Desalambrar que se mueven muchísimo. Gran parte de los caminos públicos, las vías pecuarias y los cordeles están usurpados. Y ahora deslíndalos y métete en litigios con quienes se apropiaron de esos caminos.
P. ¿Los Sotos de la Albolafia son un milagro urbano?
R. En los años 70, todo lo que era la ribera del Guadalquivir, desde Cazorla hasta la desembocadura, era un río donde no había vegetación ninguna por el pastoreo y otros usos. ¿Qué es lo que ocurre en Córdoba? Que aquellos islotes empiezan a colonizarse por especies de árboles que nadie toca. Las aves buscaron un refugio urbano porque en la ciudad se les pega menos tiros y hay menos depredadores naturales.
Entonces en la Albolafia empieza a aparecer una avifauna que decide dormir en Córdoba porque se siente más protegida que en el campo. Empezaron unas garcillas boyeras, que trajeron otras especies, como el martinete. Y ahora están criando en el Molino de Martos.
P. ¿Cuántas especies puede haber en los Sotos de la Albolafia?
R. En un año se ven unas 80 o 90 especies en el tramo urbano del Guadalquivir.
Hay que eliminar las barreras fluviales que impiden la migración de peces
P. ¿Hay algo parecido en otra ciudad?
R. En zonas marítimas sí. En Costa Ballena, los tres o cuatro lagos que hay vuelven locos a los ornitólogos porque hay una cantidad de aves acuáticas tremenda. En Madrid también hay algunos parques urbanos donde la fauna no está mal.
P. ¿Y es verdad que van a comer al vertedero?
R. La garcilla boyera sí. Las otras especies no comen en el vertedero. Las gaviotas tampoco.
P. ¿Hay gaviotas aquí?
R. Sí. Se ven dos especies de gaviotas. Una es la gaviota reidora, que cría en lagunas. Y luego la gaviota sombría, que se ve en invierno y es migradora. Esta aprovecha mucho los vertederos. En Córdoba se han ido moviendo conforme se movían los vertederos. El río Guadalquivir lo utilizan muchas veces como zona de baño y también para completar la alimentación.
P. ¿Por Córdoba pasan muchas aves migradoras?
R. Sí, pero esto no es el Estrecho de Gibraltar. Hay un grupo de la Sociedad Española de Ornitología (SEO) que se pone en Villafranca y cuenta las aves migradoras que pasan, sobre todo rapaces. Aquí crían águilas culebreras, cigüeñas negras, cigüeñas blancas y otros pajarillos. Por ejemplo, en este parque ya mismo están pasando los papamoscas cerrojillos, que es un ave migradora. Hay especies que solo se ven en Córdoba en la época de paso.
P. ¿Vienen de muy lejos?
R. La mayoría de Alemania, Suecia, Francia, Inglaterra. A las gaviotas se les pusieron una anilla que permitía la lectura y la que vino de más lejos fue del norte de Noruega.
P. Y van en dirección a África.
R. Esas se quedarían aquí en los vertederos. Algunas gaviotas sombrías bajaban incluso hasta África. El mosquetero musical, que va a pasar ya mismo, cría de los Pirineos para arriba. Es un migrador transárido. Es sorprendente: un pajarito pequeñito capaz de cruzar el Estrecho. Muchos son migrantes nocturnos, atraviesan el desierto y llegan a la zona húmeda de más abajo del Sáhara.
P. ¿El Guadalquivir es un enfermo de pronóstico reservado?
R. La vegetación de ribera del Guadalquivir se ha recuperado. Este bosque es muy reciente. Empezó en los años 70 cuando dejó de haber tanta presión urbana. La contaminación es menor que la que existía en los años 70 cuando el tema del alpechín era horroroso. Pero, aunque hemos mejorado la calidad del agua, hemos puesto barreras.
P. Se refiere a los embalses.
R. A los embalses que hay en los afluentes del Guadalquivir, como el de Alcalá del Río, que es el que impide la migración de los peces y ha provocado prácticamente la extinción del esturión y la anguila. En Sevilla había una fábrica de caviar y a Córdoba llegaban los esturiones, que aquí le llamaban sollo. De ahí viene la expresión “gordo como un sollo”.
P. ¿Y qué hay que hacer para salvarle la vida al Guadalquivir?
R. Primero habría que favorecer una mayor conectividad. Eliminar esas barreras, sobre todo algunas como la de Alcalá del Río. Las que hay en el Guadalquivir producen muy poca electricidad y tampoco almacenan grandes cantidades de agua. Hacerlos más permeables no sería difícil. Y también intentar hacer el río más natural en el régimen hídrico. Ahora el río tiene más agua que en marzo. ¿Por qué? Porque se utiliza como canal de riego y se desembalsa para que haya captaciones alrededor del Guadalquivir.
Lo adecuado sería que en invierno no nos encontremos con un río prácticamente seco y en verano sea más caudaloso. Nuestras especies autóctonas están acostumbradas a otro régimen hídrico. Y luego controlar toda la contaminación difusa que se produce a través de los productos químicos utilizados en la agricultura. Esos serían los principales retos que tenemos para conservar nuestro río.
Si te enamoras de la naturaleza, tienes que protegerla
P. ¿La del lince ibérico es una historia de éxito?
R. Yo creo que sí. Ahora queda ver cómo se va a conservar cuando desaparezcan las subvenciones europeas para la protección. El lince tiene un problema: que se alimenta de conejos. Y los conejos tienen dos enfermedades. Cuando les da fuerte, desaparecen o disminuyen mucho. Y luego está el tema de los atropellos. Afortunadamente la caza ilegal ha desaparecido. Es un animal que no requiere un hábitat extraordinario. Te los puedes encontrar en un olivar perdido o aquí mismo en el Patriarca. Es un bicho que no es muy delicado. Es un animal confiado y fácilmente abatible a tiros. Es valiente, tiene pocos enemigos y cuando lo ves no corre.
P. Si salvamos al lince, ¿por qué no salvamos al lobo?
R. Buena pregunta. En Andalucía dejamos morir al lobo. Es un animal más problemático que el lince. En la zona donde existe ganado, se producen ciertos ataques del lobo y tienes que tener medidas compensatorias que funcionen de forma eficaz para evitar que el ganadero se los cargue. En Andalucía, la Asociación de Amigos de la Malvasía promovió una recogida de firmas para que el lobo se vedara. Entonces era una especie de caza y se estimaba una población de 100 lobos. Las medidas que se utilizaron no sirvieron. No se le prestó atención.
P. El lobo en Andalucía ha desaparecido.
R. Sí. Desapareció por completo.
P. Hace muchos años.
R. Creo que los últimos se vieron en el año 2000.
P. Pero la Junta de Andalucía no lo ha declarado especie en peligro de extinción.
R. Claro. Tendrían que poner mecanismos de recuperación de esta especie extinta. Y creo que no quieren. No lo van a promover a corto plazo. No quieren problemas.
P. Y más con los ganaderos.
R. El grupo que llaman en defensa del medio rural dice que el campo está marginado por un sector de la población que son los “ecolojetas”. Y para ellos, el “ecolojeta” es aquel que vive de las subvenciones, no sabe de campo porque es de ciudad y viene a estropearnos nuestro sistema de vida de siempre: los toros, la caza, la pesca y una forma de entender la agricultura. Ahí meten cualquier medida que vaya contra sus intereses.
Si estás acostumbrado a tener un rebaño vallado con ovejas, te vas por la mañana y vuelves por la tarde, si hay lobo tienes que proteger al ganado. No me gustaría echar la culpa al pastor o al ganadero. Hay que dar recursos para que convivan con el lobo. Si queremos tener el lobo, y yo quiero tenerlo, tiene que haber una transferencia de rentas vía impuestos hacia su protección. No hay otra. Sierra Morena podría albergar una población de lobos que regulara el exceso de ciervos. Y las vallas no favorecen la movilidad de una especie que necesita moverse.
P. ¿Y usted se siente “ecolojeta”?
R. Es un término odioso. Nunca he vivido de esto ni la mayoría de la gente que yo conozco.
P. Dígame un bosque de Córdoba para perderse.
R. Los bosques de Hornachuelos de alcornoques, robles y quejigos. Lo que pasa es que son tan inaccesibles que tienes que verlos desde la carretera.
La laguna de Zóñar ha perdido mucha fauna
P. ¿Hay que decir adiós a los Baños de Popea?
R. No deberíamos decirle adiós. Al tema de las captaciones de Trassierra hay que ponerle un límite.
P. Y no se lo pone nadie nunca
R. No se lo pone nadie. Uno de los grandes problemas que tenemos en Córdoba es el descontrol de las urbanizaciones y la gran presión urbana que existe en la Sierra. No deberíamos decir adiós ni a los Baños de Popea ni al Bejarano. Los arroyos permanentes son una especie en peligro de extinción en Sierra Morena.
P. Pero el arroyo Bejarano ya no es permanente.
R. Sí lo es. Tiene tramos de arroyo permanente. A partir del venero del Bejarano está el arroyo todo el año. Se ha secado en los años de más sequía posiblemente porque hay captaciones potentes en la cabecera.
P. ¿Y qué hacemos con las parcelas ilegales?
R. Por lo pronto, evitar que tengan pozos ilegales. Es utópico volver a como estaba antes. Puedes pararlo y evitar que haya más parcelaciones. Intentar la máxima naturalización posible de ese entorno y evitar que se abran nuevos caminos.
P. ¿La invasión de palomas tiene arreglo?
R. No dándole de comer ya conseguimos mucho. Vaya al río una mañana y verá bandos de palomas irse a comer fuera de la ciudad. Si no le das de comer, haces que las palomas se muevan y fuera de la ciudad se encuentran depredadores, como el halcón peregrino o el águila calzada. Es una forma de regular a la población. En zonas de monumentos, hay que buscar medidas para evitar que las palomas hagan daño.
P. ¿Las cotorras han llegado para quedarse?
R. En Córdoba tenemos dos especies de cotorras. La cotorra de kramer, que lleva desde los años 80 y habrá unos 50 ejemplares. Es una especie en peligro de extinción. Hace poco llegó la cotorra argentina. Esta tiene mayor impacto en jardines y en cultivos periféricos. Empezaron con 12 cotorras y un par de nidos. Se le comunicó a Sadeco y era el momento de haber actuado, pero ya estamos quizás hablando de 100 o 200 ejemplares y puede que crezca exponencialmente.
P. En Málaga es espectacular.
R. Es un problemazo, sobre todo porque hace nidos tremendos en los árboles con un gran peso. Y a quien le caiga encima le harán daño.
P. ¿Hay menos golondrinas o lo parece?
R. Hay un estudio que dice que hay menos golondrinas, tanto por su alimentación como porque encuentra menos lugares donde criar. Necesitan criar en el interior de casas. No es como el avión común que anida en cornisas.
Es estúpido negar el calentamiento del planeta cuando hay miles de evidencias
P. Sí perdemos las abejas. ¿que perdemos?
R. Habría que hablar de todos los polinizadores. Si perdemos los polinizadores, perderíamos una gran parte de la biodiversidad y de productos de los que nos alimentamos. Si no hay abejas habría especies silvestres con la misma función. La abeja es un indicador, pero lo que está en peligro son los polinizadores.
P. ¿Por qué?
R. Entre otras cosas, porque los insecticidas sistémicos envenenan la planta.
P. ¿Cazar es natural?
R. Era natural. A mí no me gusta la caza y debería ser el último recurso para controlar un desajuste. Como actividad deportiva no la entiendo. Dentro del conservacionismo, hay gente que entiende que en el medio rural cazar un conejo cuando las poblaciones son abundantes sería tolerable. A mí no me gusta.
P. ¿Por qué hay que cuidar el planeta?
R. Porque si no no vivimos. Hay que ser solidario con la generación presente y futura.
P. Está pensando en el ser humano, no en el resto de especies vivas.
R. Que también tienen derecho a vivir. Y estaban antes que nosotros. Es cierto que es una visión muy antropocéntrica. Cuando nos extingamos como especie habrá otras que nos sustituyan y seguirá existiendo vida.
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