El modo de vida cordobés que se puede exportar al resto de España en plena ola de calor extremo
Córdoba lleva aparejado a su nombre el de la capital del calor cuando llega el verano (o incluso antes). La vida se transforma en la ciudad de una manera ya 'natural', como una tradición más en el calendario a la que obligan las temperaturas por encima de los 40 ºC, con avisos constantes de la Aemet por calor, del amarillo al naranja o el rojo, como este mismo martes 23 de junio, con previsión de que se alcancen registros de 44 ºC y mínimas sofocantes que dificultan el descanso. Esa transformación, ese modo de vida cordobés, se puede exportar ahora al resto de España que sufre la ola de calor y que no está acostumbrada a sufrir estas temperaturas.
Porque, ¿cómo es vivir en una ciudad así? ¿Cómo se puede trabajar? ¿Se puede ni siquiera vivir o hacer los recados del día a día? ¿Se puede hacer turismo? La respuesta es que sí, modificando los hábitos laborales y sociales, tirando de sudor, confinamiento, piscina y aire acondicionado. La vida se divide en dos tiempos de actividad, durante la mañana y al caer el sol, cuando se puede volver a salir a la calle.
En el ámbito laboral, se regulan las jornadas de trabajos en el exterior, donde se establece la jornada intensiva en el campo o la construcción, por ejemplo, y otras medidas por convenio. Está estipulado que los trabajadores deben tener sombras, agua fresca, ropa adecuada y una jornada más reducida, para evitar que estén en el tajo en las horas de más calor.
Además, en lo posible, dentro de la propia jornada laboral, se realizan las tareas de exterior en las horas más tempranas y se prohíbe que, por ejemplo, los trabajadores de la construcción estén en el exterior a partir de las 13:00. Según el nivel de aviso por calor, también cambian las medidas, y se vigila que haya pausas frecuentes, una hidratación constante, adaptación de la ropa de trabajo, reorganización de las tareas o incluso la vigilancia específica de la salud por riesgos ante las altas temperaturas.
Otros trabajadores en la calle, como repartidores o guías turísticos, sufren también el calor. Se cambian horarios de visitas para descartar las horas centrales del día, se buscan las sombras como el más preciado bien o se intenta compaginar el calor con el aire acondicionado de locales y vehículos.
Mientras tanto, este lunes se vivía el último día de clase en los colegios con aviso naranja, despidiendo el curso ya desde hace días con temperaturas que dificultaban el aprendizaje y la docencia. En otros años, cuando se ha vivido una ola de calor con las clases en plena marcha, en los centros educativos se ha habilitado a las familias para que recogieran a sus hijos dos horas antes del fin del horario lectivo, con el fin de evitar el calor en las aulas no climatizadas y protegerse en casa evitando las horas de mediodía para salir de clase.
Confinamiento en las horas centrales del día y refugios climáticos
Porque llegado el mediodía, la ciudadanía tiende a confinarse en casa, con el ventilador o el aire acondicionado como aliados, con bebidas frescas y cambiando también la alimentación, tirando de platos y comidas que ayuden a contener el calor. Las horas centrales del día se pasan a resguardo y la siesta intenta servir para recuperar el tiempo de sueño que el calor resta a la noche.
En las casas también hay prácticas que se tornan obligadas durante los días de calor, como refrescar las viviendas durante las horas de la noche que lo permitan y volver a cerrar las ventanas en cuanto el sol empieza a asomar y calentar. El aislante y otras condiciones térmicas en la construcción de las viviendas son cada vez más valorados, como si el doble acristalamiento de ventanas y puertas cotizase. Toldos y persianas se echan, buscando una oscuridad que amortigüe el sol que da de plano en la calle.
Desde las instituciones se piden también seguir ciertas normas que ya son habituales en Córdoba: no salir a la calle en las horas centrales del día, no realizar ejercicio físico en el exterior, hidratarse constantemente, usar ropa que transpire y limitar la actividad. Las recomendaciones para evitar un golpe de calor y sus consecuencias se transmiten desde la administración competente en Sanidad al Ayuntamiento o la Diputación.
El Ayuntamiento activa una red de refugios climáticos, donde las personas que no cuenten con condiciones de temperaturas adecuadas en su casa o los turistas puedan resguardarse. Dependiendo del nivel del aviso de la Aemet, se amplían los horarios de estos refugios, que en su mayoría son centros cívicos municipales y otras instalaciones como el Centro de Recepción de Visitantes o salas del Jardín Botánico.
Y para quien necesite transporte en esas horas más calurosas, aquí la flota de vehículos de la empresa municipal de autobuses urbanos por supuesto cuenta siempre con aire acondicionado, así como los taxis. Los trenes, a diferencia del norte de Europa, siguen funcionando con las altas temperaturas y están climatizados.
Además, quien puede por horario laboral y economía, busca la manera de huir a las zonas más frescas de la ciudad, como la sierra o a una parcela con piscina en la periferia para amortiguar el calor. Las barriadas ubicadas en estas zonas del término municipal, como Trassierra o Cerro Muriano, duplican su población en verano, cuando allí al menos las noches dejan descansar y el día se hace más llevadero en plena sierra y con una piscina cerca.
Entretanto, la vida social en la ciudad en pleno aviso por calor sigue, entre la costumbre ya y el ritmo establecido para estos días. La cerveza de mediodía con los compañeros de trabajo o amigos se cambia por un café y desayuno cuando las primeras horas del día aún lo permiten o una caña si la noche deja respirar. Y los encuentros sociales se citan ahora alrededor de la piscina o aprovechando una escapada a la playa. La vida, también la social, cambia al ritmo de la ola de calor.
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