José Ignacio Domínguez: “En España es incompatible ser militar y demócrata”
Cuando Franco aún firmaba sentencias de muerte y en el Ejército no se movía una hoja de papel, un jovencísimo piloto militar, miembro de una familia monárquica y católica, se entretenía mandando cartas subversivas a los oficiales de las Fuerzas Armadas. José Ignacio Domínguez, teniente coronel de aviación, era un lobo solitario en medio de un océano franquista. Y cometió la temeridad de tomar conciencia democrática en un Ejército retrógrado hasta el tuétano.
En julio de 1975, cuatro meses antes de la muerte del dictador, fue uno de los diez oficiales procesados por un delito imperdonable: demandar un sistema de libertades. El Ejército nunca se lo perdonó. Y el primer Gobierno democrático desde la II República lo expulsó de las Fuerzas Armadas y lo excluyó de la amnistía que marcó el fin de la dictadura para abrir una página nueva en la historia de España.
Casi cincuenta años después, aquellos militares demócratas de la UMD siguen arrumbados en el negro desván de la Transición. Ninguno pudo completar su carrera militar y sus compañeros de armas aún hoy los vetan por razones sencillamente inconfesables.
José Ignacio Domínguez es militar, demócrata, pacifista y ecologista. Todo un cóctel explosivo. Son las 12 de la mañana en la Plaza de la Corredera. A las 17.30 presenta en la Filmoteca el documental Pasos perdidos, junto a su director José Antonio Torres, que reconstruye uno de los episodios más olvidados y lacerantes de aquellos años esperanzadores. El acto es presentado por el profesor Antonio Manuel Rodríguez, miembro de la Cátedra de Memoria Democrática de la UCO.
PREGUNTA. Usted nació en una prominente familia del régimen franquista vinculada a la Asociación Católica de Propagandistas.
RESPUESTA. Sí. Mi tío Fernando, hermano de mi madre, fue presidente de la ACP. Sucedió al cardenal Ángel Herrera Oria en la presidencia, cuando este se fue al convento a finales de los años 30. Mi tío vivía en mi casa, en la planta baja, y yo vivía con mis padres en el primer piso. Estaba paralítico y le ayudábamos a todas sus necesidades. Ahora está en fase de canonización junto con Ángel Herrera Oria.
Detuvieron a muchos compañeros de la UMD pero a mí me pilló navegando en Turquía
P. O sea, usted se educó en valores tradicionales.
R. Sí. Totalmente. Educación con los jesuitas y luego en la academia militar. Yo vivía en una burbuja y no conocía la realidad porque no había posibilidad de saberla.
P. Usted ingresa en la Academia General del Aire en 1963.
R. Mi abuelo era coronel de artillería y fue también político: senador del partido de Cánovas en varias legislaturas y diputado por Segovia. Falleció antes de la Guerra Civil. Y mi tío negoció el Concordato con la Santa Sede porque conocía a Pío XII. Aunque oficialmente llevaban la negociación Martín Artajo y Ruiz-Giménez, él era el que hablaba con Pío XII.
P. Y usted dio un viraje ideológico muy joven.
R. Sí. Nada más salir de la academia. Como yo vivía en esa burbuja de los jesuitas y salí de mi familia a la academia militar, allí no había posibilidad de leer ni de saber nada de lo que había fuera porque estaba todo prohibido. No podía sintonizar Radio Pirenaica ni la BBC porque no sabía ni que existían. Y nada más irme de la academia, entrar en contacto con la sociedad y leer libros que hasta entonces estaban prohibidos, me di cuenta de que vivía en un engaño.
Los libros que yo leía eran de conservadores. Por ejemplo, de Hugh Thomas, que fue consejero de Margaret Thatcher. Y ese libro me lo secuestraron cuando vino la Guardia Civil a casa a detenerme. O el libro Los militares y la política en la España contemporánea, de Stanley Payne, que ahora es el adalid de la extrema derecha. Estaban todos prohibidos. No se podía leer nada.
P. ¿Qué le hizo a usted cuestionar el régimen y su marco ideológico y educacional?
R. Los libros, la lectura y la realidad. Yo me matriculé en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid. Entonces pesaban los libros, sobre todo los libros, y también la realidad social. La sociedad estaba levantada. Las universidades estaban contra la dictadura desde finales de los años 60. En los puestos de trabajo había huelgas prohibidas e incluso había curas, entre otros un hermano mío, que se oponían al régimen. Hay que recordar que en aquellas fechas Franco creó una cárcel solo para curas, la prisión de Zamora, donde encerraba a los sacerdotes díscolos. Se llamaba la Cárcel Concordataria. En la historia no se conoce un régimen con una cárcel exclusiva para que los curas no se mezclaran con delincuentes comunes.
P. ¿Su familia comprendió su evolución ideológica?
R. Sí. Cuando se creó la Unión Militar Democrática (UMD), mi tío había fallecido, pero mi tía, que lo cuidaba, y mis padres, que eran monárquicos de siempre, lo entendieron todos muy bien. Toda la familia lo entendió porque lo que nosotros pretendíamos era lo que pretendía toda la sociedad: que viniese la democracia, una cosa que aceptaba todo el mundo, incluso la gente de derechas. En mi familia había gente de izquierdas y de derechas, y lo aceptaron todos perfectamente.
P. Usted emprendió una lucha en solitario dentro del Ejército con el envío de cartas firmadas a nombre de una ficticia Comisión de Capitanes.
R. Sí. Y de comandantes. Es que, como no había nadie en el Ejército, porque todos eran de extrema derecha, no podía hacer otra cosa. Luego ya me enteré, cuando se creó la UMD, de que en Barcelona había grupos de militares. Pero yo entonces estaba destinado en Morón de la Frontera, donde permanecí cuatro años, y no conocía a nadie asequible que aceptase los principios democráticos. Entonces hacía anónimos y cartas, tiradas de 500 ejemplares, bastante amplias, y las mandaba por correo. No las echaba en Morón porque el correo estaba controlado por la Policía y si veían muchos sobres iguales dirigidos a militares seguramente las interceptarían. Entonces iba a Madrid, me metía en una papelería a comprar sobres de colores y los iba echando de tres en tres, o de cuatro en cuatro, por distintos buzones. Escribir las señas era un trabajo tremendo.
P. ¿Qué decían esas cartas?
R. Denunciaban cuestiones de corrupción o religiosas. Recuerdo una tras celebrarse una asamblea de obispos y sacerdotes por aquella época en el año 1970 o 1971. Una de estas cartas se la mandaba a Jesús Ynfante a París, donde estaba exiliado. Y le decía: “Mira, he recibido esto, guárdalo por si acaso”. Esas cartas están ahora conservadas en una asociación de memoria histórica en un pueblo cerca de Algeciras. En esa carta venía a decir: “La Iglesia está evolucionando aquí, se han democratizado, están en contra de la dictadura y hay un aggiornamento después del Concilio Vaticano II que aquí en el Ejército no se ha dado. Aquí seguimos como en el 39, no solo a nivel ideológico sino técnico, porque seguimos con el mismo material de la Guerra Civil”. Eso es lo que venía a decir. En otras hablaba de corrupción.
P. Era usted un kamikaze.
R. Sí. Era un trabajo tremendo. Luego conocí a Miguel Bilbatúa, del Partido Comunista. Yo sabía que el Partido Comunista tenía una revistilla llamada Boletín Informativo para oficiales y suboficiales y pensé que, en vez de andar yo solo mandando cartas, podía hablar con Miguel Bilbatúa, que era compañero mío del colegio de los jesuitas. Y me facilitó muchísimo el trabajo, porque ya solo escribía los artículos incluso con correcciones. Cuando mandaba las cartas por mi cuenta tenía que hacerlas a ciclostil, con máquina de escribir y guantes para no dejar huellas. Y además sin equivocarte porque si no la impresión salía mal. A Bilbatúa le daba los artículos con tachones y todo, y él los imprimía y los distribuía.
Nos condenaron en el 77 por presiones de los generales franquistas
P. Los comunistas entonces eran el demonio con rabo.
R. Sí. Publiqué muchos artículos en ese boletín. En el archivo del PCE de la calle San Bernardo, en Madrid, están todos los boletines. Los he consultado y fotocopiado. Allí hice el primer chiste que luego me copió Jesús Ynfante, que era sobrino de Blas Infante y autor de Génesis y desarrollo de la Santa Mafia. El chiste hablaba del portaaviones Dédalo que había comprado la Armada. Probaron los aviones Harrier con el Dédalo en pruebas clandestinas y vieron que no servía porque la cubierta se quemaba con los gases. A pesar de ello, compraron el Harrier y dijeron: “Como no sirve el Dédalo, hay que fabricar un nuevo portaaviones”. Le iban a poner inicialmente Almirante Carrero, pero luego le cambiaron el nombre a Príncipe de Asturias, que fue el buque insignia de la flota. Y yo escribí que los almirantes se empeñaban en llamarlo Almirante Carrero, e hice la broma de que sería el primer buque con aviones de despegue vertical en homenaje al marino español que efectuó un despegue vertical. Ese chiste me lo copió Ynfante en su libro.
P. Y un día se planta usted en casa del comandante Julio Busquets en Barcelona y pide el ingreso en la UMD.
R. Sí. Tendría 29 años. Me enteré de que se había creado la UMD. Un día como hoy, el 30 de septiembre de 1974, se fundó la UMD. Lo primero que hicieron fue hablar con dirigentes políticos, entre otros con Joaquín Ruiz-Giménez, que era amigo de mi familia y disidente de la ACP. Ruiz-Giménez sabía que existía la UMD. También lo sabía el hermano de un compañero de mi promoción, Martínez Alés, que trabajaba en Cuadernos para el Diálogo, y Altares. Me dijeron que existía una asociación militar. Al principio pensé: “Serán fachas, ¿no?”. Me dijeron: “No, está Julio Busquets”. Dije: “¡El que ha escrito El militar de carrera en España, al que arrestaron!”.
Cogí la guía de Barcelona, busqué Julio Busquets Bragulat, calle Las Forjas, y llamé por teléfono haciéndome pasar por el teniente de navío Bermejo, un oficial que existía. Seguro que después lo investigaron. Le dije que quería hablar con él. Quedamos un día a una hora, y como yo sabía de clandestinidad por llevar años haciendo panfletos, pensé que la Policía estaría en la puerta. Así que entré en el edificio dos horas antes y me senté en la escalera.
P. Usted cree que esa conversación fue intervenida.
R. Seguro. Tenían intervenido el teléfono seguro. Yo y Busquets. Me cansé de esperar y entré antes. A Busquets le sentó fatal que entrara antes, pero cuando le expliqué todo comprendió que sabía de clandestinidad. Le pedí ingresar en la UMD y me dijo que lo consultaría con los fundadores. Yo no era del PCE ni nada, pero el hecho de que tuviera contacto con el PCE no les gustaba. Lo consultó con sus compañeros, aceptaron mi ingreso y me dieron la dirección de Luis Otero en Madrid. Empecé a hablar con compañeros de mi promoción en Zaragoza, Sevilla, Valencia y Madrid. Mucha gente ya estaba cambiando de mentalidad y algunos aceptaban la democracia. A los que veía dudosos iba yo con el ideario de la UMD, que tenía cinco puntos nacionales y cinco militares.
P. ¿Consiguió a muchos militares?
R. Sí. De mi promoción conseguí reclutar a diez o doce compañeros. Y ellos ya contactaron con más gente.
P. En julio de 1975, cuatro meses antes de la muerte de Franco, el Gobierno ordena la detención de diez oficiales de la UMD, entre ellos usted, que estaba en París.
R. Sí. Me había ido de vacaciones. Años después escribí un libro titulado Cuando yo era un exiliado, porque me querían echar del Ejército por abandono de destino. No querían politizar el asunto porque ya era 1978, el año de la Constitución, y no querían echar a un militar del Ejército. Para echarme me tenían que juzgar. En ese libro cuento que salí huyendo por los Pirineos ayudado por los carlistas y eso no es verdad. Yo no tenía ni idea. La realidad es que me fui dos días antes de vacaciones a Esmirna (Turquía) para navegar con un compañero de la UMD en un velero de un amigo francés y no me enteré de las detenciones hasta mediados de agosto.
P. Se libró usted por accidente.
R. Por pura chiripa. Me planteé volver o no. Tenía dos meses de vacaciones. Mandé una carta diciendo que estaba enfermo. Consulté con la UMD y con Ruiz-Giménez, y me dijeron que no se me ocurriera volver porque ya se había destapado que era el autor del Boletín Informativo. Me dijeron: “Si vuelves te encerrarán con los demás, mientras que si te quedas fuera puedes hacer de portavoz para lo que queramos contar”. Me quedé de portavoz y me fui a Lisboa.
P. Se convirtió usted en el portavoz accidental de la UMD.
R. Sí. Estuve actuando como portavoz. Julio Busquets y el comandante Juan Barca, con el que enlazaba de forma clandestina, me mandaban lo que tenía que decir en las ruedas de prensa. Hice una rueda de prensa en París el 13 de octubre de 1975.
P. ¿Pero ellos no estaban en la cárcel?
R. Sí. Ellos estaban detenidos.
Los militares demócratas fuera del Ejército y los franquistas en la cúpula. Así ha sido siempre
P. ¿Y cómo contactaba con ellos?
R. A través de las familias y las mujeres. Los que dirigían la UMD no estaban detenidos. A Julio Busquets no lo detuvieron porque él estaba arrestado por unos sucesos anteriores de Barcelona. Él se encontraba precisamente en el Castillo del Hacho en Ceuta. Yo me fui a Lisboa y contacté con los militares del Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) portugués, como, por ejemplo, Carlos Contreiras. Luego me enteré que era el representante de la Armada en el Consejo de la Revolución y tenía contactos con Jesús Martín Consuegra.
El Movimiento de Izquierda Socialista (MES) me acogió, me pagaban los viajes a París para las ruedas de prensa y me organizaron todo. En la rueda de prensa de París desmarqué a la UMD del modelo portugués porque el “verano caliente” de 1975 en Portugal no era un ejemplo que favoreciera la causa democrática en España.
P. En diciembre de 1977 fue usted condenado a siete años de prisión y expulsado del Ejército. La Transición democrática os abandonó.
R. Sí. Nos condenaron por presiones de los generales franquistas. Ya se había promulgado la Ley de Amnistía de 1977, pero nos excluyeron expresamente a los miembros de la UMD. A mí me juzgaron a finales del 77 y la sentencia salió en el 78. Los generales franquistas, que impusieron el artículo 8 de la Constitución, exigieron que no se nos reincorporara al Ejército porque no éramos un ejemplo a seguir y ellos pretendían controlar la Transición y que no se fuera de las manos. Por eso dejaron a un Ejército con todos los generales franquistas acérrimos salvo un par de ellos. Y por eso publicaron el artículo 8 de la Constitución con la misión de mantener el orden y pedir un golpe de Estado si el Gobierno no cumplía. Incluso la semana pasada alguno pedía que se fuera el rey. Alucinante.
P. ¿Usted cumplió esa condena?
R. No. Nada. A mí me juzgaron solamente para echarme del Ejército. Hay un artículo en la Ley de Amnistía dedicado solo a otro capitán y a mí. Yo tengo el honor de que me han dedicado tres normas de carácter general para perjudicarme. Dos leyes y una norma urbanística.
P. O sea, los militares demócratas fuera del Ejército y los franquistas en la cúpula.
R. Así ha sido siempre.
P. ¿Alguien entiende algo?
R. Mantuvieron al Ejército como guardia pretoriana para controlar las autonomías y que el proceso político no se iba a desmadrar. No se hizo un referéndum sobre Monarquía o República ni sobre el modelo de Estado.
P. En 1987 ustedes son readmitidos en el Ejército, pero sin destino.
R. Sí. Hasta 1987 éramos considerados delincuentes por haber pertenecido a la UMD. En 1987 nos amnistiaron. Narcís Serra, a quien me encontré en un avión cuando yo ya era piloto de Iberia, me dijo claramente: “No se les ocurra volver”. A mí no me iban a dejar volar aviones de caza y a los del Ejército de Tierra les dijeron que no les iban a dar un destino en unidades militares. De hecho, pedimos el pase a la reserva ante esas perspectivas. Yo ya estaba en Iberia y había perdido mi carrera después de tantos años fuera del Ejército. Los que volvieron pidieron el servicio activo y los tuvieron varios años sin destino.
P. En vez de condecorarlos por prestar un servicio a la democracia, los castigaron.
R. Eso es. Pasamos a ser personas honorables cuando nos condecoraron en 2010 con la ministra Chacón.
P. Pero usted es vetado por sus compañeros de armas en el 50º aniversario del F-86 en Morón.
R. Sí.
P. No le perdonan haber sido un militar demócrata.
R. No. Yo había volado el F-86 en Morón y en 2010 se organizó un evento para conmemorar la llegada del F-86 a Morón. Estaban invitados todos los pilotos que habíamos volado. En vísperas del evento, el teniente general Rubio Villamayor me mandó este correo [saca un papel del bolsillo, lo desdobla y lo lee]: “El organizador del evento de Morón me ha encargado que te diga que no te invitan a la reunión. Los recientes hechos muy aireados por el oportunista Gobierno socialista sobre la imposición de la medalla militar a algunos miembros de la UMD, además de calificarlos como valientes, me imagino que sabrás que ha indignado a las Fuerzas Armadas”.
Era el año 2010. [Sigue leyendo] “Cada caso en particular ahora tiene que apencar con lo que significa haberla aceptado. Como esta reunión de Morón se pretende que sea informal, relajada y distendida, y como ya todos tienen muy claros los conceptos de lealtad y valentía, que no coinciden con los del Gobierno y los que habéis recibido esa distinción, y para que no haya conflictos, la mayoría ha preferido que no vayas. La cantidad de dinero que has enviado se te devolverá”.
En 1987, me encontré a Narcis Serra en un avión y me dijo: "No se os ocurra volver al Ejército"
P. Y en 2023 lo vuelven a vetar en el 60º aniversario de la XIX promoción. ¿Dónde está la renovación democrática del Ejército?
R. Pues nada. Todo sigue igual. La XIX promoción se reunía los días 19 del mes, pero en 2023 lo cambiaron al día 20 para celebrar el aniversario de la muerte de Franco. La comida era en la residencia militar Alcázar, dependiente del Ministerio de Defensa. A mí me dijeron que ni se me ocurriera aparecer. Me vetaron. Le mandé una carta al jefe de gabinete de la ministra y al director de la residencia militar: “Oiga, que van a celebrar el 20 aniversario de la muerte de Franco”. Y me contestó: “No. Aquí la comida no es para celebrar nada. Simplemente es una cuestión particular de un grupo de amigos militares”.
Le dije: “Qué casualidad que sea el 20-N y que toda una promoción entera vaya”. Yo también le mandé un correo al director general de Memoria Democrática, que movió la cuestión y se dirigió a la ministra. Le dijo: “Esto no se puede celebrar”. Y entonces la ministra prohibió el acto.
P. Desde entonces, a usted le tienen más cariño todavía.
R. Sí. Me tienen más cariño. La XIX promoción es además la famosa que quería fusilar a 26 millones de españoles.
P. El famoso chat que salió a la luz.
R. Sí. El famoso chat del general Beca. Lo grave es que en 2020, el PP organizó una recogida de firmas por promociones de todos los militares retirados de los tres ejércitos para que se dirigieran al rey y pedirle la dimisión del presidente del Gobierno. Empiezan por mi promoción, que era la de la UMD, y firmaron un 70% de los miembros hablando en términos de extrema derecha. Casi el 100%, podríamos decir, porque a muchos no los localizaron. Que más del 70% pidan el fin de la democracia es un porcentaje muy alto.
P. Franco abandonó a los saharauis en 1975. Cincuenta años después los ha abandonado un Gobierno socialista. ¿Sabe usted por qué?
R. Sospecho cosas que no puedo decir porque me metería en una querella por calumnias. Lo que sí veo es que hay muchas personalidades que tienen propiedades o tratos en Marruecos y han cambiado de opinión. Por ejemplo, Felipe González, que llegó a estar en los campamentos saharauis prometiendo no abandonarlos y luego se pasó a Hassan II y a Mohamed VI. Ha habido un cambio y ellos sabrán por qué.
P. ¿La del Sáhara es una causa perdida?
R. No. Es una causa difícil. Marruecos utiliza una ofensiva diplomática basada en el soborno, como el Moroccogate o el Pegasus, y quiere legalizar la invasión del Sáhara con el apoyo de EE.UU. e Israel. Tiene mucha fuerza y está ganando voluntades a base de sobornos y chantajes. No porque tenga la razón, que no la tiene, porque evidentemente es una invasión en toda regla.
Los Acuerdos Tripartitos de Madrid que entregan la mitad norte del Sáhara a Marruecos y la mitad sur a Mauritania no tienen validez jurídica ninguna. La ONU no le reconoce validez. Tiene que haber un referéndum de autodeterminación porque si no se desmorona toda la normativa internacional y los principios de la Unión Africana.
P. Fue usted abogado de la acusación en el procedimiento contra El Algarrobico. Ha sido militar demócrata, pacifista y encima ecologista. Lo tiene usted todo.
R. De lo peor. Lo del hotel de El Algarrobico me ha dado un trabajo tremendo. Llevo más de 20 años de pleitos junto a Salvemos Mojácar, Ecologistas en Acción y Greenpeace, y hemos ganado 14 sentencias en el Tribunal Supremo declarando que el hotel es ilegal. La Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Carboneras han jugado muy sucio durante dos décadas para defender el edificio. Recientemente, en julio, hemos conseguido la anulación definitiva de la licencia de obras, que es el paso fundamental para su demolición.
P. ¿Qué cambiaría usted de su biografía?
R. Lo he pensado muchas veces. No sé si me compensó ser de la UMD. Yo hubiese sido general. Era de los más jóvenes de mi promoción, piloto de caza y el número uno en notas de vuelo. Si no me hubiese metido en la UMD, habría tenido una vida más placentera.
Del Sáhara sospecho cosas que no puedo decir porque me metería en una querella por calumnias
P. ¿Ha merecido la pena?
R. No lo sé. La traición de los partidos políticos que nos dejaron en la estacada me sentó muy mal. Eso fue nefasto. Yo estaba muy confiado. En la UMD estaba feliz y contento, y estábamos apoyados por todos los partidos políticos. Y, cuando a la hora de la verdad nos tienen que dar ya la amnistía, nos marginan del proceso democrático.
P. ¿Se sigue sintiendo militar?
R. Sí.
P. ¿Con todo lo que ha sufrido y cómo lo ha tratado el Ejército?
R. Depende de qué Ejército. Yo me sigo sintiendo militar. Militar demócrata. Me sigue gustando. A mí me gustaban los aviones de caza y me gustaba mi profesión. Y sigo al tanto de toda la tecnología moderna que está surgiendo con los nuevos aviones, los misiles ultrasónicos y todo esto. Yo quería ser militar y piloto. Y no pude serlo por ser demócrata.
P. O sea, que militar y demócrata es incompatible.
R. En España sí. En otros países, no. Yo tengo un libro dedicado por el ministro de Defensa francés y dice: “Al capitán ciudadano, señor Domínguez”. Soy un capitán ciudadano. En Francia es normal. Aquí no. Aquí seguimos siendo súbditos.
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