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Gaspar Gálvez: “En Córdoba nos cuesta mucho retener el talento”

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

Jesús Ventura

24 de octubre de 2026 20:01 h

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La vida no es fácil. A veces la suerte es primordial para que un sueño se convierta en realidad. Sobre todo en un sector tan complicado como es el deporte profesional, donde muchas personas intentan llegar a la élite, pero solo unos pocos son los afortunados que lo logran. En el fútbol aumenta más la dificultad porque son más los que lo intentan. Es por ello que la constancia también está presente y más en una disciplina en el que la suerte y el trabajo son la fórmula del éxito.

Gaspar Gálvez es un ejemplo de cómo la regularidad te da los frutos. El cordobés empezó tarde en el mundo del fútbol porque no quiso apuntarse a un equipo. El Séneca le abrió las puertas y en su segundo entrenamiento se partió la tibia y el peroné. Un año lesionado. Ahora tocaba ver si esas ganas de vestir la elástica de un club eran de verdad o no. Y lo fueron. La temporada siguiente fue la suya, empezó como extremo y el resto fue historia.

Cerca de 400 partidos en el fútbol profesional para un cordobés que ha compartido vestuario con Fernando Torres o Hasselbaink, ha sido entrenado por Arrigo Sacchi, Antic o Gregorio Manzano. Además, fue un pilar en el Córdoba CF de Paco Jémez que se quedó a las puertas de ascender a Primera División. Una historia dentro del mundo del fútbol que prosigue desde el banquillo, donde entrena al CD Pozoblanco. Por todo ello, y más, Gaspar Gálvez ha charlado con Cordópolis en una de las pistas de fútbol callejero, que recuerda al deporte de antaño.

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PREGUNTA. Una vuelta a los banquillos este verano y lo haces para entrenar al CD Pozoblanco. Una nueva experiencia.

RESPUESTA. Sí, la verdad que, bueno, muy contento, porque yo he salido de mi etapa del Córdoba CF, que al final es donde empecé mi inicio en este mundillo del entrenador. Llevaba ya tiempo, casi cerca de 10 años, y es una experiencia nueva para mí salir a un nuevo club. Es un club que desde el primer momento me ha dado mucha confianza; me han depositado en mí esa confianza que al final necesita un entrenador, y más una persona, para poder trabajar. Y la verdad que estos meses que llevamos allí, con mucha alegría, sabiendo que es un reto bonito, importante, porque además es en año de centenario y en una categoría muy exigente, como también es la Tercera División.

En mi segundo entrenamiento de niño me partí la tibia y el peroné. No sé cómo volví a jugar a fútbol

P. Todo entrenador tiene sus inicios en los banquillos, pero tú, como jugador, también has tenido un inicio en el campo. ¿Cómo fueron esos inicios y cómo fue ese primer contacto con la pelota?

R. Bueno, pues tú fíjate, ahora ya lo vemos desde pequeñitos, ya en escuela, metidos con cinco o seis años. Pues yo he tenido también la oportunidad de entrenar a bebés, que dices «bebé»: son 6 años, que dice «aquí qué podemos hacer». Pero, bueno, ya los chicos se inician desde muy jóvenes porque hay muchas escuelas y, antiguamente, pues era cada uno el equipo de su barrio, y luego estaba el Córdoba y el Séneca, que eran los que, a lo mejor, los jugadores que más destacaban, pues se iban a esos dos equipos. Y yo empecé muy tarde, yo empecé en infantiles.

Es verdad que jugaba mucho en campos como estos, con los amigos, todos los días jugando, y mis amigos decían: “Pero apúntate”, y no me daba ese gusanillo, por así decirlo. Es verdad que me encanta el fútbol, pero no quería dar ese paso. Y, bueno, hasta que llegó un momento en el que un entrenador del Séneca, de mi barrio, Paco Maradona, fue el que me llevó y pude empezar ya allí, y, bueno, lo recuerdo bien y mal, porque al segundo entrenamiento me partieron la tibia. Entonces, imagínate: tibia y peroné, el segundo entrenamiento. Yo no sé ni cómo seguí jugando, pero, bueno, al final el fútbol puede con esa pasión y, gracias a Dios, no le cogí miedo y he podido disfrutar muchísimo del fútbol.

P. Pero una lesión de esa índole, en el primer año que jugabas... Era complicado volver.

R. Es tarde, y momento delicado, porque es verdad que luego hablas, y con mucha gente que me dijo que no podría porque te cuesta, empiezas tarde, te animas y encima tuve una lesión muy grave. Al final tuve un año de recuperación, con lo que conlleva eso, que no es ahora, con todos los medios que tenemos ahora... pero a mí me costó mucho. Es verdad que se portaron muy bien allí en el club, Manolín Cuesta estuvo siempre conmigo, pero luego fue todo muy rápido; luego ya empecé otra vez y ya fue todo con mucha rapidez, escalando equipos hasta llegar a un club como el Atlético de Madrid.

P. ¿Y siempre empezaste como central?

R. Empecé, más bien, de extremo derecho; luego me bajaron al lateral derecho, porque me dijeron: “Tú vete más para abajo”. Y luego, con la selección, ya iba empezando con la cordobesa, y en la andaluza se jugaba de central, y en mi último año en el Séneca ya jugaba más de central. Pasé a las categorías inferiores del Atlético de Madrid de central, pero la casualidad es que en el primer equipo del Atlético de Madrid fue de lateral derecho.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. ¿Y cómo te diste cuenta de que podías ser futbolista profesional?

R. No sé si es mi forma de ser, que no sé si es buena o mala. Mi mujer me dice que es mala, porque dice que soy muy pasota a veces y no le di esa importancia, cuando ya debería ser futbolista profesional, me refiero. Y es lo que te he comentado anteriormente, que fue todo muy rápido. Yo entré a Madrid, llegué, el segundo año ya me metieron casi en las categorías inferiores, luego al filial, primer equipo, y no es que no me diera tiempo a decir: “Macho, ¡hostia!, que estoy en el fútbol profesional y en un Atlético de Madrid”. No le fui dando esa importancia. Yo iba con esa tranquilidad, que a lo mejor me pudo ayudar en parte, llevarlo con más tranquilidad. Porque es verdad que puede ser que el verte en Madrid, en el Calderón, con grandes estrellas en ese momento que había en el primer equipo, a lo mejor te hubiera cogido ese vértigo y no hubiera podido sacar lo que uno lleva, que muchas veces puede pasar a los chicos. Pero yo lo llevé con mucha tranquilidad y creo que eso me ayudó mucho.

P. Esta vez, tu pasotismo no es malo. Te libraste de una presión muy fuerte.

R. Exactamente. Hay muchas veces, y más ahora en el mundo que vivimos… Yo tuve la suerte, lo hemos hablado antes fuera, de que no había tantas redes sociales ni tantos medios como hay ahora. Ahora hay mucha presión y, cuando llegas al primer equipo, ya te ves expuesto, y con mucha responsabilidad, y a lo mejor ese exceso de responsabilidad hay que saber gestionarlo. Hay chicos que lo gestionan muy bien; en todos los deportes es muy importante gestionar las emociones, pero hay otros que les puede llegar a costar y les puede pasar factura. Y a lo mejor esa parte de, bueno, de pasotismo, pues me pudo ayudar un poquito.

P. Se ponen objetivos muy ambiciosos para niños de diez u once años...

R. Una barbaridad. Yo ahora no lo comparto porque es que el fútbol además influye en tantas cosas... Además de tener talento, influye mucho el momento personal, que tengas la suerte, que no haya lesiones, que en el proceso de tu vida, pues, bueno, te distraigas con otras cosas. Influye mucho, y el niño de 10 años, que todavía le queda por delante muchísimos momentos que pasar, que si a lo mejor a los 12 años está en el fútbol, pero a los 14 está harto y no le gusta.

P. Y también el propio crecimiento del niño.

R. Exactamente. Claro, es que hay muchos momentos que tienen que estar todos alineados para ser futbolista, y con ocho años el niño lo que tiene que hacer es disfrutar, vivir la experiencia, estar con sus amigos, sus compañeros, por supuesto, adquirir responsabilidades que te da el deporte, tus horarios, tus valores, que eso es lo más importante, y luego ir quemando etapas y, bueno, si llega a esa etapa última donde tiene esa proyección, pues ahí centrarse un poquito más y, por supuesto, fijarse más en esa posible mirada de futuro.

Ahora tienes que ser atleta para poder ser futbolista

P. También es complicado, sobre todo para la familia. Que venga un Real Madrid, un Atlético de Madrid o un FC Barcelona a por un niño de 10 años y se tiene que ir solo.

R. Es difícil, porque, como bien dices, cada vez los niños salen más pequeñitos. Yo me fui con una cierta edad, pero ya tenía 16 para 17. Yo lo pasé mal. Al final te quitas de tus amigos, de tu familia, de tu entorno, y se pasa mal. Imagínate ahora con los niños que son alevines, que tienen 11 o 12 años, que necesitan el apoyo de sus padres, y ya te los están llevando a ciudades importantes, como puede ser Madrid, Barcelona. En muchos casos se desplazan los mismos padres con ellos, que también es un punto importante, pero ahí ya te estás metiendo una presión externa. Al final son etapas que tienes que vivir de otra manera y no con esa presión de tan pequeño.

P. Y tú has dicho que lo pasaste mal, pero ¿qué echaste más de menos?

R. Bueno, pues por supuesto, mi familia, en los momentos… Te digo que lo pasé mal los primeros 7-8 meses; luego ya vas cogiendo el gustillo porque ya estás con todos tus compañeros de equipo, la residencia, en este caso, que estaba yo, la residencia del Atlético de Madrid. Y es verdad que no había tantos medios como hay ahora, porque allí me soltaron, allí en Madrid me dijeron: “Amigo, tenéis que entrenar a tal hora, allí, averíguate”. Ahora te llevan en autobús, ya te lo dejan todo preparado.

P. Y eso curte.

R. Sí, curte muchísimo. Pero yo, es verdad que echas de menos a mi familia, mi madre, mi padre, a lo mejor en el momento más delicado, mi hermano, cuando estás un poquillo más abajo… Yo tuve la suerte, gracias a Dios, de que tenía familia por parte de mi madre en Madrid y, en momentos delicados, pues ellos estaban ahí conmigo y me han ayudado muchísimo.

P. Es que te soltaron en Madrid viniendo de Córdoba.

R. Que te sueltan. Te sueltan así. A mí me soltaron, por lo menos.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. Es muy diferente ahora.

R. Muy diferente. Yo tengo dos niñas, una de más mayor edad. Ahora se lo damos todo mucho más mascado. Y yo me incluyo. Ahora los campos, el 80 % son artificiales, todo de maravilla, y el horario, todo, te llevan allí. A mí, lo que te he comentado, me tenían en una residencia en Alcorcón y yo entrenaba en Orcasitas. Me decían que tenía que estar a las 11:00 allí para entrenar y, míratelo, tú sabrás cómo llegas. Éramos ocho chicos de allí en ese momento, pero teníamos que andar 10, 15 minutos, cercanías, autobús, y volver a andar, y luego la vuelta. Entonces eso te curte, te curte mucho el hecho de estar fuera de tu casa y el hecho también de buscarte la vida.

P. ¿Cómo fue esa sensación de ponerte por primera vez la camiseta del Atlético de Madrid?

R. Buah. El hecho de meterme en categorías inferiores... Quieras o no, son clubes muy grandes, y yo tuve la oportunidad nada más llegar de jugar dos torneos internacionales, y dices: “Esto es otra cosa, otra…”.

P. Y el ritmo tiene que ser…

R. Sí. Y luego ya, hombre, en categorías también inferiores hay muchos más medios, son jugadores, por así decirlo, elegidos de toda España, y los entrenamientos igual. Todo cambia. Después ya cuando te vas metiendo en fútbol profesional, pues se nota una barbaridad todo. Ahora ha cambiado más; ahora el fútbol, imagínate, antes era muy diferente, pero ahora ya subió los ritmos, ahora tienes que ser un atleta para poder ser futbolista.

P. ¿Y cómo fueron las horas previas a ese debut el 3 de enero de 1999?

R. Pues yo empecé a subir de categorías, yo estaba en el filial y empezaron a subir jugadores, lo típico, cuando hacen falta te suben jugadores del filial, pues hay un par de lesiones del primer equipo y te metes. Pero yo fui el primer día que subí y llegó el segundo, se me puso detrás y me dijo: “Tú ya no bajas. Tú ya te quedas aquí con nosotros”. Y dije: “Buah. Que esto va en serio”. Y, bueno, nos dieron, porque yo no sabía nada, vacaciones de Navidad; volví, entrené el 31, pero yo me creía que no iba convocado y me vine para pasar la Nochevieja aquí en Córdoba. Entonces pasé la Nochevieja, me fui el día 1 (entrenábamos el día 1 a la 13:00) y llegué allí con el cachondeo, todos los jugadores del primer equipo estaban allí. Lo primero que me preguntaron es si había salido la noche anterior, y yo les dije: “¿Yo? No, no, no”. Yo estaba muy asustado. Después me dijeron que iba a estar en la convocatoria con el primer equipo, que íbamos a Santander, y luego, pues ya pude debutar“

Piterman echó a Fabri como entrenador porque dijo una frase en una charla con los jugadores que no le gustó

P. ¿Cómo fue la llamada de Arrigo Sacchi cuando ya ibas a debutar?

R. Creo que íbamos 1-3 puede ser, o no sé, íbamos bien, y se puso 2-3 en Santander, más complicado, con Munitis en su mayor esplendor, y digo: “2-3, digo, yo ya no voy a salir. Cómo van a sacar a un pipiolo allí”. Y me sacó los últimos minutos, y la verdad que fueron muy bonitos después, porque en el momento lo pasé mal, porque empezó Munitis a encarar. Yo no sé cuántas veces me encaró. El chaval diría: “A por este voy”. Empezó a encararme allí y, bueno, al final ganamos 2-3 y la verdad que muy bien. Y la verdad que Sacchi conmigo, de primera hora, ha tenido mucha confianza. Es lo que hemos hablado: en el fútbol, al final, tienes que tener la confianza en el entrenador y, con los jugadores que había allí de tanto nivel, confiar en mí, pues siempre estaré agradecido.

P. Y en un momento clave. Alguien te tiene que dar la oportunidad

R. Sí, exactamente. Es que alguien tiene que confiar en ti por algo, porque encajes, por ejemplo. Es verdad que puede ser porque haya lesionado alguno del primer equipo. Yo, en este caso, no fue por lesión, fue porque le entré por los ojos y dijo: “Este chico que esté aquí con nosotros”, porque vio algo en mí que, por su forma de ver el fútbol, pues le encajó perfectamente. Y tienes que tener esa confianza, porque tú notas la confianza de un entrenador para poder dar tu máximo en el fútbol. Hay momentos en el que puedes estar atravesando un momento malo, pero sigues teniendo esa confianza y tú seguramente das siempre tu versión, y yo tuve la suerte de que confió de primera hora. Te lo he dicho anteriormente: fue el primer entrenamiento y me dijo: “Tú ya no bajas”. Entonces uno sabe que tiene que explotar, se siente querido, se siente respaldado, se siente protegido, por así decirlo. Por supuesto, tú te lo tienes que ganar luego en el entrenamiento, pero sabes que, si tú estás bien, el entrenador va a confiar en ti.

P. ¿Cómo era el día a día con esa plantilla? Al menos en los primeros meses.

R. Imagínate, salir de la residencia, irme para allá... Mis compañeros flipaban. Iban a verme al Calderón y también con mis padres. El día para mí era una fiesta, por así decirlo; fueron mis mejores momentos, porque también empecé ahí con la selección española y, bueno, yo, es que sin darme cuenta, no sé, me salía todo solo, y la verdad que me sentía muy respaldado en Madrid. Me sentía muy querido y la verdad que fueron unos años muy buenos para mí.

P. Lo único que para el club no fueron del todo buenos.

R. Fueron años convulsos, sí. Ese año que debuté estuvimos bien. Fue un año normal, pero es verdad que el año siguiente fue toda la intervención judicial a Jesús Gil, entró el interventor, y ese año incluso había mejor equipo, pero allí no se hablaba de fútbol, allí se hablaban de otras cosas. A mí pilló igualmente joven, muy joven. No es como ahora, que ahora las plantillas son muy jóvenes; allí eran ya gente más veterana y tenían sus cosas, sus contratos, su historia, y al final, si en el fútbol no estás con los cinco sentidos puestos, ya puedes ser quien seas, que luego no rindes en el campo.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. ¿Hasta qué punto afecta lo del exterior a la plantilla?

R. Afectó mucho porque solo se hablaba de lo que no era deportivo. Nosotros íbamos a jugar, imagínate, a Valencia y del partido no se hablaba. Muchas reuniones en el vestuario, muchas cosas. El interventor paralizando muchas historias; incluso un día fuimos a entrenar y nos encontramos con el lío allí. El Calderón tenía un pasaje que es por donde está debajo de la tribuna, el pasaje por donde entrábamos nosotros, la puerta cero, y el pasaje estaba lleno de furgones de la Guardia Civil. Entonces decía: “¿Qué pasa aquí?”. Y fue un año incluso que llegamos a la final de Copa del Rey, la perdimos. Fue un año malo. A mí me curtió mucho. Es verdad que es un año que recuerdo con doble sabor, entre amargura y dulzura, porque para mí fue un año bueno en lo deportivo: jugué muchos partidos, mucha confianza, pero es verdad que el bajar con el Atlético de Madrid es complicado.

P. ¿Cómo se afronta eso siendo tan joven?

R. Pues te puedo decir que mal. Por ejemplo, veníamos de Oviedo y nos cogió el Frente Atlético cuando paramos en una estación de servicio, y eso había que verlo. Eso daba miedo, y yo por ahí solo con mi bocadillo de lomo, y digo: “¿Dónde ha salido tanta gente encapuchada?”. Y se pasó mal, pero yo, quieras o no, lo que te he dicho, a lo mejor tengo la capacidad, o la virtud, o el defecto, de que las cosas malas las intento apartar rápido y centrarme en el momento en que estoy. De verdad que fue un momento delicado, porque yo también empezaba en Primera División, pero tuve la oportunidad de seguir jugando en el Atlético de Madrid un tiempo más y me ayudó para hacerme más futbolista, para afrontar un año complicado siendo muy joven, y para afrontar luego los retos complicados que siempre va a tener el fútbol.

P. Ese año se recuerda en la historia del Atlético de Madrid como una mancha negra.

R. Es que es una mancha negra porque fue en un club como es el Atlético de Madrid, por los jugadores que tenía. Hay clubes que bajan y pues es más normal por presupuesto, por plantilla, pero teniendo la plantilla que teníamos allí era impensable. Es que era impensable. Teníamos a Solari, Rubén Baraja, Kiko, Hasselbaink, que fue pichichi... ¿Cómo puede ser que un equipo baje siendo el pichichi tu delantero? Pero es lo que hemos hablado: ya puede ser el Atlético de Madrid, puede ser que, si todo no está en la misma sintonía, no hay futuro.

P. También, imagino, es lo que pase fuera. Porque encontrarte los furgones de la Guardia Civil cuando vas a entrenar...

R. Pues ver que es lo que te digo: un día la Guardia Civil, otro día el Frente Atlético allí, otro día reunión porque ha venido el interventor Ruiz... Muchas historias que no son buenas en ningún deporte y, en este caso, el fútbol, pues menos aún.

El año con Paco Jémez en el Córdoba CF es el que más he disfrutado del fútbol

P. Después ya pasaste por Oviedo y Valladolid, y después de vuelta al Atlético de Madrid. Una etapa que te curtió

R. Fui a Oviedo, disfruté allí, fui en verano y hasta enero. Una ciudad que me encantó; era mi otra salida, por así decirlo, también ya solo, porque estuve en Madrid, luego ya me fui, pero ya tenía 21 años, y me fui. Coincidí con un grupo humano fantástico, una ciudad espectacular, un ambiente de fútbol tremendo. Y luego también, lo que hablamos con el Atlético de Madrid: en este caso, como ese año estaban en Segunda todavía -el Atlético de Madrid estuvo dos años-, quería un equipo más veterano. El director deportivo era Paulo Futre, y quería que me siguiera haciendo en Primera División, que ese proceso de intentar subir el Atlético de Madrid a Primera División era con un bloque más veterano, y ellos querían que siguiera jugando. Tuve esas dos cesiones, y la verdad que me vinieron fantásticas. Luego, en Valladolid, igualmente disfruté mucho del fútbol. El primer año me costó un poquito más los primeros cuatro primeros meses, pero luego el siguiente medio año y al otro año también fueron de los años mejores que he podido deportivamente estar.

P. Tiene que ser complicado adaptarte a la ciudad, a otro equipo, a otros jugadores, a otro entrenador...

R. Eso nos está pasando aquí en el Córdoba CF. Vienen muchos chicos ahora al primer equipo nuevos, gente joven, y queremos que de primera hora ya rindan a su máximo nivel, y esos son los elegidos. Hay muchos que, lo que dices: nueva ciudad, nuevos compañeros, a lo mejor la primera vez que sales de casa, el nuevo entrenador, otra forma de vivir… Cada ciudad vive el fútbol de manera distinta. En todos lados se vive con pasión, pero hay ciudades que lo viven con una pasión fuera de lo normal, y otras, pues, bueno, diferentes, y con todo eso se tiene uno que encontrar. Se intenta hacer lo más rápido posible esa adaptación, pero cuesta, y a mí, bueno, yo tuve la suerte de que en los dos sitios encontré un grupo de jugadores muy familiar, que son muy importantes. Yo creo mucho en los grupos, en el grupo humano dentro del vestuario, y en esos dos años lo encontré, y sobre todo en mi año de Valladolid, que era un grupo bueno, que todavía guardo muchos recuerdos. De hecho, tengo muchas amistades con muchos de ellos, nos seguimos llamando, nos seguimos hablando, y eso es muy importante para un jugador.

P. ¿Y cómo fue la vuelta al Atlético?

R. Bien porque ya venía con otro cartelito, por así decir. Siempre tienes el cartel de canterano, pero ya venía con cerca de 60 partidos en Primera División y no es lo mismo. Llegué al Atlético de Madrid y es verdad que ahí tuve esa pequeña suerte, de la que hemos hablado también, que se necesita en el mundo del fútbol, porque estaba en la misma posición con Colsa, un pedazo de lateral, de la hostia, porque además venía como una moto. Entonces, se lesionó, ocupé yo su puesto, en ese momento empecé yo a jugar más de lo habitual y prácticamente me tiré todo el año jugando. Luego llegó él, se recuperó de la lesión, pero los entrenadores que tuve en ese momento confiaron (era Gregorio Manzano) en mí.

P. Ya asentado en el Atlético de Madrid.

R. Yo he tenido momentos complicados por los descensos en el fútbol, que es lo que hemos hablado, porque al final estás expuesto a eso, pero yo he tenido la suerte de que, prácticamente en todos los equipos que he estado, he sido una pieza clave. De jugar casi siempre de titular. Menos eso, lo que te he dicho, esos cuatro meses en Valladolid que me costó entrar. Luego, en los demás equipos, prácticamente he tenido la confianza del entrenador, y eso es difícil. Y ese año en el Atlético de Madrid lo jugué todo y, hombre, los años que he estado, los dos años y medio que estuve en el primer equipo, he jugado los dos años y medio todos los partidos.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. ¿Y cómo saliste del Atlético de Madrid?

R. Me costó porque yo creo que en la vida hay que tomar decisiones. Yo me equivoqué: jugué todo el año en el Atlético de Madrid, estuvimos a punto de entrar en la UEFA, al final no entramos, no entramos por un gol, y entró el Sevilla. Ese año había jugado todo. Hubo cambio de entrenador en el Atlético de Madrid, entró César Ferrando y se fue Gregorio Manzano, y él, pues confió en otro chico. A mí me quedaba esa temporada y otra más, y a lo mejor tenía que haberlo peleado, aguantado. Sin embargo, y entre todos, por así decirlo, un conjunto de gente ahí que mueve este mundillo, pues me hicieron ver que la mejor forma era ir al Albacete. Yo estaba encantado porque no quiero decir nada malo del Albacete, un club igualmente histórico, pero no esperé al Atlético de Madrid. Tuve que esperar; el Albacete estaba ahí y ellos, pues peleaban en posiciones de Primera División. Yo creo que podía haber optado por otra cosa, y sobre todo porque me costó el cambio, me costó adaptarme un poquito más a la ciudad, llegué también tarde, que cuando un jugador llega ya empezada la pretemporada siempre le cuesta más. Y tengo muy buenos recuerdos también de Albacete, porque es una ciudad fantástica, pero en lo deportivo me costó mucho.

P. ¿Cómo fue esa llegada al Albacete tras dejar Madrid?

R. Me costó porque yo venía de jugar todo. Yo, al final, creía que podía estar en el Atlético de Madrid y fue un poco rápida la salida. Llegué ya empezada casi la Liga y el tema deportivo pues me costó un poco. Es verdad que tuve la oportunidad de jugar, pero no me encontré en mi mejor momento. No era mejor ese Gaspar del Atlético de Madrid, que me notaba fuerte, me notaba con esa confianza, que decía que podía ganar cualquier duelo allí. No sé el motivo; no sé si es porque mi cabeza estaba pensando que a lo mejor no era la decisión correcta, porque creo que tendría que haber peleado más en el Atlético, pero fue un año complicado. Jugué muchos partidos, jugué casi 30 partidos, al final casi toda la temporada, pero no fue mi mejor versión, por así decirlo.

P. Ya después, el Alavés.

R. Firmé cuatro años en Albacete y al final solo estuve uno. Me fui al Alavés y ahí también he disfrutado mucho. No sé, pero me he sentido muy querido por la afición. Cogí los galones muy rápido y es verdad que tuvimos un periodo ahí muy loco con Dimitri Piterman, que, bueno, es una figura que no sé cómo puede llegar ahí a dirigir un club. La verdad que lo sufrimos allí. Ahora, echando la vista atrás, digo: “Pero coño, ¿cómo aguantamos eso?”. Yo creo que nos metimos en el día a día y, como era cada día una locura a cuál más grande… Si te puedo contar allí locuras máximas, pero la verdad que fue lo peor que creo que le ha podido pasar al Alavés en muchos años.

P. Has tenido algunos presidentes...

R. El juego que habría dado Jesús Gil a día de hoy. Pero bueno, Gil era temperamento. Lo veías y decías: “a ver qué nos suelta hoy”. Estábamos un día comiendo y te soltaba una allí con la que te quedabas con una cara… iba con sus dos guardasespaldas, y una locura. Y Piterman, pues igual. Gil por lo menos, estaba en su despacho, en sus cosas, pero es que Piterman lo hacía todo. Es que era el médico, era el preparador físico, era el entrenador… yo qué sé, si casi te faltaba llevarte en el autocar. Decías: “Pero este hombre, ¿cómo puede hacer esto?”. Lo llevaba todo. La figura de Chuchi Cos, que era el entrenador casi que no servía y también te digo que pasaron cinco o seis entrenadores. Yo he tenido la de estar con un entrenador como es Fabri, de dar la charla al mediodía, irnos a comer, la siesta, bajar y decir: “¿Dónde está Fabri?”. Fabri ya lo había echado, porque había dicho una frase en la charla que no le había gustado a Piterman, y lo echó. Así no se puede.

En el fútbol de ahora, los niños están más expuestos y tienen una responsabilidad que no saben gestionar

P. Una anécdota que tú recuerdes que puedas contar de Piterman.

R. Pues mira, pues la de Fabri, por ejemplo. Otra es que echaba a todo el mundo. Es que nosotros teníamos un psicólogo que luego el psicólogo se tuvo que buscar unos psicólogos, porque yo creo que los necesitó. Y fuimos a jugar a Sevilla y el psicólogo, pues antes de comer nos reunía a todos y nos preguntaba una visualización de cómo podíamos afrontar ese partido, de lo típico. Igual en un acto, a lo mejor de sinceridad, nos dijo que este partido era muy complicado. Porque era el Sevilla potente. Teníamos allí a Piterman, que estaba siempre metido con nosotros, y le pasó a igual que Fabri, que no se volvió en el avión: lo echó.

Por otro lado, era un día de Reyes, entramos al vestuario y vemos a alguien con una máscara veneciana allí. Dijimos: “¿quién es?”. Pues era Piterman, que quería meterse así en el banquillo, y estaba indignado porque el árbitro le decía que así no se podía poner en el banquillo. Son cosas que no son normales.

P. Al final son historias que las has vivido.

R. Las he vivido. Son historias, y son historias que algunas en el momento te parecían graciosas, pero luego es que es una locura. Y es una pena, porque luego dejó al club en un estado lamentable, que le ha costado muchos años recuperarse.

P. Si no me equivoco, acabas descendiendo tanto con el Alavés como con el Albacete. ¿Cómo se viven también esos dos descensos después de lo vivido con el Atlético de Madrid?

R. Son diferentes, porque al final, lo que te estoy diciendo, yo sé que voy al Alavés, que voy al Albacete, que son equipos que, por presupuesto y por plantilla, te va a dar para pelear por ello. A lo mejor, de lo que te dije que yo me equivoqué porque venía del Atlético de Madrid. Tuve la oportunidad de ir al Valencia ese año, me llamó Benítez, se preguntó por mí, se interesó, pero hubo otros intereses y por eso acabé yendo al Albacete. Pero son descensos diferentes, porque al final tú sabes que puedes estar peleando por eso. Es verdad que el del Albacete se veía, porque tuvimos un año muy regular, pero el del Alavés no, porque fue en el último segundo. No sé si te acuerdas, un gol de Corominas contra la Real Sociedad en el último segundo. Entonces eso dolió muchísimo, porque nosotros íbamos ganando el último partido al Dépor y todo el estadio con una euforia loca. Porque iba empatando el Espanyol con la Real Sociedad, el empate nos valía y, en el último segundo, marcó Corominas y nos fuimos a Segunda. La verdad que dolió mucho, porque fue un año que lo peleamos mucho.

P. Y después, si no me equivoco, ya se interesó el Córdoba. Llegaste a casa.

R. Sí. Lo que quería: llegado un momento, que el Córdoba me llamara, y me llamó. Estuve dos años más después de ese año en el Alavés, estuve tres al final, y vine aquí a Córdoba, donde he estado cinco. Lo que quería era volver a mi ciudad, con mi gente. No había tenido la oportunidad de disfrutar de la camiseta del Córdoba, y, gracias a Dios salió. Muy contento y agradecido.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. ¿Cómo fueron esos años?

R. Fueron años bonitos. Es verdad que, cuando firmé aquí, el Córdoba en esa época en Segunda también estaba peleando por no bajar. Son años en los que estaba ahí a mitad de tabla o por no bajar. Creo que fue el año ese en el que también se salvó en un último penalti que falló el Cádiz... Una locura. Tuvimos años nosotros también estábamos en mitad de tabla, en tierra de nadie, y luego ya llegó Lucas Alcaraz. El equipo ya empezaba a pelear un poquito más en zona más media-alta y hasta el año que llegó Carlos González, que fue el año de Paco Jémez, que fue el año donde más he disfrutado del fútbol.

Ahí creo que se cambió un poco todo el pensamiento, porque fue el año ese que nos metimos en play off y a partir de ahí el Córdoba empezó ya con play off, subió a Primera División, luego más play off... Entonces fue como un cambio de mentalidad y la verdad que fueron cinco años muy bonitos para mí.

P. ¿Cómo fue ese año con Paco Jémez?

R. La verdad que para mí es donde he disfrutado más del fútbol, con un grupo humano de la hostia, con un equipo que en parte se preveía, y de primeras parecía que no iba a ser así. Eran jugadores que venían de categorías también más bajas, jugadores no conocidos, y al principio a mí me sacaron de un ERE. Llegó Carlos González ese año, nos metió en el ERE a cinco compañeros. Al final negocié y tuve la suerte de salir, porque al final tuve la suerte entre comillas porque el estacazo que me metieron fue tremendo. Gracias a dios pude disfrutar ese año.

Siempre lo hablamos cuando nos juntamos los de esa temporada, fue un año en el que era mirarnos a la cara en el vestuario y ya sabíamos que íbamos a ganar. Se creó una atmósfera allí muy buena, con Paco Jémez, que estaba en su esplendor, y el tío que también tuvo la suerte de ver un grupo que decía: “Todos para allá” y todos los seguíamos. Era un fútbol muy apetecible, muy vistoso. Volábamos, porque el equipo corría, presionaba, y era una locura. También disfrutamos mucho del fútbol. La pena es que, bueno, es algo que nadie esperaba, meternos en los play off. Es verdad que luego nos enfrentamos a todo un Valladolid, que también en esos momentos era un equipazo, y no tuvimos esa suerte de poder ascender.

P. Un equipazo, pero que no llegaba con ese cartel al principio de temporada.

R. Aquí en Córdoba se han hecho muchos equipos con mucho nombre; aquí han venido siempre jugadores ya contrastados en la categoría, y, pues, ese año, muchos chicos del filial: Fernández, Fuentes, Javi Hervás... Había muchos chicos que estaban en el filial que luego te das cuenta de que luego han jugado todos en fútbol profesional. Esa oportunidad de la que estamos hablando siempre te la tienen que dar. Luego venía López Silva, que venía del Cádiz de Segunda B, Carlos Caballero, Patiño, estaba Charles, Pepe Díaz; Borja, que venía del Rayo, pero era un canterano que ya estaba empezando a despuntar; también Tena... Y son todos que ahora los añoramos, pero al principio decías tú: “A ver, estos chicos, cómo responden”. Les tienes que dar esa confianza, sentirse a gusto, ver un entrenador que también te da mucho.

P. También había mucho jugador cordobés y eso se ha perdido.

R. Ahí estábamos Alberto Aguilar, Fuentes, Fernández, Javi Hervás, yo... Habíamos por lo menos cinco, seis en el primer equipo, más los más chicos que salían de cantera, que debutaron unos cuantos.

Siempre estaré agradecido a Arrigo Sachi por la confianza que tuvo en mí

P. Eso se ha perdido.

R. Se ha perdido porque yo creo que al final influye todo, porque los chicos cada vez se van más rápido fuera, a otro equipo. Nos cuesta retener talento aquí porque en Córdoba hay mucho talento. Al final tú te pones a mirar por toda España y dices: “Este es de Córdoba, este también...”. Y eso ha sido históricamente así. También hay mucha gente de Córdoba y de cantera.

P. Pero es que ya se van a equipos de todo tipo, no solo los grandes.

R. Exactamente. Lo que antes era Madrid, Atlético de Madrid, Barcelona, Villarreal, ya cuando empezó a entrar fuerte, ahora es que ya es toda España. Ahora se van a toda España. ¿Cómo podemos proteger eso? Hay muchas maneras. Últimamente, aquí se ha cogido también a muchos chicos de fuera; se ha puesto la moda esa de, incluso en juveniles, traer muchos chicos de fuera al filial, y es que ellos, los chicos, tienen que ver la confianza que deposita el club en ellos, que se vean con la capacidad de que algún día pueden vestir la camiseta del Córdoba. Y yo creo que, al final, ese sentimiento se tiene que crear desde pequeño y, porque, hombre, a todos nos gustaría ver un Córdoba con gente de aquí, salida de la cantera, y si es de nuestra ciudad, como te he dicho anteriormente, pues mucho mejor.

P. Ya no hablamos de que en el primer equipo del Córdoba haya cinco o seis cordobeses como con Paco Jémez. Pero al menos que haya representación.

R. Siempre tiene haber un motivo para que te den siempre esa oportunidad. En ese año veníamos de un presupuesto más recortado y se le da la oportunidad como ha pasado con el Barcelona. Son extremos diferentes, pero al final el Barcelona ha pasado por momentos económicamente en el que no podía firmar y ha tirado de cantera, y ahora dices: “Hostia, pero qué talento hay aquí, ¿no?”. Siempre te tienen que dar una oportunidad; a lo mejor te la dan en otros sitios, porque en el primer equipo nuestro no, y en ese año se la dieron a chicos que venían del filial. Es que esos chicos luego han estado: Fuentes en el Espanyol y en el Osasuna; Fernández, en el Zaragoza, Javier Hervás en el Sevilla de Europa. Esa es la oportunidad; yo creo que lo he vivido, y yo sé que hay talento en la cantera, y ojalá que algún día ese empujoncito se lo podamos dar.

P. Volviendo a tu carrera en el Córdoba CF. ¿Te acuerdas ese partido en Balaídos que sirvió para clasificar al play off? Aquel Celta también le valía el punto para conseguir el ascenso directo. Qué partido...

R. Yo creo que fue el partido más aburrido, placentero y, más largo de mi vida. Fue como la película esa de El penalti más largo del mundo. Menos mal que a mí me pilló en el banquillo. Incluso Balaídos también lo decía, cada vez que pasaba del centro del campo, abucheaba a todo el equipo. Es que ahí es normal. Es que yo, si necesito ganar, yo voy a ganar, porque yo peleo para ganar, pero, cuando tu objetivo en la última jornada es un punto para cada uno, que la has peleado durante 30 y tantas, es innecesario. Ahí no estás haciendo nada. Al final estás protegiendo tus intereses, que te los has ganado durante un año. Tú no estás adulterando nada, porque otra cosa es que te dejes perder, entonces, para beneficiar a uno y perjudicar a otro, no. Yo voy a proteger mi punto, el que me ha dado la Federación, y, con ese, si la Federación no me regala un punto, pues a lo mejor tengo que ir a buscarlo. Pero como me lo han regalado, me lo dan nada más empezar, pues yo lo voy a proteger. Ellos no quieren atacar, yo tampoco ataco. Y fue un partido diferente, por supuesto, largo. Yo lo viví en el banquillo, digo: “Esto no termina nunca”, pero es verdad que se vivió también con tranquilidad.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. Y tú lo viviste en el banquillo, pero yo imagino que los jugadores entre sí lo dirían.

R. Claro, que dirían… Son situaciones que tú no has vivido nunca. Y: “¿Qué hago?, ¿voy, ataco?, ¿dónde la paso?”.

P. Pero se tiene que hacer feo jugar así.

R. Sí, porque tú juegas para gana. De normal tienes y necesitas un objetivo, pero, al final, todos los que estamos ahí somos profesionales, y juegas para lo que te he dicho, para ganar y para competir, y, si no puedes competir, se hace muy feo.

P. Y también te quería preguntar de esa época, como jugador, ¿cómo era el presidente Carlos González?

R. Es un presidente que ha hecho cosas buenas y cosas muy malas, y se ha equivocado en cosas. Yo creo que en lo deportivo hizo muchas cosas buenas, porque le cambió un poco ese pensamiento al Córdoba.

Luego, el tema gestión de club, ya vemos que no lo hizo bien o se equivocó en muchas cosas, pero en lo deportivo, es verdad que fue su primer año, nos metimos en play off, al siguiente año también hicimos muy buenos papeles en el tema de la Copa del Rey. La cantera se profesionalizó, por así decirlo, y luego se consiguió subir a Primera División, que, después de no sé cuánto, se subió a Primera División y yo creo que a partir de ahí se equivocó.

Ahí fue un antes y un después. Hubo una gestión que no era la mejor, acorde con lo que se tenía que llevar. Pero yo tengo un recuerdo, lo que he dicho, en lo deportivo, muy bueno con él, incluso cuando me metió en el ERE, que eso no me gustó tanto, pero he disfrutado años. Pero luego, lo otro, es verdad que era un tío también peculiar…

Después de descender en Oviedo, nos cogió en una estación de servicio el Frente Atlético y eso daba miedo

P. Con los vídeos de la Copa del Rey.

R. Peculiar, sí. Es que también lo podemos incluir con Piterman, Jesús Gil… Macho, yo no sé qué tengo yo.

P. Es que esos vídeos marcaron, ¿eh?

R. Y tanto. Al final, son gente que yo creo que les gusta, ese es el problema. Les gusta estar en el foco. Les gusta el protagonismo y, a lo mejor, cuando quieres tener ese protagonismo, pues te sales de lo que es tu función, que lo estás haciendo bien, y ya te metes en otras parcelas que no acaban bien.

P. ¿Cómo viviste la Copa del Rey?

R. Pues muy bien. Fue muy bonito. Ese día de El Arcángel contra el Barcelona fue espectacular, y hemos tenido partidos con el Espanyol, el Real Sociedad allí, y, bueno, fue ya la guinda, por así decirlo, el Barça, además que vino con todo, con todo su equipo. Cuando estábamos cambiándonos vimos la alineación suya y nos quedamos flipando. Yo creo que jugaron todos. Jugaron Messi, Villa, Pedro, Xavi... una locura. Y la verdad que el ambiente que hubo fue espectacular.

P. Y ya después del Córdoba CF, si no me equivoco, pasaste por Huesca y Mirandés en un mismo año.

R. Fue complicado porque mi último año aquí en Córdoba, lo pasé muy mal con los tobillos. Lo pasé muy mal. Yo he tenido problemas de tobillo, pero el tobillo es una lesión que puedes seguir vendándote y para adelante. Pero los ligamentos siguen estando dañados y, en mi última etapa en el Córdoba, sufrí mucho con los tobillos. Me fui al Mirandés, que la verdad que no sé ni cómo me firmaron, porque tuve al director deportivo, que lo tuve en el Alavés, y me conocía. Pero sufrí mucho en el Mirandés, porque me levantaba por la mañana, me veía y decía: “¿Dónde voy?”. Me tenía que pinchar ocho veces de anestesia todos los días en el tobillo para poder entrenar. No disfrutaba, sufría. Hablé con ellos en diciembre; en Segunda División no podía estar, porque jugaba y me pasaban por lo alto. Con ese ritmo ya no podía en Segunda División. Vino el Huesca, era Segunda B también. Ahí es verdad que hubo un periodo en el que le di un poco de descanso, y se me fue un poquito de esos dolores y ese malestar, empecé como a disfrutar un poquito más del día a día. Por eso pude aguantar un año más.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. Pero ya decidiste que era el momento de dejarlo.

R. Es que ya te das cuenta de que, por mucho que uno quiera… Yo lo pasé mal. Le metemos al final mucha tralla al cuerpo, porque juegas con muchas molestias, muchos dolores, con lesiones que no terminan de irse, pero, bueno, al final te tomas pastillas, te infiltras, te quitas el dolor en ese momento. Pero sigue estando la lesión, castigas mucho el cuerpo, y yo castigué mucho los tobillos. Lo pasé muy mal. Que yo me levantaba por la mañana e iba como arrastrando los pies. Me tenía que pinchar. Luego llega un momento en que dices: “Si es que, por mucho que te guste esto, te pasan ya como aviones, ya no puedes, ya te tienes que echar a un lado”.

P. ¿Y cómo fue el día después de dejarlo?

R. Pues se pasa complicado porque, al final, es algo que has hecho desde pequeño: el día a día, la rutina de la mañana, del vestuario, fin de semana de partido. Aunque es verdad que los jugadores tienen tiempo libre porque entrenan por la mañana y luego prácticamente tienes el día libre, pero tu cabeza está pendiente del partido, de esto, de mañana... Y cuando te ves ahí que se te acaba, te preguntas: “¿Y ahora qué hago? ¿Ahora qué hago?”. Yo me fui a la Federación, me saqué los cursos de entrenador y tuve la suerte de poder entrar en Córdoba. Estuve un año y medio, por así decirlo, de periodo de no hacer nada, desde que dejé el fútbol hasta que empecé a entrenar un par de años.

P. ¿Cómo fueron esos primeros momentos en el Córdoba CF de entrenador? Muchos recuerdos, imagino.

R. Claro. Ten encuentra que desde que están jugando al fútbol, hay gente que ya se ve entrenando, pero yo no. Yo he jugado al fútbol y yo era jugador de fútbol. La gente decía: “No, es que se veía que ya era un entrenador cuando estaba en el campo”. No, yo he jugado al fútbol y luego ya, cuando vine me saqué los cursos. La verdad que, bueno, me saqué los cursos con una generación importante: Iraola estaba allí, también Scaloni... Había una generación muy buena de entrenadores que están ahora en activo. Me lo saqué y me metí aquí en la cantera para hacer las prácticas, en División de Honor. Luego, pues el día a día, el preparar los partidos, los entrenamientos… te cuesta porque es totalmente diferente.

P. Se pasa peor en el banquillo.

R. Sí, sí, y sí. Normal que estén todos los que ven fútbol diciendo: “Cómo van cambiando los entrenadores, que se le ve con pelo y después sin pelo o con canas…”

Me equivoqué al irme del Atlético de Madrid

P. Arrugas también.

R. Desgasta mucho el ser entrenador. Desgasta en todas las categorías incluso en benjamín, alevín. El día a día, no sé por qué, pero desgasta. Pero no quiero ni imaginar los entrenadores estos de Primera División y de Segunda, porque tienes que estar pendiente de todo. Al final tienes una plantilla, el cómo gestionarlo, que estén bien, el partido, planteamiento, los entrenamientos, todo. Y es algo que, bueno, me ha picado el gusanillo fuerte y estoy encantado.

P. ¿Cómo fue esa etapa del Córdoba desde dentro?

R. Me puse en contacto con ellos, necesitaba las prácticas y entré en División de Honor Juvenil. A partir de ahí, pues también como me ha pasado prácticamente en el fútbol. He ido quemando etapas hasta llegar al primer equipo. Entré en juvenil; al siguiente año también entró Javi Moreno, que estuve con él en juvenil, una etapa muy bonita con él, al que le tengo un cariño. Coincidí con él en el Atlético de Madrid, fuimos compañeros de jugadores y luego de entrenadores. Estábamos los dos más expulsados que en el banquillo. Era una locura y lo pasé muy bien. Lo pasamos muy bien. Sufrimos al principio. Nada más, siempre nos acordamos de una vez que compramos una mano de Fátima y empezamos a ganar. Lo pasamos muy mal. También es que tienes mucha responsabilidad. Pero he ido quemando etapas y ya he pasado por todos lados. He pasado por el primer equipo, en el cuerpo técnico, dos veces, con Mosquera y Rafa Navarro. He estado en el filial, también he estado años entrenando de cadete, me pasaron al filial, también cuerpo técnico, y luego, mis últimos dos años, como primero.

P. Después de la cantidad de años que has estado en el club, ¿cómo ha cambiado el Córdoba desde dentro?

R. Es verdad que esta nueva propiedad le ha dado más estabilidad al club. Por supuesto, yo creo que hay que crecer en muchas cosas. En infraestructuras, yo creo que estamos muy por debajo de lo que tiene que ser un equipo profesional. Los motivos ya todo el mundo los sabemos. Está eso en el aire. Es verdad que hay mucha más estabilidad en todo, en lo deportivo, en el día a día, en lo económico, un respaldo importante, porque, por desgracia, el Córdoba ha pasado por muchos momentos malos.

P. Como lo viviste en el Atlético de Madrid, por ejemplo.

R. Sí. Momentos delicados. Estuve en la etapa de Carlos González, su última etapa ya aquí; después entró Jesús León con Oliver, que eso fue... hasta el punto de que llegaron los de Baréin.

P. Y salvaron al club.

R. Exactamente, comprando la unidad productiva y se salvó, porque tú fíjate lo que podría haber sido. Entonces, ha habido ahí mucho movimiento, muy convulso, y ojalá que esa estabilidad nos lleve a mucho más.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid

P. Lo único que se le echa un poco en falta es un poco de transparencia.

R. Puede ser. Es verdad que el aficionado exige porque paga y necesita saber pasos que está siguiendo la propiedad para saber hacia dónde va el club.

P. El rumbo que tiene.

R. También es verdad que el fútbol antes era más natural. Yo estaba en primer equipo y podías tener entrevistas con la prensa, que te llamaban de la radio, fuera del estadio hablaba, y ahora ya no, ahora imposible. Ahora para poder tener una entrevista te tiene que tocar la lotería. Ese ocultismo, esa poca transparencia, pues hay momentos también en la gestión del club que tampoco se ve.

P. Y ya, pues, recalaste en el Pozoblanco. Una nueva experiencia en una categoría dura como es la Tercera RFEF. ¿Cómo estás viviendo estos primeros meses?

R. Pues muy bien, la verdad que con mucha ilusión, muy contento. Desde el primer día me depositaron mucha confianza. Tardamos poco en la reunión, porque se ve cuando dos personas quieren estar en el mismo lugar. Es un año bonito, el centenario del Club Deportivo Pozoblanco. También es una categoría muy exigente, con equipos que tienen un presupuesto muy alto, que yo creo que están fuera de lo que es la Tercera RFEF. Eso conlleva una exigencia mayor, pero nosotros, dentro de nuestras limitaciones, yo creo que hemos hecho las cosas bien, hemos hecho un buen grupo, un buen bloque, con muchas ganas de hacer las cosas bien y de crecer.

En temas de infraestructuras, el Córdoba CF está muy por debajo de ser un equipo de fútbol profesional

P. Una categoría complicada.

R. Complicada porque los equipos son muy competitivos. Hay muchos equipos, cada vez más, con un presupuesto muy alto, que se ve mucha diferencia en lo que ellos pueden firmar y lo que tú puedes alcanzar a firmar. Pero, bueno, luego, cuando rueda el balón…

P. Se iguala la cosa.

R. Se iguala la cosa. Nosotros lo vamos a pelear, estamos bien, estamos en una línea ascendente y yo creo que va a ser un buen año.

P. Y quién dice que no a un play off o al ascenso directo, ¿no?

R. (risas) Ya veremos. Vamos a ir con mucha fuerza y muchas ganas.

Entrevista N&B con Gaspar Gálvez, ex jugador del Córdoba CF y del Atlético de Madrid
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