Pablo, Paul y Siri: Los fantasmas y la alegría
La noche del viernes la vida rimó de forma siniestra. Aunque también lo hizo con una extraña energía alegre. La muerte apareció 24 horas antes de que Siri Husvedt pisara el escenario del Teatro Góngora para inaugurar Cosmopoética. Se llamaba Pablo y era el alma del festival desde hacía años. Llevaba mucho tiempo preparando la llegada de la escritora norteamericana para que todo fuese perfecto. Ella venía a presentar un libro de fantasmas. Una historia dedicada a la memoria de su esposo, el escritor Paul Auster, y al proceso de duelo tras su fallecimiento.
Lo que es la vida: en nuestra memoria lo que fueron Paul Auster y Siri Husvedt juntos ya siempre estará ligado a Pablo Téllez.
“¿Cómo sigue viviendo la poesía dentro de ti?”, preguntó la escritora Azahara Palomeque casi al final de su charla con Hustvedt. Téllez le había pedido días atrás que hiciera esa pregunta, aunque Siri sea reconocida principalmente por la ficción y el ensayo. Su primer libro publicado fue un poemario y aprovechó para contar que, cuando conoció a Paul Auster, saber que era poeta lo volvió aún más atractivo para ella.
Centrada en la poesía habló de la importancia del ritmo. “Eso es algo que me contagia mucho. Estamos llenos de ritmo. Nuestro latido, nuestra respiración, nuestra manera de caminar... todo eso es rítmico y tiene mucho que ver con estar viva. Y esa métrica, la poesía, es también como un eco de todos estos ritmos del ser humano”, confesó tras revelar que lee poesía semanalmente y que Emily Dickinson es una de sus poetas favoritas.
Antes de todo ello, sentada con una elegante camisa fucsia que destacaba en un escenario negro, Siri abordó la metafísica para explicar la “profunda transformación en la percepción del tiempo” que provoca la pérdida del ser querido. “Quedarse fuera del tiempo”, lo llamó. A ello le siguió una reflexión que conectó la vivencia íntima, la filosofía y la política actual. Entre otras cosas, cuestionó el dualismo cartesiano para reivindicar la emoción y la encarnación física respaldadas por la neurociencia.
Y llegó al feminismo, que lo atraviesa todo frente a los sesgos y jerarquías culturales de autoridad. Habló del feminismo de Auster, explicando cómo fue creciendo con los años, tanto por la convivencia cotidiana con ella como por presenciar de forma directa ma forma en que operaban las dinámicas de género. A Paul le molestaba profundamente comprobar cómo los entrevistadores y críticos le atribuían a él ideas, conceptos o conocimientos que en realidad pertenecían a Siri; aunque él aclaraba de forma explícita en las entrevistas frases como «esto me lo dijo Siri» o «esto lo aprendí de ella».
Hubo espacio para desmitificar la inteligencia artificial al definirla como un mero sistema estadístico que “regurgita el pasado”, en contraste con la impredecible imaginación humana, concluyendo con un firme llamamiento a la responsabilidad moral de los escritores para ejercer la objeción pacífica y defender la democracia frente a las amenazas del protofascismo.
Anunciando que su próximo proyecto será un libro sobre el resurgimiento de la eugenesia impulsada por el supremacismo blanco, los discursos sobre la natalidad y la teoría del gran reemplazo, Siri volvió al duelo y al aprendizaje de semejante experiencia.
Tras recordar las cartas y documentos personales integrados en Historias de fantasmas, reveló que la estructura del libro fue un auténtico “andamio para mi duelo”. Escribir cada día no solo le daba el impulso para levantarse, sino que funcionó como un acto para “resucitar” en las páginas la esencia de lo que vivieron juntos y apagar “el fuego de la herida abierta” a través de la distancia que otorga la palabra escrita. Nunca tanta intimidad ajena dio tan poco pudor. Es la magia del “yo” vulnerable y transparente de la escritora.
Al final, el dolor de la ausencia se transformó en “una inmensa gratitud” por los 43 años compartidos con Paul Auster. Escribiendo, Siri atravesó las sombras y se reencontró con la vida. “Encontré la alegría ahí”, confesó emocionada.
Inventar la alegría. El verso de Borges que es la máxima Cosmopoética en su edición más triste. La vida sigue rimando.
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