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ENTREVISTA N&B

Francisco Moreno: “Hay pueblos de la provincia de Córdoba que pueden dejar de existir”

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

Jesús Ventura

7 de noviembre de 2026 19:54 h

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El campo en la provincia de Córdoba no está pasando por su mejor momento. En plena campaña de recogida de la aceituna de mesa, los precios están desplomados, lo que se convierte en una falta de rentabilidad más que notable. Esto trae unas consecuencias más que negativas para unos agricultores que, en su caso, han decidido no recoger el fruto para no aumentar las pérdidas a la hora de venderlo. Las organizaciones agrarias piden una serie de soluciones que aún no han llegado.

Por otro lado, la ganadería también está en una situación complicada. La llegada de la shamonda ahonda más la crisis que dejó la lengua azul, dos de las enfermedades que ha mermado la producción de leche en las explotaciones del norte de la provincia de Córdoba. De hecho, gran parte de la extensión cordobesa vive de estos dos sectores y cuando una serie de problemas complican el desarrollo natural del trabajo, hace que se tema su supervivencia.

En una actualidad donde las manifestaciones agrarias son las grandes protagonistas, Francisco Moreno, secretario general de UPA en Córdoba, aboga por encontrar las soluciones que permita subsistir al sector primario. El dirigente ha atendido a Cordópolis con ganas de explicar todos los problemas que conlleva trabajar en el campo, la poca rentabilidad que existe y la ausencia de juventud de cara al futuro.

P. Un año y tres meses después de ser elegido como secretario general de UPA. ¿Cómo ha ido este primer periodo?

R. Aunque yo ya formaba parte de la organización y la conocía, estar en primera línea cambia. La responsabilidad que tiene no es solo con respecto a la organización en sí, de cara al trabajo que hace en defensa de los agricultores y ganaderos, sino también con el funcionamiento interno, con los trabajadores, con las oficinas que tenemos abiertas. Tenemos un buen número de oficinas y un buen número de afiliados a los que damos respuesta. Por lo tanto, como digo, la situación es distinta de estar en primera fila a estar en un segundo o un tercer plano, aunque yo conozco bien la organización y, por lo tanto, tampoco ha sido un cambio muy brusco.

O hay rentabilidad en el campo o la gente lo abandonará

P. ¿Cómo es sustituir a Miguel Cobos, que estuvo al frente 15 años?

R. Siempre es un reto. Y el listón estaba alto. La intención y el trabajo es encaminarnos a que mejoremos todavía más la situación de la organización, tanto a nivel de masa social, a nivel de socios, como a nivel de imagen. Eso es lo que me he propuesto y es lo que le he trasladado a mi equipo, a mi ejecutiva: que esos son los retos. Y sobre todo, siempre teniendo como centro de todas nuestras actuaciones a los agricultores y los ganaderos, que son nuestra razón de ser.

P. En tus primeras palabras como nuevo secretario pediste la ley de la cadena alimentaria, por ejemplo, o la incorporación de jóvenes a la ganadería y la agricultura. Parece que no está calando el sector entre los más jóvenes.

R. Yo siempre digo que, cuando hablamos tanto de incorporación de jóvenes como de ley de cadena, como de todas estas cosas, hay un elemento fundamental, que es la rentabilidad de las explotaciones. Esa es la clave de bóveda de todas las demás políticas, porque por mucho dinero que pongamos a disposición de los jóvenes para que se incorporen, si al final, cuando se incorporan, la cuenta no les sale, les sale negativa, van a abandonar y se van a ir a otra actividad o directamente no van a optar por esta. Y eso pasa también con el resto de las cosas que rodean al sector: o hay rentabilidad o la gente abandonará.

Y mira, hay una cosa muy importante y tenemos que ponerlo así de claro: lo que está en cuestión y lo que está en peligro no es la producción de alimentos, porque alimentos se van a seguir produciendo. Lo que está en cuestión y en peligro es cómo se producen y quién los produce, porque ahora mismo estamos asistiendo a que hay grandes fondos de inversión, grandes corporaciones que son de fuera del sector, que están comprando miles de hectáreas y haciendo plantaciones superintensivas. Lo que están haciendo es desplazar a los verdaderos agricultores y ganaderos, los agricultores tradicionales, los que viven en los pueblos, los que fijan la población. Son los que no pueden competir y al final acaban abandonando la actividad.

Además, el dinero que ingresan esos fondos de inversión y esas grandes corporaciones no lo repercuten sobre el terreno donde están asentados, sino que tienen su domicilio fiscal en otro lado. Los agricultores y los ganaderos que fijan la población, que viven en los pueblos, son los que, cuando ganan dinero, lo invierten en las tiendas del pueblo, en los talleres, en hacer obras, en comprarse cosas, en salir. Siempre decimos que, cuando el año agrícola ha ido bien, hay alegría en los pueblos, y cuando el año va mal, pues no hay esa alegría. El tema es que quien se está quedando con la tierra no va a repercutir nada de esa ganancia sobre los pueblos que tenemos alrededor. Por lo tanto, como digo, lo que está en peligro es quién produce los alimentos y cómo se producen.

P. También la calidad no será la misma.

R. Estamos ante fábricas, porque son fábricas realmente, que lo que hacen es maximizar los beneficios a cualquier precio y por encima de todo, sin tener en cuenta otras cuestiones. Las personas que viven en el territorio son las que cuidan también el medio ambiente, porque viven ahí y les interesa que siga habiendo vida en esos pueblos. Y cuando perdemos actividad en los pueblos, perdemos gente, porque ya no es rentable vivir ahí y los jóvenes tienen que abandonar ese sitio. Al final, la despoblación, de la que tanto hablamos -a los políticos se les llena muchas veces la boca de despoblación-, la mejor lucha contra ella es la rentabilidad de las personas que viven en el pueblo. Cuando desaparece un pueblo o desaparecen las personas que viven en ese pueblo, como hemos visto en otras regiones de España, no solo desaparece el pueblo, desaparecen tradiciones, cultura, cientos de años de tradiciones. Por lo tanto, tenemos que intentar cuidar eso y permitir que la gente pueda seguir viviendo de su actividad. Y los agricultores, los ganaderos pequeños son los que están en peligro.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. Habrá zonas de la provincia de Córdoba que, de seguir así, dejarán de existir.

R. Claro. Estamos viendo que, sobre todo, las zonas que están más alejadas de los núcleos grandes de población son las que tienen más peligro. Hay que conseguir primero, como digo, la rentabilidad, porque yo sé que hay muchos jóvenes, porque hablamos con ellos y los conocemos. En marzo hicimos una jornada sobre jóvenes en la actividad agraria, y hay jóvenes que quieren dedicarse a esto, pero el problema es la falta de rentabilidad. O sea, tenemos que posibilitarle a aquel que quiera desarrollar su actividad en el mundo agrario y ganadero que tenga rentabilidad. Y claro que desaparecen. Tenemos que conseguir que haya rentabilidad y tenemos que conseguir que en el medio rural, en los pueblos, haya al menos las mismas posibilidades de tener una vida con las mismas tecnologías, con las mismas comodidades, digamos, que pueden tener los que viven en los núcleos urbanos. Si no conseguimos que internet, la digitalización, la innovación, lleguen a esas zonas rurales, difícilmente la gente se va a quedar allí. Tú no puedes pedirle a un joven que se vaya a vivir a un pueblo y que no tenga internet de calidad o que no tenga rentabilidad. Es que entonces es imposible.

P. Parece que tienen que cambiar muchas cosas para que se dé.

R. Fundamentalmente todo es la rentabilidad, y luego ponerles unas condiciones en las que les sea digno vivir allí también. Para eso hay dos cuestiones fundamentales que nosotros reclamamos. Una es seguir mejorando y trabajando en la ley de la cadena, que, aunque tenga fallos, es la mejor herramienta que tenemos para intentar que no se venda por debajo de los costes de producción. Por lo tanto, habrá que seguir mejorándola y, sobre todo, habrá que pedir que se aplique, porque si tenemos una ley, pero no se aplica, ¿para qué la queremos? Entonces, que haya inspecciones, que haya sanciones y que se cumpla la ley de la cadena. No puede ser que se esté pagando a la mitad de lo que vale producir 1 kilo de aceituna de mesa o el aceite de oliva, que no hay ninguna razón objetiva para que esté al precio que está. Venimos de una campaña anterior corta y esta tampoco va a ser, ni mucho menos, segura en el aforo que se ha hecho, porque con estas temperaturas y sin lluvia seguro que la producción final va a estar muy por debajo del aforo. Por lo tanto, esas son las cuestiones.

Y, por otra parte, otra de las cosas que pedimos y que es una asignatura pendiente es la ley de agricultura y ganadería familiar, como una figura que proteja a esas personas que, como decía, son las que viven en el territorio, fijan la población, vertebran y generan riqueza en esa zona.

Antes en mi pueblo podías ver perfectamente a 60 familias que vivían de la agricultura. Ahora pueden quedar tres.

P. Con la última ley que me has comentado, la de agricultura y ganadería familiar, ¿qué seguridad otorga a las familias que quieren trabajar en el campo?

R. Le otorga a esta profesión un rango de ley, que es lo primero, darle rango de ley. Y luego, que establezca unas medidas que sirvan, como digo, para proteger a esas personas que viven ahí, facilitándoles el acceso a la tierra, facilitando que puedan dimensionar su explotación. Porque hoy en día el problema es que, como te decía, los grandes fondos de inversión y las grandes corporaciones son los que compran la tierra. La tierra sigue teniendo un precio caro, inalcanzable o inasumible para los pequeños agricultores y ganaderos. El tema de las macroplantas solares también nos está impidiendo poder dimensionar nuestras explotaciones. La ley de la cadena tiene que estar recogida también y, como digo, que sea de verdad una ley que sirva, que se cumpla y que se sancione a los que no la cumplan, para que puedan tener unos precios dignos. En fin, es un ámbito muy amplio para esa ley, que daría cobertura a la posibilidad de que las personas que vivimos en el medio rural y producimos en el medio rural podamos seguir viviendo de eso.

Mira, yo te pongo un ejemplo. Yo soy de un pueblo pequeño que tiene 3.000 habitantes -Pedro Abad-. Yo recuerdo que hace apenas 30 o 40 años en mi pueblo podías ver perfectamente 50 o 60 familias que vivían exclusivamente de la agricultura. Hoy en día, si quedan tres, ya me sobra algún dedo de la mano, como te estoy diciendo. O sea, que a esa situación estamos llegando.

Queremos una ley que permita también que los jubilados puedan dejar la tierra en unas condiciones dignas, porque el problema es que tenemos muchos mayores, como mi padre, por ejemplo, que ya falleció, pero mi padre, después de más de 40 años trabajando y cotizando, se quedó con una pensión de 700 euros, y no puede dejar las tierras porque no le permite vivir dignamente. Entonces, que haya una compensación para aquellas personas mayores que tienen tierras, para que abandonen la actividad en beneficio de jóvenes que se quieran incorporar, poniéndola a disposición de los jóvenes. Pero si, como digo, no facilitamos estas cosas, es más complicado.

P. ¿Crees que las elecciones que hay en noviembre pueden cambiar algo?

R. Ojalá. Da igual quién salga, pero ojalá que de verdad la agricultura y la ganadería sean un elemento fundamental de las políticas del nuevo gobierno que salga elegido de las urnas. Yo creo que la Unión Europea se está equivocando en hacia dónde dirige sus políticas. La Política Agraria Común (PAC) tendría que ser un elemento para proteger precisamente a los agricultores y ganaderos, para compensar por la pérdida de rentas que tienen en comparación con otros y para poder competir con terceros países. Hay muchos países en la Unión Europea cuya agricultura no es tan potente y lo que no quieren es poner dinero para la PAC. En cambio, a la Unión Europea sí le interesa, para tener acuerdos con otros países, utilizar la agricultura como moneda de cambio para poder vender sus tecnologías fuera.

O los Estados, y entre ellos la Unión Europea como gran Estado de todos los europeos, cambian el chip de hacia dónde tienen que ir las políticas, o esto va encaminado a que cada día quedemos menos agricultores, menos ganaderos. Lo estamos viendo con cada año que pasa en Andalucía, por ponerte un ejemplo cercano. Te puedo decir que en el año 2016 podía haber en torno a 245.000 o 250.000 perceptores de ayuda PAC. Este año ya no llegamos a los 200.000. O sea, que fíjate, en 10 años estamos perdiendo en torno a 4.000 o 5.000 perceptores de ayuda por año. ¿Y quiénes son los que abandonan? Los pequeños. Mientras tanto, la tierra se está concentrando. Tú no tienes más que salir por la carretera, por ejemplo, de aquí a Málaga, y mirar a un lado y a otro, y ves la superficie de olivar superintensivo bajo una misma linde que hay. Ese es el panorama que tenemos.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. También habría que limitar a los fondos de inversión, que se están focalizando en la vivienda y en el campo.

R. Aquí está, y sobre todo lo que es absolutamente inmoral es que un fondo de inversión reciba ayuda pública de la PAC. La ayuda pública de la PAC sale de los impuestos que pagamos todos los europeos, y que con esa ayuda se esté financiando a un fondo de inversión me parece absolutamente inmoral. Eso habrá que pensarlo también y, como parece que no va a haber más presupuesto, pues, al menos, que se reparta mejor y que vaya de verdad a quien realmente lo necesita, que son los profesionales de la agricultura, de la ganadería y del medio rural.

P. ¿Qué medidas pondría UPA para limitar eso?

R. Yo, directamente, los fondos de inversión no tendrían derecho a recibir ayudas PAC, porque además estamos viendo que, como decía, la política está para compensar las pérdidas y ayudar a que haya vida en el medio rural, y lo que no podemos es dirigir los fondos a quien más tiene. Aquí las ayudas van de forma lineal: quien tiene más hectáreas recibe más dinero, cuando no debería ser así. Por eso nosotros siempre hemos apoyado el techo de ayuda, siempre hemos apoyado el tema de la degresividad y siempre hemos apoyado el pago redistributivo, que es fundamental para apoyar a las primeras hectáreas, a las primeras cabezas de ganado; en definitiva, a los pequeños y medianos agricultores, que son los que viven y trabajan en el medio rural.

P. Los fondos de inversión no se limitan a la agricultura sino que a la ganadería también.

R. Los fondos de inversión lo están acaparando todo. Y por supuesto, si tienen mucho dinero, diversifican mucho su actividad. Lo que está claro es que, como decía, producir alimento siempre va a ser necesario. Lo que pasa es que, al final, cuando sean cuatro los que los produzcan, y los produzcan de aquella manera, probablemente lamentaremos muchas cosas que hoy no estamos corrigiendo.

Es inmoral que un fondo de inversión reciba ayuda de la PAC

P. ¿Cómo afectó la lengua azul a la ganadería de Córdoba?

R. Pues hubo zonas en las que fue un palo importante, sobre todo no tanto porque hubiera muerte de animales, que también, sino porque hubo menos nacimientos, mucho aborto. Y, como te decía, también el tema de tener que gastar más dinero al final, porque o tenías que ponerles vacunas, que algunas no estaban subvencionadas, o en principio también tenías que adelantar el dinero. Entonces, a un sector que ya de por sí está castigado, como es la ganadería, si le ponemos cualquier traba más, hay muchas explotaciones que deciden abandonar. En la ganadería es donde estamos perdiendo más activos. Primero, porque es un trabajo más sacrificado: en el campo, o en la agricultura, tú puedes trabajar un día, pero si un día no puedes o no quieres ir porque tengas cualquier cosa, puedes hacerlo mañana. Pero el ganado tiene que comer todos los días y, si hay que ordeñarlo, hay que ordeñarlo todos los días, y por lo tanto es un sector todavía mucho más sacrificado. Si no se le pone a eso el precio que tiene que tener para que haya rentabilidad, son los primeros que abandonan, y es menos atractivo todavía para los jóvenes, incluso que la agricultura.

P. El norte de Córdoba vive de ello.

R. Claro, buena parte del norte de Córdoba. Afortunadamente, en lo que es el vacuno de leche, las explotaciones están mucho más modernizadas de lo que las conocíamos tradicionalmente. Tienen una dimensión mayor y unas tecnologías que hacen que en muchas vaquerías haya más tecnología que en algunas fábricas. Afortunadamente, eso les ha permitido también a los ganaderos tener otra vida. Pero sí es verdad que en el caprino ya es muy difícil ver un rebaño de cabras por nuestros campos, cuando era una foto bastante reconocible. Hoy en día es cada vez más complicado. Y son actividades que, además, son necesarias. Muchos de los problemas que hemos tenido de incendios forestales, si hubiéramos tenido más ganadería extensiva, como ovejas y cabras, probablemente no los habríamos tenido: son los mejores limpiadores del bosque que hay, la mejor lucha y la mejor prevención contra el fuego que tenemos. Entonces, imagínate qué sería del norte de Córdoba, de Pozoblanco y todo su entorno, si no existiese Covap.

P. Y por las explotaciones que hay.

R. Claro, las que hay alrededor. Entonces, aquella sería una zona absolutamente deprimida y que probablemente no tendría ni la mitad de la población que tiene ahora mismo, porque la mayoría de la gente hubiera tenido que abandonar, irse a otras zonas, como por ejemplo está pasando en el Alto Guadiato, donde sí se está viendo una mayor despoblación que en la zona de Pedroche.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. Volvemos a lo mismo: sin la ganadería ni la agricultura, parte de la provincia de Córdoba no existiría.

R. Es que es la actividad principal que hay en nuestros pueblos. Es la actividad principal. Toda la economía de los pueblos se ha montado girando en torno a la agricultura y la ganadería, y a partir de ahí se han construido todos los demás negocios. Pero es lo que hay. Y en muchos de nuestros pueblos la principal industria que hay es la agroindustria: una almazara, una de naranja, de cítricos, de lo que sea, pero es la agroindustria. O sea, la agricultura junto con la agroindustria. Si quitamos eso de nuestro medio rural, ¿qué queda?

P. ¿Crees que volverá a tener ese protagonismo?

R. Bueno, yo espero que sí. Espero que sí, porque si no, nos estamos equivocando en las políticas. Si queremos mantener vivos nuestros pueblos, si queremos mantener un medio rural vivo porque en Andalucía, afortunadamente, todavía es verdad que hay zonas que están más en peligro y que tienen más riesgo de despoblación, pero en líneas generales tenemos pueblos grandes, tenemos pueblos con vida, donde hay escuela, donde hay médico. Si queremos mantener eso, tienen que ser las políticas las que lo permitan, y las políticas que lo permitan pasan por proteger a las personas que viven ahí y que trabajan ahí.

Tenemos la experiencia, yo creo que en España la tenemos, de otras zonas como Castilla y León, donde, para encontrar un pueblo como el mío, de 3.000 habitantes, hay que andar mucho. Yo estaba haciendo campaña de elecciones de Cámara en Castilla y León, iba a un pueblo, llegaba allí por la noche y aquello daba miedo. Ni una bombilla, y dices tú: “Bueno, pero aquí una criatura se pone mala, por ejemplo, ¿hasta que llegue una ambulancia y se la lleve?”. O sea, que tenemos que ser conscientes de lo que nos estamos jugando.

P. ¿Esas imágenes se pueden replicar en Córdoba?

R. Hombre, en buena parte de nuestra provincia se podrían replicar si no dotamos a esa zona de esas comodidades, digamos, o de esos servicios mínimos que le permitan a las personas que allí viven vivir con dignidad y que además tengan rentabilidad, porque al final la gente tiene que buscarse la vida y se tendrá que ir a otros sitios.

Si no se pone freno, al final no queda otra que movilizarse: con lo bonito no se come

P. Y eso, a Córdoba en general, ¿cómo afectaría a la economía?

R. Hombre, sobre todo afecta porque, con ese abandono de esa actividad, ¿dónde va esa gente? En muchos casos, cuando se van de esa zona ya se produce un desarraigo. Quizás las condiciones de vida a las que se van a enfrentar son peores que las que tienen allí. Y, aparte, lo que te decía antes también: perdemos identidad, perdemos cultura, perdemos tradiciones, perdemos todo, y perdemos producir alimentos de calidad, producir alimentos con nuestras tradiciones y con nuestro saber hacer. Y todo eso hay que protegerlo.

P. Pues viendo un poquito la ganadería y las enfermedades que, por desgracia, están teniendo últimamente las cabezas de ganado. Ahora está la shamonda que ha generado controversia porque no se sabía cómo podía afectar, y se ha confirmado que en Francia ha habido un contagio en una persona humana. ¿Cómo está afectando realmente a Córdoba?

R. Ahora mismo la verdad es que no tenemos datos exactos. Sabemos que ha habido algunos focos, pero no demasiados, porque, como además es una enfermedad que no es obligatorio declarar, no sabemos en realidad lo que puede haber. Pero parece ser que no es demasiado preocupante. Es verdad que en Francia ha muerto una persona, pero que tenía ya otra enfermedad y estaba en una situación en la que le podía afectar cualquier otro tipo de cosa. Hay que mandar un mensaje de tranquilidad, de que no hay ningún riesgo en principio para los humanos, porque no es una enfermedad zoonótica, o sea, que no se transmite de animales a humanos ni de humanos a animales, y de que lo único que produce, como decía, es una merma en la producción de leche, porque el animal sufre una fiebre alta y deja de producir. A partir de ahí, como digo, tranquilidad, por supuesto, precaución y, sobre todo, vigilancia. Y que las autoridades, en la medida de lo posible, hagan controles y que por lo menos tengamos una información real de cómo está la situación, que ahora mismo no la tenemos clara.

P. La sensación que da este tipo de cosas es que los ganaderos se sienten desamparados.

R. Bueno, como te decía, la ganadería es uno de los sectores que más está padeciendo y por eso se están perdiendo más activos. La zona nuestra, el Valle de los Pedroches, se ha defendido un poco mejor estos años atrás porque el precio que pagaba, en este caso Covap, eran unos precios que permitían la rentabilidad. Este último año hubo un descenso importante del precio y eso pone en riesgo a explotaciones, pero sobre todo es un sector, el de la ganadería, que también se ve afectado por el incremento de los costes de producción y que depende también, en una zona como la nuestra, del clima. Si no llueve, no hay pasto y hay que alimentar a base de piensos, con el precio que tienen los piensos.

Viene de sufrir varias crisis, sobre todo los años graves de sequía que tuvimos, en los que ya no solo era alimentar a base de pienso y de paja pagando, sino que además había muchos sitios donde había que llevar el agua con cisterna porque no tenían ni agua para beber. Entonces, ante esas crisis hay que actuar, y hay que actuar ayudando. Es verdad también, y es de justicia reconocerlo, que se han puesto medidas importantes, se ha puesto un dinero importante, pero hay situaciones en las que siempre va a ser escaso porque son muchas las necesidades que hay. Y ahora se ha puesto dinero con el tema del incremento de los costes de producción, a raíz de la guerra de Irán, tanto para la compensación por los fertilizantes como por el gasóleo. Pero claro, en una situación en la que los costes están tan disparados, por mucho dinero que se ponga sigue siendo escaso para cubrir ese agujero de los costes de producción que se ha producido.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. También está pasando una situación complicada y dramática la aceituna de mesa, que está en plena campaña de recogida. ¿Cómo está la situación?

R. Bueno, yo ya he hecho declaraciones en varias ocasiones sobre este tema. Es absolutamente dramática y… vamos, no sé con qué palabra calificarla. Pero de verdad que es absolutamente absurdo lo que está pasando. Los argumentos son que hay mucha producción. Ya tuvimos un primer aforo a nivel nacional de 639.000 toneladas, que después se ha corregido a 562.000, porque cuando se hizo el aforo no teníamos todavía todos los problemas de calores y demás. Pero es que estamos seguros de que va a ser todavía inferior, porque a las alturas en que estamos y sin haber llovido, va a estar todavía por debajo de ese. Entonces, primero, no hay una superproducción, ni mucho menos. Segundo, dicen que tienen los almacenes llenos y que por eso no compran la aceituna, pero yo siempre digo: tienen los almacenes llenos para comprar a 75 céntimos; para comprarla a 40 o 45, ya les cabe la aceituna.

Entonces, volvemos a lo mismo. Aquí, al final, quien arriesga, poniendo su trabajo, su dinero y todo ese esfuerzo para conseguir un producto de calidad y de excelencia, es el único que no gana. Yo prácticamente no veo ningún negocio que se ponga en torno a la agricultura y la ganadería que no funcione. Sin embargo, los que pagan el pato son los agricultores y los ganaderos.

P. Hay agricultores que han decidido ni recoger la aceituna.

R. Claro, es verdad que no recogen la aceituna, pero la tendrán que echar para aceite. Y con el aceite estamos en una situación igual. O sea, ya estamos en torno a tres euros, incluso por debajo de los tres euros, el aceite de oliva virgen extra. Eso es absolutamente impresentable porque, lo mismo que he dicho, no hay ninguna razón objetiva para que el aceite esté a ese precio, porque lleva todo el año estando bajo, cuando ni teníamos todavía previsiones de campaña ni teníamos nada. No ha pasado de los 3,40, 3,50, 3,60 euros en los mejores momentos.

Nosotros hemos pedido dos cosas muy claras. No sabemos si se podrán hacer servir para que se recuperen los precios, pero desde luego hay que tomar algunas medidas. Primero, la aplicación del artículo 167 bis, que haya retirada de producción del mercado para intentar dar estabilidad. Lo hemos pedido todas las organizaciones agrarias y las cooperativas, pero aquí la Asociación de Almazaras Privadas se opone. No sé, da que pensar. Y cada cual que haga su análisis y que saque sus conclusiones, pero ahí está el tema. Y la otra cosa que hemos pedido es que se suprima el sistema de perfeccionamiento activo, que al final es un coladero de aceite de terceros países en unas condiciones de competencia absolutamente desleal con el aceite de nuestra región, de nuestra provincia. Por lo tanto, esas dos cosas, que son fáciles y rápidas de hacer, tienen que hacerse ya, para intentar dar un poco de estabilidad al mercado del aceite.

No puede ser que, si la Asociación Española de Municipios del Olivo, que ya tiene su observatorio de precios, establece que los costes de producción del olivar tradicional nuestro, que es la gran mayoría de nuestra provincia, están entre 4,70 y 5,25 euros, se esté pagando a tres euros.

P. O sea, aquí la disyuntiva que tiene el agricultor es decidir si no coger la aceituna o si cogerla para perder menos.

R. Claro, eso no puede ser. Es una situación que absolutamente no nos podemos permitir. Y aquí el sector tiene culpa también, porque no puede ser que, si nosotros en España producimos la mitad del aceite que se produce a nivel mundial, no le pongamos precio al aceite, que se limite el precio. Entonces, aquí hay alguien dentro del sector que también es responsable de lo que está pasando, y así no podemos seguir.

No está en peligro la producción de alimentos sino cómo y quién los producen

P. Todo gira a la falta de rentabilidad.

R. Es que al final se deja de producir, y habrá zonas donde los grandes fondos de inversión se quedarán con esas tierras e intensificarán todo lo que puedan, y será una cosa absolutamente diferente de lo que tenemos ahora. Y habrá zonas donde no es posible el cambio de cultivo, o sea, no es posible poner superintensivo ni intensivo, porque no lo permiten las pendientes, no hay riego... Y ahí sí que vamos a tener un problema porque ¿qué se hace con todos esos pueblos que viven en torno al olivar? Toda la zona subbética, toda la zona de nuestra sierra cordobesa. ¿Qué hacemos con esa zona? ¿A qué se va a dedicar la gente ahí?

P. Despoblación, al final, habrá.

R. Y por supuesto también tenemos que apostar por nuestro olivar tradicional, que, como decía, es la mayor parte del olivar que tenemos en la provincia, con un tratamiento diferenciado, no solo porque produce un aceite de excelente calidad, sino por el papel que cumple: de fijación de la población, de generación de riqueza donde no hay otra alternativa, de tradición, de cultura... Tenemos que luchar por nuestro olivar tradicional.

P. Y ahora otro problema que hay dentro de la campaña de recogida son los temporeros.

R. Este es un tema que ya viene pasando varias campañas. Es verdad que, como hemos tenido algunas campañas más cortas, se ha notado menos. Ahora, con esta, que es un poco más grande, se empieza a notar más. Hay falta de temporeros. Hay falta de temporeros porque se necesitan trabajadores en momentos muy concretos y la mayoría de los trabajadores prefieren otros trabajos al campo por varios motivos, ¿no? Por la estacionalidad, porque aquí son dos meses, tres meses, y porque es un trabajo más penoso que otros. Trabajas en el campo: si hace calor, hace calor, y si hace frío, hace frío. Y luego, si estás trabajando en el campo… este año, por desgracia, no tenemos lluvia, pero el año pasado, si un temporero estaba trabajando, a lo mejor se tiraba tres semanas seguidas sin poder trabajar porque llovía. Entonces, claro, la gente se busca otros sitios para trabajar mejores que el campo. Hay falta y escasez de mano de obra. Es así en los cítricos, es así en el olivar. Vamos a ver lo que pasa, pero nosotros estamos intentando trabajar para buscar soluciones, aunque no es fácil, porque, como digo, la gente no quiere trabajar aquí en el campo.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. ¿Qué soluciones veis?

R. Soluciones, pues traer mano de obra. Ya hemos tenido alguna experiencia piloto, que el año pasado la tuvimos en la zona de la Subbética. El plan de traer trabajadores que están bajo el sistema de protección internacional, y que dio un resultado positivo. Este año vamos a duplicar lo que trajimos el año pasado y esperemos que, si sigue siendo satisfactorio el resultado, podamos seguir ampliándolo en los próximos años. Teniendo en cuenta que el agricultor tiene que ser consciente de que a los trabajadores que vengan hay que darles una vivienda digna, porque son personas, y no hay que darles un palacio, hay que darles una vivienda digna; hay que pagarles el desplazamiento de donde vengan a trabajar aquí; y tienen que tener unas condiciones dignas, su contrato... En eso vamos a seguir trabajando. Tenemos mucha gente que nos dice que le falta mano de obra, pero luego, cuando le decimos “Venga, ¿cuánto necesita?”, ya alguna vez se echan para atrás. En fin, el otro día hablaba con la subdelegada del Gobierno y me decía lo mismo: que al final han tenido muy pocas peticiones, a pesar de que es un problema que está rondando en el ambiente siempre.

P. En la zona de olivar más tradicional, por la zona de trabajo, es donde menos quiere ir la gente.

R. Claro. Exactamente.

P. También has comentado antes la competencia desleal que existe en el mercado del aceite y ya hubo problemas con el aceite de Túnez, si no me equivoco.

R. Pues lo que hemos dicho antes. Cuando tenemos un problema de precio como el que tenemos, hay que ser absolutamente riguroso con los acuerdos que tenemos con los terceros países para que entre el aceite que tiene que entrar, ni más ni menos. Y si hay que suspender el acuerdo, porque ya se está sufriendo un desplome como el que tenemos ahora, pues habrá que suspenderlo. Tiene que haber prioridad de las producciones europeas. Y ahí la Unión Europea tiene mucho que decir al respecto, y no puede ser que siga entrando aceite, porque el problema es que, a lo mejor, si no entra por España, entra por Portugal, o entra por Italia, o entra por otros sitios, y al final la Unión Europea es la que tiene que ser responsable de que se cumplan los acuerdos. Nosotros somos un país netamente exportador y, por lo tanto, no podemos decir que no entre producto de fuera, pero sí que se cumplan los acuerdos que hay, para que no sea un coladero y no entre más aceite del que tiene que entrar. Y, por supuesto, que se hagan inspecciones, que se hagan controles y apostar por seguir protegiendo la calidad.

Nosotros nos diferenciamos por nuestra calidad y ahí no podemos permitir ni un paso atrás, ni un paso atrás con el tema de la calidad, porque es donde vamos a poder competir más: nuestra diferenciación en la calidad. Nunca vamos a poder competir con esos terceros países en el tema de coste, porque ellos siempre van a tener un coste más bajo que nosotros, pero nosotros producimos un aceite de excelentísima calidad, que está reconocido a nivel mundial, y, aparte, como decía antes, somos los principales productores del mundo, porque un litro y medio de cada 3 litros que se producen en el mundo es nuestro. Pues muy exhaustivos los controles y, lo que hemos dicho antes, todas las medidas que se puedan tomar, cuanto antes que se tomen.

Si la Unión Europea no cambia sus políticas cada vez quedarán menos agricultores y ganaderos

P. Otro de los problemas que tiene el agricultor es el cambio climático. Ahora hemos visto que ha habido temperaturas extremas prácticamente en octubre y ni ha llovido hasta noviembre. No sé hasta qué punto el agricultor puede adaptarse a eso.

R. Está claro que el agricultor y el ganadero sufren el cambio climático en primera persona. Aquí ya prácticamente el otoño no existe, cuando es una estación importante. Y ya vemos que pasamos del verano al escaso invierno y otra vez volvemos al verano, y o no llueve o caen lluvias torrenciales; o sea, ya no hay una diferenciación de las estaciones. Antes llovía en otoño y en primavera. Ahora ya nadie entiende lo que está pasando. Y todas las medidas que se tomen para paliar o disminuir el avance del cambio climático tenemos que aplicarlas. Yo creo que el agricultor es perfectamente consciente porque, como digo, lo vive en primera persona. Pero muchas veces, aunque se habla mucho del cambio climático y demás, luego, a la hora de aplicar las políticas para que se lleve a cabo, son muy laxas y se va demasiado despacio en algunas cuestiones, y sobre todo para que el agricultor y el ganadero se adapten al cambio climático y se adapten también a las medidas que hay que tomar para mitigarlo.

Eso tiene que ir acompañado también de un presupuesto. O sea, no les podemos exigir a los agricultores y ganaderos que hagan todo el sacrificio, que muchas veces puede redundar en pérdida de producción o en tener a su disposición menos herramientas de tipo fitosanitario, de abonado o de otro tipo, si no tenemos una compensación. Porque al final todo el peso siempre recae sobre el mismo, sobre la voz más débil de la cadena, que son los productores. Entonces, tenemos que luchar, porque somos conscientes de que es un problema grave, pero necesitamos herramientas y necesitamos presupuestos para poder competir con eso.

P. Es muy difícil combatir cuando en agosto, por ejemplo, hace 46, 47 grados en el campo y, cuando llueve, son lluvias torrenciales.

R. Lo estamos viendo en estos días de atrás -esta entrevista fue grabada el 26 de octubre-: apenas ha llovido, pero en los sitios donde ha caído tormenta, lo que se tira todo al suelo es un desastre. Esa es la situación que tenemos aquí. Lo normal sería que en octubre y noviembre lloviese de forma regular, digamos. Luego, el invierno sabemos que siempre ha sido un invierno seco, pero que a partir de febrero, marzo, empezase a llover otra vez y lloviese en primavera. Pero ahora ya no. Es que ya no existen las estaciones, prácticamente.

P. Parece que, con todos los problemas de los que hemos estado hablando, el sector primario está teniendo tiempos bastante complicados.

R. Hombre, problemas hay, pero lo que hace falta es poner soluciones, porque todos los problemas tienen solución si se actúa. Lo que no podemos es dejar esto en manos de Dios para ver cómo se arregla. Entonces, vuelvo a repetir: producir alimento va a seguir siendo absolutamente necesario, porque las personas tenemos la mala costumbre de comer tres veces al día, si es posible. Y además cada día queremos comer productos de mayor calidad, miramos más las etiquetas, queremos que sean productos de cercanía, si es posible. En fin, todas esas cuestiones, en las que yo creo que también hay que hacer un trabajo importante para educar al consumidor, para que sea consciente de la importancia de comprar productos de su entorno, de los agricultores de la zona, de los productos de nuestra tierra. Y poner las medidas para proteger, como digo, a los que están produciendo.

Y yo estoy seguro de que, si se da la circunstancia de que hay rentabilidad, los jóvenes van a apostar por la agricultura y por la ganadería. Sin ninguna duda. Porque además hay muchos jóvenes que son hijos de agricultores que podrían quedarse con la explotación de los padres, que en muchos casos se quedan, pero que en otros, como están tan al límite de la rentabilidad o ya no hay rentabilidad, al final, ¿qué hacen? Pues se van, y al final los padres tienen que abandonar, tienen que vender las tierras, y perdemos activos. Ya no hay tanta sucesión de padres a hijos por eso. Entonces, el sector es atractivo si hay rentabilidad, y además es una profesión absolutamente maravillosa en la que uno es dueño de su trabajo y, cuando produces, te sientes muy orgulloso de lo que has producido. Es como si tú lo hubieses parido. Y es muy bonito, pero claro, con lo bonito no se come. Y si no se ponen unos límites, unas medidas para paliar eso, al final no queda otra que haya movilizaciones.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. -La entrevista fue realizada el 26 de octubre, antes del accidente ferroviario de Urda-. Este miércoles, hay tractorada en Madrid, pero UPA no participará.

R. UPA no participa en esta. Ha sido una decisión que se ha tomado en los órganos a nivel nacional, por aquello de no interferir ante unas elecciones que hay prácticamente dentro de un mes, sin saber además qué gobierno va a haber resultante de esas elecciones. Porque la movilización en sí no es un fin último, es un medio para conseguir cosas, pero si no sabemos el gobierno que va a haber, y a lo mejor, cuando pasen las elecciones, a los tres días vamos a tener que movilizarnos allí otra vez. Entonces, hemos decidido no interferir y esperar a ver qué pasa y, cuando tengamos resultados de las elecciones, pues vamos a ver.

Nosotros siempre nos hemos movilizado: hemos ido a movilizaciones solos, hemos ido a movilizaciones conjuntas, y siempre vamos a seguir estando ahí. De hecho, este año nos hemos movilizado recientemente, hace apenas 15 días: estuvimos en Puertollano, delante de la refinería de Repsol, para protestar por la subida de los carburantes, porque, como decía, son muchos los responsables de esto. No puede ser que las empresas de combustible estén ganando dinero más que nunca en una situación como la que estamos viviendo ahora. Es que saltó la guerra de Irán, y a la semana ya habían subido los precios un 25 o un 30 % con combustible que tenían comprado, que tenían supuestamente combustible para seis meses. Y al mes ya estaba un 40 y tantos % más caro. Es que eso es especular y aprovecharse de una situación de dificultad. Por eso nos hemos movilizado delante de Repsol. Y estas son las situaciones que se dan, que muchas organizaciones, muchas personas, se aprovechan de las situaciones para, como digo, ganar dinero, y al final esto lo paga siempre el productor y el consumidor, que son los dos eslabones más débiles de la cadena.

P. El gasóleo agrícola también ha sido objeto de polémica.

R. Estamos ahora mismo en 1,60 euros aproximadamente el coste del gasóleo agrícola, que estamos hablando de casi un 55 % más caro de lo que estaba hace un año, antes de saltar el conflicto. Y, como digo, es verdad, y hay que reconocerlo, que se ha puesto una medida de 20 céntimos por litro. Ahora también la deducción en el IRPF para el año que viene de un 35 % por el combustible y un 15 % por los fertilizantes. Pero claro, en una situación tan gravísima, las medidas se quedan cortas.

P. Por otro lado, y ahondando en la no participación de UPA en la tractorada, actualmente en Córdoba hay tres organizaciones, y cuatro si abre la mirada al panorama nacional. ¿Creéis que eso fija más la desunión que la unión de todos los trabajadores? ¿Es útil que haya tantas organizaciones agrarias?

R. No sé si es útil o no es útil. Hay otros países donde también hay varias organizaciones sindicales agrarias que tienen cada una su representación, y en muchos casos habrá algunas con las que coincidimos más en los objetivos y en lo que defendemos cada una, y otras con las que no coincidimos, por el modelo de agricultura y el modelo de ganadería, el modelo de agricultores y de ganaderos que nosotros defendemos, que unas veces estará en línea con lo que defienden otros y otras veces no. Entonces, tampoco creo que eso sea un problema. Aquí en Andalucía prácticamente estamos tres nada más. Son las tres que estamos reconocidas, y estamos en las mesas de interlocución y estamos en todos lados, y son las que estamos. Entonces, es bueno también que el agricultor tenga dónde elegir, para que esté donde quiera que se defiendan mejor sus intereses. Y también, en buena parte, porque hoy en día la organización no solo nos dedicamos a defender y representar, sino también a ayudar al agricultor con la burocracia y con todo el tipo de papeleo que tiene que hacer, que es terrible. Y también para darle unos servicios de calidad, darle formación, darle asesoramiento, darle todo. Y, como digo, cada agricultor, cada ganadero, que elija allá donde crea que se defienden mejor sus intereses, donde mejor se sienta representado y donde mejor se sienta atendido.

La aceituna de mesa está en una situación absolutamente dramática y es absurdo lo que está pasando

P. Después de todos los problemas que se están viendo en el campo, ¿crees que van a verse otra vez las tractoradas que hubo en 2024?

R. Yo creo que todo va a depender de las soluciones que se pongan encima de la mesa y de la situación que tenemos. Estamos viviendo una situación a nivel internacional muy complicada, de conflicto, que al final repercute sobre la situación que tenemos en nuestra pequeña escala. Pero, ¿cómo se aborda eso? Esos conflictos que tenemos a nivel mundial… Si hay una administración como la del señor Trump, que actúa de la manera que actúa, eso tiene una repercusión, porque vivimos en un mundo globalizado y nos afecta. ¿Cómo solucionamos eso? Entonces, a lo mejor, soluciones a pequeña escala no va a haber, va a ser muy complicado. Como digo, si no mejoran las cosas y no se cambia, habrá que llegar hasta donde haya que llegar. Y yo no descarto que cualquier cosa pueda pasar, porque lo que tratamos siempre, o por lo menos desde nuestra generación, es de alguna manera ser bastante objetivos con lo que hacemos y con lo que defendemos, y da igual quién esté gobernando: tenemos que defender los intereses de los agricultores y los ganaderos. Ese es nuestro papel. Entonces, que pueda haber movilizaciones después de las elecciones va a depender de las soluciones que se pongan encima de la mesa y de cómo se actúe, y ya está.

P. ¿En qué país se debería fijar España, si hay alguno dentro de la Unión Europea, para gestionar bien el sector primario?

R. Aquí las agriculturas potentes son Francia, Alemania, Italia, España, y algún otro país como Polonia o Austria, que no tienen una agricultura tan potente, pero son países también influyentes. Pero desde luego yo creo que las actuaciones tienen que ser conjuntas, porque si estamos en la Unión Europea es para lo bueno y para lo malo. Hay que actuar de manera conjunta, y lo que nos da la fuerza es ser cada vez más Europa y tener cada vez más fuerza como continente. En la agricultura también porque si tenemos que competir con la agricultura de países como China, como Brasil o como Estados Unidos, o somos una potencia o no tenemos nada que hacer. Entonces, yo creo que la solución no está en qué podemos hacer como país, sino en qué podemos hacer como Europa para hacer frente a todos esos problemas. Nosotros somos profundamente europeístas y creemos que la solución está en ser más fuertes y en creer en la soberanía alimentaria de la Unión Europea y protegerla, proteger al agricultor y ganadero europeo. Y esa tiene que ser la estrategia.

Aquí han venido también países a fijarse en lo que nosotros hacemos, por ejemplo, en el tema de la ley de la cadena. Bueno, pues todas las experiencias que nos puedan ayudar, bienvenidas sean. Pero yo creo que el éxito está en ser potentes como Unión Europea.

Entrevista N&B a Francisco Moreno, secretario general de UPA Córdoba

P. ¿Cuál es el futuro de la agricultura y la ganadería de Córdoba?

R. Yo creo que el futuro pasa, por supuesto, por la modernización, la digitalización y la aplicación de las nuevas tecnologías a la agricultura. Tenemos que adaptarnos, tenemos que tener una agricultura que se adapte al cambio climático, que se adapte a la falta de mano de obra, que se adapte a una serie de cuestiones, a reducir costes. Claro, el agricultor no se levanta por la mañana y dice: “Pues yo voy a poner hoy olivar superintensivo”. No pone olivar superintensivo, o pone olivar intensivo, porque su terreno se lo permite y porque con eso va a tener una reducción de coste de producción, una reducción de mano de obra. Entonces, tenemos que compaginar la agricultura moderna, con las nuevas tecnologías, con la digitalización, con todo eso, con nuestra agricultura de zonas tradicionales, que también cumple un papel fundamental y que tenemos que proteger. Y sobre todo tener en cuenta la invasión de los grandes fondos de inversión y de las grandes corporaciones que estamos viendo, que cada vez las lindes son más grandes y cada vez quedan menos agricultores en nuestros pueblos. Entonces, tenemos que trabajar para posibilitar, una vez más, que haya rentabilidad para los pequeños agricultores, porque si no caminaremos a una agricultura sin agricultores y sin ganaderos. Una ganadería sin ganadero, una agricultura sin agricultor. Y yo creo que eso sí es un error.

P. ¿Qué consejos le darías a un chaval de algún pueblo de Córdoba, que dice: “Mira, yo quiero ser agricultor, yo quiero ser ganadero”?

R. Hombre, yo, desde luego, encantado de que haya jóvenes que quieran ser agricultores y ganaderos. Lo primero es que se deje asesorar muy bien: qué idea tiene, qué es lo que quiere hacer y, en función de eso, que se desarrolle un plan y vea si eso es viable, si no es viable. Y por supuesto que se forme y se capacite, y que adelante. Es una profesión digna, una profesión muy bonita, y que producir alimento, como digo, va a seguir siendo necesario, y nosotros vamos a trabajar para que tenga futuro. Pero sobre todo que se forme y se asesore primero. Que tenga un plan que diga: “Pues mira, esto tiene esta viabilidad” o “por aquí no vayas, que te vas a estrellar»” Y que para adelante, que para adelante.

Como decía Cicerón, la agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo y la ocupación más digna de cualquier hombre libre. Entonces, contra eso no se puede luchar.

Subir los precios un 25 % en una semana con combustible ya comprado es especular y aprovecharse de una situación de dificultad

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