Emilio Ruiz: “Las flores comunican muy fácil, son un imán para la gente”
Emilio Ruiz (Córdoba, 1974), licenciado en Comunicación Audiovisual y formado en Gestión Cultural, ha desarrollado su trayectoria como gestor cultural fuera de su ciudad natal, pero Flora, el festival de arte contemporáneo floral que celebra su novena edición este año, le ha devuelto a la ciudad donde nació para poder desarrollar un proyecto de éxito referente a nivel internacional.
Como su director artístico, hace unos días, Ruiz participaba en la presentación oficial de Flora 2026 y, en esta charla con Cordópolis, avanza algunas pinceladas sobre esta nueva edición y los artistas invitados para crear sus instalaciones, pero, sobre todo, aborda cómo ha sido el camino del éxito conseguido por este evento único que cada otoño sorprende al público, local y visitante.
En ese camino, se ha entrelazado el arte floral y la pura creación artística con otras muchas disciplinas y áreas de conocimiento, desde la ciencia, al pensamiento o la danza, pero también con lo social, con la vida colectiva en los patios o con la preocupación por el medio ambiente que las temperaturas extremas de Córdoba hacen tan presente, pero que afectan al conjunto del planeta.
De todo ello habla Ruiz en esta entrevista hecha precisamente en un patio, un lugar que es seña de identidad de Córdoba y que Flora cogió por bandera para presentar una visión vanguardista del patrimonio local que cada año visitan miles de personas. Un escenario que sirve también como excusa para que el arte ofrezca un espacio de reflexión sobre los retos del futuro.
PREGUNTA. ¿Qué hace un cordobés como usted en la dirección artística de Flora? ¿Cómo surge esa unión?
RESPUESTA. Yo estudié Comunicación Audiovisual, hace ya mil años, y luego hice Gestión Cultural en 1999, que es la prehistoria de la gestión cultural. Recuerdo que, cuando acabé, luego había que hacer unas prácticas y lo difícil no fue conseguir que te cogieran en un sitio, fue encontrar un sitio donde supieran lo que era un gestor cultural.
Después, estuve trabajando en Madrid bastantes años y, de repente, surgió la opción de que en Córdoba iba a haber algo sobre instalaciones florales y estaban buscando un proyecto. Y, una serie de personas, presentamos un proyecto y ganó. Fue como un sueño, porque en Córdoba trabajar en gestión cultural y en cultura es difícil. Es difícil. Yo estoy en Madrid, que estoy muy cerca, pero nunca había conseguido tener algo que me interesara en Córdoba y, de repente, fue como un salto de altura, porque era una cosa muy grande. Y así surgió, por puro azar.
El patio es una manera de convivir con la naturaleza que deberían aprender muchos otros lugares
P. Acabamos de tener recientemente la presentación oficial de Flora 2026, pero ¿cómo explicamos cuándo y cómo empieza el trabajo de cada edición de Flora?
R. Si lo vemos desde el punto de vista cronológico, el trabajo empieza en noviembre. En octubre acaba el festival y en noviembre es cuando se invita a los artistas del año siguiente. Y me refiero solo a los artistas de instalaciones, porque luego está todo el resto de actividades.
A esos artistas se les invita en noviembre porque tienen un perfil particular, tienen una parte muy artística, pero también una parte comercial con la que se ganan la vida montando grandes eventos, bodas, desfiles de moda... Y ese tipo de evento tiene una agenda con mucha antelación. Entonces, por eso, intentamos captarles en noviembre. Ahí es cuando empieza el trabajo y, a lo largo del año, vamos perfilando el resto del festival, se va diseñando el tema y todas las actividades paralelas, que son ya casi la mitad del festival y están hechas para esa edición, que es muy complicado.
Eso sería hablando cronológicamente, sobre el calendario, pero lo cierto es que esos artistas que invitamos en noviembre los tenemos pensados a lo mejor un año o dos años antes. Este año, de hecho, hay una artista que fue invitada hace tres años.
P. Claro, son varias etapas hasta el sprint final.
R. Sí, sí.
P. No sé si en aquella primera edición de Flora imaginó este crecimiento de Flora. ¿Cómo ha sido esta evolución?
R. Yo no me lo imaginaba porque he trabajado en muchos proyectos culturales que se han muerto a los dos años, o sea, es tan difícil lanzar una cosa y sobre todo que se mantenga. Yo no me imaginaba que fuera a llegar a nueve o diez años, sinceramente, por muy espectaculares que fueran las primeras ediciones, que ya lo fueron. No sé si soy optimista o pesimista en general, nunca lo he sabido, pero en concreto en mi trabajo y en cultura siempre pienso que se va a torcer la cosa y que es muy difícil.
No me imaginaba que fuera a llegar a tanto y sí me imaginaba cómo es ahora, o sea, ese nivel de estar colocado como referencia internacional, porque es así. Cuando invitamos a los artistas del primer año, desde luego, pero el segundo y el tercero nos costaba todavía contarles un poco el festival. A partir de la tercera edición no hay artista al que le escribas hablando de Flora que no lo conozca. Eso es así. Artistas de todos los niveles.
La repercusión a nivel de colocarte como referencia en el arte floral sí la veía, porque no había otro festival igual. Luego ya, que haya crecido tanto en todas las actividades que podemos hacer, de artes escénicas, de artes plásticas, de pensamiento, pues hombre, era un sueño. ¿Me lo esperaba? Más que me lo esperaba, me lo soñaba. Yo soñaba que eso pudiera pasar.
P. Que fuera tan particular, que no hubiera otro igual, ¿cree que ha sido el secreto de ese triunfo?
R. Seguro. Y hay una cosa muy divertida que a veces contamos y es que, realmente, a nosotros nos daba mucho pudor el primer año decir que era el único festival del mundo de instalaciones florales. En la primera edición hicimos un trabajo de investigación, de hablar con gente, de buscar, pensando que tenía que haber un festival que no hubiéramos localizado... Y no, no. Nos daba como pudor decirlo, pero veíamos que era la clave.
Era la clave sobre todo para que vinieran los artistas que queríamos que vinieran, porque claro, escribir al que ha hecho la peli de Sofia Coppola de ‘María Antonieta’ para que te haga las flores en Córdoba... Traérselo a Córdoba para que haga eso y que te diga que sí. Pues claro, vimos que si era el único sitio donde hacíamos esto y si encima le invitabas como artista... Porque esta gente a la que llama por ejemplo Adidas para la presentación de su nueva zapatilla con una serie de muchos condicionantes, aquí le invitas como artista, le cuentas que hay un tema, le traes a la ciudad... Eso creo que es una de las razones por las que viene ese tipo de artista tan grande, que no cobran, entre otras cosas. Que eso es una cosa también sorprendente del festival, que esa gente que por la boda de cualquier Kardashian de estas te puede cobrar lo que quiera, aquí no cobra nada. Y acepta porque viene como artista. De hecho, literalmente, muchas veces nos han dicho, “Es que lo que me estáis pidiendo es justo lo que me gusta a mí hacer, pero nadie me deja hacer esto'.
P. Cada edición de Flora tiene una temática a la que deben ajustarse los artistas. ¿Cómo se elige, cómo es ese proceso?
R. Realmente, yo me paso todo el año brujuleando temas de botánica, cualquier conferencia, visitas a jardines botánicos... Estoy siempre muy atento a eso. Y los temas surgen cualquier día. Hay veces que están más unidos a la actualidad y a veces no. El año dedicado a la inteligencia vegetal fue porque ya veíamos venir el tema de la inteligencia artificial que iba a explotar y, dijimos, vamos a acabar tan agotados de hablar de inteligencia artificial que vamos nosotros a decir ¿cuál es la inteligencia vegetal? Entonces, ese tema estaba muy unido a la actualidad.
El tema de este año, lo efímero, desde la primera o segunda edición lo teníamos en mente, pero nos daba un poco de miedo al principio porque, dentro del arte floral contemporáneo se trabaja mucho con la degradación de las flores y es una cosa que si lo hubiéramos hecho el primer año, creo que a lo mejor hubiera costado más entenderlo. Porque no es fácil entender que tú has creado una obra y a lo mejor se está degradando y eso mismo forma parte de la obra. El público de arte lo sabe, pero a lo mejor otro público más general no. Nos daba un poco de reparo ese tipo de propuesta, pero ya son nueve años de Flora y desde luego al público de Córdoba no hay que explicarle nada y al de fuera tampoco, ya sabe lo que hay en Flora y lo que se puede llegar a hacer. Nos parece que era el momento.
Los temas surgen leyendo, escuchando y tomando notas durante todo el año. Cuando ya llega el momento de decidir, dices, pues venga, de todos estos creo que este es el tema.
El pasado te facilita que venga el turismo, pero te dificulta lo contemporáneo
P. ¿Y cómo es esa selección de artistas? Comentaba antes que algunos los tienen en mente, ya sea a nivel nacional o internacional... No sé si alguno llega directamente a pedir participar en Flora, si llegan propuestas o ‘sugerencias’ para venir.
R. Sí, propuestas directas, de gente que se postula. Y luego es más común que se postulen a través de otro. Un artista que ya ha venido, cuando vuelve del festival te dice, “Oye, me parece que este otro podría participar”. Nos llegan muchas propuestas por otros caminos, digamos, de recomendaciones. Y ¿cómo es la selección? Básicamente, estamos muy atentos a lo que van haciendo. Es verdad que las redes sociales tienen una parte terrible para la vida diaria, como que nos absorben, pero para un trabajo como el de Flora son maravillosas porque todos los artistas de instalaciones florales donde están es en las redes sociales, donde exhiben su trabajo.
P. ¿Y qué resulta más fácil o más difícil de contarles el proyecto, traerlos a Córdoba...? Imagino que ese proceso ha evolucionado también en estos nueve años.
R. Ahora es muy sencillo ya contarles el festival porque no hace falta, porque de verdad que lo conocen todos. También es verdad que nosotros no invitamos a floristas que solo hagan bodas y eventos, porque para decorar un patio no es para lo que queremos que venga. Al que le invitamos ya sabemos que tiene la vista puesta en el arte y en las artes plásticas. Y esos conocen el festival, eso es así.
Entonces, nos cuesta encontrar que en la agenda tengan un hueco, primero para venir a conocer el patio en primavera y luego sobre todo en otoño, que es una época muy alta a nivel de eventos y que se vengan una semana a Córdoba. Muchos nos dicen, cuando ya tienen confianza, “Mira, yo por venirme aquí una semana he perdido miles y miles de euros porque claro, me he perdido la inauguración de no sé qué donde me invitaban a montarla y la boda de no sé quién”.
Es una inversión grande para ellos que, como te decía, no cobran y encima pierden dinero. Por eso, es casi más problema de agenda. A los que invitamos lo pensamos mucho, que le va a interesar el festival, que seguramente lo conoce y que va a decir que sí porque es como un sueño también para ellos.
P. Lo toman como una regalo y eso hace que vayan a estar imbuidos en que el festival salga adelante ¿no?
R. Sí, sí, sí. Totalmente. También te das cuenta fácilmente quiénes han estado ya soñando con hacer algo así y a los que, de repente, ves que es una persona que puede llegar a hacer una cosa más artística y como que no ha llegado a hacerlo porque está muy metido en el mundo comercial. Me ha pasado con alguna artista, escribirle, invitarle y decirte: “Estaba esperando justo esto, justo esto, que alguien me pidiera algo que no fuera para que se quede contento el novio o la novia un día, o que se quede contento el consejero delegado de la marca”.
P. Por cierto, ya van medio centenar de artistas que han venido a Flora con todas estas ediciones, de múltiples países. No sé si me puede decir cuál le ha impresionado más o algún detalle que se le haya quedado grabado...
R. Son un montón, son muchísimos. Me parece muy curioso, cuando pasan los años y miras así en perspectiva, la diferente manera de trabajar de los artistas. Mira, esto hay mucha gente que no lo sabe: cuando viene el artista a conocer el patio, lo primero que hace a los 15 días es mandar su primer proyecto, luego hay una serie de semanas para ir definiéndolo y después se pone fecha para el proyecto final. Pues hay gente que cuando manda el primer proyecto es ya como para entrar a vivir, o sea, están las medidas, los pesos, prácticamente todo.
A veces saber el presupuesto es complicado porque claro, una señora de Taiwán que viene a hacer una instalación a Córdoba, no sabe cuánto cuesta aquí un herrero o un carpintero, y los presupuestos luego hay que ajustarlos. Pero hay veces que el primer proyecto está como superdefinido.
Y hay otras veces que a un artista le gusta improvisar y nosotros no podemos improvisar, porque además hay un premio y todos tienen que competir con las mismas condiciones. Un artista que improvisa, improvisa porque tiene posibilidades del día de antes decir, “Oye, que me hacen faltan 10.000 hortensias más”. Nosotros no vamos a hacer eso, porque sería beneficiar a uno frente a otro. Nosotros pedimos mucha prevención y mucha antelación en el proyecto.
Entonces, veo eso, muchas maneras diferentes de trabajar y muchas maneras diferentes de sorprender al público. Hay gente que nada más entrar ves la instalación e impacta y hay otra gente que juega mucho al detalle, que lo hace superbonito, de primeras a lo mejor la instalación no es tan así, pero una vez que te vas metiendo por ella descubres los detalles y eso está muy pensado por el artista.
Hay una cosa que siempre he tenido clara: hacemos una selección de artistas, pero nosotros estamos programando en un festival que es un festival público. No es lo mismo que tener una galería de arte, por ejemplo, y elegir a los diez artistas que me gustan y se lo voy a enseñar a la gente. Aquí estamos programando para todos los públicos. Y aunque yo sé que hay mucha gente que cree que las cosas de Flora son como demasiado raras, intentamos que haya instalaciones para todos los gustos, o sea, siempre desde una mirada contemporánea y sin querer hacerlo fácil, pero es verdad que somos un festival público, que es un festival que se financia con dinero público y creo que tampoco puede ser un capricho de decir voy a tener cinco artistas que me encantan, aunque nadie lo entienda.
P. De hecho, también los propios patios donde se hacen las instalaciones tienen cada uno su personalidad y con eso también se juega, dentro del arte contemporáneo, con el artista que sea más conservador o el que pueda ser una explosión...
R. Sí, por eso los traemos unos meses antes, que es una cosa que te complica mucho el festival a nivel de organización y de presupuesto, sobre todo, porque son dos viajes de artistas. Pero eso sí es clave, claro, la instalación tiene que estar inspirada en el patio donde va a estar. Es una de las características que el jurado además puntúa. No puede ser un ovni que ha llegado aquí y ha caído en una instalación.
Flora fue un regalo que llegó a Córdoba
P. Sin desvelar lo que no se puede, pero hábleme un poco de los cuatro artistas que ya sabemos que vienen a Flora 2026, unas pinceladas.
R. Pues mira, en el Palacio de Viana estará Hamish Powell, que es un artista muy joven que nació en Zimbabwe, pero es un artista británico porque lleva toda la vida ya en el Reino Unido. Es una de esas figuras muy públicas en el mundo del arte floral, a nivel de redes sociales es como una bomba porque explota muy bien las redes sociales. Pero le pasa una cosa muy curiosa: como personalidad tiene mucha imagen, parece un modelo y tiene un punto casi de influencer. Y creo que eso no juega a favor de su obra, porque muchas veces eclipsa la persona a la obra. Tiene una mirada muy plástica de las flores, trabaja con ellas de verdad como si fuera una escultura. Tiene una apuesta por el color muy fuerte, que es una cosa que también nos gusta mucho en Flora.
Cuando elegimos a los artistas intentamos que haya como un catálogo cada año de las diferentes formas de entender las instalaciones. Y con la implicación que tenemos con el medio ambiente y la sostenibilidad, muchas veces los artistas huyen del color porque están trabajando con material seco, con maleza, pero también queremos que haya color. Hamish Powel tiene ese punto de color y, sobre todo eso, yo creo que tiene una mirada muy plástica sobre lo que hace.
Luego tenemos algo totalmente diferente que es Flover, son de Nueva York, de origen serbio y croata, pero viven en Nueva York. Estos son los más radicalmente contemporáneos de esta edición. Son un poco bestia en lo que hacen. Tiene una propuesta a veces casi hasta violenta del acercamiento a la flor, pero eso es también lo que nos interesa. Y nos interesaba mucho, sobre lo que tú dices, que estuvieran en el Patio Barroco de la Diputación, porque el Patio Barroco es lo más opuesto a lo que ellos hacen: son monocromos, líneas rectas...no tienen nada que ver y creemos que ahí es donde realmente puede brillar tanto el Patio Barroco como su obra, porque si se hace una cosa que se parezca, al final se diluye y ellos están proponiendo algo bastante radical.
Tenemos también a Tulipina, que es un artista iraní que vive en Estados Unidos. Y ella es una artista muy, muy popular en el mundo del arte floral, digamos que así como nombre puede ser la más conocida para los floristas. Muy colorida y muy delicada en el uso de la flor. Hay artistas que piensan más a lo mejor en la instalación, en la estructura y el volumen, y ella está mucho en la colocación de cada flor, la elección de cada flor, en la gama de colores, la trabaja muy bien. Y ella va a estar en el Patio de los Naranjos de la Mezquita.
Y me falta Taller Banegas, que es el español, estará en el Museo Arqueológico y además tiene una historia superbonita en el festival porque él ha estado de asistente en el primer año, luego se presentó a la convocatoria de asistente artístico y estuvo un año o dos. Luego vino de asistente con otro autor y también se ha presentado a Patio Talento. Siempre ha mandado cosas increíbles, siempre ha estado como a punto de ganar, pero no ganaba. Y este año ya, después de haber hecho instalaciones grandes, no podría venir con Patio Talento y lo hemos invitado directamente. Él es un manchego con un gusto exquisito, trabaja mucho en el mundo de la moda, ha hecho Bellas Artes y digamos que reúne todo lo que nos gusta en Flora: entender lo que es el arte contemporáneo, entender lo que es la unión a la tierra porque La Mancha está muy presente en lo que hace y de hecho aquí va a estar muy presente La Mancha. Y luego tiene una visión como exquisita, es muy buena opción para el festival.
P. Y nos queda por desvelar este mes de julio el ganador de Patio Talento, que además creo que es una convocatoria que ha ido creciendo. ¿Dónde está su éxito?
R. Patio Talento es de las cosas más bonitas que hacemos en Flora. Patio Talento y la Guerrilla, tienen una personalidad muy especial. Y Patio Talento veíamos desde lejos que había que hacer algo así, porque queríamos invitar a más gente. Y, sobre todo, sabemos cómo es el mundo del arte que es complicadísimo abrirse hueco, es dificilísimo y más todavía en un arte como de las instalaciones florales, que es muy caro hacer una instalación floral. ¿Quién te da la oportunidad como artista o como florista de que hagas una instalación como las que se hacen aquí? Nadie. Porque tienes que tener mucha suerte, muchos contactos, mucho dinero...tienes que tener muchas circunstancias para poder llegar a eso, ¿no? Entonces, Patio Talento es la manera de que cualquier persona del mundo que tuviera talento pudiera llegar a hacer una instalación en Córdoba. Y eso fue lo que hicimos, lanzarlo con el Patio de Orive. Lo ponemos al mismo nivel que los mejores artistas del mundo y de repente estás compitiendo con tu ídolo. Hay un pequeño beneficio y es que el Patio de Orive es más fácil, es como un lienzo en blanco, es más sencillo de trabajar.
La convocatoria de Patio Talento se lanzó el primer año y llegaron más propuestas de España que de otros sitios y, cuando han pasado los años, han empezado a llegar de muchos más sitios y sobre todo de mucho más nivel.
P. Los asistentes artísticos son otra parte clave en Flora, ¿Hace usted también la selección? Y luego están los que vienen con los propios artistas.
R. El equipo que tiene cada artista es él mismo con dos personas que trabajan siempre con él, esos son sus asistentes personales. Y luego nosotros como festival le ponemos cuatro asistentes artísticos y otros dos auxiliares de montaje, es decir, seis personas más aparte del equipo. Y eso es una convocatoria también abierta a floristas, que escriben de toda España y de fuera de España también, y son contratados.
Esa es una selección que hace el equipo de coordinación del festival, una selección superfina. Porque los artistas que vienen normalmente cuando hacen un evento suelen tener menos tiempo que en Flora, que son cuatro días, pero suelen tener igual 30 manos o 60. Tiene un montón de gente trabajando como loca. Aquí de repente el personal es más reducido, aunque tenga más días. Y entonces ahí seleccionamos mucho que sean muy brillantes. Una de las cosas que más nos dicen los artistas cuando se van es “Si yo volviera, querría estas personas conmigo”. Incluso ha habido muchos que se los han llevado a trabajar a bodas y a eventos a Estados Unidos o a cualquier sitio. Eso es superbonito. Sí, ese curro es tremendo.
Flora debería crecer más en calidad que en cantidad
P. Desde su área artística, ¿cómo se ve ese engranaje en el que hay que encajar a tantas instituciones, entidades, patrocinadores? ¿Hay algún secreto para lograr ese respaldo unánime?
R. Pues quizás es que los dos primeros años fue un regalo que llegó a la ciudad, de iniciativa privada 100%, de Zizai Cultura que, de repente, te regala esa locura, con mucho presupuesto, con total libertad, para elegir los patios... Entonces, la clave primero fue tener la oportunidad de poder enseñar lo que se podía llegar a hacer. Si tú el primer año llegas a las instituciones, les pides financiación para una cosa que no van a entender muy bien, te dicen: “Mira, tú hazlo y ya luego veremos”, ¿no? Eso pasa mucho en cultura.
Y luego, el primer año, nada más abrir las puertas, yo recuerdo la calle llena de gente y todo el mundo gustándole el festival, que era una cosa que teníamos miedo porque decíamos: Van a criticar que llegue un japonés y de repente interprete un patio. Dirán: ‘nosotros que tenemos los patios de toda la vida, ¿ahora va a llegar aquí alguien de fuera y va a hacer una instalación?’. Era como una especie de miedo que teníamos de que pensaran que era alguna cosa invasiva. Ese miedo tardó tres horas en irse, cuando ya veíamos la respuesta de la gente.
Y creo que las instituciones también vieron claramente que era una cosa que al público le gustaba y que a la ciudad le venía muy bien. Ha habido un trabajo muy largo de la dirección general de María van der Eyden en concreto, de conseguir que las instituciones entendieran el festival. Y bueno, claro, igual no te iba a decir lo contrario si no fuera así, pero es que es verdad que con las instituciones facilitan mucho el trabajo del festival, hay una cosa increíble y es que no se meten en el contenido del festival.
P. No quieren tocar algo que está teniendo éxito...
R. Claro, pero yo entiendo que si tú eres una institución, tienes tu patio y va a haber una instalación, a lo mejor lo querrías hacer... Pero también nosotros somos muy cuidadosos con los que vienen y también incluso hasta medimos a los artistas que van a cada sitio. Si es un artista que a lo mejor puede chocar con la institución, no va a ir a esa institución, o sea, eso lo medimos todo con lupa.
P. ¿Qué aporta Córdoba a Flora y qué ha aprendido Flora de Córdoba?
R. Creo que una cosa que aporta Córdoba es que este tipo de proyectos muy grandes a nivel cultura y a nivel presupuesto es difícil que los dejen crecer poco a poco. En Madrid o en otras ciudades lanzas algo y como el primer año no haya un éxito increíble, es muy fácil que el patrocinador ya se vaya... Yo creo que Córdoba tiene algo como de ritmo lento que el festival también ha ido entendiendo. Hemos tenido la suerte de que los primeros años teníamos solucionado el presupuesto, eso es una clave, pero creo que ese ritmo de la ciudad lento lo ha ido aprendiendo el festival, que hay que dejar que las cosas crezcan poco a poco. Y luego hay una cosa que desde el principio en el festival sabíamos que iba a entrar de lleno y era el tema de la sostenibilidad. Claro, es absurdo hacer un festival de botánica sin tener la sensibilidad a flor de piel con el tema de la sostenibilidad y del medio ambiente.
Era algo que sabíamos que iba a pasar y también nos preocupaba un poco, porque la gente cuando ve un festival de tema floral ya se cree que va a llegar en un sitio y va a ser como el jardín del País de las Maravillas, un sitio lleno de flores, lleno de olores en el que hay cascadas, no sé, algo así.
Y si tú eres un artista floral, eres alguien que tenga un universo personal y que lo sepa expresar a través del material botánico. Lo que está contando una persona que hace una instalación en el patio de la Mezquita o del Museo Arqueológico, está contando lo que él cree que la naturaleza puede contarte o lo que él aprendió con la naturaleza. Y en eso hay mucha preocupación con el futuro de la naturaleza, bueno, el presente de la naturaleza que estamos ya en pleno desastre.
Nos preocupaba si eso se iba a entender y si al entrar, por ejemplo, en una instalación hecha de esparto o con flores secas o que se seque durante el festival... se iba a entender. Y ahí voy a Córdoba, una ciudad en la que tenemos 40 grados o 45, una ciudad en la que la preocupación por el medio ambiente no hay que leerla en el periódico ni en la tele, sino que la tienes porque sales a la calle y te puede dar algo. Eso iba a entrar más directamente con el festival y creo que la preocupación con la falta de agua, con el medio ambiente...Córdoba la ha metido todavía más en el festival que si hubiera estado en otra ciudad.
Hay muchos artistas que cuando vienen en mayo empiezan a preguntar qué tipo de flores podemos tener aquí y qué se produce aquí. Y le tienes que explicar que producción de flores aquí, no. Eso es también una complicación si queremos que se trabaje con flor local a nivel Andalucía o España. Pero claro, la producción aquí en Córdoba en concreto, en Andalucía es pequeña. Ellos mismos dicen: En una ciudad como esta, en un paisaje que vengo de Madrid a Córdoba en el AVE y solo veo olivos y tierra seca ¿cómo voy a hacer yo una instalación de repente de camelias? No tiene sentido. La preocupación por el medio ambiente te la da también la ciudad. Eso creo que Córdoba se lo ha enseñado a Flora.
P. Y luego está la identidad de los patios, como seña del patrimonio de la ciudad y que Flora ha elegido también por bandera. ¿Qué ve un artista en un patio?
R. Lo primero es que le da muchísima envidia porque, claro, están en su taller todo el día con flores pero ver cómo vive aquí la gente en comunicación con las flores les da mucha envidia. Y les hace mucha gracia que la gente sabe mucho de plantas. Te dicen que cuando hacen un evento, la gente ve las flores y se hace fotos, pero no les pregunta ‘¿Esto qué es? Una begonia pero muy rara, no? Pero ¿y esta hortensia con esos colores?’ Eso pasa en Córdoba porque la gente sabe mucho de flores.
Lo que el artista ve en el patio es una manera de convivir con la naturaleza que deberían aprender muchos otros lugares. Más aún, y volvemos con el medio ambiente y el tema de la temperatura: ojalá pudiéramos vivir todos en casas con patio. Ojalá yo tuviera una casa con patio, sería un deseo para todo el mundo.
Mira, vino Carlos Magdalena - conservador en el Jardín Botánico de Londres-, y él decía: ‘En Córdoba tendríais que patentar el patio y exportarlo’. Él vive en Londres y decía: 'El calor que tenemos ahora allí (y en otras partes de Europa)...deberíais decir, pues mira en Córdoba lo hacemos así. “Esa cultura que tenéis aquí tenéis que exportarla.”
Los artistas ven eso en los patios y luego también ven que una cosa tan cotidiana, tan de todos los días, tenga luego una raíz tan antigua, en la cultura árabe y la cultura romana. Ver esa historia como petrificada en la vida diaria también es una cosa que les llama mucho la atención.
La primera clave del éxito de Flora fue la oportunidad de enseñar lo que se podía llegar a hacer
P. Flora sin los patios de Córdoba no existiría ¿no?
R. No, no existiría. Nos llegan muchas veces ideas de hacer cosas que no son en un patio y esa es una de las máximas que tiene el festival. Flora, tiene sentido que sea en Córdoba, porque en Córdoba son los patios.
P. Creo que te adjudican una frase que es que 'las cuidadoras de los patios ya llevan haciendo instalaciones florales toda la vida'.
R. Es probable que la haya dicho porque me parece verdad. Con esas historias que luego tienen los patios, con esa invasión de macetas, a veces para tapar agujeros y tal....es que los artistas también hacen muchas veces eso. De repente la instalación no puede ser una diagonal porque no soportan los pesos, pues ahora me invento esto y muchas veces de la dificultad surge el ingenio. Eso le pasa al artista. Y una cuidadora de patio realmente lo que hace es, de un espacio que tiene, crear algo más. De una manera mucho más espontánea, ¿no? A lo mejor no hay una intención artística detrás, pero es muy parecido el resultado.
P. ¿Cuesta más innovar en el arte en una ciudad patrimonial, con historia, como Córdoba?
R. Esa pregunta me encanta porque siempre he pensado que pasan dos cosas. A nivel práctico cuesta más porque los comercios, las instituciones, la ciudad en general ve que el patrimonio le da dinero, el pasado le da dinero, porque vienen los turistas a ver la Mezquita, a ver el Palacio Viana, a ver la Judería... Entonces en ese sentido, el pasado te facilita por una parte el turismo, pero te dificulta lo contemporáneo. Si de repente hiciéramos en Córdoba ahora algo que uniera la cultura del patio con el flamenco, la primavera....eso te lo compra fácilmente una marca. Si tú vienes y quieres hacer una propuesta de videoarte en cubos blancos, una cosa totalmente contemporánea, va a ser más difícil a lo mejor que consigas que te apoyen financieramente.
Pero, por otra parte, yo siempre he pensado que las ciudades con mucho pasado y con un pasado histórico brillante, eso mismo te hace que también puedas desarrollar más la cultura contemporánea. Sí, puede haber artistas contemporáneos en cualquier sitio, puede haber corrientes, pero puede ser una cosa más vacía. Yo creo que los artistas contemporáneos de Córdoba tienen un pasado que se refleja en lo que hacen. No nacen de la nada. Un artista de una ciudad con una cultura milenaria tiene mucho que contar.
Estoy pensando por ejemplo en Isabel do Diego, por ejemplo, en Córdoba para mí de lo más interesante que hay, lo más contemporáneo, lo más performativo. Y fíjate que luego él se pone a cantar un vito y mucho de lo que hace bebe de lo más antiguo, de las cosas de su familia. Eso, en una ciudad más nueva, creo que sería una pose.
P. Quería hablar también de la implicación de la sociedad, incluso en las propuestas de actividades que llegan a Flora para formar parte del programa Off. ¿Cómo se ha conseguido y qué lectura hace de eso?
R. Es un trabajo complicadísimo, porque al final somos un equipo de personas las que creamos el festival, vamos buscando colaboradores, patrocinadores, artistas, vamos creando nuestra propia programación, pero luego está eso. Nuestro sueño es que el festival se convirtiera en un festival de ciudad, que es una cosa que ha defendido María (la directora) siempre desde el minuto uno y que creo que se ha conseguido en el festival, que está implicado en la ciudad, pero que no es una cosa fácil, que los cordobeses también somos como somos y somos muy nuestros.
Siempre hemos intentado en Flora que se mezcle el talento local con talento de fuera. Creo que ha sido también cuestión de años, de ir viendo poco a poco que todo lo que se hace en el festival está hecho para Córdoba, pensado para Córdoba. Sería muy fácil decirle a estos artistas: mira esto que hiciste en Nueva York tráetelo aquí. Pero no, se vienen a Córdoba dos veces, les enseñamos la ciudad, le contamos la Mezquita Catedral...o sea, le imbuimos de Córdoba. Cuando mandan el proyecto, si no aparece el patio ni ninguna conexión con lo que hay alrededor, no se admite. Siempre hay una preocupación de que la ciudad estuviera metida en las propuestas, en las actividades.
Creo que eso se ha ido entendiendo y llegó el momento de decir: vamos a lanzar la convocatoria del programa Off, hace tres años y va creciendo poco a poco, como también dice María, con prueba y error. Muchas veces en Flora lanzamos las cosas, si funcionan seguimos y si no, no. Como fue funcionando el programa Off, pues este año se han incluido ayudas, no son muy altas pero van a la medida de la actividad que se haga. Y este año han llegado propuestas bastante chulas, la verdad. Son bastante bonitas y es la manera de que el festival no lo hagamos nosotros solos.
P. Se crea una comunidad en torno a Flora...
R. Y alimentamos un poco también al tejido de la ciudad, que es una cosa fundamental. Nos gustaría que hubiera más actividades, sí, pero también hay unos límites presupuestarios y de personal.
No hay artista al que le escribas hablando de Flora que no lo conozca
P. Ha citado varias veces el mensaje de la sostenibilidad y el cambio climático, ¿los artistas están concienciados o cómo marca esa línea Flora?
R. Creo que son ambas cosas. Es verdad que lo tienen ya en el ADN. El segundo año, empezamos nosotros mismos a ver que algún artista utilizaba espuma floral, esta espuma verde en la que se pinchan las flores. Vimos que deberíamos prohibirla, pero solo la habían usado dos artistas sin que lo hubiéramos dicho, se lo habían prohibido a sí mismos los propios artistas.
Sí, tienen ese mensaje incorporado, tienen esa sensibilidad con las plantas. Pero nosotros lo imponemos también, en el momento en que hay algo que se sale mucho de ahí. Tampoco podemos ser radicales en eso, porque si por ejemplo solo impusiéramos flor local, acabaríamos trabajando solo con algodón, claveles, esparto...ni siquiera con las flores que hay en los patios de Córdoba, que han llegado todas de fuera.
Tenemos mucho cuidado, pero sin volvernos locos. Pero sí, sí, lo imponemos. El jurado, por ejemplo, tiene una serie de criterios a la hora de valorar y uno es la sostenibilidad -en la medida de lo posible tiene que ser lo más sostenible posible-, que no sobre material, que es una cosa muy de artista floral pedir flores a lo loco y luego ya veré las que cojo. Eso está mega prohibido en Flora. Les penalizamos si sobra mucho material. Eso el jurado lo sabe, pregunta, se le informa si ha pasado algo en una instalación. Tiene que saberlo, si han sobrado cientos de rosas, eso tiene que saberlo.
P. Alguna vez por la climatología se han tenido que cambiar o ir reponiendo las flores.
R. También, sí, eso se lo decimos a los artistas: si quieres usar flor delicada, úsala, pero durante los seis días tienes que tener una reposición. No hay ningún problema en hacerlo, porque las flores se mueren, las flores son efímeras. Lo que nunca haremos será cortar una planta.
P. Y luego está el público, que siempre ha respondido. ¿Qué tienen las plantas que llegan a todo tipo de público?
R. Eso es otro de los éxitos del festival. Siendo un festival que puede tener un punto como sofisticado, con propuestas que a veces no son fáciles de entender, en el momento en que tú eso lo haces con flores y plantas, el público ya casi te lo has ganado porque las flores comunican muy fácil. Aunque por debajo estás contando muchas cosas, tú estás trabajando con algo que es un imán, es un imán para la gente. Bueno, las propias flores son un imán para los insectos, que para eso existen, para luego polinizar. Es un poco lo que pasa con las instalaciones nuestras. La flor es un material maravilloso, no solo estéticamente y plásticamente, sino que luego cuenta muchas cosas. Es que estás trabajando con una cosa viva, que eso es muy loco.
Trabajamos con Indira Anzola, que es la productora floral del festival que la necesitamos desde el primer momento, porque se trabaja con plantas y el material de las flores no puede llegar cualquier día, esta flor tiene que estar el día de antes, la otra dos días antes, que si la cámara frigorífica, que si la hidratación... es una cosa viva y que encima tiene que durar seis días. Eso también es inédito. No hay ningún festival floral que dure lo que el nuestro, porque también es una manera de que la ciudad se enriquezca, que venga más turismo.
P. De alguna manera las plantas facilitan que el arte llegue a más gente.
R. Sí, una de las cosas que más le gustan a los artistas cuando se van es que dicen, “Estoy acostumbrado a crear estas piezas y estas instalaciones y que lo vea solo un público privado, o sea, un público que está invitado a ese evento”. Y le parece increíble que en Flora se abren las puertas y hay públicos de todas las edades, de todos los universos, de gente que viene solo a ver la planta, gente que viene y se lee todo el texto de la instalación... Y te pregunta el público de arte contemporáneo, muy interesado en el festival. Eso es otra de las cosas más inéditas del festival, el que una cosa que podía estar pensada para un público de un museo de arte contemporáneo, tenga tanta gente.
P. Tanta, tanta gente como las colas que hay para ver las instalaciones. ¿Hay temor a la masificación?
R. Mira hay veces que me preguntan cómo soñamos Flora del futuro y hasta dónde queremos que llegue y a mí me gustaría que el festival creciera a lo ancho, no a lo alto. Más visitas no le hacen falta, si se pudiera quedar así congelado en este número, porque más visitas pueden complicar el acceso a los patios. Para mí a nivel de cantidad me parece que está perfecto ahora. A nivel de calidad puede crecer todo lo que queramos, porque hay muchas cosas más que queremos hacer y que queremos contar.
Sobre las colas es algo que también trabajamos, según el tipo de artistas y espacio de los patios. Incluso hay propuestas que nos llegan que tenemos que modificarla porque es algo muy bonito para una fiesta pero aquí van a entrar a lo mejor 40.000 personas a verla. Tienes que pensar que la gente fluya. También es verdad que cada vez creo que hay menos colas, cuidando esas cosas que estamos cuidando.
Trabajar en gestión cultural en Córdoba es difícil
P. ¿Cómo se supera el listón del efecto sorpresa que espera cada año el público? Porque innovar cada año es difícil...
R. Pues se supera complicándonos la vida mucho, haciendo que de verdad las instalaciones sean site specific, o sea, que estén pensadas para el patio. Te traes a cinco artistas y te hacen una instalación que no se parece en nada a la de los años anteriores.
El año pasado hicieron un estudio en la Universidad Loyola y el 75% de la gente que veía los patios ya había venido el año anterior. A mí eso sí que me parece un dato bueno, me da igual que haya 200.000 o 300.000 visitas, pero que repita el 75% a mí me vuelve loco ese dato. Me parece el más bonito que tiene el festival.
Se consigue cambiando cada año las instalaciones porque no tiene nada que ver una con otra y luego con todas las actividades paralelas que eso a veces no brilla tanto, pero las actividades están pensadas para la ciudad, como cuando Santiago Beruete habló del río Guadalquivir, o Antonio Ruz crea una pieza de danza en Caballerizas Reales o Eduardo Barba de repente da una conferencia bailada por una compañía de danza contemporánea en el Teatro Góngora.
Creo que todo eso es el trabajo grande que hay en el festival y hace que la gente se siga sorprendiendo. Si cada año hubiera sido el mismo tipo de conferencia, el mismo concierto y la misma instalación, estaríamos ahí, pero la gente empezaría a decir, ‘Pues este año igual no voy, ¿no?’.
P. Y el listón para la edición número 10, ¿dónde se coloca?
R. A nivel de sueño nosotros llegamos lo más lejos, se nos ocurren y se nos han ocurrido mil cosas para hacer, porque eso es como un milagro haber llegado a diez años en un festival así. Pero ahí depende un poco de lo que podamos conseguir como festival, a nivel de colaboraciones. Nosotros tenemos ideas muy grandes y muy chulas para hacerlas. No va a ser un año más, queremos que sea un año diferente y que sea un gran año. Porque también hay muchas cosas que recordar en estos diez años, hemos aprendido muchas cosas -el público y y nosotros mismos- y queremos que eso se refleje en esa edición. Pero, ¿hasta dónde llegaremos? Pues hasta donde consigamos apoyos también, que ahí el presupuesto manda.
P. Justamente ¿esa es la medida de por dónde puede evolucionar Flora?
R. La medida del sueño es esa, hasta dónde podemos conseguir apoyo. Pero ya digo que yo pensaría más en crecer en calidad que en cantidad. Lo decía Juan Ceña, socio e impulsor del festival -en la presentación de la edición 2026, y es que los números en Flora son una consecuencia, no son un fin. Si hay muchos números es porque creemos que hemos hecho un festival que se entiende y que se disfruta. Entonces, tú haces eso y luego ya vendrán los números. Me gusta que sean consecuencias y en esa línea creo que es a donde vamos y creo que también es uno de los secretos del éxito.
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