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Hornachuelos revive una tradición única: la subasta de la Reina de los Ángeles, patrimonio vivo de Andalucía

Subasta de la Reina de los Ángeles

Redacción Cordópolis

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Una vez concluida la feria, Hornachuelos volverá a encontrarse con una de sus tradiciones más profundas y representativas. El 2 de agosto, la localidad celebrará el día grande de las Fiestas Patronales en honor a Nuestra Señora Reina de los Ángeles Coronada, una jornada en la que la fe, la historia y la identidad colectiva se funden en una celebración que ha sabido mantenerse viva durante más de cinco siglos.

Más allá de los actos religiosos, el corazón de esta festividad late cada año al finalizar la procesión de la patrona. Entonces comienza la Subasta de la Reina de los Ángeles, una tradición única que convierte el atrio de la iglesia en un espacio de encuentro donde prácticamente todo el pueblo participa, ya sea donando objetos para la puja o contribuyendo con sus ofertas para sostener el culto y la capilla de la patrona durante todo el año.

No se trata únicamente de una recaudación de fondos. Es un ritual que forma parte de la memoria colectiva de Hornachuelos y que, desde 2023, está reconocido por el Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) como parte del Atlas del Patrimonio Inmaterial de Andalucía, un proyecto destinado a documentar, proteger y difundir aquellas manifestaciones culturales que forman parte de la identidad de los pueblos andaluces.

Cinco siglos de historia

El origen de la devoción a la Reina de los Ángeles se remonta a finales del siglo XV, cuando una pequeña comunidad franciscana levantó el primitivo convento de Santa María de los Ángeles. Más tarde, en 1869, se constituyó la Hermandad de los Ángeles, estableciendo el compromiso de mantener el culto a la patrona.

De aquella época procede también el conocido Molino del Vínculo, cuyos recursos permitían obtener el aceite necesario para mantener encendida durante todo el año la lámpara de la iglesia, reflejo del fuerte vínculo histórico entre la población y su patrona.

A lo largo del tiempo, las fiestas han conservado numerosas tradiciones. Antiguamente, durante la procesión, los vecinos pagaban para que se cantara la Salve ante la puerta de sus casas. Al finalizar el recorrido comenzaba entonces, como sigue ocurriendo hoy, la esperada subasta.

Un pueblo entero alrededor de una puja

La Subasta de la Reina de los Ángeles constituye uno de los momentos más esperados de las fiestas patronales. Desde un atril situado frente a la iglesia, el hermano subastador presenta uno a uno los objetos donados mientras los asistentes elevan sus ofertas.

Cada nueva puja es respondida por los presentes con un sonoro “¡Viva la Reina de los Ángeles Coronada!”, al que el subastador suele añadir otros vítores dedicados al pueblo, a sus vecinos o a quienes ya no están, convirtiendo el acto en una expresión colectiva de identidad y pertenencia.

Con el paso de los años, los objetos subastados también han evolucionado. Si antaño predominaban los dulces caseros, los productos de la huerta, las piezas de caza menor, los bordados o las artesanías elaboradas en corcho y cuerno de ciervo, hoy conviven con cestas de fruta, décimos de lotería, pequeños electrodomésticos o consumiciones ofrecidas por establecimientos del municipio. Sin embargo, la esencia de la tradición permanece intacta: la implicación de vecinos, comercios, asociaciones y colectivos que contribuyen cada año a hacer posible esta cita.

Las diamelas, el gran símbolo de la fiesta

Si existe un elemento que identifica esta celebración son las ensartas de diamelas, largas guirnaldas elaboradas con jazmín de Arabia, una especie de intenso aroma que crece en esta zona y que desde hace generaciones forma parte inseparable de las fiestas patronales.

Durante décadas, las ensartas estuvieron estrechamente ligadas al noviazgo. Muchos jóvenes las regalaban a sus prometidas como muestra de compromiso e incluso servían para formalizar una petición de noviazgo. Hoy continúan siendo las protagonistas absolutas de la subasta.

Su valor, sin embargo, trasciende el aspecto económico. Tras permanecer en las manos de la patrona durante la procesión, las diamelas adquieren para muchos vecinos un profundo significado simbólico. Quienes las consiguen suelen conservar parte de ellas como protección para sus hogares o regalarlas a familiares enfermos o de edad avanzada como deseo de salud.

La puja por las ensartas es el momento culminante de la noche y puede prolongarse hasta bien entrada la madrugada. Tras ellas llega otra tradición muy esperada: la subasta de los varales, las andas con las que vecinos y vecinas portan a hombros a la Virgen en su entrada definitiva al templo, poniendo así el punto final a las celebraciones patronales.

Una jornada para vivir Hornachuelos

La programación del 2 de agosto comenzará a las 11:30 con la solemne función religiosa presidida por el párroco Phidele Nkanza Buka, acompañada por el coro Mesas de Guadalora.

A las 20:30 tendrá lugar la solemne procesión de Nuestra Señora Reina de los Ángeles Coronada, acompañada por la Banda de Música 'Antonio Hernández Tomillo' de La Puebla de los Infantes.

Tras la llegada de la imagen a la iglesia comenzará la tradicional subasta, prevista a partir de las 23:00, y, como broche final, la Verbena en honor a la Patrona, amenizada por el grupo Xharma, volverá a reunir a vecinos, familias y visitantes en una noche donde la música y la convivencia pondrán el cierre a las Fiestas Patronales.

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