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Rodrigo Cortés apela en Córdoba a “confiar en el lenguaje” y detalla la génesis de su última novela, 'Hija del cielo'

Rodrigo Cortés, en Cosmopoética

Alejandra Luque

26 de septiembre de 2026 20:24 h

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En el marco de la 23ª edición del festival Cosmopoética, el cineasta, escritor y creador Rodrigo Cortés ha mantenido un encuentro con los medios de comunicación previo a su intervención en el ciclo Voces desde el Aleph. En una distendida charla con los periodistas, el autor ha reflexionado sobre los mecanismos de la creación, la fluidez del proceso literario y la confianza necesaria para enfrentarse a una historia sin conocer de antemano su desenlace.

Frente a la angustia del folio en blanco o el temor a agotar la inspiración, Cortés ha defendido que la imaginación no funciona mediante un catálogo limitado de ocurrencias. “Confías en el lenguaje y en que esa rueda va a seguir generando ideas nuevas”, ha explicado durante la rueda de prensa. “No tienes un número finito de ideas que te asignen al nacer y que tal vez se estén acabando ya. Cuando me siento a generar una historia y no sé cómo va a ser, lo que hago es deshacer el lienzo en blanco cuanto antes: escribo una frase, que te lleva a otra, y tras tres frases ya sabes lo que estás diciendo”.

Esta confianza en el propio proceso es, según el autor -que ha trabajado con actores de la talla de Robert de Niro, Sigourney Weaver, Cillian Murphy, Ryan Reynolds o Uma Thurman-, la única vía para abordar la escritura cuando no se conoce el final de la trama: “Confías en el lenguaje sobre todo cuando no sabes cómo va a terminar, porque es ahí cuando te hace falta la confianza. Llega un momento en que, como un pintor, dices: 'Ya sé el cuadro que estoy pintando'”.

Rodrigo Cortés, en Cosmopoética

Durante el encuentro, Cortés ha detallado también el origen de su novela Hija del cielo, un proyecto que ha nacido de un único destello visual. “Imaginé a una niña encerrada en un cuarto sin ventanas e inmediatamente supe que se iba a estructurar en dos voces muy distintas”. Para el autor, el interés de la novela radica en la alternancia de puntos de vista manteniendo la linealidad cronológica: el contraste entre una voz narrativa pulida y clásica y el testimonio “tumultuoso, ingobernable, salvaje y bífido” de la propia protagonista, lleno de giros sintácticos e imperfecciones gramaticales.

Preguntado por la relación entre sus distintas facetas artísticas, el director de Buried o Blackwood ha señalado que, aunque su prosa es fuertemente poética -entendida la poesía como “una manera de mirar y de descifrar el mundo a través del sonido del lenguaje”-, el verdadero hilo conductor de su obra no es una etiqueta literaria ni cinematográfica, sino la música.

“Si alguna disciplina une lo que hago en el cine y en la literatura es la música, que, por otro lado, forma parte consustancial de la poesía. Todo procede del mismo cerebro dañado, pero tienes que comprender que te vales de armas muy distintas”, ha indicado, subrayando la importancia del ritmo, el corte y la resonancia tanto en la pantalla como en la página impresa.

Fiel a su estilo, Cortés ha recordado su visión sobre el valor de la cultura, definiéndola desde la “radical inutilidad del arte”: “Las mejores cosas del mundo son inútiles y no sirven para nada, incluida la Novena Sinfonía de Beethoven. Solo sirve para mejorar el mundo, pero no mejora el producto interior bruto ni salva la vida de ningún enfermo”, ha concluido.

Público fuera, escuchando a Rodrigo Cortés, tras llenarse el aforo de Orive
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