La mitad de la recogida selectiva de basura en Córdoba termina en el vertedero
Córdoba lidera en Andalucía el sistema más avanzado de recogida selectiva de basura. Comenzó la primera en los años noventa y ha mantenido cierto rigor en la política de reciclaje marcada por la Unión Europea. Pero ojo: compararse con Andalucía no quiere decir mucho. Nuestra comunidad autónoma exhibe unas cifras exiguas en la separación domiciliaria de la basura. Apenas el 17% de los residuos urbanos se recogen de forma selectiva, según datos recabados por el Ministerio para la Transición Ecológica.
El bajo índice sitúa a Andalucía a años luz de Navarra (49,3%) y Cataluña (44,6%), las dos comunidades que más se acercan al umbral del 50% previsto por la Unión Europea para el año 2035. Solo Murcia, Extremadura y Castilla La Mancha marcan un dato peor que el andaluz. La media española apenas roza el 25%. En conjunto, el comportamiento ciudadano en relación a la separación y reciclaje de la basura que produce cada día en su domicilio dista mucho del objetivo deseable. Solo basta con abrir cada tarde cualquier contenedor de alguno de los barrios de Córdoba para constatarlo.
Sadeco recogió el pasado año 217.916 toneladas de residuos urbanos, según datos proporcionados por la empresa municipal. Del total, solo 19.913 toneladas fueron directamente al vertedero. Es decir, un 9,2%. El resto, 198.003 toneladas (90,8%), pudieron ser rescatadas para reciclaje, compostaje e incineración. Pero atención: el dato tiene trampa. Una parte importante de este volumen fue rechazada en la planta de tratamiento y acabó también en el vertedero sin posibilidad alguna de reutilización.
El informe provisional de 2025, facilitado a Cordópolis por Sadeco, no recoge ese indicador. Pero sí la memoria de 2024. Y ese año 94.245 toneladas de residuos urbanos fueron rechazadas tras ser sometidos a “pretratamiento” y acabaron finalmente en el vertedero. Ese volumen representa el 44% de las 213.517 toneladas de residuos recogidos por la empresa municipal.
Si tomamos como válidos esos datos, en 2024 más de la mitad de toda la basura recogida en Córdoba capital (56%) pudo ser reciclada. Lo que no sabemos es qué parte de esa cantidad fue separada por los ciudadanos en sus domicilios y cuál pudo ser rescatada en la planta de tratamiento. Es decir, qué nivel de pureza o de materiales “impropios” lleva el contenedor de orgánica o el de envases que usan los vecinos. Ese dato no aparece en los informes de Sadeco. Por lo tanto, es inviable identificar el índice de separación domiciliaria en Córdoba.
Lo que sí sabemos es que de las 68.640 toneladas de materia orgánica recogidas en 2024, algo más de 40.000 fueron rechazadas por la planta de tratamiento y solo 7.043 se destinaron a compost. O sea, un exiguo 10%. El índice de recuperación de envases e inertes no fue mucho mayor: 41.685 toneladas también terminaron en el vertedero toda vez que fue imposible su reciclaje. El volumen de basura que termina en el vertedero crece exponencialmente cada año. Solo en 2024 se incrementó un 30% con respecto al año anterior.
Todos estos datos denotan una escasa conciencia ciudadana y un bajo interés de las administraciones públicas por apretar las tuercas a sus votantes. Cataluña y Navarra registran índices manifiestamente superiores de recogida selectiva gracias al mayor esfuerzo en recursos públicos, pero también debido a una política más estricta de sanciones y campañas de sensibilización.
Se separa muy mal los residuos porque no hay conciencia ciudadana. Y no hay conciencia ciudadana porque las administraciones no apuestan por la sensibilización social
Francisco Peula es experto en gestión de residuos sólidos urbanos con una larga trayectoria profesional y preside el observatorio Rethinking. “Yo he asesorado a los ayuntamientos de Granada durante 30 años y todos los alcaldes me decían lo mismo: ‘Paco, esto de la basura no da votos’”. Los responsables públicos nunca han visto en la gestión de los residuos rentabilidad alguna, ni económica ni política, a juicio del especialista consultado.
Córdoba empezó a principios de los noventa a separar la basura en domicilio y era la única que recogía la orgánica de forma selectiva. A finales de esa década se extendió en Andalucía la recogida de vidrio, papel y cartón, y desde 2005 se generalizó el contenedor amarillo para envases. Por lo común, los ciudadanos son reacios a seleccionar los residuos en origen. “Lo primero que te dicen es que no caben tantos cubos en la cocina”, señala Peula. “Y la administración no se ha esforzado suficiente para convencer y fomentar buenos hábitos entre los ciudadanos”.
El experto admite que las instituciones públicas destinan pocos recursos a campañas de comunicación y que la cantidad de bulos que circulan por la red desincentivan a los ciudadanos. Y lo que es peor: quien lo hace bien no tiene ningún estímulo mientras que quien lo hace mal no recibe ninguna sanción. “No se aplica el principio que se intenta imponer ahora en Europa: quien contamina paga”.
“En general, se separa muy mal los residuos”, asegura Eva Puche, psicóloga socioambiental y experta en gestión de residuos urbanos desde hace 30 años. “No existe conciencia ciudadana. Pero la conciencia ciudadana no nace sola. Es fruto de una inversión en sensibilización que requiere un trabajo continuo” por parte de las administraciones públicas. Y ese trabajo no se está haciendo. Ni en Córdoba ni en la mayoría de los municipios andaluces. Los ayuntamientos prefieren apostar por la tecnología y las grandes plantas de tratamiento, cuya eficacia es manifiestamente mejorable, según apuntan la mayoría de los expertos.
“Por eso Cataluña y Navarra tienen grandes resultados. Porque enfocan la gestión de los residuos desde el origen. O sea, desde el comportamiento ciudadano”, argumenta Puche. Navarra, por ejemplo, invierte entre 8 y 10 euros por habitante y año en campañas de concienciación. Andalucía, en cambio, apenas supera los 0,3 céntimos de inversión publicitaria. No solo eso. Los técnicos municipales navarros o catalanes mantienen un vínculo diario con los hosteleros, los comerciantes y los vecinos para mejorar el uso de los contenedores y la gestión selectiva de sus residuos.
En Navarra ya se están ensayando modelos eficientes de recogida. Algunos contenedores se abren con tarjeta individualizada y así queda registrado qué vecino selecciona adecuadamente su basura. “La verdad es que cuando la gente se siente observada se porta mejor. Y con el modelo actual la gente se esconde en el anonimato”, argumenta Francisco Peula.
Cuando la gente se siente observada se porta mejor
La ley actual considera recogida separada de residuos orgánicos cuando la basura tenga menos de un 20% de “impropios”, es decir, materiales ajenos a los restos de comida. Si incluye un porcentaje mayor de elementos extraños ya no puede identificarse como recogida selectiva. A partir del año 2027, el índice de impropios será del 15% para garantizar que la calidad del compost sea aceptable. Y con los datos que tenemos hoy día muy pocas ciudades de España, incluida Córdoba, se acercarán a ese objetivo. En el contenedor amarillo para envases también se registran elementos “impropios” que contaminan notablemente los residuos.
En la última década, la recogida selectiva de residuos se ha incrementado notablemente en Andalucía. Según datos suministrados por el observatorio Rethinking, el volumen total superó en 2024 las 500.000 toneladas cuando en 2014 apenas rozó las 350.000. La orgánica prácticamente permanece en los mismos registros, mientras que envases, vidrio y papel y cartón experimentan un crecimiento abultado. Otra cosa distinta es que en cada contenedor vaya exactamente lo que tiene que ir. Y ahí está el nudo de la cuestión.
Lo cierto es que un porcentaje muy alto de los residuos urbanos acaban en el vertedero, que es lo que la normativa quiere evitar a toda costa. Sin demasiado éxito por el momento. Por eso cada tonelada que acaba en el basurero asume un impuesto de entre 30 y 40 euros de penalización. En Cataluña ese gravamen alcanza los 70 euros por tonelada. “Una ruina para los ayuntamientos, que lo repercuten en el recibo de los vecinos”, aclara Eva Puche.
La Unión Europea quiere extinguir paulatinamente los vertederos. El objetivo es reducir el volumen de los residuos, reutilizar y reciclar. Para el año 2030 la meta es que solo un 10% de basura acabe en el vertedero. Hoy esa apuesta parece una quimera, a tenor de los desalentadores datos que vamos conociendo.
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