Los genocidas no quieren testigos
Cuando el periodismo desaparece de una guerra, no hay ojos para contarla
El año 2025 concluyó con 67 periodistas asesinados. No fue un mal año. Tampoco bueno. Si tenemos en cuenta, claro, que ya hayamos normalizado que ejercer una función de interés público te acabe costando la vida. El año 2024, por ejemplo, murieron 66. Y en 2018 fueron liquidados 96. Nada que ver, no obstante, con los 142 que fallecieron en 2012 mientras nos escribían sus crónicas desde el campo de batalla.
Los periodistas no mueren. Son asesinados. Con esta dramática obviedad comienza el balance anual de Reporteros sin Fronteras que usted puede descolgar tranquilamente de su página web mientras se sopla un vermú leyendo el pifostio que están montando dos supremacistas blancos en Oriente Medio. Uno de ellos, por cierto, es el responsable de la mitad de los periodistas asesinados en todo el planeta durante 2025. Que no es un dato menor, oiga.
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