Gonzalo Orozco: “El Coto Córdoba llegará en algún momento a la ACB”
Hay apellidos que pesan más que un balón. Los hay que arrastran tres generaciones de pista, banquillo y vestuario, y que se cuelan en cada conversación de baloncesto cordobés desde hace más de cincuenta años. Ese es el caso de los Orozco. Lo es desde que Jesús Orozco levantó cantera en el Maristas y dirigió al Peñarroya en los años 70. Lo siguió siendo cuando Pablo Orozco, su hijo, jugó en aquel mismo club minero a las órdenes de su padre en la 1992-93 y luego pasó al banquillo. Y lo es ahora, treinta años después, con Gonzalo y Alejandro Orozco vistiendo la blanquiverde del Coto Córdoba CB tras un ascenso que ha devuelto a la ciudad a la segunda categoría nacional dos décadas después de la última hazaña del Cajasur.
A esta entrevista llega Gonzalo Orozco (Granada, 2002) con el cuerpo todavía en modo celebración y la cabeza intentando aterrizar. Han pasado pocos días desde aquel domingo en el Ciutat de Castelló en el que el Coto Córdoba consumó el título de la Segunda FEB pese a perder la vuelta. Una semana entera de actos institucionales, recepciones en Diputación, en el Ayuntamiento, en la Delegación del Gobierno, y la sensación de que el baloncesto cordobés vuelve a estar en boca de todos. El base, de 1,96, se ha sentado, como no podía ser de otra forma, frente a una cancha de baloncesto, con la mirada serena del jugador que sabe lo que ha conseguido, pero que mide muy bien lo que aún le queda por delante.
Cerca de una hora de charla da para mucho. La final y el ascenso, sí, pero también el legado familiar, la formación en Maristas, los primeros saltos a Liga EBA, la aventura en La Palma, la vuelta a casa, la ambición que late en este Coto Córdoba y la pregunta inevitable: ¿hasta dónde puede llegar un proyecto que, en apenas cuatro años de vida, ya está a un escalón de la ACB? El cordobés se moja, pero pide humildad. Habla con frases cortas y precisas, sin fuegos artificiales, como cuando dirige el ataque del equipo. Y deja una idea clara: que el baloncesto cordobés tiene mucho que decir y que él quiere estar dentro cuando llegue el momento.
PREGUNTA (P). Han pasado unos días desde el ascenso. ¿Has aterrizado ya o sigues en una nube?
RESPUESTA (R). Yo creo que todavía sigo un poco en las nubes. Esta semana hemos estado yendo a miles de eventos, a la Delegación del Gobierno, al Ayuntamiento, a Diputación... Entonces todavía no he tenido el tiempo de poder sentarme y decir 'hostia, hemos ganado la liga, hemos ascendido'. Algo sí que eres consciente, claro, por lo que te dice la gente, pero todavía no lo he asimilado del todo.
Aquí no hay colores; hay una ciudad y es lo que queremos representar
P. Vaya final. ¿Cómo viviste ese ambientazo de la ida en Vista Alegre? Casi 3.000 personas apoyandoos.
R. Desde que nos enteramos allí en Pamplona, en el último partido de liga, que íbamos a jugar la final, fue una semana muy rara. Al principio no, pero a medida que va pasando la semana te van entrando los nervios, esas cosillas en la barriga. Me acuerdo de que el sábado, día del partido, tenía bastantes nervios, no te lo voy a negar. Pero cuando ya llegué y vi a mis compañeros más o menos en la misma situación, con esa ansia de querer jugar, y empecé a ver cómo se iba llenando Vista Alegre, fue una locura. Tenía ganas de jugar ya. De hecho, nada más acabar la ida quería ya jugar la vuelta. Después del gran partido que hicimos, con el acierto que tuvimos, sales con esa sensación.
P. ¿Cuándo se te van los nervios? ¿Con la primera canasta?
R. Incluso antes. Ya con el calentamiento, con el corrillo con el entrenador justo antes de saltar a la pista, ya estás activado. Y en la presentación, con toda la gente gritando, se te van todos los nervios.
P. ¿Cuál fue la clave de la ida? 105 puntos al Castelló es una barbaridad.
R. Yo creo que salimos muy bien mentalizados. Salimos concentrados en que teníamos que ir a por ellos, que tenía que ser un partido físico, que defendiéramos bien. Al final, nosotros metemos 105, pero también les bajamos a ellos diez puntos de su media o así. Jugamos muy bien en defensa. Yo creo que esa fue la clave: estuvimos muy concentrados desde el principio.
P. Y luego la vuelta. Ese resultado de 28 abajo a falta de dos minutos puso nervioso a todo el mundo.
R. Bastante duro, la verdad. Al descanso íbamos cinco abajo, creo, estaba bastante igualado. Y empezaron a meter triples en el último cuarto. Cuando tienes una renta tan grande y va bajando, y bajando, y bajando, allí con 3.000 personas, con la banda musical que tenían, se hizo cuesta arriba.
P. ¿Cómo se gestiona eso mentalmente, cuando tiras y tiras y no entra nada?
R. Pues intentando hacer caso al míster, intentando que el ataque no afecte a la defensa, que sigamos duros ahí atrás, que es lo que nos ha hecho ganar partidos casi siempre durante la liga. Y sobre todo la mente: por mucho que estés 28 abajo, sigues dos arriba en la eliminatoria, que es lo que de verdad importa, y teníamos opciones siempre.
P. Y allí apareciste tú. La penetración, el rebote, los tiros libres... Esos minutos finales son tuyos.
R. Como te digo, mentalizado para eso. El entrenador siempre me ha dado la confianza de tener el balón al final, lo cogí y se dio así. La podía meter yo, la podía meter otro. Se dio que fui yo.
P. El base es el que marca el ritmo del partido. En un escenario así, con el rival pegándote arriba, ¿cómo gestionas el reloj?
R. Hay que jugar más largo, no precipitarse, no tener tiros tontos. Sabíamos que nos iban a presionar, así que no teníamos que hacer el primer tiro que nos saliese, porque eso era lo que querían ellos. Son partidos que cuesta asimilar mentalmente.
P. Ese triple sobre la bocina al final del primer tiempo, con la posesión casi muerta... ¿Cómo te entró eso?
R. Eso es pura suerte (risas).
El baloncesto en Córdoba siempre ha sido un reino de taifas
P. ¿Cómo de importante crees que es todo lo que se ha generado para reenganchar a Córdoba al baloncesto? Había camisetas del Coto por todas partes, incluso en Castellón.
R. Yo creo que es importantísimo. Por mucho que nos duela, cuando se gana es cuando se empieza a enganchar la gente. Igual que está pasando ahora con el fútbol, que va muchísima más gente. Necesitas ganar para que la gente aprecie el producto y quiera unirse.
P. ¿Eres futbolero? ¿Sigues al Córdoba?
R. Sí, sí, lo sigo, estoy abonado, de hecho.
P. Cuando suena la bocina en Castellón y certificáis el ascenso, ¿en quién te acuerdas?
R. Primero en mi hermano, que está en la pista conmigo. Después en mis padres, que han venido a todos los viajes conmigo. Y en mi abuelo, que descansa en paz, pero me acordé de él también. Él siempre nos seguía a mi hermano y a mí.
P. ¿Cómo fue ese viaje de vuelta?
R. Lo que pasa en el autobús se queda en el autobús (risas). Pero llegamos aquí, estuvimos con la afición en Vista Alegre, y después nos fuimos al Moriles a cenar.
P. Cuando llegaste a casa y te tumbaste en tu cama, ¿qué se te pasó por la cabeza?
R. Una alegría inmensa, pero también muchas ganas de descansar. Después del partido, de toda la presión mental, del viaje en autobús de ocho horas... Entre querer descansar y la alegría se mezcla todo.
P. Volveremos al ascenso. Pero quiero pararme en los Orozco, porque al final hay un legado muy largo: tu abuelo, tu padre, tú, tu hermano, tu primo... ¿Qué te decía tu padre del baloncesto cuando eras niño?
R. Mi padre nunca me ha puesto la presión de que tuviera que dedicarme a esto. Siempre ha sido más 'pásatelo bien, haz amigos, es deporte'. Cuando ya he crecido un poquito más sí que me ha dado consejos de baloncesto, igual que mi abuelo, pero nunca esa presión de 'tienes que hacer esto'.
P. ¿Siempre tuviste claro que era el baloncesto y no otro deporte?
R. Yo empecé en fútbol sala, de hecho. Estuve un año y por las patadas que se pegaban me quité y me apunté a baloncesto, pero no fue por mi familia. Fue por un hermano marista, el hermano Carlos, que me dijo que tenía que jugar a baloncesto. Y allí empecé.
P. Tu abuelo Jesús es palabra mayor en Maristas y en Peñarroya. ¿Qué recuerdos guardas de él?
R. Él ya estaba un poco mal cuando empezamos a jugar a un nivel un poco más serio. Pero siempre, siempre se ha visto nuestros partidos por la tele. De hecho, creo que se compró un Smart TV y aprendió a poner YouTube en la tele para poder ver nuestros partidos. Recuerdos de él jugando o entrenando no tengo.
P. Tu padre te entrenó en Peñarroya en Liga EBA. ¿Cómo se gestiona eso?
R. En Peñarroya ya no tanto, porque era más mayor. Me entrenó también en categoría junior, y ahí sí que fue un poco más duro. No tanto porque fuera mi padre, sino porque la gente te pregunta todo el rato 'tu padre, tu padre, tu padre', y dices 'déjame en paz'. Pero con mi padre bien, siempre hemos sabido separar baloncesto de padre.
Mi abuelo se compró una Smart TV y aprendió a poner YouTube solo para vernos jugar
P. Pero alguna bronca te habrá caído.
R. Y al que más, de hecho (risas).
P. Tu padre jugó en Peñarroya en la 1992-93 entrenado por su padre, tu abuelo. ¿Sois conscientes de que repetisteis casi exactamente la misma historia treinta años después?
R. Sí, un poco, sí. Yo no lo he visto nunca, pero de mi abuelo decían que era un buen entrenador. No sé si es verdad o son anécdotas de abuelo, pero el camino sí es muy similar.
P. ¿Te gustaría que tu padre te volviera a entrenar algún día?
R. Yo creo que él es el primero que no quiere (risas). Pero por mí, ojalá. Cuanta más cerca tenga la familia, mejor.
P. Tengo apuntado un amistoso entre el Peñarroya y el filial del Betis en el que coincidisteis tu padre en el banquillo, tu hermano Alejandro y tú en pistas rivales, y tu abuelo en la grada. ¿Lo recuerdas?
R. Mi primo también estaba en mi equipo, en Peñarroya. Fue un partido en familia. Además, en el pueblo, que es donde más parte de la familia tengo. Tanto por parte de padre como de madre tengo familia en Peñarroya. Estuvo todo el mundo, fue muy bonito.
P. ¿Algún recuerdo concreto del partido?
R. Que les pegamos una paliza, creo (risas).
P. Y ahora juegas con tu hermano Alejandro en el equipo de tu ciudad. ¿Cómo se gestiona tener al hermano de compañero?
R. Muy bien. Mi hermano al final es como mi mejor amigo. Lo sabe todo de mí, y tener a alguien así en la plantilla es un apoyo constante. Le puedo contar lo que sea y él me va a escuchar, me va a entender. Y igual yo a él.
P. ¿Estaba escrito o ha llegado por casualidad?
R. Yo creo que surgió. En estas ligas nunca sabes dónde vas a estar el año que viene. Mi hermano hizo un muy buen año en Jaén, el equipo se mantuvo, lo quisieron fichar aquí y se dio.
P. ¿En casa habláis solo de baloncesto?
R. Justo al revés. Yo diría que hablamos mucho más de otras cosas que de baloncesto. Estamos toda la mañana en Vista Alegre, ahí sí que hablamos de baloncesto para aburrir, así que en casa intentamos hablar de otras cosas. Tenemos muy buena relación.
No me gusta el protagonismo, prefiero ser líder dentro de la pista
P. Vamos a tu trayectoria. ¿Cómo recuerdas aquellos primeros botes?
R. No me costó muchísimo el cambio. De hecho, creo que a los dos años de jugar ya estaba en la selección cordobesa. Tenía amigos en el equipo de baloncesto, no fue un cambio tan duro.
P. Maristas fue clave para los Orozco, ¿no?
R. Yo creo que lo más importante de Maristas son los valores. Allí siempre te enseñan a respetar al compañero, a dar la mano, a tener respeto ganes o pierdas. Eso es lo que más me llevo.
P. ¿Cómo fue el salto a Peñarroya, ese primer paso ya casi profesional?
R. Al ser con mi padre no fue tan grande. Pero sí es verdad que entrenábamos bastante más, con gente de más nivel, y tienes que adaptarte a ese contacto, a la táctica, a todo. Lo pude llevar mejor por estar con mi padre.
P. ¿Notaste el salto de nivel?
R. Sí, sí, lo noté. No es un salto enorme de Primera Nacional a EBA, pero hay un salto.
P. Y luego te toca hacer las maletas y marcharte a La Palma. ¿Cómo surgió aquello?
R. Fue Rafa Sanz, el entrenador, el que nos llamó a mi hermano y a mí. Nos quería entrenar allí, en un proyecto de entrenar mañana y tarde, para mejorarnos y formarnos. Era un equipo que quería hacer seis o siete fichas con sub 22 y sub 23, mejorar mucho y entrenar muchísimo. La verdad que fue una experiencia.
P. ¿Mejoraste mucho aquel año?
R. Mejoré un montón. No fue el mejor año a nivel de resultados deportivos, quizás, pero aprendí muchísimo de baloncesto.
P. ¿Qué te dio Rafa Sanz?
R. A nivel táctico muchísimo. Me enseñó a moverme sin balón, prácticamente todo lo que sé ahora. A nivel individual también: hacíamos mucha técnica individual y me enseñó bastantes cosas. Y algo que me enseñó mucho fue la actitud que tienes que tener ante los problemas. Al final, el deporte es complicado de llevar, tienes que gestionar muchas cosas, y me enseñó a gestionar ese tipo de cosas.
P. ¿Cuál crees que es la clave del baloncesto hoy en día? Se dice que es todo triple y rebote.
R. Yo creo que hay mucho más. Es verdad que casi todas las jugadas terminan en un triple, y si no, en un rebote. Pero hay muchas más cosas antes de llegar a ese triple: que el bloqueo esté bien hecho, que el que está botando bote bien, que el que pasa la pase al hombro derecho para que el otro tire más rápido, más eficiente, que no se tenga que mover, que no se desequilibre... Hay muchas más cosas. Pero yo creo que lo más importante hoy en día en el baloncesto es la mente. Si estás bien mentalmente, por mucho que falles todo, puedes meter la última y ganar el partido.
Lo más importante hoy en día en el baloncesto es la mente
P. ¿Cómo trabajas tú la cabeza?
R. La verdad que no es algo a lo que le dedique todo el tiempo que debería. Pero ya que estoy en Córdoba, intento despejarme, intento centrarme en otras cosas cuando no estoy jugando, cuando no me salen bien las cosas. Esa es la forma en la que lo trabajo.
P. ¿Qué hace un chaval de 20 o 21 años en un pueblo de La Palma de 20.000 habitantes? ¿Cómo se lleva ese cambio?
R. Allí había pocas cosas que hacer, la verdad. La gente de Los Llanos nos trató muy bien, ninguna queja, hay gente con la que todavía me llevo y mantengo muy buena relación. Pero lo que es ocio había poco. Era playa o dar un paseo. Y al final los jóvenes de allí casi todos eran los del propio equipo, así que tenías que hacer vida con ellos.
P. Un vestuario al final es casi como una familia.
R. Sí. Yo creo que es lo que siempre se intenta hacer desde el primer día con un entrenador, formar una familia en el vestuario. Que estemos unidos, que no nos haga falta nada de fuera, porque eso es lo que hace que el equipo funcione de verdad. Que no haya ese ego de 'yo quiero ser el mejor' o 'él quiere ser el mejor', sino que seamos todos los mejores.
P. Volviste a Córdoba en 2023. ¿Cómo se fraguó aquello?
R. Ese fue el año en el que estaban los dos proyectos aquí, el del UCB y el del Coto Córdoba, y me llamaron los dos. Por afecto tenía más amigos en el UCB, pero la oferta del Coto fue bastante más profesional, y el proyecto era más lo que se ha visto ahora, mucho más profesional. Decidí irme por el Coto.
P. ¿Crees que en Córdoba ha faltado unión en el baloncesto? Es algo que repite todo el mundo.
R. Sí, siempre se ha hablado de que es un reino de taifas. De que cada uno va con su proyecto y, si yo te puedo joder a ti, pues gano. Pero para competir en ligas como Primera FEB, Segunda FEB e incluso Tercera FEB se necesita un proyecto que sea el dominante, que todos estén con él, que se le respalde, y crecer a partir de ahí. Si no, así no se va a ningún lado.
P. El filial, el CCB Lucena, está luchando por subir a Tercera FEB. ¿Tenéis contacto con ellos?
R. Está Jesús Baena, que entrena con nosotros. También algunos chavales extranjeros, Andrej, Caleb y Jason, que han ido viniendo durante el año a entrenar con el primer equipo, y algún chavalillo joven cordobés que conozco. No es que entrenemos con ellos a diario, pero sabemos que están haciendo las cosas muy bien, han ganado la fase de grupo y ahora les queda la eliminatoria doble para ascender. Toda la suerte para ellos.
P. Tres temporadas y dos ascensos en el Coto. ¿Qué límite tiene este equipo?
R. Yo creo que es lo que dicen ellos mismos: el equipo en algún momento llegará a la ACB. Era el objetivo que todo el mundo tenía desde el principio, y parece que estamos ya a un paso de cumplirlo. Es verdad que es un paso enorme, ahora se va a competir contra equipos muy grandes y va a costar, pero Córdoba no tiene que tener vergüenza ante otras ciudades. Es igual de grande que otras y seguro que llega en algún momento.
P. ¿Qué sueño te queda por cumplir a nivel personal? ACB, Euroliga, NBA...
R. Yo siempre he tenido en el baloncesto el objetivo de llegar lo más alto posible. No sé lo que será, no me he puesto una meta concreta, pero llegar lo más alto posible. Si tuviera que elegir entre ACB, Euroliga y NBA, hombre, ya puestos, la NBA.
P. Hay un excompañero tuyo por allí dando guerra... Guille del Pino, en la NCAA. Puedes pegarle un toque para que se venga al Coto.
R. Ojalá, pero yo creo que se queda allí (risas).
P. Mójate. Quinteto histórico de jugadores con los que has competido.
R. Voy a empezar por el entrenador, que es fácil y no me puede decir nadie nada: mi padre, Pablo Orozco. De base, mi hermano Alejandro. De escolta, Manu Varela, que estuvo aquí en Liga EBA. De alero, Alberto Moreno. De cuatro, Fernando Bello. Y de cinco, Adri Camacho, que estuvo conmigo en Maristas.
La unión de los jugadores en un equipo es lo que hace que el baloncesto de España sea tan bueno
P. Otra del estilo. Si pudieras robarle una cualidad a alguien de la plantilla que ha hecho el ascenso, ¿qué le robarías?
R. El tiro de Ja'Monta Black.
P. ¿Y tu mejor cualidad? Mides 1,96, juegas de base, reboteas como un pívot... ¿Con cuál te quedas tú?
R. Entre el bote y el pase, no sé cuál de los dos elegir. Voy a decir el bote, que es más espectacular.
P. Estaba Lucas Muñoz, estaba Guille del Pino... Se han ido marchando referentes cordobeses y te has quedado un poco como el líder de los califas dentro del vestuario. ¿Te sientes así?
R. Hay mucha gente que lo dice, hay mucha gente que dice 'eres el jugador franquicia', 'eres la cara del club'. Pero yo no me siento así, no me gusta tener ese título. Igual que el de capitán: muchos compañeros me han dicho que tendría que serlo yo, pero no es algo que me guste atribuirme. No me gusta el protagonismo. Prefiero ser líder dentro de la pista sin tener que llevar ningún título encima.
P. Y la competencia en la base, con Pablo Sánchez, contigo y con tu hermano. ¿Cómo se gestiona?
R. Es muy sana. Lo hemos hablado entre nosotros, nos hemos ayudado muchísimo durante el año a mejorar el uno al otro. Somos los dos bases del equipo que ascendió, y mi hermano también ha tenido momentos en los que ha jugado superbien. Al final somos tres jugadores muy buenos, defendernos cada día en los entrenamientos es complicado. Eso nos ha ayudado mucho a mejorar.
P. La conexión con Kevin Schutte ha sido una de las marcas de la casa este año. ¿Cómo ha surgido esa sinergia?
R. Yo creo que sale en pista. Hay mucha gente que dice que le he dado de comer este año (risas), pero yo creo que es Kevin el que me hace fácil a mí. Sabe colocar muy bien el cuerpo y siempre me deja más solo con los bloqueos. Hay veces que se la tengo que dejar para que no se enfade y me siga bloqueando bien (risas).
P. ¿Cómo conviven los americanos y los españoles del vestuario?
R. El ejemplo está en el partido de la vuelta de la final, todos concienciados en que queríamos ganar y teníamos que defender todos. La idea de buscar siempre el mejor tiro en ataque la hemos tenido durante todo el año. Quizás a mitad de temporada nos desviamos un poquito, pero hemos sabido reconducirlo y al final volvimos todos a estar conectados.
P. ¿Se habla español o inglés en ese vestuario?
R. Cuando estamos en pista, en gimnasio, en cualquier contexto técnico, siempre en inglés. Si alguno no habla inglés necesita traductor. Fuera de pista depende con quién hables: somos cinco o seis españoles y entre nosotros hablamos español cuando podemos. Pero cuando estamos todos juntos hablamos inglés, no tenemos problema.
P. ¿Cómo perciben los americanos el baloncesto español?
R. Lo ven distinto a lo que tienen allí. Hablo mucho con Zack Rollins, que tiene ya treinta años y ha jugado en muchos países de Europa, en Macedonia, en otros sitios... El baloncesto de España es mucho más colectivo, mucho más divertido para todos. Esa unión de los jugadores del mismo equipo es lo que hace que el baloncesto de España sea tan bueno. Aquí tienes a diez tíos en una plantilla que van a jugar veinte minutos como muchísimo, y los números que en Estados Unidos hacen ellos solos aquí los tienes que repartir. Ese cambio les cuesta al principio, pero al final yo creo que les gusta.
P. La figura central del vestuario este año ha sido Gonzalo Rodríguez Palmeiro. ¿Cómo fue su llegada al equipo?
R. Nos reunimos en pretemporada, no recuerdo dónde exactamente, toda la plantilla con la directiva. Lo primero que hizo fue sacar a la directiva, nos reunió a jugadores y staff y nos preguntó cuál era nuestro objetivo. Todo el mundo dijimos 'ganar', como siempre. Y desde ahí ha tenido la idea clara de que para ganar hay que entrenar muchísimo, y a piñón.
P. ¿Es duro Gonzalo?.
R. Yo creo que es lo justo que tiene que ser. Fuera de la pista es muy buena persona. En pista también, pero cuando hay que ponerse serio, hay que ponerse serio. Somos profesionales y, por mucho que seamos buenos, hay que echar broncas a veces porque nos desconcentramos. Sabe separar muy bien el momento de bronca y el momento de estar bien.
P. ¿Cuál es la bronca que más te repite a ti?
R. La de concentración. Hay veces que, por cansancio, por repeticiones en los entrenos, me pierdo un poco. Esa es la bronca que más me suelo comer.
Estoy preparado para dar el salto a Primera FEB
P. El míster dijo después del ascenso que en Córdoba se había vuelto a enamorar de la profesión. ¿Vosotros lo notáis?
R. Yo creo que sí. Está todo el día en su oficina viendo vídeos. A veces pienso 'cómo no te cansas, date un paseo o algo'. Es verdad que nunca le hemos dado mucha importancia al resultado, siempre ha sido más el buscar el buen trabajo, hacer buen baloncesto, más que ganar un partido. Pero cuando ganas, a todo el mundo se le pone buena cara casi sin pensarlo. Él venía de una situación complicada, y aparte de eso, el grupo que hemos tenido ha sido tremendo: en cada cena nos estábamos riendo, en cada comida había risas, en cada entreno. Eso te hace engancharte otra vez.
P. Las dos típicas. ¿Quién pone la música y quién es el más gracioso?
R. La música siempre la pone Kevin (Schutte). Lleva su altavoz colgado. Y el más gracioso... hay mucho gracioso, pero te diría que es Serigne. Es el que más gracia me hace.
P. Ahora viene Primera FEB. ¿Qué cambia en tu día a día?
R. La cosa es que no lo sé todavía. No sé si se entrena más, si se entrena menos, no tengo ni idea del salto porque no suelo seguir la Primera FEB. Imagino que seguiré igual: con el mismo planteamiento físico, la misma dieta, los mismos entrenos, concentrado, y manteniendo esos tiempos de relax para darme un paseo con un colega o tomarme algo, que es lo que me ayuda a trabajar la mente.
P. ¿Has empezado a notar que te reconozcan por la calle?
R. Algo. Gente que cuchichea, que te mira... Pero lo que más me sorprendió fue que una vez de fiesta me pidieran una foto. Normalmente son chavalillos jóvenes, pero esa vez fue un chico de diecinueve o veinte años en una fiesta. Me sorprendió bastante. Fue como 'hostia' (risas).
P. ¿Cómo lo gestionas?
R. Bien. Al final es algo poco habitual y te alegra el momento.
P. Cuando pasen los años, ¿cómo recordarás esta temporada?
R. Imagino que igual que hace toda la gente que ha pasado por esto. Yo, con mi padre, siempre que voy a sitios de baloncesto, conoce a gente y me cuentan sus anécdotas de lo que consiguieron en su día. Imagino que a mí me pasará lo mismo cuando crezca: me acordaré con una sonrisa y me sentiré orgulloso.
P. ¿Cómo de importante es tu padre en tu mundo de baloncesto?
R. Igual que mi madre. Son los dos pilares de todo esto, los que evitan que se me vaya la cabeza. Siempre me ponen los pies en la tierra y son los que más me ayudan a celebrar los éxitos, que también es importante, pero siempre con humildad.
P. ¿Te ves de entrenador en un futuro lejano, como tu padre?
R. Yo creo que no. No sirvo como primer entrenador, ni de broma. Cuando veo un partido en la tele siempre pienso que quiero jugar yo. Si veo a un chaval jugando y digo '¿pero por qué no lo haces así?', me hierve la sangre. No, no me veo.
P. Tu hermano Alejandro va dos pasitos por detrás por edad. ¿Eres el hermano mayor que protege o sois rivales?
R. No, no, qué va. De pequeño mi hermano era mejor que yo, eh. Y ahora mismo estamos a la par casi. Él es muy bueno. Es verdad que ha llegado a una plantilla con diez tíos con experiencia y mucho nivel y le ha tocado pelear minutos, pero cuando ha salido ha demostrado que es capaz de jugar en esta liga de sobra. Es buenísimo.
P. Tengo que hacerte la pregunta. ¿Has hablado de la temporada que viene con el club?
R. Estas son las semanas para verlo. Por mí, llevo ya dos años en Segunda FEB y, después de un ascenso jugando tantos minutos y con tanta importancia, creo que estoy preparado para dar el salto a Primera FEB. Ojalá se dé. No sé dónde, pero ojalá pueda jugar en Primera FEB.
P. Encabezando el proyecto del Coto, claro.
R. Pues siempre que quieran... (sonríe).
P. Y dentro de cinco años, ¿dónde te gustaría estar?
R. Yo creo que en la ACB.
En Córdoba se necesita un proyecto que sea el dominante y que todos estén con él
P. ¿Qué te falta para dar ese salto?
R. Nivel físico, sobre todo. Mejorar el tiro, y mejorar las cosas que ya tengo.
P. ¿Y cómo se consigue?
R. Trabajando. Trabajando mucho.
P. ¿Qué partido te gustaría tener siempre en la cabeza cuando te retires?
R. Ha habido muchos partidos muy buenos, pero la final, casi que la ida y la vuelta de la eliminatoria de este año, esa me la quedo por siempre.
P. Si pudieras hablar con tu abuelo Jesús, ¿qué crees que te diría ahora?
R. Yo creo que me diría que siga, que no me conforme. Él siempre me ha dicho que me veía en lo más arriba, tanto a mí como a mi hermano, que nos veía un potencial increíble. Y eso lo decía cuando estábamos en Primera Nacional o éramos junior. Lo que me diría es eso: que siguiera, que no me conformara, que tengo muchísimo más y que trabajara.
P. Este ascenso es muy importante para los chavales de la cantera de Córdoba. ¿Te ves como referente? ¿Qué les dirías?
R. Pues si yo he podido llegar mínimo hasta donde estoy, ellos también pueden. Yo me he formado toda la vida en Maristas, no he tenido que salir a Unicaja, Betis o Madrid. Si yo lo he podido hacer así, ellos también. Y ahora, además, lo van a tener un poco más fácil. No te voy a decir más fácil de trabajo, porque hay que entrenar lo mismo, pero sí van a tener más facilidades para quedarse en casa con su familia y sus amigos, que es lo más importante.
P. ¿Qué consejo le darías a un chaval que está empezando?
R. Que disfrute, que se lo pase bien. Esto al final es un juego. No solo lo que juegan a nivel benjamín: a este nivel también es un juego. Si no disfrutas te vas a quemar en algún momento, y es cuando llegan los problemas de verdad.
P. Una aleatoria. ¿Has tenido que cumplir alguna promesa por el ascenso?
R. Pablo Sánchez me debe una promesa. Queda entre nosotros, pero la tiene que cumplir ya mismo. Espero que la cumpla.
P. ¿Qué le pides al baloncesto a partir de ahora?
R. Que me siga divirtiendo. Que siga reuniendo a la gente importante para mí, mi familia y mis amigos, en Vista Alegre. Y que siga subiendo.
P. ¿Y al baloncesto cordobés en general?
R. Que, por mucho que sigan habiendo canteras, se sientan todas representadas por nosotros. Que siga existiendo Maristas, que siga existiendo Cordobasket, el Ciudad de Córdoba, El Carmen, todas estas. Que se sientan representadas por nosotros y vengan a apoyarnos, da igual de qué cantera vengan. Nosotros no somos un club aparte, queremos sentirnos el club de la ciudad. Igual que cuando gana el Córdoba CF todo el mundo se siente partícipe, lo mismo queremos nosotros. Aquí no hay colores, hay una ciudad, y es lo que queremos representar.
P. Las últimas. Si dentro de veinte o treinta años un nieto tuyo te pregunta qué fue aquel Coto Córdoba en 2026, ¿qué le contarás primero?
R. Pues que fue una temporada muy bonita, una temporada que esperemos que se pueda decir que hizo que el Córdoba esté donde está y que sea la temporada en la que arrancó todo lo demás. Esperemos que ACB, y Euroliga si Dios quiere (risas). Y que ojalá él intente jugar también.
P. ¿Cuál fue la clave de aquel Coto Córdoba?
R. La familia que había en el vestuario.
P. Pues esperemos que gran parte de esa familia se mantenga el año que viene. Muchísimas gracias, Gonzalo.
R. Un placer. A vosotros.
La clave del ascenso ha sido la familia que hay en el vestuario
0