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Loreto Urraca: “Nunca curaré la vergüenza por las víctimas de mi abuelo”

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

Aristóteles Moreno

17 de octubre de 2026 20:03 h

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Imagine que un día abre el periódico de mayor tirada de España y se encuentra una fotografía de su abuelo. Suponga que descubre que el padre de su padre ha sido una pieza clave en el aparato de represión franquista. Que espió a cientos de exiliados españoles en Francia y que contribuyó decisivamente a su detención. Imagine que muchos de ellos acabaron ante el pelotón de fusilamiento. Por ejemplo, el ex presidente de la Generalitat de Catalunya. O el líder de la resistencia francesa.

Eso es exactamente lo que le sucedió a Loreto Urraca. Tenía 44 años cuando abrió las páginas de El País y se topó con un demoledor reportaje del Cazador de rojos. Pedro Urraca Rendueles. Su abuelo. Un implacable agente franquista que a punto estuvo de cazar al mismísimo Manuel Azaña cuando el ex presidente republicano extinguía sus últimos días de vida en un pequeño hotel de Montauban.

La catarsis emocional que desencadena un siniestro descubrimiento como este solo lo sabe la mujer que toma asiento frente a la grabadora. A Loreto Urraca le cambió la vida. Desde entonces, no ha hecho sino bucear en archivos y bibliotecas para reconstruir la biografía letal de su abuelo y resarcir a sus víctimas por crímenes que ella no cometió.

Son las 18.30 de la tarde en la cafetería del Centro de Visitantes de la Mezquita Catedral. Loreto Urraca acaba de llegar a Córdoba para participar en el V Ciclo de Cine y Memoria Democrática, que proyecta en la Filmoteca el documental Miradas Desobedientes, de Anna Solana y Julio de la Parra.

Lo que está a punto de relatar forma parte de la historia oculta de España. Justo por esa razón nuestra interlocutora ha convertido su vida en un camino de sanación personal y reparación de las miles de víctimas que dejó Pedro Urraca en la cuneta.

PREGUNTA (P). Usted conoce a su padre y a su abuelo con 18 años.

RESPUESTA (R). Efectivamente. Mi padre es medio francés y se ha criado toda su vida fuera de España, pero con 18 o 20 años es cuando vuelve. Entonces conoce a mi madre, tienen un noviazgo más o menos largo y se casan con la oposición de las dos familias.

A Azaña no consiguió detenerlo porque estaba protegido por la Embajada de México

P. ¿Su madre es española?

R. Sí. Ella tiene que renunciar a su trabajo por las leyes franquistas. Las mujeres que se casaban tenían que dejar de trabajar. Cuando yo tenía 4 años, mi padre no asume la responsabilidad de tener una familia y se va. Le estoy hablando del año 68 o 69. Entonces no había ni divorcio, ni separación, ni nada.

P. Eso era abandono de hogar.

R. Sí, pero en aquella época las leyes franquistas no iban a proteger a mi madre de ninguna manera. El caso es que mi padre desaparece de mi vida.

P. Usted tenía 4 años.

R. Yo no tengo recuerdos de él en esa época ni había conocido a mis abuelos paternos. Lo único que sabía era que vivían en Bruselas porque él trabajaba para la Embajada española. Más adelante intuí que no podía ser personal diplomático, puesto que los cargos diplomáticos van rotando. Si siempre estaba trabajando allí, solamente podía ser un funcionario franquista del Ministerio. Son cosas que fui atando mucho más adelante.

El día que cumplo 18 años estaba con mis amigos tomando algo. Llamo a mi madre para pedirle permiso y llegar un poquito más tarde a casa y me dice: “Ha llamado tu padre. Quería hablar contigo”. Aquello me cayó como un jarro de agua fría. Yo me decía: “¿Qué quiere esta persona ahora de mí?”.

P. Su padre dejó un teléfono para que usted lo llamara.

R. Exacto.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. Él estaba en Madrid.

R. Después de dejar a mi madre pasó una temporada en diferentes ciudades de España, pero terminó regresando a Francia. Me llamaba desde allí. Y me comentó que tenía que viajar a Madrid para ver a sus padres, que habían regresado a España porque mi abuelo se había jubilado. Y me invitaba a que nos conociéramos. A mi padre y a mis abuelos.

P. En el mismo momento.

R. No sé cuándo se produjo aquel encuentro, pero el mismo día que yo conozco a mi padre, conozco también a mis abuelos.

P. ¿Y cómo recuerda aquel día?

R. Espantoso.

P. ¿Por qué?

R. Yo estaba muy tensa. Tenía 18 años apenas. Era una visita que a mí en el fondo no me apetecía hacer. Me sentía realmente obligada.

P. Perturbaba su vida.

R. Perturbaba totalmente mi vida. Me había criado sin mi padre y había tenido una infancia feliz. Y, de pronto, aparecía él y otras dos personas.

Me da rabia cómo nos han podido ocultar estas barbaridades

P. ¿Dónde quedaron?

R. En la casa de ellos. En Madrid, calle paralela a Sáinz de Baranda, cerca del Retiro. Fue una situación muy tensa y nada agradable. Mi abuelo estaba ya ciego totalmente. No me llegó a ver nunca. Mi abuela veía muy mal. Entré en aquel apartamento y me encuentro como encerrada en una covacha oscura que olía a cerrado, con esas dos personas que se me acercaban para palparme. Me sentía como atrapada. No había ni entrado todavía y veía dentro la oscuridad.

La primera impresión no fue agradable. Ellos también estaban muy distantes. Sentí que era mi padre el que había impuesto que yo los conociera. Había una tensión en el ambiente que no se hacía nada agradable. No recuerdo de qué hablamos. Me imagino que me preguntarían si estudiaba. A partir de ahí me llamaba de vez en cuando para que lo recogiera con un taxi y nos fuéramos a comer.

P. Su padre hizo por retomar su relación con usted.

R. Sí, pero tampoco con mucho convencimiento. Muchos años después pensé que, como era la única nieta, querían encargarme de la senectud de estas dos personas.

P. Usted cree que su padre la llamó por esa razón.

R. No sentía esas ganas que puede tener un familiar de conocer a alguien.

P. No percibió cariño.

R. Siempre han sido personas muy frías las tres. Pedro Urraca estuvo en coma mucho tiempo y murió en septiembre del 89. Yo ya no vivía en Madrid. En esos años de vez en cuando nos veíamos. Él nunca mencionó cuál era exactamente su labor en la Embajada y yo no tenía curiosidad. En el año 82 yo no estaba politizada, pero había una efervescencia en el ambiente. España quería entrar en la Unión Europea y todo avanzaba hacia el futuro. Yo quería terminar de estudiar, buscar trabajo y no me importaba nada del pasado. Solo percibía que era como un funcionario gris del régimen franquista.

P. Usted no sospechó nada.

R. Nunca llegué a sospechar la responsabilidad que había tenido en la represión del exilio.

P. Su madre tampoco.

R. Mi madre no. Yo también percibía que no le hacía mucha gracia que fuera a verlos. Muchas veces ni se lo decía.

Pedro Urraca ficha policial y pasaporte (descargados de la web de Loreto Urraca, su nieta)

P. ¿Qué sabía entonces de la Guerra Civil y la dictadura?

R. Poquísimo. Mi madre es de Córdoba, de Montilla, y su familia se fue a Madrid.

P. Su madre es de Montilla.

R. Sí. Mi madre es del 37 y yo creo que debió llegar a Madrid en el 40. Mi abuela tampoco contaba gran cosa. Eran una gran familia. Uno había acabado en Rusia y otro se había muerto, aunque no sabían en qué frente. No era un tema del que se hablara en casa.

P. Su abuelo acababa de regresar de Bélgica.

R. Después de Francia pasó por España unos pocos meses, pero inmediatamente lo mandan a Bélgica con otro nombre. El apellido Urraca desaparece. Al principio firma como Urraca Rendueles y llega un momento en que es Rendueles solamente. Todo eso lo he visto luego en archivos. Se jubiló de su función en Bélgica y volvió a España después de muchísimos años. A Francia llegó en noviembre del 39. Es la fecha de inicio de su puesto de agregado policial en la Embajada, aunque él debía pulular ya por Francia, porque en sus diarios hay entradas del 1 de abril del 39 donde está viajando hacia Madrid.

Me imagino que iba para el desfile de la victoria. Y tiene un accidente de coche. Está toda la Guerra Mundial allí y el mismo día que acaba, el 9 de mayo, sale del territorio francés. Todo eso lo he aprendido luego en archivos.

P. Pasan 26 años desde que se encontró con su padre y su abuelo en 1982 hasta que leyó un artículo de El País titulado El cazador de rojos. ¿Cómo recuerda ese día?

R. Otro jarro de agua fría. Era un domingo de septiembre. En aquella época comprábamos la prensa en casa y la leíamos los domingos por la mañana. Y es precisamente mi marido el que abre el periódico a dos hojas y me dice: “Oye, ¿este no es tu abuelo?”.

Pedro Urraca contribuyó a la muerte de muchas personas simplemente por tener ideas diferentes

P. ¿Él cómo lo reconoce? ¿Por el apellido?

R. Claro. Pedro Urraca Rendueles. Venían los dos apellidos. Y el titular: El cazador de rojos. Y una foto donde se parecía bastante al abuelo que yo había conocido. Luego he sabido que era una foto con la que las policías aliadas le buscaban en el año 45 o 46 cuando es condenado a muerte en Francia y hay una orden de busca y captura. Y resulta que el señor estaba en Bélgica, pero ya con inmunidad diplomática y con el nombre de Rendueles. Esa foto es la de la ficha de busca y captura, y ahí reconozco que es ese mismo señor. Por supuesto que era mi abuelo.

P. ¿Qué sintió?

R. Lo primero una grandísima sorpresa. El artículo hablaba del agregado policial encargado de la represión en el exilio. Y empiezan a aparecer nombres de personas a las que buscaba: Azaña, Companys, ministros como Zugazagoitia, Cruz Salido, Federica Montseny, Joan Peiró [salvo Azaña y Montseny, todos fueron delatados por Urraca, detenidos por la Gestapo y fusilados por Franco]. Nombres que yo incluso en aquella época tampoco los ubicaba mucho. Y te empiezas a dar cuenta de la monstruosidad de lo que está diciendo el artículo. Y cuando termino de leerlo lo que me entró fue una tremenda vergüenza. Pero ¿cómo puedo yo ser nieta de esta persona? No me lo podía creer. Lo que decía el artículo era tremendo. Además estaba haciendo una reseña de una tesis doctoral y citando a un profesor de Historia de la Universidad de Barcelona, Jordi Guixé. No podía ser para nada una exageración.

P. Había sido investigado por un especialista.

R. Claro. Me quedé bloqueada. Dos años después fui a la Universidad de Barcelona para leer la tesis, porque no estaba publicada todavía. En ese momento sentí, sobre todo, sorpresa y vergüenza.

P. Su padre vivía entonces.

R. Sí.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. ¿Lo llamó?

R. No. Yo aproveché que me había ido de España y que había muerto Pedro Urraca para cortar lazos.

P. ¿Se enteró de que había muerto?

R. Sí.

P. ¿Quién la avisó?

R. Mi abuela. Y a ella ya no la volví a ver. Le sobrevivió 10 años.

P. ¿Habló con su madre cuando leyó el artículo?

R. Lo leyó ella en el mismo periódico que yo. También estaba muy sorprendida. Sorprendidísima. Yo creo que los había visto una vez solamente en su vida.

P. El artículo le impactó y empezó a investigar.

R. En el primer momento no. Simplemente pensé: “Vamos a dejarlo correr. Tampoco tengo yo nada que ver con esto”. Pero sí que intuí que por culpa del apellido alguien alguna vez me podía preguntar. Dos años después me llamó una periodista. Se estaban cumpliendo 70 años del fusilamiento de Companys. Yo estaba trabajando y se presenta como periodista de El Temps. Me dice: “¿Es usted la nieta de Pedro Urraca Rendueles?”. A bocajarro. Y le dije: “Pues sí”. Había conseguido mi número de teléfono haciendo una búsqueda en internet por el apellido. Se había puesto a llamar a todos los Urracas que había encontrado hasta que había topado conmigo.

Soy una nieta desobediente a mucha honra

P. ¿Usted dónde vivía entonces?

R. En ese momento yo había vuelto ya a España. La periodista me proponía que le diera mi testimonio de cómo recordaba yo a mi abuelo de pequeña. Qué cuentos me contaba y qué canciones me cantaba cuando me mecía en la cuna. Y le dije: “Mira, has topado con una familia totalmente desestructurada. Esos recuerdos que tú crees que yo tengo no han existido”. Pero me di cuenta de que me daba la oportunidad de expresar mi profundo rechazo a lo que había hecho Pedro Urraca.

P. Usted tenía ganas de posicionarse desde el punto de vista ético.

R. Claro. Me estaba ofreciendo esa ocasión de decir: “Este señor es mi abuelo, pero yo soy totalmente contraria a sus ideas, con una ética y unos valores diferentes”. Cuando publicó el reportaje yo sabía de mi abuelo estrictamente lo que ponía en el artículo del periódico. No más. Y pensé que podían venir otras personas a preguntarme más cosas. Entonces me vi con prisas de ir a Barcelona a leer la tesis.

P. ¿Tenía en ese momento conciencia política?

R. Qué va. Tampoco la tengo mucho ahora.

P. Pero ya ha estudiado y ha investigado. Tiene una posición política.

R. Esa posición la he ido adquiriendo según he visto la injusticia tan grande que se cometió, ya no solamente por parte de Pedro Urraca, sino de todo el sistema. La rabia que me da es haber ido descubriendo la historia de España que no nos han contado. Haberme sentido engañada incluso por los gobiernos democráticos. Yo me he ido posicionando en función de la magnitud de esas injusticias. Soy más bien de políticas sociales y de igualdad, pero me han ido viniendo poco a poco.

P. Usted se va a Barcelona para hablar con el autor de la tesis doctoral.

R. Tampoco. Lo conocí mucho después.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. ¿Qué hizo en Barcelona?

R. Estuve una semana encerrada en la biblioteca de la Universidad leyendo el único ejemplar que había de esa tesis.

P. Esa tesis tendría muchos folios.

R. Eran tres tomos bastante gorditos. El tercero era solamente el aparato: bibliografía y todos los archivos que había consultado. Y entonces el último día, con un papel y un lápiz, fui escribiendo la lista de archivos. Por ejemplo: Archivos Nacionales Franceses. O el expediente judicial contra la familia Urraca por el que se le termina condenando a muerte. Fui sacando los expedientes de archivo y dónde estaban.

P. O sea, esa tesis la llevó a otros archivos.

R. En la tesis venía exactamente especificada en qué caja, en qué fondo y en qué archivo. Y es cuando empiezo mi investigación, que consistía simplemente en ir a ver las fuentes documentales del historiador.

P. ¿Qué es lo que más le impactó de aquella tesis?

R. La responsabilidad de Pedro Urraca en el exilio. No era un policía que trabajara solo y porque le daba la gana. Era todo un aparato represivo y él era el ejecutor o uno de los ejecutores. Y me decía: ¿cómo no hemos sabido nada de esto? ¿Cómo en el año 2010 todavía no sabemos nada del exilio? Y ahí fue cuando empecé a pensar que tenía que divulgarlo de alguna manera para llegar al gran público, porque me daba rabia cómo nos han podido ocultar estas barbaridades durante tantos años.

P. Pedro Urraca participó directamente en la detención del ex presidente de la Generalitat.

R. Hay fuentes que dicen que él estaba allí. Yo estoy convencida, por una serie de documentos, de que personalmente no estaba. Pero sí tenía la localización de donde vivía Companys. Esa trazabilidad la tenía.

Mi abuelo no merece perdón

P. O sea: él lo que hacía era localizarlo, ubicarlo y vigilarlo.

R. Él y otros muchos. En el verano del 40 Francia es ocupada por los nazis y esa parte cae bajo administración alemana.

P. Ahí es donde trabaja él.

R. Él trabaja en toda Francia porque o se apoya en la Gestapo o en el régimen de Vichy. Ya tenía muy buen contacto con la policía, incluso democrática, previa a la invasión de Alemania en Francia. En 1939 es la policía francesa la que cierra los locales donde los grupos políticos mantenían su actividad. Incluso la Diputación Permanente de las Cortes. Son locales que registra la policía francesa a petición de Pedro Urraca y de la Embajada española y se incautan de toda la documentación.

Pedro Urraca empieza a tener un montón de documentación donde va localizando a las personas que quiere perseguir. A Companys lo tienen un día o dos en esa zona y luego lo ingresan en la prisión de La Santé. Hay un informe de Pedro Urraca 10 días después donde dice: “Lo he visto mucho más desmejorado que la última vez”. Entonces no ha podido ser justo la semana anterior.

P. Él le hizo una foto a Companys.

R. Eso es cuando lo traslada de la prisión de La Santé hasta Hendaya, donde lo entrega a unos colegas de la Dirección General de Seguridad, que son los que conducen ya a Companys hacia Madrid.

P. El propósito suyo era identificar a todos esos exiliados y devolverlos a España para que fueran procesados o fusilados.

R. Eso es. Desde un sindicalista hasta el jefe del Estado.

P. ¿Qué personas más relevantes espió él directamente?

R. A Azaña no consiguió detenerlo porque estaba protegido por la Embajada de México en un hotel. Estaba muy enfermo y terminó muriendo de un ataque al corazón. En aquellos días había una guardia montada para ver si era mentira que estuviera tan enfermo. En ambulancia había escapado Azaña desde la zona de Burdeos a Montauban. Había un retén para ver si se podía arrestarlo en el momento en que saliera de la legación diplomática mexicana.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. Él deja por escrito todos sus seguimientos.

R. Sí. Uno de los archivos que también consulté que me llamó mucho la atención fue un fondo de Falange Exterior que hay en el Archivo General de la Administración en Alcalá de Henares. Allí hay una caja donde están los informes que Pedro Urraca enviaba a Madrid. Los que se conservan son los que dirige al jefe de Falange Exterior, pero en las cartas de acompañamiento suele decir: “Copia de este informe va dirigida a Finat”, que era el director de la Dirección General de Seguridad, es decir, su auténtico jefe.

Tuvo que haber en su momento una caja con copias de esos informes, si es que los conservaban o no se destruyeron durante todos los años del franquismo. En esa caja se conservan muchos informes del año 40 e incluso hasta el 41. Y ahí se ve su trabajo de campo. Por ejemplo: “A fulanito le hemos localizado en tal sitio” o “la policía francesa ha cerrado los locales del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles y todas las cajas de documentación las tenemos nosotros”. Todo su trabajo del día a día está reflejado en sus escritos.

P. ¿En cuántos operativos pudo haber trabajado Pedro Urraca?

R. Él debió llegar solo, pero al poco tiempo hubo otro policía que venía por encargo de Lequerica, que era un policía que estaba en Bilbao aunque no duró mucho tiempo allí. Pedro Urraca empieza a comprar a gente que le sirva de mirón o soplón. Debía tener unos cuantos. Y luego también estaba el personal de los consulados, que delataba a los refugiados.

P. Él espió o vigiló a decenas o cientos de personas.

R. Y miles.

P. ¿Miles?

R. Pero si es que fueron medio millón de españoles los que salieron en febrero del 39.

P. Claro, pero todos no le interesarían a él.

R. No, pero politizados había un montón. Si se habían exiliado es porque tenían alguna razón política para salir de España.

Vienen muy malos tiempos para la memoria democrática

P. ¿Él participó también en la detención de Jean Moulin?

R. Eso no está tan claro. Es una teoría que yo tengo porque en el expediente judicial que se inicia en Francia por el que se le condena a muerte lo inicia una mujer francesa que era inquilina en un apartamento que era propiedad de la suegra de Pedro Urraca. Está allí desde el año 34 y es judía. En junio del 40 huye de París. Pero resulta que esta mujer tenía una relación sentimental con Jean Moulin, que evidentemente en aquel momento todavía no era el líder de la resistencia. Ella acusa a la familia Urraca —es decir, a la suegra de Pedro Urraca, a su mujer y a él mismo— de que ellos la han denunciado a la Gestapo.

Está convencida de que no solamente la estaban buscando a ella, sino a Jean Moulin. No solo estaba el Gobierno franquista intentando capturar a cuantos más republicanos pudiera para ejecutarlos en España, sino que los nazis estaban también buscando a los de la resistencia y el Gobierno colaboracionista francés a sus enemigos. Son tres grupos que están siendo perseguidos por tres gobiernos represores. Las policías nazi y franquista firman en julio del 38 un acuerdo secreto por el que se comprometen a capturar al enemigo del otro incluso en territorios extranjeros. Y es lo que ocurre en el año 40. El Gobierno franquista le pide a la Gestapo que le capture a republicanos españoles. Lo mismo ocurre luego: los nazis y el Gobierno de Vichy le piden a Franco que le ayude a la captura de sus enemigos.

P. Pedro Urraca de manera indirecta es responsable de la muerte de muchas personas.

R. Esa es mi vergüenza. Que aunque sea indirectamente, su trabajo ha contribuido a que personas mueran simplemente por tener unas ideas políticas diferentes. Esa es mi vergüenza.

P. Él tenía una relación fluida con la Gestapo.

R.Totalmente fluida. En una de sus primeras cartas, en julio del 40, le está contando a su jefe: “Acaban de llegar los alemanes y tenemos una relación muy fluida. Las primeras tres cosas que vamos a hacer son esta, esta y esta”. Lo dice desde el primer momento.

P. ¿Por qué Pedro Urraca hizo todo esto? ¿Por convicción, por dinero o por rutina funcionarial?

R. No lo puedo saber exactamente, pero más bien intuyo que por trepar. Él era ya policía, pero opta a ese puesto. No se lo dan. Hay una oposición y él la gana.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. ¿Qué nombre tenía ese puesto?

R. Agregado policial. Es verdad que tenía muchas papeletas. Estaba bien preparado. Se había casado con una francesa, conocía el país perfectamente, el idioma y tenía experiencia. Su destino estaba en Madrid y él opta a ese puesto. Siempre he pensado que lo que le interesaba era vivir bien fuera de un país que estaba totalmente destrozado. Desde su puesto podía comer bien y dormir caliente, cuando entonces por el Sena bajaban placas de hielo con gente muerta.

P. ¿Qué tipo de persona descubre en la lectura de todos esos informes?

R. Una persona totalmente egoísta que no empatiza para nada con el sufrimiento de la gente. Tampoco quería destacar sino vivir en la sombra y que le dejen tranquilito para vivir bien.

P. No tenía mala conciencia ni dudas éticas.

R. En sus escritos no. En los años que le conocí no sabía nada de él. Yo me he basado mucho para crear ese personaje en sus escritos oficiales que mandaba a Madrid y en sus propios diarios. Tengo el Urraca íntimo de los diarios y el Urraca oficial cuando escribe los informes. Y luego tengo las impresiones de gente que le ha perseguido a él. El personaje que a mí se me figura es una persona egoísta al extremo de pasar de todo y querer vivir bien. No me lo imagino como José Antonio Primo de Rivera, una persona que lucha por su ideal.

P. Él es condenado a muerte por colaborar con los nazis.

R. Sí.

P. Pero no lo detienen.

R. No, porque él ya estaba fuera de Francia. Lo condenan en rebeldía. La sentencia es de enero del 47 y él se fue de Francia el 9 de mayo del 45 cuando acaba la guerra. Luego intenta volver a Francia y le deniegan la entrada.

Mi madre era de Montilla y tenía una gran familia

P. ¿A él lo condenan con testimonios de sus víctimas?

R. La que inicia la demanda es Antoinette Sachs. Hay testigos, pero no son víctimas directas y ningún republicano, desde luego. Y también hay algún informe policial. Es ya una época donde el presidente De Gaulle necesita unificar el país, que ha estado prácticamente en una guerra civil. En Francia hubo un colaboracionismo con los nazis tremendo y el nuevo Gobierno necesitaba unificar el país. Había montones de juicios en los que condenaban a muerte a muchas personas. Y es muy fácil para policías que habían trabajado seguramente con Pedro Urraca dar testimonios de que era un colaborador, porque así yo también me limpio mi expediente.

P. ¿Y por qué se va a Bélgica?

R. El Gobierno franquista tiene que hacer algo con ese funcionario al que ya le impiden vivir en Francia. Y que además le es muy útil para seguir vigilando a los españoles en Bélgica.

P. O sea, él continúa con su misión.

R. Sigue haciendo su trabajo. De hecho, hay informes donde está localizando a miembros de ETA.

P. ¿De ETA?

R. Claro. Es que su carrera policial es muy extensa.

P. O sea, que llega hasta los años 60 y 70.

R. Claro. Él tiene dos cargos: el del Ministerio del Interior, que es su auténtico Ministerio, y el de Exteriores. De hecho, cobraba pensiones de los dos. Del Ministerio del Interior se jubila en su momento, pero en el consulado de Amberes, en Bélgica, mantiene durante años un puestecillo que acaba siendo a medio tiempo de canciller. Estoy hablando ya de los años del Gobierno socialista.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. Que era desconocedor de su trayectoria.

R. No creo, porque Urraca tampoco era el único. Yo siempre he pensado que cuando llegó la democracia había un montón de funcionarios haciendo su trabajo y no podían echarlos a todos de la noche a la mañana. Algunos, a lo mejor, jugaban con la información que tenían y pensaron: “Vamos a arrinconarlos como un mueble viejo y los vamos jubilando”.

P. Usted se reunió con los sobrinos-nietos de Companys.

R. Con una sobrina-nieta. Después conocí a un bisnieto.

P. ¿Cómo fue ese encuentro?

R. Con respecto a otras víctimas de Pedro Urraca, el ex presidente Companys tuvo la suerte de que tiene todavía un partido político que mantiene viva su memoria. En Barcelona se iba a hacer un acto bastante politizado y habían invitado a Mariona Companys. Yo tenía ganas de encontrarme con la primera descendiente de una víctima. El acto se desconvocó y al final simplemente nos terminamos encontrando ella y yo más cuatro o seis personas donde se cree que fusilaron a Companys. Entre las dos le depositamos un ramo de flores.

P. ¿Qué sintió?

R. Para mí fue muy reparador. Estuve con una persona que tampoco venía reclamándome nada. Fue entrañable encontrarme con ella. Estábamos cómodas las dos. Luego me he encontrado con las nietas de Manuel Muñoz Martínez, el diputado gaditano que estuvo en las tres legislaturas de la República. ¿Sabe quién es?

P. No.

R. Manuel Muñoz Martínez era un militar africanista de los que se jubiló con la ley Azaña para quitar a gente de tan alto rango del Ejército. Era masón y diputado en las tres legislaturas.

Me sentía responsable de intentar lavar el apellido que Pedro Urraca había manchado

P. ¿Por qué partido?

R. No lo recuerdo ahora, pero sí sé que él terminó exiliado en Francia. Se había separado de la mujer, con la que tenía tres hijos, y empezó una relación con Araceli Zambrano.

P. La hermana de María Zambrano, la filósofa.

R. Exacto. Y cuando el Gobierno republicano en noviembre del 36 se traslada a Valencia, él se va allí pero detienen a toda su familia en Cádiz: su ex mujer, los tres hijos, sus padres y sus hermanas. El hijo mayor muere de tuberculosis en la prisión y él acaba exiliado en Francia con Araceli Zambrano. Dos años después, en 1942, lo detiene la Gestapo. Es otra víctima muy directa de Pedro Urraca. Lo traen a España, le hacen un juicio sumarísimo y lo fusilan en diciembre del 42. Han sido sus nietas las que han hecho todo lo posible para recuperar la memoria de su abuelo. El caso de Companys es todo lo contrario: fue el partido.

P. ¿Y cómo fue el encuentro con las nietas?

R. Fue a través de la Diputación de Cádiz, que montó unas primeras jornadas de memoria democrática hace tres o cuatro años. Hay un documental que se llama Urraca, cazador de rojos y lo estaban pasando por diferentes circuitos de la memoria democrática. En un evento de Navarra coincidió con otro documental sobre Manuel Muñoz Martínez que había hecho un periodista de la Diputación de Cádiz, David Doña. Cuando vio el de Urraca hizo inmediatamente la conexión, me contactaron y me invitaron a unas jornadas de Cádiz, donde estarían las nietas de Manuel Muñoz Martínez.

P. ¿Cómo fue la experiencia?

R. Fue realmente muy emotiva para mí. Y para las nietas también. Fue un acto muy poderoso porque estábamos las tres muy emocionadas. Al día siguiente había una manifestación por el derecho a morir dignamente y me fui con ellas. Nos hemos vuelto a ver. Que los descendientes de las víctimas puedan hablar abiertamente conmigo para mí es realmente reparador.

P. ¿Ha curado esa vergüenza que sentía?

R. No del todo. Y no me la curaré nunca. Pero por lo menos veo que todo el trabajo que he hecho de investigación, de escribir la novela, del documental sobre Urraca sirve de algo. Mi propósito era que se descubriera esa historia que nos habían ocultado y rescatar a todas esas víctimas de las que no se hablaba nada. El objetivo de divulgar y dar a conocer quien era Urraca lo he conseguido.

Entrevista N&B a Loreto Urraca, nieta del represor franquista Pedro Urraca

P. En 2013 abrió una página web con toda la documentación resultado de su investigación.

R. Sí. Como el Archivo General de la Administración no me permitió publicar todos esos informes, hice un cuadro excel con las personas que se citan en cada uno de los informes. Tú pones, por ejemplo, “Azaña” y te salen varias fechas. Entonces la gente me lo pide, yo lo convierto en PDF y lo envío.

P. En 2018 publica Entre hienas. ¿Qué fue aquel libro: una catarsis o un ajuste de cuentas?

R. Quería divulgar esa parte de la historia y contar quién era Pedro Urraca. Me sentía responsable de hacer algo con esa historia que me había tocado vivir. Lo que no me imaginaba era todo lo que iba a venir después del libro: el documental y que me contactaran desde Historias Desobedientes en Argentina.

P. Eso fue en 2021.

R. Exactamente.

P. ¿Cómo fue esa historia?

R. Gracias a la promoción de la novela llegó a oídos de Analía Kalinec en Argentina que yo había publicado ese libro. Y entonces recibo un messenger donde me dice: “Hola, soy Analía Kalinec, la hija desobediente de un condenado a cadena perpetua por crímenes de lesa humanidad”. Cuando lees esa frase ya te entran escalofríos. Me contaba que ella también había escrito un libro donde había volcado ese malestar que sentía y que junto con otras personas habían formado un colectivo que se llamaba Historias Desobedientes. Me proponía hacer un encuentro virtual con tres mujeres de Argentina y otra de Chile, que estaba en París. Aquel encuentro fue como hallar a mi auténtica familia porque todo este trabajo de investigación, de escritura y de promoción lo había hecho sola. Y había recibido críticas del tipo “los trapos sucios se lavan en casa” o “a la familia no hay que deshonrarla”.

P. Y usted era una nieta desobediente.

R. Totalmente. Y a mucha honra.

P. ¿Ha tenido dudas en este largo viaje alguna vez?

R. No. En ningún momento. Esas críticas que recibía me reafirmaban en que era precisamente lo que tenía que hacer. Me sentía responsable de intentar lavar el apellido de alguna manera y de devolverle la dignidad que Pedro Urraca con su actuación había manchado.

Fue muy reparador para mí encontrarme con las víctimas de mi abuelo

P. ¿Su abuelo se merece perdón?

R. No. Por mi parte, desde luego, no. Si algún descendiente de víctimas lo quiere perdonar es su decisión. El perdón es algo muy personal. Él a mí tampoco me ha hecho nada realmente. Ni bueno ni malo.

P. El daño se lo ha hecho a la humanidad.

R. Exactamente. Luego me he dado cuenta de la suerte que he tenido por no haber ningún vínculo afectivo con esa persona. Mis compañeros de Historias Desobedientes en Argentina, Chile o Paraguay sí tenían un vínculo familiar intenso. Muchos eran padres ejemplares.

P. En esas circunstancias es muy difícil denunciar.

R. Dificilísimo.

P. Usted tenía una desafección originaria.

R. Ahora me doy cuenta de la suerte que he tenido de no haberle conocido y no haber tenido ni siquiera la oportunidad de que me cayera bien.

P. ¿Vienen malos tiempos para la memoria democrática?

R. Muy malos.

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