Cómo vivir en Córdoba cuando a las 21:30 sigue habiendo más de 36 ºC: “Estoy deseando que pase agosto”
Córdoba y su provincia se han ganado una fama en los últimos años de que es un territorio donde en julio y agosto no se puede estar gracias a la gran cantidad de calor que hace. Incluso hay instituciones que dicen que los propios cordobeses no pueden tener este discurso porque así disminuye el turismo. Pero es que es la cruda realidad. Los ciudadanos que viven sobre todo en la Campiña tienen que adaptar su propia vida ante los meses de verano. Y así se nota en el Vial. Este periódico se ha acercado a esta mítica avenida de la ciudad para ver el antes y el después de cuando el sol se despide momentáneamente.
A las 17:00 no hay apenas nadie. Nadie quiere estar bajo un sol donde la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) predijo que iba a hacer que el mercurio llegase hasta los 42 ºC. Y no es la temperatura más alta vivida este verano. Pero es imposible que la vida se desarrolle bajo estos condicionantes. Es por ello que los cordobeses salen a la calle a partir de las 21:00, pero la sorpresa es que cuando vemos el termómetro ubicado a pocos metros de la Diputación de Córdoba y marca 38 ºC.
El bochorno que se mantiene en el ambiente hace que todo el mundo a su paso por las fuentes se pare al menos unos segundos. “Si es que esto es insoportable. Estoy deseando que pase ya agosto”, dice Juan a los micrófonos de Cordópolis. Y no es para menos. Porque su perro también nota los efectos del calor y eso hace que se comporte bien diferente. “Lo meto en la fuente para que se refresque algo”, y él lo agradece. Se disipa ese calor corporal, aunque vuelve en apenas unos minutos.
De hecho, la tónica habitual de esta venida es, o sentarse a los pies de la fuente, o pasear con tus perros para tratar de que los animales puedan hacer vida callejera, cosa que no pueden hacer durante gran parte del día. “Yo entro a las 8:00 y me puedo ir media hora antes para tomar algo de fresquito, pero es que es imposible. Solo nos queda salir por la noche”, relata Guilda a este periódico, mientras paseaba con su amiga Sulma y su mascota.
El deporte también se ve afectado
Cuando llegamos a las 21:00 al Vial, la gente se contaban con los dedos de una mano, pero conforme avanzábamos por la avenida, el transcurso de la gente iba cada vez a más. En apenas 50 minutos, el termómetro bajó hasta los 36 ºC. Aunque era una temperatura que aún había que tomarse en cuenta, los primeros deportistas comenzaban a desplegar sus dotes para tratar, al menos, que la hora no fuese demasiado tarde para volver a sus hogares.
Ahí apareció Vanesa. Con sus cascos puestos y con una ropa acorde a su actividad, la cordobesa, que se encuentra estudiando actualmente, recalca a este periódico que es complicado vivir con este tipo de calor. Antes de ponerle el micrófono, dijo: “si es de la calor sí podemos hablar porque es lo que pasamos toda nuestra vida aquí”, y no es para menos porque ya no solo es adaptar la vida a los condicionantes, sino que también para llevar unos hábitos saludables.
Aunque la predominancia siguen siendo los dueños con sus perros, intentando que, al menos, el fresco del agua de las fuentes permita pasar un poco el bochorno de esta tarde/noche de jueves. Ahí se encuentra José, que ha venido con unos amigos y sus mascotas a pasear por este punto de la ciudad. Uno de ellos, el más cachorro, juguetea mientras su dueño habla con el micrófono. Mojado hasta la última uña, pero es cierto que José acepta la realidad. “Este es el calor que hace aquí y eso ya lo sabíamos. Hay que adaptarse y ya está”.
Una hora después, ya a las 22:00, el sol se ha escondido definitivamente, y las temperaturas menguan, aunque lejos de bajar de los 30 ºC por el momento. La noche tórrida ya es una realidad y los abanicos y las botellas de agua se convierten en un predominante. Los planes alternativos se disipan y los aires acondicionados y los ventiladores se convierten en protagonistas. Todo ello en casa. Porque los cordobeses necesitan adaptar su vida a lo que hay, y a lo que parece que no solo no va a cambiar, sino que va a empeorar con el paso de los años.
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