El avión de Miraflores sobrevive a dos años de amenazas con convertirlo en chatarra
Durante dos años, el Ayuntamiento de Córdoba ha anunciado en varias ocasiones el inminente final del avión de Miraflores. Ha prometido retirarlo, ha intentado devolverlo a su propietario, ha estudiado su desmantelamiento e incluso ha culminado los trámites para asumir definitivamente su propiedad. Sin embargo, el desenlace sigue sin llegar. El viejo Douglas DC7-C continúa inmóvil sobre la colina del parque de Miraflores, convertido en uno de los símbolos más peculiares de los proyectos fallidos de la ciudad.
Lo que hoy parece un simple mamotreto vandalizado fue, en realidad, una de las grandes apuestas culturales de la Córdoba que aspiraba a convertirse en Capital Europea de la Cultura en 2016. La aeronave llegó a la ciudad para transformarse en un innovador contenedor cultural. Nunca ocurrió. Desde entonces ha sido escenario de ocupaciones, incendios, actos vandálicos y sucesivos anuncios políticos sobre un futuro que siempre parecía inminente, pero que nunca terminaba de materializarse.
El que parecía último capítulo de esa historia comenzó el 7 de agosto de 2024. Ese día, la entonces concejala de Juventud, Cintia Bustos, anunció en calidad de alcaldesa accidental que el Ayuntamiento había decidido retirar definitivamente el avión después de reconocer abiertamente que el proyecto cultural había fracasado. El procedimiento previsto era sencillo sobre el papel: requerir al propietario para que lo desmontara en el plazo de un mes y, si no respondía, licitar su retirada con cargo al Ayuntamiento.
El anuncio tuvo un importante impacto mediático, pero nunca llegó a traducirse en actuaciones materiales. El avión siguió exactamente donde estaba, porque, por muy veraniego que fuera el anuncio, no se pudo localizar al propietario hasta finales de ese año.
La dificultad de encontrar al propietario
Fue en diciembre de 2024, y el Ayuntamiento confirmó que había conseguido contactar con los titulares mediante un burofax. El propio alcalde, José María Bellido, explicó en un Pleno que los propietarios ya conocían la intención municipal de retirar el aparato, aunque reconoció que desconocía los detalles concretos de la tramitación.
El avión había sido cedido gratuitamente al Ayuntamiento por Francisco Agulló, piloto suizo de origen español y apasionado de la aviación histórica, que previamente había adquirido dos antiguos Douglas DC7-C localizados en el aeropuerto. Uno terminó en un museo francés y el otro viajó a Córdoba. Aquella donación, formalizada el 8 de octubre de 2009, incluía una condición fundamental: la aeronave debía destinarse a un uso cultural y, si ese proyecto no llegaba a desarrollarse en el plazo previsto, el aparato podría revertir nuevamente a su propietario.
La historia dio un giro definitivo en febrero de 2025, cuando la Junta de Gobierno Local aprobó iniciar el procedimiento para revertir la donación y devolver el avión a su propietario. La respuesta, sin embargo, llegó meses después. En un correo electrónico remitido al Ayuntamiento, Francisco Agulló dejó claro que no tenía el menor interés en recuperar la aeronave.
El piloto recordaba que la había donado para un proyecto cultural que nunca llegó a desarrollarse y lamentaba el estado en el que había quedado tras años de abandono. “No puede volar, está vandalizado y dañado por el público, y no fue desmontado para volver a volar”, explicaba. Además, advertía al Ayuntamiento de que, si finalmente se le obligaba a recuperar el aparato, reclamaría daños y perjuicios. Su posición era clara: el Consistorio podía hacer con él lo que considerara oportuno. “El Ayuntamiento puede disponer del avión como quiera: donarlo a un museo o a quien esté interesado en recuperarlo o, si prefieren, convertirlo en chatarra, no tengo problema con eso”, trasladó.
Aquella respuesta despejaba el principal obstáculo jurídico. La donación había sido gratuita y era necesaria la renuncia expresa del propietario antes de poder decidir definitivamente el destino del aparato. La Junta de Gobierno Local acabó archivando el procedimiento de reversión e inició otro distinto para declarar el avión como bien patrimonial municipal.
El desguace sigue esperando
Con la cuestión jurídica resuelta parecía que únicamente quedaba iniciar el procedimiento para venderlo como chatarra o licitar su desmantelamiento. Pero tampoco ha ocurrido. En febrero de este año, en un Pleno del Ayuntamiento, el presidente de la Gerencia Municipal de Urbanismo, Miguel Ángel Torrico, aseguró que estaban ya con el procedimiento de desguace y que, para ello, habían pedido un informe a un ingeniero aeronáutico, previo a redactar el pliego de condiciones para, al fin, una empresa externa retire el avión y pueda procesarlo como chatarra.
Sin embargo, seis meses después, aún no se ha elaborado el pliego. Fuentes municipales han confirmado que ese expediente administrativo ni siquiera se ha iniciado todavía y descartan que se tramite durante el verano.
El resultado es paradójico: dos años después del anuncio de su retirada, el avión continúa exactamente en el mismo lugar donde fue instalado hace más de una década. La campaña de firmas que se inició cuando se anunció su retirada funcionó pero no porque en Capitulares tuvieran sensibilidad hacia el movimiento, sino por la tardanza en impulsar administrativamente los sucesivos expedientes.
Hoy, trece años después de su instalación y dos años después de que el Ayuntamiento anunciara que iba a convertirlo en chatarra, el avión de Miraflores sigue resistiendo al paso del tiempo y a las decisiones políticas. Convertido en un icono involuntario del paisaje urbano de Córdoba, continúa esperando un último destino que, por ahora, sigue sin despegar.
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