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ENTREVISTA N&B

Blanca del Rey: “El arte es soñar. Si no sueñas, ni siquiera estás viva”

Entrevista N&B con Blanca del Rey

Juan Velasco

11 de julio de 2026 19:45 h

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Dice Blanca del Rey, nacida Blanca Ávila Molina en la Córdoba de 1946, que es un “geranio trasplantao”. Aceptando la metáfora, uno casi diría que es un olivo en un alcorque de Madrid. Porque, a sus 80 años, aún se le ve recia, sobria y tremendamente erguida. Imbatible ante el paso del tiempo, abonada a una elegancia de estrella de cine de los años 40 que le lleva acompañando décadas como la dama y reina del tablao más famoso del mundo: el Corral de la Morería.

Un tablao que echó a andar en 1956. Para entonces, Blanca tenía diez años, pero ya había debutado en el Gran Teatro de Córdoba (lo hizo con seis años), el mismo escenario en el que, este sábado y en el marco del 45 Festival de la Guitarra, se estrenará mundialmente La Reina Blanca, un espectáculo de Francisco López que reúne a -atentos- David Coria, Eduardo Guerrero, Manuel Liñán, Marco Flores, Olga Pericet, Úrsula López, Florencia Oz y Marta Gálvez, en torno a la figura de la bailaora y coreógrafa que ideó la soleá del mantón.

Tres días antes del estreno, Blanca del Rey aparece puntual por el Gran Teatro acompañada de la pintora María José Ruiz. Se presta a todo lo que le piden los periodistas, obligados a charlar en el hall del teatro por la coincidencia con los sonoros ensayos de la Orquesta de Córdoba. Un buen rato después, ya en silencio, Blanca del Rey posará en el centro de un espacio en el que debutó por primera vez en el año 1952, y en el que es posible que este sábado de una de sus (pen)últimas pataitas.

PREGUNTA (P.). Me gustaría que me contaras cómo estás viviendo este homenaje qué te rinde al Festival de la Guitarra. Este La Reina Blanca, que además, te pone a ti en el centro.

RESPUESTA (R.). Yo es que quisiera... (se frena) Quisiera encontrar las palabras. Me faltan, cuando me emociono mucho, tengo un problema porque no me salen las palabras. Es tanta la emoción que siento, que se me va todo, ¿no? Y una de las cosas que siento es una ternura y un amor increíble hacia este teatro en el que yo bailé con seis años. Y además, quiero mandar un abrazo maravilloso a todos los artistas que van a participar, que no tengo palabras para dar gracias. Y a Paco López, decirle que es como si fuera un hijo del alma mío.

Solo me sale dar las gracias, porque hay otros artistas que también se merecen esto, ¿no? Y me han elegido a mí. Yo le doy mil gracias a Paco López porque ha sido él. Él ha sido el que ha movido todo, el que se ha molestado… Y también a la directora de este teatro, a la que conozco desde hace muchísimos años, a Ana Linares, que es una señora maravillosa y lleva el teatro de maravilla. Es decir, quiero darle las gracias a Córdoba, darle las gracias a todos, es que no tengo suficientes palabras... No me salen.

La imaginación, cuando se pone en marcha, es lo que te hace ser diferente

P. ¿Cómo te enteraste de que querían hacer un espectáculo en tu honor?

R. Fue un día Paco López a cenar con nosotros al Corral de la Morería. Mis hijos ya lo sabían. Porque querían que yo les diera el sí o el no. Y estuvimos charlando y, de buenas a primeras, me dice: “Bueno, he venido a cenar, pero también a proponerte esto, ¿tú qué piensas?”. Me dejó sin palabras. Pero porque yo ya estoy fuera de todos los territorios.

P. Que no han sido pocos los que has pisado.

R. Muchos territorios he pisado, sí.

P. Vamos a hablar de esa niña que tenía seis años cuando se subió al Gran Teatro. Háblame un poco de aquella Córdoba y de esa “Blanquita”, como te hacías llamar.

R. Pues era entrañable. Era entrañable, había mucha inocencia. Había mucha ilusión desde pequeña. Yo, como nunca tuve presión porque nadie me enseñó, pues fui inmensamente feliz. A mí me enseñó la vida, me enseñó el saber ver. Me enseñó el agarrarme a cualquier cosa para llevármelo a mi terreno. Y tuve la suerte de bailar en el Zoco de Córdoba donde iban todas las bailaoras de Andalucía. Eso fue para mí la búsqueda de referentes. Y no hablo de copiar, porque no te da ni tiempo a copiar, pero sí lo respiras. Ese es el mejor aprendizaje. Junto con tus ganas y tu imaginación. La imaginación, cuando se pone en marcha, es lo que te hace ser diferente. Y en esa época todos éramos diferentes porque había muy poca gente que se pudiera pagar una academia, estábamos en posguerra. Y te tenías que buscar las habichuelas.

Entrevista N&B con Blanca del Rey

P. ¿Cómo era aquella Córdoba? ¿Cómo la recuerdas?

R. No sé, la gente era... Se respiraba muy bien, había tranquilidad, las casas estaban abiertas, en mi casa no había llaves. Eso te daba seguridad, no nos damos cuenta, pero el miedo destruye mucho a una persona. Y tenías seguridad, la seguridad de que nadie te iba a robar. Yo te hablo como una persona de la calle. Yo no era intelectual para valorar qué era mejor, si estar encerrado en una dictadura o tener las puertas abiertas de tu casa. Es la paradoja que tiene toda situación. Y la paradoja de aquella dictadura era que tú, que eras nada, pues vivías sin problemas de seguridad. ¿Sabes? Y todo era una ilusión, y todo era imaginación, porque una caja de zapatos podía ser el coche donde ponías tus muñequitas... Como no te daban nada hecho, pues tu imaginación crecía. Hoy, no sé hasta qué punto nos están destruyendo la mente.

P. Esto desde luego destruye muchísimo, los móviles.

R. Los móviles, las pantallas, las televisiones… Que todo eso está bien, pero no sabemos dosificarlo. Que una serie está bien, pero no sabemos dosificarla. Que el internet es fantástico, sí, pero hay que saberlo utilizar. Claro. Entonces si tú no sabes utilizar todas esas herramientas que te pueden ayudar para crecer, pues el ser humano se va a la parte del mínimo esfuerzo. Y su mente se duerme. Sí. Y si su mente se duerme, está bien para los que necesitan que las mentes se duerman, pero muy mal para ti.

P. ¿Tu mente está siempre trabajando?

R. Yo creo que me moriré así. Mi mente trabajando siempre. Porque como soy jurásica, no me he enganchado a las nuevas tecnologías. Como mucho tengo el teléfono, y como mucho me pongo a mirar alguna entrevista en YouTube que me interesa de salud, pero no estoy todo el día enganchada. Bueno, mis amigas que están conmigo me ven: “Que te llaman al teléfono”, me dicen. Es que yo ni no lo cojo, ¿sabes?

P. ¿Y el flamenco qué papel jugaba en aquella Córdoba de la posguerra?

R. Yo es que era pequeña. Yo bailaba en el Zoco hasta las 12 de la noche, porque no me dejaban hasta otro horario, pero no iba a fiestas ni nada.

Hay quien todavía quiere que el flamenco sea un arte involutivo

P. Claro, eras una niña. Te fuiste de aquí con 14. Eso lo descubriste después en Madrid, ¿no? ¿Cómo fue aquel salto?

R. El salto fue duro. Yo soy un geranio trasplantado. Yo tenía aquí a mis amigas, tenía mi ambiente, mi familia… Y, de buenas a primeras, mi madre dice: “Nos vamos a dar un paseo a Madrid”. Para nosotros era cruzar el océano Pacífico en aquella época. Con los trenes de madera, no se me olvidan. Muy limpios, pero de madera. Y llegué a Madrid y nos daba miedo salir a la calle. Claro. Nos daba miedo todo, porque además, antes de salir le decían a mi madre que Madrid es mucho Madrid. Así que, cuando llegamos a Madrid de una ciudad tan moralista como ésta, estábamos muy asustadas. Hasta a los tres o cuatro meses no fuimos a ver la Gran Vía, que es que se dice muy pronto.

Recuerdo el miedo. Mucho miedo, mucho miedo. Luego nos dimos cuenta de que Madrid era una ciudad muy segura, que todo estaba muy bien y que, sobre todo, había muchas oportunidades. Porque yo, por ejemplo, hoy no estaría haciendo esta entrevista si hubiera aceptado irme a Estados Unidos. Con las propuestas que teníamos de cine, que le ponían a mi madre un contrato que decía que estaría hasta que ellos creyeran conveniente estudiando arte dramático, danza, declamación… Bueno, me iban a moldear para hacer cine, para hacer danza... Pues como todas estas que han triunfado.

P. Pero también hubo muchas que se quedaron por el camino también.

R. Claro, eso es lo que le decían Berlanga y Tito Fernández a mi madre, dos grandes directores. E inclusive Sáenz de Heredia, porque en el Corral se juntaba una intelectualidad impresionante. Eso era increíble, era el ágora. Aquello, en la parte de abajo que tenía mi marido hecho como un museo con cuadros, pues ahí iban Antonio Gala, Umbral... Bueno, toda la intelectualidad de Madrid. Y entonces, a mi madre le decían los directores de cine, y Emilio Piedra también: “Mire usted, primero, su hija no sabe el idioma. Segundo, aquello es un sitio donde meten a la niña y a usted como en una cárcel, aunque esté todo abierto. Porque la niña se va a tener que levantar a las 6 de la mañana, y se va a acostar a la 1 o a las 2 de la mañana estudiando. Primero estudiando. Le van a meter una paliza, porque no está acostumbrada a aprender rápidamente y no tiene el idioma. Y porque necesitan tener resultados. Porque aquello es una industria”. Y mi madre decía: “¡¿Cómo que es una industria?! Eso es un centro de arte”. “No, señora. Eso es una industria. ¿Sabe usted? Es como un lugar donde se hacen chorizos. Ahí se mete carne y se vende en el mercado”. Mi madre ponía una cara... La asustaron mucho. Pero, al final, ves hoy en día biografías de aquellas grandísimas actrices y madre mía de lo que me libré. Y eso que aquellas triunfaron.

P. Triunfaron, pero desde luego pagaron un precio por ello.

R. Eso es. Si no triunfa el ser humano, el artista tampoco ha triunfado. Eso es una paradoja también.

P. ¿Tú te acuerdas de la primera vez que entraste en el Corral de la Morería?

R. ¿Cuándo debuté?

Entrevista N&B con Blanca del Rey

P. Sí, tu primer recuerdo.

R. Bueno, la noche que debuté estaba Rock Hudson en la barra así (imita a un señor apoyado en la barra de un bar). Ese fue un día glorioso. Ese fue un día que debía de tener un paletismo encima tremendo. Yo iba a bailar temblando ya, porque iba a bailar por primera vez y me encuentro a esa personalidad tan arrolladora, tan guapísimo, tan simpático, tan humilde, tan cercano... Yo es que me quedé con una cara de tonta, que no sé ni cómo iría porque él se acercaba a mí sonriendo... Yo llevaba una flor aquí (se toca el pelo) para hacer el efecto flor bailando. Y me quitó la flor como la llevaba y la puso encima de la barra del corral. No puedo seguir contando lo que pasó, salvo que debí de bailar fatal. Yo sé que bajé al camerino llorando, diciéndole a mi madre: “He bailado muy mal mamá”. “Bueno, pues ya mañana bailarás mejor, yo qué sé”. Y le dije: “Es que estaba ahí ese señor tan guapo del cine”. “¿Pero quién es?”. “No sé, un señor muy guapo del cine” (Se ríe)

P. ¿Qué tenías, 14 años?

R. 14 años de los de entonces. Que yo iba al corral con calcetines altos y con mis trenzas aquí...

P. Luego cuentas que tuviste que parar 10 años, ¿no?

R. Sí, porque me casé… Es que yo me casé con mi marido (Manuel del Rey, dueño del Corral de la Morería) con la condición de no volver a bailar. Porque la mentalidad del hombre de antes no tiene nada que ver con la mentalidad del hombre de hoy. Y mi marido venía de una generación que... Yo, sin embargo, fíjate, en la familia de mi madre había gente valiosísima, con unas voces increíbles. Vamos, uno de mis familiares es director de un ballet lírico en Estados Unidos. Se marchó allí porque en Madrid cerraron el ballet lírico español. Pero bueno, lo que te quiero decir es que la naturaleza al final es la que la es. Nosotros tenemos una voz interior que a veces no escuchamos. Esa voz interior te está diciendo tienes que bailar.

P. ¿Y cuándo la escuchaste tú? ¿Cómo viviste aquella década?

R. La empecé a oír porque me sentía mal. La mente es lista y es torpe. Porque la mente te dice: “No puedes bailar, así es que no bailes”. Pero luego tu naturaleza, que forma también parte de la mente, te dice: “Pero por qué no vas a bailar, si tú naciste bailando”. Te falta algo; tú no puedes estar aquí así de cualquier forma. Entonces te empiezas a sentir cansada. Te empiezas a sentir triste. Y tú dices: “Bueno, ¿yo por qué estoy triste, si yo soy feliz y tengo mis hijos y tal?”. Y me puse a estudiar Historia del Arte. Me puse porque yo, ves, soy muy vital. Pero no me llenaba lo suficiente. Así es que, bueno, pues al final, pues convencí a mi marido.

No hay una voz tan increíble como la de Morente: viene de debajo de todas las tierras de la humanidad

P. ¿Te costó?

R. Sí, me costó un par de años.

P. Es curioso que en el flamenco de aquellos años hay muchas mujeres con personalidades fuertes, pero hay muchísimas más que se han quedado a medio hacer por esto de lo que hablamos.

R. A lo mejor no han tenido una madre tan fuerte y tan guerrillera y que creyera tanto en su hija o en su hijo. Yo soy lo que soy por mi madre. Yo siempre lo digo: Es por mi madre que yo no he tenido esa personalidad de no aceptar lo que no quiero. Y también es por ella que yo siempre he sido y sigo siendo muy de querer entender al otro para yo no equivocarme. Mi madre me ayudó en todo. Todo. Soy lo que soy por ella.

P. Y también fue ella la que te metió el gusanillo del flamenco.

R. No, en mi familia ellos son líricos. Pero mis tías, una de ellas era muy flamenca cantando. Tenía una voz increíble. Rafaela, mi tía Rafaela, tenía una voz (levanta las manos). Bueno en Semana Santa, que era cuando el marido la dejaba que cantara una saeta, pues se te ponían los pelos de punta...

P. Bueno, de algún modo estabas encaminada hacia el mundo del arte, ya sea por un lado o por otro.

R. El arte es arte, sabes, y engloba todas las capacidades del ser humano. Cuando metemos el arte en departamentos estancos, nos estamos perdiendo todo el universo de entender bien qué hay ahí de verdad. Nos limitamos. El arte es soñar, si no sueñas, ni siquiera estás vivo. Es decir, lo ideal es no estar demasiado con los pies en la tierra, ni vivir con la cabeza en las nubes, sino tener un equilibrio. Pues, igual pasa cuando ves una obra de arte: tienes que tener un equilibrio. Tu mente no puede estar configurada a las nuevas formas del arte, porque necesitas también cultivarte con los clásicos para entender quién pinta bien y quién no pinta, ¡caramba!, quién es marketing. Porque hay pintores que tienen un buen marketing y otros pintores que están, pues en sus casas haciendo obras de arte, y no los conoce todo el mundo que debería conocerlos.

Bueno, hablando de quien pinta, tenéis aquí una pintora que es algo increíble. Pero increíble, María José (Ruiz). Y no lo digo porque ella esté aquí, porque es que yo lo digo en todos sitios. Es que María José es una cosa impresionante. No es la perfección formal, eh, es otro mundo el de ella.

Entrevista N&B con Blanca del Rey

P. Hemos hablado de poesía, hemos hablado de arte, de pintura, hemos hablado de música, hemos hablado de danza, lo que tengo bastante claro es que usted no puede vivir sin el arte.

R. Sí, no puedo vivir sin arte. Porque necesito respirar. Yo creo que todo el mundo necesita respirar, pero no se lo han enseñado. ¿Sabes? Es decir, la gente va a los museos porque va a un sitio. Si viene a Madrid hay que ir al Prado, ¿no?. Aquí hay un museo maravilloso que además es una pintura que no se parece a ninguna otra, que es la de Julio Romero de Torres. Esa es la Andalucía verdadera, la profunda, la seguiriya, la soleá. Esa es, el tercio doliente, el tercio de las entrañas. Entonces, la gente no entiende el flamenco si no ve una pintura y es capaz de entenderla de verdad. Julio Romero de Torres, Lorca, como Falla, fueron flamencos. Y son los tres que uno en la música, otro en la poesía y otro en la pintura, retratan perfectamente la Andalucía verdadera. La Andalucía profunda.

P. ¿Usted dónde se sitúa en el debate este sobre el origen del flamenco? ¿Es usted de las que lo vincula con lo andalusí y con lo árabe?

R. Lo primero es que la riqueza del flamenco, la base que tiene, es el folclore de todas las regiones de España. Por eso es un milagro. Porque una farruca es una muñeira, ¡caramba! Es que unas alegrías es una jota aragonesa en su base. Y claro que tenemos también de árabe, y también tenemos de hindúes. Viene una línea clara, perfectamente trazada. Yo hice ese estudio con Yehudi Menuhin y Ravi Shankar, que son dos personalidades universales de la historia. Es que nuestra música es un agujero negro del espacio, que rompe todo y no se sabe dónde estalla.

P. El que sea una música sin origen claro a mí me parece una de las cosas más bonitas que tiene el flamenco.

R. Es que hay que pensar muy bien lo que es el flamenco. Es una música que no está escrita, que no está precreada y que, de buenas a primeras, por ejemplo un guitarrista, en su memoria más íntima, más creada en soledad, con más dificultades, sin una partitura, coge y es capaz de crear algo. Es decir, yo no conozco ninguna música en todas partes del mundo que he estado que sea, que tenga eso.

P. De hecho a mí un musicólogo me dijo eso, que el flamenco no cabe en la partitura.

R. Es que ni siquiera cabe cuando lo intentan. Cuando lo intentan escribir, muchas veces hay muchas cosas que no son capaces de meter. No se puede escribir. Es que ni siquiera puedo hacer una comparación con el poema. Porque el poema se escribe, porque el poema se medita, porque el poema se puede rectificar. La improvisación en el arte flamenco es la huida feliz del artista. Y está luego lo que yo llamo el autoaplauso silencioso.

El flamenco es un agujero negro del espacio, que rompe todo y no se sabe dónde estalla

P. ¿A qué se refiere?

R. Es la manera que se tiene de rejuvenecerse el artista en la música, en el baile. Es decir, es como un reto, ¿no? Te metes en un jardín complicadísimo y no sabes cómo vas a salir… Pero sales. Y es dificilísimo. Y, precisamente por difícil, el guitarrista, el músico, se rompe el alma para entender lo que está haciendo, para valorar lo que está haciendo. Hay días que ama su guitarra y días que la odia. Porque ahí tenemos declaraciones de genios como Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía, ¿no? Es como aquello que decía Truman Capote: “Tú me diste el don y también el látigo para flagelarme”.

P. Los guitarristas desde luego tienen tendencia a flagelarse.

R. Bueno, y los que bailamos, y los que tenemos una compañía de 22 personas. Imagínate una compañía de 22 personas: a veces son 22 problemas. En una época en la que no tenías economía para tener un repetidor, para tener alguien que se dedicara a esto o aquello. Todo tenías que hacerlo tú. Todo tú. Todo tú. Yo decía, hoy en día digo, ¿cómo he podido? Porque mucha gente se ha creído que, porque yo soy la mujer de Manuel del Rey, a mí mi marido me daba dinero para tener esa compañía. Y no es cierto. Mi hijo, que fue el que dirigió esa compañía, decía: “Mira, mamá, si entre tú y yo no podemos sacar esto adelante, lo dejamos, porque tú tienes tu espacio para bailar como te dé la gana”. Pues así es. Y no... Es decir, que mucha gente ha pensado y piensa que yo he tenido esa compañía porque tenía un dinero ahí que me estaba apoyando. Y de ninguna manera, no lo hemos permitido nosotros.

P. Del Corral de la Morería, me gustaría que me hablaras de varias personas. La primera de ellas, Fosforito, que nos dejó en noviembre.

R. Bueno, yo la época de que estuvo Fosforito trabajando en el corral, que estuvo 4 años con la Paquera de Jerez, bueno... no era mi época. Yo estaba aquí, era muy niña. Pero mi marido lo adoraba. Lo adoraba porque era un señor. Lo adoraba por su seriedad en su trabajo. Tenían mucha relación y, de hecho, cuando murió mi marido, Fosforito nos escribió una carta a nosotros preciosa. Era una persona muy educada Fosforito, muy educada. Una persona con una visión increíble. Y las cosas que me contaba mi marido era que bueno... que tenía dos voces tan dispares como era la Paquera de Jerez, que tiraba para arriba y hacía el corral así (amaga con levantarse), y Fosforito, que le salía de las entrañas y hacía a la gente llorar.

P. Otra persona, Paco de Lucía.

R. Pues mira, Paco de Lucía presentó sus dos discos más famosos en el Corral. No estuvo contratado por el Corral, pero los directivos de Philips iban al Corral con mucha asiduidad, ¿no? Y cuando presentaba Paco el single de Entre dos aguas, lo presentó allí. Y luego lo mismo con Fuente y Caudal. Pero porque Philips cerraba el Corral de la Morería y daba una fiesta allí, como ahora, pues los hace Cartier para dar sus fiestas.

Entrevista N&B con Blanca del Rey

P. Y otra última persona por la que te pregunto, que es Enrique Morente.

R. Se me rompe el alma cuando hablo de Enrique Morente, que era mi amigo del alma. Es que creo que no está suficientemente valorado Enrique Morente. No hay una voz tan increíble como la de Enrique Morente. Es decir, Enrique Morente, cuando tú cierras los ojos y lo escuchas… Te pido que hagas la prueba: Cierra los ojos y es una voz cavernosa, vieja, que te lleva a un tiempo que no puedes saber qué tiempo es. Es intemporal, su voz. Es una voz ancestral. Es una voz que viene de debajo de todas las tierras de la humanidad. El tono de su voz te hace estremecerte. Es decir, Omega es el disco de todos los discos. Es el disco de todos los discos de que hay en la tierra. Eso te lo digo no porque yo le quería, que lo quería mucho. Y además, me iba a cantar cuando me iba a retirar. Pero es que no ha existido y difícilmente va a existir otra voz como la de él.

P. Y eso que a ti te gusta estar con los jóvenes, ¿no?

R. Me encantan.

P. ¿Cómo ves al flamenco joven de ahora?

R. Pues mira, cuando dicen las mayores y los mayores: “Es que lo de antes, tal”. Yo digo: ¿lo de antes, y lo de ahora qué? Es que no sabes ver lo de ahora. No sabes cómo te transmiten. Es decir, hay quién quiere el flamenco como un arte involutivo. Y no podríamos soportar el flamenco bailando siempre lo mismo, el mismo brazo, la misma coreografía. No, no. Afortunadamente, esta juventud de hoy han recreado el flamenco. Y mira que yo, cuando tenía 40 años y veía un brazo que no fuera muy flamenco, cuando a lo mejor metían algo contemporáneo (que lo aflamencaban además), no me convencía. Yo era retrógrada en ese sentido, ¿sabes? Pero, poco a poco, como he tenido esa suerte de tener una mente muy abierta, de pararme a pensar, pues empecé a verlo de otra forma. “Oye, pues es que ese sí que ha puesto el brazo bien. Y es contemporáneo. Y ya empecé a fijarme en las nuevas formas y creatividad de la juventud. Y dije: ”Amigo mío, esto es otra evolución“. Y, perdona, pero es una maravillosa evolución la que han hecho. Maravillosa. Con un respeto enorme al flamenco. Maravillosos. Es decir, yo no tengo palabras para agradecer a la nueva juventud lo que están haciendo. Una labor increíble.

P. Cuando se publique esta entrevista ya habrá sido el espectáculo. No sé el sábado si habrás dado tu última o tu penúltima pataíta.

R. Si me la piden... si tú me dices ven, lo dejo todo.

La improvisación en el arte flamenco es la huida feliz del artista

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