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ENTREVISTA

José Castro, juez: “El rey era la X del caso Nóos”

Entrevista N&B al juez José Castro

Aristóteles Moreno

Córdoba —
30 de mayo de 2026 19:56 h

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El juez que hizo temblar los cimientos del Estado nació en la calle Cruz Conde, número 5. Allí vivió unos cuantos años en el seno de una familia de la burguesía cordobesa, que poco después acabó en la más absoluta ruina. Nada hacía presagiar entonces que medio siglo más tarde a José Castro Aragón le iba a caer en sus manos un expediente judicial que ya es historia de España. En 492 años de monarquía peninsular ha sido el único togado que ha tenido las agallas de sentar en el banquillo a un miembro de la Casa Real. Y no es un dato menor.

Son las 10.15 horas de la mañana en pleno corazón del casco histórico de Córdoba. El juez Castro nos recibe en el patio interior del Hotel Maimónides. Ha regresado a su ciudad natal para presentar su último libro: El caso Nóos: toda la verdad del proceso que conmocionó España. Nada menos que 512 páginas demoledoras sobre una instrucción que duró cuatro años y rellenó 100 tomos de pruebas concluyentes que acabaron con el yerno del rey entre rejas.

El acto de presentación tuvo lugar en el Centro Social Rey Heredia en un patio abarrotado. El juez Castro habló sin filtros. No ahorró adjetivos para calificar la responsabilidad de la Casa Real en el caso Urdangarin. A su derecha se sentó el abogado cordobés Manuel Delgado, que representó al Frente Cívico de Anguita como acusación popular en el juicio. A su izquierda, la activista vecinal Ana Rueda. “Pepe Castro es un juez imparcial y justo”, aseguró Rueda ante el centenar de asistentes, “y una especie en peligro de extinción”.

PREGUNTA. ¿La justicia es igual para todos?

RESPUESTA. En absoluto.

Lo dice un juez con unas cuantas décadas en ejercicio, instructor de algunos de los procesos más mediáticos de Baleares, que terminó procesando a un mandatario autonómico, un conseller y una presidenta del Parlament. Ahí es nada. José Castro se jubiló en diciembre de 2017, con 72 años de edad y una ejecutoria judicial insobornable en la defensa del interés público.

Su biografía arrancó en diciembre de 1945 en la calle más señorial de Córdoba. “Mi padre era de profesión ‘sus herencias”, dice con afilada sorna. Heredó de su tía, de su madre y también de su progenitor, pero una “mala dirección” y una “vida desordenada” dilapidaron su fortuna en unos cuantos años. Para entonces, José Castro ya vivía independiente de su familia tras aprobar las oposiciones al cuerpo especial de prisiones y desempeñarse como funcionario en la antigua cárcel de Fátima, hoy desaparecida.

De Córdoba conserva muy grato recuerdo. “Era una ciudad muy distinta a la de hoy. Nos juntábamos un grupo de amigos y nos íbamos a tomar medios a la Judería, que no tenía nada que ver con lo que es ahora”. Recuerda especialmente la taberna Mezquita y los “mejores boquerones en vinagre del mundo”, hoy convertida en tienda de souvenir como la inmensa mayoría de los comercios del casco histórico. El flamenco entonces era la banda sonora del barrio viejo cuya vitalidad se mantenía en guardia hasta altas horas de la madrugada.

Como funcionario de prisiones trabajó dos años. Un incidente con el director de la cárcel lo catapultó a la Modelo de Barcelona y acabó precipitando su renuncia para prepararse las oposiciones a secretario de juzgado comarcal, primero, y juez, algo más tarde. Se estrenó en 1976 en Marchena, antes de peregrinar por los juzgados de Fregenal de la Sierra, Barcelona, Málaga, Dos Hermanas, Lanzarote, Sabadell y finalmente Palma de Mallorca, donde ejerció durante 27 años y firmó la instrucción de su vida. De hecho, su nombre está indisolublemente unido ya al de los Borbones.

En las memorias del rey descubrí a un señor que miente y se atribuye méritos que no ha tenido

P. ¿Ha leído las memorias del rey Juan Carlos?

R. Sí. Compré el libro. No me lo han prestado. Así que he incrementado en el porcentaje que le corresponde la fortuna del rey.

P. ¿Por curiosidad o por masoquismo?

R. Yo creo que por curiosidad. Por masoquismo, no. Por saber qué opinaba este señor de mi trabajo y, en el caso de que su opinión no me conformara, poder darle la réplica cuando tuviera la oportunidad de hacerlo. Y la tuve en La Sexta Explica.

P. ¿Qué personaje descubrió en el libro?

R. Descubrí un señor que miente y que se atribuye méritos que no ha tenido. Si tú traes la democracia, hay que agradecértelo siempre y cuando tengas la alternativa de no traerla. Pero si no tienes otra opción más que traer la democracia, a ti no hay que aplaudirte. Has elegido la única opción posible. Y, sobre todo, atribuirse el mérito de frenar el golpe de Estado de Tejero. Yo tengo otras fuentes que me dicen que la cosa no fue así.

P. ¿Y cómo fue el golpe según su fuente?

R. Lo dice Carlos Fonseca en un libro que se titula La Farsa. Y dice de boca de Sabino Fernández Campo, que cuando se entera del golpe de Estado el rey dice: “Yo no quería tiros”. Entonces, ¿usted qué es lo que quería? Miente muchísimo. Yo le di la réplica en un programa de televisión pero ya me he retirado de los platós.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. ¿Se ha retirado totalmente?

R. Totalmente.

P. ¿Ya no quiere volver?

R. No quiero volver.

P. Usted ha colaborado con La Sexta.

R. He sido colaborador de Malas Lenguas, con Jesús Cintora, que es un gran amigo. Con José Yélamo, en La Sexta Explica, he sido colaborador también, pero creo que ha llegado el momento de retirarse.

P. ¿Por qué?

R. Porque no te puedes poner tan visto. El otro día me invitaron a un programa y le dije: “Lo siento, pero yo ya anuncié en televisión que no quería salir más”. Sé que pierdo una fortuna.

P. ¿Tanto pagan?

R. Le puedo decir lo que me pagan porque mis finanzas no tienen secretos: 350 euros en Malas Lenguas y 300 en La Sexta.

El caso Zapatero ha sido una sorpresa desagradable, pero el juez, de momento, ha actuado correctamente

P. Por cada intervención.

R. Sí. Y claro: si hay colaboradores que tienen intervenciones en la 1, la 2, la 3, la 4 y la 5, pues al final es un sueldo.

P. En la página 324 de sus memorias, el rey Juan Carlos dice lo siguiente: “La infanta fue también imputada por el juez de Palma de Mallorca, que buscaba deliberadamente notoriedad y se empeñó en convertir el caso en ejemplarizante”.

R. Yo le di respuesta de la mejor manera que se puede. Le dije: “Usted habla así porque a su hija no la conoce o en el libro aparenta no conocerla. A su hija la imputé por esto, por esto, por esto, por esto y por esto”. Mi intervención duró 15 o 20 minutos, que en televisión ya es durar. Y le di la respuesta para que conociera la hija que tenía. Yo no imputé a la infanta por adquirir notoriedad. Eso es llamarme prevaricador a las claras. Y le dije: “Yo no me he querellado contra usted porque el tribunal competente sería el Supremo y el Tribunal Supremo no está para estas cosas”. El Tribunal Supremo ya sabemos para qué está.

P. ¿Y para qué está?

R. Tristemente nos están dando ejemplos. José Antonio Martín Pallín y otros presentamos una querella ante el Tribunal Supremo para que se investigaran los delitos supuestamente cometidos por el rey referentes al fraude de la Hacienda pública. Y el Tribunal Supremo dijo que no investigaba al rey Emérito.

P. ¿Por qué cree que no quería investigarlo?

R. Porque es una papeleta gorda. Yo dedico el libro a todos aquellos que por temor a asumir sus responsabilidades se abstienen o eligen un camino equivocado. La mayor presión que recae sobre un juez no viene del exterior, sino desde dentro del propio juez. Se suelen preguntar: ¿cómo voy yo a condenar a una infanta de España? Desde mi punto de vista, hubo miedo a condenar a una infanta.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. Hay jueces que son más monárquicos que jueces.

R. Yo no sé cuántos jueces hay monárquicos o republicanos. Lo importante es que lo que un juez piense no contamine sus decisiones. Usted puede ser de comunión diaria, meapilas o lo que usted quiera, siempre y cuando eso no contamine sus resoluciones. Y lo lamentable es que estamos presenciando cómo las ideas morales, sociales, religiosas o políticas están contaminando en gran medida la Administración de Justicia.

P. ¿Cree que ahora pasa eso más que antes?

R. Sí. El mensaje del presidente Aznar de “el que pueda hacer que haya” ha calado en algunas personas.

P. Más adelante el rey afirma lo siguiente: “Funcionarios del Ministerio de Hacienda declararon y alegaron su inocencia. No sirvió de nada. El juez fue implacable. Su propósito era llevar a la Corona al banquillo de los acusados”.

R. Yo no he querido llevar a la Corona a ningún sitio. Yo quería llevar a la infanta Cristina adonde al fin la llevé, pero no porque yo tuviera ninguna idea republicana contra la monarquía. Por supuesto que cada uno tiene su propia idea sobre el modelo de Estado que desea, pero yo no he llevado a la infanta sino por hechos objetivos. Me sorprende que el rey diga esto porque parece que no se ha leído ninguna resolución en la que yo imputaba a la infanta. Igual se ha leído nada más que los recursos del fiscal. Léase mis resoluciones y verá como los indicios que yo señalo ni tan siquiera los ha contradicho la propia defensa de la infanta. Nadie ha dicho que lo que yo he escrito sea mentira. Ni el fiscal, ni la defensa, ni el propio tribunal sentenciador. ¿Por qué? Porque tenían difícil desvirtuar todos estos indicios.

P. Usted ha dicho que el tribunal sentenciador absolvió a la infanta con solo 51 líneas.

R. Sí. Yo las conté. Igual son 52 o 50 líneas, pero dice que no había ningún indicio contra ella ni intervenía en nada. Claro que no intervenía ni contrataba con la gente. Ella no estaba a pie de obra. Ella tenía otra misión: prestar su cara, prestarse a los fraudes fiscales de su marido y aprovecharse del dinero ilícitamente adquirido por él. ¿Desconocía ella de dónde procedía ese dinero? ¿Qué quiere usted que le diga? Es difícil pensar eso.

El fraude a los caudales públicos del caso Nóos fue orquestado por el rey

P. Es que está usted tocando el hueso del Estado.

R. Yo no me he planteado tocar ningún hueso de nadie. Créame. No había intención. Yo amo a España y no me gusta la monarquía, pero eso no ha contaminado en absoluto ninguna resolución. Porque cuando dije la primera vez “no imputo a la infanta” porque lo había pedido Manos Limpias, algunos dijeron: “Hombre, es que este es monárquico”. Y cuando la imputo dicen: “No, ahora este es republicano”. Ni era monárquico entonces ni republicano ahora. Mi ideología es la que sea, pero no tiene nada que ver con la causa.

P. ¿El caso Nóos era, en realidad, el caso Familia Real?

R. Yo entendí que sí. Entendí que estos fraudes de caudales públicos se habían orquestado por el rey, que entonces no era Emérito, y su hija. Y creo que Urdangarin fue un mero ejecutor. Pero claro: esto es lo que uno piensa. Si uno no tiene las pruebas, y aunque las tuviera, yo no podía investigar al rey. Yo soy un juez de provincias que no tiene competencias para investigar al rey. Ni aunque fuera magistrado del Supremo podía investigarlo. En mi fuero interno yo tenía un convencimiento que no podía plasmar en una resolución porque no tenía competencias. Ese convencimiento era que el rey estaba detrás del caso Nóos. Y su hija también.

P. El rey era la X del caso Nóos.

R. Podíamos decir que sí.

P. ¿Es frustrante no poder tirar de ese hilo porque la ley no te lo permite?

R. Como tú no puedes modificar la ley, pues tienes que apañarte. Cuando llevas ya cerca de 40 años de juez, sabes que hay limitaciones o arbitrariedades legales y tienes que comulgar con ellas. Si no, no podrías seguir ejerciendo tu profesión. No te puedes amargar día a día con aquello que no has podido hacer porque la ley no te lo permite. Lo tienes que asumir y punto.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. ¿Qué sintió cuando en 2010 abrió en su despacho una carpeta que apuntaba graves indicios contra un miembro de la Casa Real?

R. Cuando yo abrí la carpeta, no sabía que estaba el señor Urdangarin. Era el Instituto Nóos. Es más: nos costó trabajo encontrar su dirección. ¿Para qué? Para citar al representante, que no era entonces el señor Urdangarin, sino Diego Torres. Entonces se le citó y cuando tuve en frente a Diego Torres fue cuando me enteré de que tenía un socio que era Iñaki Urdangarin.

P. Se lo dijo él.

R. Salió en la declaración.

P. ¿Y qué sintió en ese momento? Estaba tocando a un miembro de la Familia Real.

R. Si yo le digo que no sentí nada, igual le miento. Pero no puedo recordar ahora qué impresión me causó conocer que el señor Urdangarin estaba detrás del Instituto Nóos. Creo recordar que no sentí pavor. Lo asumí y dije: “Ya que hemos empezado este camino, hay que seguirlo hasta el final”.

P. ¿Le temblaron las piernas?

R. No. Son ya muchos años de ejercicio profesional. Si me hubiera venido cuando inicié mi actividad, igual diría: “Dios mío, la que me ha caído”.

¿El lawfare existe? ¡Hombre! ¡Lo hemos visto!

P. Usted sabía que iba a convertirse en el ojo del huracán de este país.

R. No me lo planteé. Lo digo seriamente. Todas las resoluciones las iba dictando de madrugada en mi casa. Escribía en el ordenador con dos dedos y eso me daba tiempo a recapacitar. No me planteé nada. Se lo digo honradamente. Ni me planteé que se fuera a derrumbar ningún edificio institucional. Igual que cuando llegó el momento de imputar a la infanta, que además lo comenté con el fiscal. En una comida que hicimos en un restaurante de Palma, le llevé el borrador de un auto de imputación. Y le dije: “Mira, la instrucción se tiene que cerrar, pero no se puede cerrar dejando a la infanta, que es la única vocal del Instituto Nóos que no ha declarado. Ha declarado todo el mundo y la infanta no. Esto no se entiende. Esto es cerrar en falso. Le llevé el borrador con los puntos. Estaba la abogada de la Comunidad Autónoma [balear] y el fiscal.

P. ¿Y qué le dijo?

R. La abogada de la Comunidad Autónoma, que fue la primera que lo leyó, dijo: “A mí me parece correcto”.

P. ¿Y el fiscal?

R. El fiscal dijo: “No. Que declare como testigo”. Y yo le digo: “Oye, Pedro [Horrach], no se elige caprichosamente la condición de imputado o testigo”. Es por su relación con los hechos que merezca una condición u otra. En primer lugar, la infanta no tiene obligación de declarar contra su marido. Eso de entrada.

P. La ley se lo permite.

R. El artículo 416 [de la Ley de Enjuiciamiento Criminal] dice que no tiene por qué declarar en contra de su marido. En segundo lugar, la Ley de Enjuiciamiento dice que puede declarar por escrito. Y luego: ¿qué pregunta le hago yo a la infanta? Oiga, ¿es verdad que usted sabía el origen ilícito del dinero? No son preguntas que se le puedan hacer a un testigo que por ley está obligado a decir la verdad. Y, si la verdad te perjudica y te incrimina, es que esa pregunta no se debió nunca de hacer. A un testigo no se le puede preguntar si es el asesino o si es el violador. El testigo es alguien ajeno a los hechos. Al cabo de los años estoy cenando con Raúl Burillo, el delegado especial de la Agencia Tributaria en Baleares, y me cuenta que en un primer momento Pedro Horrach quería imputar a la infanta.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. ¿Cómo?

R. Es más, me dijo que Pedro Horrach le aseguró: “Ahora mi papeleta es que tengo que convencer al juez Castro”. Digo: “Pero esto no tiene sentido”. Dice Burillo “Sí, sí” Y le dije: “¿Te importa que te pase el texto que voy a poner en el libro para que tú le des su aprobación?”. Le di el texto y me dijo: “Me parece correcto”.

P. ¿Y por qué cambió de opinión el fiscal?

R. Yo eso nunca lo he entendido. Horrach ha sido de los mejores fiscales que he conocido. Trabajador, sagaz e interroga muy bien. Es muy válido. Incansable.

P. Le temblaron las piernas.

R. El fiscal Anticorrupción entonces era Antonio Salinas.

P. Y le dio órdenes para que cambiara su posición.

R. Supongo que le diría: “Tú no puedes consentir esto”.

P. La fiscalía es un órgano jerarquizado.

R. Y ya está. Y le diría: “De imputar a la infanta, nada. De que declare, nada. De sentarla en el banquillo, nada. Y de condenarla, nada”. Se han hecho maniobras de dudosa legalidad.

Al fiscal general le han amargado la vida injustamente

P. ¿Por ejemplo?

R. En el juzgado de Santiago Pedraz se seguía una causa contra Manos Limpias porque decían que había extorsionado a los abogados de la infanta pidiéndole dinero para retirar la acusación. El asunto se llevaba en un juzgado central en el que Pedro Horrach no tiene nada que hacer. Pero se movilizó todo el aparato. Entonces, Pedro Horrach se dedicó a ir a Madrid a entrevistarse con el fiscal Campos para tratar de conseguir que Santiago Pedraz inhabilite a Manos Limpias. Y si inhabilita a Mano Limpias ya no tenemos acusación contra la infanta. Son maniobras. ¿Es ilegal? ¿Es un delito que haya cometido el señor Horrach? Es una maniobra que yo no digo que sea delictiva, pero que es de dudosa ética. Y el señor Roca Junyent me propuso una entrevista en un lugar apartado sin fotógrafos y sin periodistas en una finca de Barcelona o Mallorca. ¿Eso es una ilegalidad?

P. Roca le llamó por teléfono.

R. No. A mí me lo propuso el abogado que hacía el enlace del señor Roca, que era abogado de la infanta, aunque nunca ejerció porque no abrió la boca en ninguna de las sesiones de instrucción. El letrado era José María Silva. Y me lo propone a través de otro abogado: “Oye, que el señor Roca quiere entrevistarse contigo”. Y, claro, a mí me sorprendió. ¿Eso es una presión? No. Eso es una trampa. Entonces yo le dije que no iba a ninguna entrevista. Y cuando le propuse que la entrevista fuera en mi despacho, ya dejó de interesarle. ¿Por qué?

P. ¿Se sintió usted solo frente al sistema?

R. No. Esos son sentimientos que ni te daba tiempo a sustentar. Yo bastante tenía cada noche con escribir. Incluso hasta adelantaba resoluciones. Muchas de mis resoluciones tienen fecha de lunes.

P. Trabajaba los fines de semana.

R. Me chupaba el fin de semana. Y algunos recién venido de vacaciones. Los primeros 15 días de vacaciones los invertía en preparar cosas que tenía que dejar terminadas cuando regresara de vacaciones.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. ¿Cuánto duró todo el proceso?

R. La instrucción no llegó a 4 años, pero no hubo ni un solo día en que no trabajara.

P. Tuvo que alquilar una furgoneta para trasladar las carpetas del sumario.

R. El sumario tenía 100 tomos y 80 anexos. Un día hice la cuenta y salían ciento y pico mil folios. No todos los he escrito yo.

P. España ha tenido 492 años de monarquía y usted es el primer juez en la historia que se atreve a procesar a un miembro de la Casa Real. ¿Qué dice ese pequeño dato de la historia de nuestro país?

R. Que tú seas el primero en algo no es mérito. Si mañana le imputan a usted un delito, el juez también será el primero posiblemente que le haya imputado. Siempre hay un primero en cada cosa.

P. Pero con la historia que tienen los Borbones, es significativo que nunca se haya procesado a un miembro de la Casa Real.

R. Me vino la cosa así. Yo no busqué procesar a ningún miembro de la Casa Real. A los jueces nos vienen los casos de casualidad. Por reparto, por mala suerte, pero nos caen. Y este caso podíamos no haberlo hecho. Podíamos haber puesto el pie encima de aquellos papeles que se encontraron en un registro y que hablaban del caso Nóos. Nadie buscó al señor Urdangarin, ni a la Casa Real, ni causar ningún perjuicio a ninguna institución. Simplemente había un deseo de investigarlo todo y en esto tenía su mérito el fiscal Horrach, que estaba perfectamente de acuerdo en que había que investigar el caso. Donde ya discrepábamos era en el papel que había jugado la infanta Cristina. Nadie pensó: “Estoy haciendo una heroicidad”. No. Las cosas vienen como vienen y ya está.

P. El libro se llama Caso Nóos. Toda la verdad del proceso que conmocionó España. ¿Qué quedaba por saber?

R. El título no es obra mía. Yo le puse Caso Nóos. Lo del proceso que conmocionó España es cosa de la editorial. Yo no escribí eso.

M. Rajoy y Cospedal se han ido de rositas

P. Conmocionar a España sí la ha conmocionado.

R. Quiero decir que esa es la publicidad. Lo de echarse flores no he sido yo. Para mí, era el caso Nóos. Punto. Lo demás es cosa de la campaña publicitaria de la editora.

P. ¿Hay algo nuevo en el libro?

R. ¿Algo que no estuviera en el sumario?

P. Si aporta alguna visión nueva.

R. Sí. Quizás me planteo hasta qué punto todos somos iguales ante la ley. En el libro hago una reflexión sobre ello, pero es un libro muy objetivo. Pretendo ser fiel a lo que ocurrió y cuando he novelado algunas partes lo he hecho para que la gente no se aburra tanto.

P. Presentó el libro en un antiguo colegio público ocupado hace muchos años por un colectivo que se llamaba Acampada Dignidad. El abogado Manuel Delgado dijo que usted era el “representante de la dignidad de la judicatura española”. Y yo le pregunto: ¿cuántos jueces se hubieran atrevido a procesar a un Borbón?

R. Con los datos que yo tenía, pienso honestamente que cualquier juez hubiera hecho igual.

P. Eso no lo piensa nadie en España.

R. Con lo que teníamos no puedes cerrar los ojos.

P. Pero el fiscal intentó cerrarlos. Y la audiencia que lo sentenció también los cerró.

R. El fiscal no me rebatió ninguno de mis argumentos. Simplemente se limitaba a soltar insultos de que yo imputaba a la infanta, no por lo que hubiera hecho, sino por ser quien era. Decía que yo no tenía consistencia en mis argumentaciones, pero no me dijo: “Esto que has escrito aquí es falso”. Ni hoy con la sentencia en la mano nadie puede decir que ninguno de mis argumentos fuera falso, porque eran objetivos incluso compartidos en alguna medida por la propia Agencia Tributaria. La Agencia Tributaria dijo: “El Instituto Nóos es una auténtica máquina defraudatoria”. Estos son palabras de la Agencia. No mías. Pero la infanta no tiene nada que ver. Oiga: “Déjeme a mí que yo lo resuelva”. Usted deme su informe, pero no me diga que la infanta no tiene nada que ver. ¿Por qué no tiene nada que ver? ¿Por qué? Usted hace un informe objetivo sobre el fraude que se ha producido a la Hacienda pública y yo seré quien decida si imputo a uno, imputo a dos o imputo a varios. Y hemos terminado.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. ¿El artículo 56.3 de la Constitución [sobre la inviolabilidad del rey] quiebra el principio de igualdad?

R. ¡Hombre! ¿A ver cómo compagina usted el artículo 14 con el artículo 56.3? Intente usted armonizar esos artículos.

P. ¿Y por qué se metió esa contradicción tan flagrante dentro del texto constitucional?

R. Eso habría que preguntárselo a los siete padres de la Constitución que se reunieron en el Parador Nacional de Gredos. También escribí un libro sobre estas reuniones. Se llama El ajedrez de siete piezas. ¿Por qué mantuvieron y siguen manteniendo el artículo 56.3 en esa interpretación? Porque el artículo admite otras interpretaciones.

P. ¿La inviolabilidad del rey es absoluta o únicamente para los actos políticos refrendados por el Consejo de Ministros?

R. Eso es lo que tenía que ser. Y además el artículo 56, después de decir que la persona del rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad, dice: “Los actos propios de la función del rey serán refrendados conforme al artículo 64”. ¿Por qué en el mismo artículo que se dice que el rey no tiene ninguna responsabilidad por sus actos a renglón seguido se dice que los actos del rey serán refrendados? Para que los votantes asimiláramos una cosa con la otra y entendiéramos que la inviolabilidad no era por cualquier acto, sino por los actos que debían ser refrendados conforme al artículo 64.

P. ¿El Tribunal Supremo podía haber hecho esa interpretación?

R. Claro.

P. ¿La puede hacer mañana sin cambiar la ley?

R. Cambiar el título de la Corona requiere un proceso muy complejo. Ese artículo no tiene por qué cambiarse, simplemente interpretarse correctamente. Y eso es lo que no se ha hecho. Si mañana sale el Tribunal Constitucional, que es el máximo intérprete de la Constitución, igual que se cambió la doctrina del Supremo con ocasión del caso Botín se podría cambiar también en ese artículo. Cuando llegue el caso, el Tribunal Constitucional puede decir que el artículo 56.3 merece otra interpretación distinta. Y no pasa nada porque es el intérprete de la Constitución.

Para exculpar a la infanta se hicieron maniobras de dudosa legalidad

P. ¿Quiénes son más impunes en este país: el rey de España o los banqueros?

R. El rey de España es impune por definición legal y porque se le ha dado esa interpretación a este artículo. Los banqueros son impunes fácticamente porque son un grupo de presión. No es una impunidad legal. Cualquier día el juez que se le antoje y tenga motivos para ello podría ponerlos en su sitio.

P. ¿El lawfare existe?

R. ¡Hombre! Lo hemos visto. Usted le puede llamar lawfare, instrucciones sorprendentes o sentencias inusuales, raras y extrañas como las del fiscal general. Usted le puede llamar como quiera. Pero existen resoluciones judiciales que sorprenden muchísimo y no encuentro una explicación para llamarlas de otra manera.

P. ¿Qué le dice su olfato de juez sobre el caso Zapatero?

R. Me he enterado como todos los ciudadanos. Me sorprende la imputación del señor Zapatero. Para mí, ha sido una sorpresa y tengo que decir que una sorpresa desagradable. Y, prescindiendo de ideologías, creo que ha sido una sorpresa también dentro del Partido Socialista y fuera. Yo tengo que salir en defensa de este juez porque no es comparable a la actuación de otros jueces que conocemos últimamente. Este señor no ha utilizado el derecho para fines espurios. Si hay una querella de la Fiscalía Anticorrupción y afloran una serie de datos objetivos, el juez no tiene más alternativa que imputar al señor Zapatero, acordar una serie de registros domiciliarios y citarle a declarar a la mayor brevedad. Yo creo que este juez, de momento, ha actuado correctamente.

P. ¿Por qué la influencia de Zapatero como expresidente es delito y la de Aznar y González es negocio?

R. Aznar cobró directamente una cantidad superior a la de Zapatero y nadie dijo nada. Ni la Fiscalía se querelló. No se inició absolutamente ninguna investigación. ¿Por qué? Pues la verdad es que habría que preguntárselo a los jueces que había entonces.

P. ¿Qué se quebró con la condena del fiscal general?

R. Se quería quebrar. El caso no ha terminado porque toca el recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional. ¿Y qué pasa si el Tribunal Constitucional decide anular la sentencia?

P. ¿Qué pasa?

R. ¿Qué pasa a todos aquellos que han salido blandiendo la bandera de la justicia? ¿Qué pasa con la señora Ayuso y Miguel Ángel Rodríguez? ¿Qué pasa con el magistrado Hurtado? ¿Qué pasa con la Sala de lo Penal? Si son honestos, deberían dimitir. ¿Qué se ha quebrado con la condena del fiscal? Al final, no se ha quebrado nada. Hay otra fiscal que está ocupando su lugar. A este señor le han amargado la vida, a mi entender, injustamente. Y este fiscal general no me generaba una gran simpatía, pero creo que no ha cometido absolutamente ninguna ilegalidad.

Entrevista N&B al juez José Castro

P. ¿M. Rajoy y Cospedal se han ido de rositas?

R. ¡Hombre! ¡Ya me dirá! ¿Todavía alguien duda sobre quién es M. Rajoy? Y además han dicho que este señor estaba en el ajo de todo. ¿Tu ministro del Interior está organizando todo esto y tú no te enteras? ¡Hombre! Y Cospedal exactamente igual. Se le dejó fuera porque el señor García-Castellón así lo quiso. Algo insólito. ¿Qué quiere que le diga? A veces hay miedo. ¿Cómo vamos a imputar a la secretaria de Organización del PP? ¿Cómo vamos a imputar a un presidente del Gobierno? Pues si hay que hacerlo se hace y no pasa nada. Esta es la grandeza que debe de tener la justicia.

P. Miles de políticos han sido encausados en el periodo democrático y ningún dirigente del IBEX. ¿Me lo explica?

R. Yo quiero pensar que no se han aportado las pruebas necesarias. ¿Algunos del IBEX pueden tener las manos manchadas? Pues alguno habrá. Ahí están los medios informativos para investigar, que son los que tienen más posibilidades. Un juez para investigar tiene que citar a un testigo, al fiscal y a las acusaciones, pero un periodista en la barra de un bar con dos copas de vino le saca al testigo lo que quiera. Los periodistas son los que más facilidades tienen para investigar, por mucho que no conduzcan a ningún juicio, como es lógico. Para descubrir la verdad, tenemos a periodistas y ninguno se ha atrevido con dirigentes del IBEX. Y no creo que sea por miedo.

P. Quizás porque los dirigentes del IBEX se gastan mucho dinero en publicidad.

R. Sí, también. Yo llevé un caso de un fraude a la Hacienda pública cometido por el dueño de un periódico de Baleares. Se falsificaban facturas para aparentar que se había consumido más papel y tener la calificación de medio destacado. Y si eres un medio destacado ahí van todos los anuncios de subastas y mucha publicidad. Yo le ofrecí entrar en el procedimiento a todos los rotativos de Baleares por ser perjudicados. Ninguno se personó.

P. Perro no come perro.

R. Ninguno se personó.

Las ideas morales, religiosas o políticas están contaminando a la justicia

P. ¿La corrupción tiene arreglo?

R. Ojalá tuviéramos esa llave. No tiene arreglo la corrupción ni la violencia de género. El arreglo es que sean los menores casos posibles y que alguien escarmiente en cabeza ajena. Está en la mano de los electores. Hay partidos que son corruptos. Usted me dirá qué partido. Yo digo el PP. Es un partido corrupto y lo ha demostrado porque la corrupción no era local sino a nivel nacional. Ahora en el PSOE también hay casos de corrupción, pero no son generalizados. Y la actitud del propio partido frente a los casos de corrupción que se dan en su seno es muy distinta la del Partido Socialista a la del PP.

P. Leo en Internet sobre usted lo siguiente: “Nunca perdió su acento cordobés ni su estilo campechano”. Mire, como el rey.

R. No, no. Horrible. Horrible. No me había enterado. Y además sí he perdido mi acento cordobés desde hace muchos años, pero no he adquirido el acento mallorquín. Ahora cuando vuelva a Mallorca sí que volveré con cierto acento andaluz. Y eso me honra.

P. Lo de campechano le gusta menos.

R. No me gusta nada porque es un término que se ha deteriorado muchísimo por culpa del rey Emérito.

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