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'Piconera', una novela sobre la desgraciada obsesión de Julio Romero de Torres

'La Chiquita Piconera'.

Redacción Cordópolis

21 de septiembre de 2026 20:03 h

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La editorial Almuzara publica Piconera, una novela de Juanele Zafra que recrea la relación entre Julio Romero de Torres (1874-1930) y la que fue su última modelo y obsesión hasta el fin de sus días, Teresa, una joven de ojos almendrados a la que retrató en una de sus obras más emblemática, La chiquita piconera, obra que cuelga del museo del pintor en Córdoba.

Su rostro pasó de mano en mano: fue la cara visible de los billetes de cien pesetas (Romero de Torres en el anverso y ella en el reverso, siempre en la parte de atrás) y su vida se cantó sin que ella abriera la boca. El artista, que la había pintado de niña, volvió a encontrarse con ella en 1926 cuando la joven tenía 13 años y él había pasado de los cincuenta. Y ahí empezó una obsesión que duró hasta la muerte del cordobés. Pintarla y poseerla. Sin embargo, frente a las habladurías y lo que contaba el pueblo (su padre llegó a darle una paliza al escuchar lo que, inventado, se contaba por las calles cordobesas sobre Teresa), jamás mantuvieron relaciones; ella se negó.

Cuando posa para el pintor hablan de arte, ella le escucha atenta. Sorolla, Jacinto Benavente, de quien la niña dice haber visto alguna de sus obras, Valle-Inclán… La conversación no es baladí. Él le cuenta cómo empezó a pintar mientras ella posa: “Crecí con el pincel en una mano y la paleta en otra. Mis primeros trabajos fueron para varias publicaciones. Y algunos retratos a conocidos, a quien se dejara, que eran pocos. A tu edad, más o menos, hay un primer cuadro que llama la atención, ”La huerta de Morales“. En esos años era lo que se pintaba: paisajes o temas religiosos. Sin embargo, cuando estudié en la Escuela de Bellas Artes de Córdoba, aunque me hablaban de todos los estilos, a mí me atraía el realismo social, el impresionismo y el modernismo social. ¿Sabes lo que es?”, le pregunta. Y ella responde con una ingenuidad desarmante: “Ni por asomo. Como si me hablara en arameo, me tiene usted que disculpar”.

Aunque La chiquita piconera ha pasado a la historia como su testamento pictórico, el pintor trabajó después en otro retrato de la misma modelo: Monja. El lienzo, fechado en 1930, mostraba a Tere como una novicia, rodeada de una imagen de inocencia, pureza y recogimiento. La novela plantea el retrato como el intento final del artista de acallar las habladurías y devolver a la modelo parte de la dignidad que su obsesión y su fama habían contribuido a arrebatarle. Romero de Torres murió antes de concluirlo. Monja quedó oculto y olvidado.

Teresa López vivió hasta 2003 buscando el anonimato. Durante décadas, los vecinos la señalaban a la salida de misa como la modelo maldita. Sus retratos fueron reproducidos infinitamente sin recibir nada a cambio. Junto a esta casi niña, la mujer del pintor, Paca, que sabe y mira hacia otro lado porque en Madrid, donde Romero de Torres tiene casa y estudio, puede pasar de todo, y Carmen de Burgos, compañera de vida muchos años de Gómez de la Serna, protagonista de una historia durísima y traicionada de la manera más cruel por su amante de media vida, que tiene una aventura con la hija de esta, un mazazo enorme que precipitó el final de la periodista.

Portada del libro 'Piconera'.

Según detalla la editorial, Zafra recrea en la novela los encuentros entre la modelo y el artista, él cada vez más obsesionado por poseer lo que se le escapa y que en ocasiones desea con violencia: “Conforme pasaba el tiempo me fui dando cuenta de lo que verdaderamente quería de mí. A partir de ese momento y hasta su muerte, tres años después, casi no pintó a otras porque estaba obsesionado por poseerme. Por eso me pintaba una y otra vez, a ver si había una ocasión y a la fuerza lo conseguía. Cada vez que nos quedábamos solos me atacaba como un loco. Muchos días me rompió los tirantes de la combinación cuando salía corriendo del estudio… No me atreví a decírselo a mi padre para evitar un escándalo, porque él tenía negocios con el hermano de Julio, Enrique, y seguí acudiendo a posar, rezando para que su familia no lo dejase solo conmigo). Y al mismo tiempo recrea el ambiente cultural, en total efervescencia, de Madrid. Por el piso del cordobés en la madrileña calle Pelayo número 61 desfilan todos los que son, desde Valle-Inclán a Azorín, pasando por Benavente, los hermanos Machado, los Álvarez Quintero, Anita Delgado o Pío Baroja, sin olvidar a Ramón Gómez de la Serna, gran amigo y confidente del cordobés, un intelectual único. Con un lenguaje ágil y casi cinematográfico, el autor vuelve a los primeros años del siglo XX, describe cómo eran los ambientes de tertulias, las amistades y las envidias, recrea las conversaciones y ofrece una panorámica de la sociedad de la época, bastante más cerrada y conservadora en una Córdoba que a veces parece de cerrojo y ultratumba.

Piconera reúne pintura, literatura, periodismo y bohemia para revisar el relato construido alrededor de una de las imágenes más reconocibles del arte español. La novela utiliza la notoriedad de Julio Romero de Torres como puerta de entrada, pero entrega el protagonismo a la mujer que hizo posible una parte decisiva de su legado. Y formula una pregunta que atraviesa toda la obra: ¿qué ocurre cuando el arte hace eterno a un creador, pero condena al anonimato a la persona que lo ayudó a alcanzar esa eternidad?

Juanele Zafra (Sevilla, 1980) es licenciado en Periodismo y MBA (Master in Business Administration). Desde 2002 trabaja en televisión como guionista y director de programas de entretenimiento. En el ámbito de la ficción ha ejercido como director de contenidos de varias miniseries, y desde 2017 forma parte del departamento creativo de Warner Bros ITVP España. Piconera es su segunda novela publicada en Almuzara, tras la exitosa Directamente Encarna Sánchez (2021).

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