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La biografía definitiva del niño de la posguerra que se convirtió en el último maestro del cante flamenco

Un joven Fosforito.

Juan Velasco

6 de junio de 2026 19:46 h

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Una voz que atravesó más de medio siglo de flamenco, que dialogó con varias generaciones de artistas y que ayudó a definir una forma de entender el cante que todavía hoy sigue siendo referencia. Ahora, pocos meses después de su fallecimiento, una obra monumental reivindica la dimensión completa de quien algunos expertos consideran el último gran maestro enciclopédico del flamenco: Antonio Fernández Díaz, Fosforito.

El libro se titula Fosforito. Desde el principio del tiempo. Y acaba de ver la luz como uno de los estudios más ambiciosos realizados hasta la fecha sobre la vida, la obra y el pensamiento del cantaor cordobés, quien, además de poner la voz sobre los escenarios, escribió medio millar de letras y, en sus últimos años, brilló como conferenciante. La publicación, que cuenta con la colaboración de Fundación Málaga, Lo Ferro Flamenco, AhorraMas y Hotel Las Acacias, fue presentada hace unos días en el Rectorado de la Universidad de Málaga. Partió de una idea del flamencólogo Luis Soler Guevara, aunque finalmente la empresa la acabaron llevando a cabo también Fernando Sanjuán Caramazana, Ramón Soler Díaz, Francisco Cabrera Villatoro y Paco Roji Doña.

No se trata únicamente de una biografía. Tampoco de un homenaje al uso. Sus autores han construido un retrato poliédrico del artista, abordando al cantaor, al investigador, al creador de letras, al estudioso del flamenco y al hombre que dedicó su vida a desentrañar los secretos de una de las expresiones culturales más profundas de España.

Durante la presentación de la obra, el director de Fundación Málaga, Gonzalo Otalecu, destacó que el libro “no se limita a rendir homenaje a una figura imprescindible del flamenco, sino que realiza un esfuerzo riguroso y necesario por estudiar, documentar y analizar una trayectoria artística que forma parte de nuestro patrimonio cultural”. Una reflexión que resume el espíritu de una publicación concebida para perdurar como obra de referencia.

Fosforito en una de actuaciones del Concurso de 1956

El niño pobre que soñó con el cante

La historia de Fosforito posee la fuerza narrativa de las grandes biografías populares. Nacido en un pueblo agrícola andaluz en la España de la posguerra (Puente Genil, reserva del cante), conoció desde niño las dificultades económicas de un país que trataba de reconstruirse entre privaciones y silencios. Aquel contexto marcaría profundamente su carácter y su relación con el arte. “Fosforito fue el niño pobre de la posguerra que llegó a la cima del arte”, resumió el periodista Álvaro de la Fuente durante una conversación con los autores publicada por Expoflamenco.

La frase condensa una trayectoria extraordinaria: la de un muchacho humilde, de profesión marmolista -así se inscribió en el Concurso Nacional- que acabaría ocupando un lugar privilegiado en la historia del flamenco. Pero su ascenso estuvo lejos de responder a la imagen romántica del genio espontáneo.

Los investigadores coinciden en describirlo como un trabajador infatigable y un autodidacta excepcional. Escuchó a los viejos maestros, estudió grabaciones históricas, analizó estilos y letras, aprendió de guitarristas y bailaores y desarrolló una visión global del flamenco que pocos artistas han alcanzado. Vivía, por así decirlo, entre los fantasmas del pasado, pero con la idea de proyectarlos al futuro.

Ramón Soler destaca en esa charla precisamente esa condición de creador integral. Fosforito no solo cantaba. Era autor de buena parte de las letras que interpretaba, conocía profundamente la guitarra y el baile y poseía una curiosidad intelectual inagotable. Su aproximación al flamenco tenía tanto de artista como de investigador.

Fosforito con la Medalla de Oro de las Bellas Artes

Una voz que aún no ha sido suficientemente valorada

Una de las principales tesis del libro es que la aportación artística de Fosforito todavía no ha sido suficientemente reconocida en toda su magnitud. Durante la entrevista, Álvaro de la Fuente (que arrancaba su intervención señalando lo que se ha tardado en publicar un libro como este) defendía que Fosforito es una figura “universal” de la música española cuya obra no ha sido “suficientemente valorada, conocida y ponderada” por el propio mundo flamenco.

La publicación nace precisamente para corregir esa carencia y ofrecer un análisis profundo de sus contribuciones. Y esas contribuciones son numerosas. El volumen dedica una parte sustancial de sus páginas al estudio musicológico de su legado. Ramón Soler destaca especialmente la influencia del maestro en estilos como el taranto, donde estableció un modelo interpretativo que acabaría siendo seguido por la mayoría de los cantaores posteriores. También analiza su aportación a la soleá apolá, la alboreá o la petenera, entre otros palos.

Más allá de las innovaciones concretas, el libro reivindica una revolución estética más amplia. Tras su triunfo en el Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba de 1956, Fosforito contribuyó decisivamente a poner en valor una forma de cantar austera, profunda y alejada de ciertos amaneramientos melódicos que dominaban algunos escenarios de la época. Aquella manera de entender el cante conectaba directamente con las raíces más hondas del flamenco sin renunciar a la creatividad. Su influencia fue tan profunda que terminó convirtiéndose en referencia para generaciones enteras de artistas, a veces de estilos que no tenían nada que ver con el propio flamenco.

Jota, de Los Planetas, con Fosforito

Un maestro para varias generaciones

Si existe una palabra que aparece una y otra vez cuando se habla de Fosforito es magisterio. Último poseedor de la Llave de Oro del Cante, una de las máximas distinciones del flamenco, el artista cordobés acumuló un conocimiento enciclopédico que lo convirtió en una autoridad respetada por intérpretes, estudiosos y aficionados. No era raro que los jóvenes artistas acudieran a él en busca de consejo o de información sobre estilos prácticamente olvidados.

Paco Roji Doña destaca en el libro una cualidad especialmente apreciada por quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo: su generosidad. Lejos de reservar para sí sus conocimientos, compartía experiencias, enseñanzas y repertorios con quienes mostraban interés por aprender. Esa actitud explica también la estrecha relación que mantuvo con numerosos artistas, entre ellos Paco de Lucía, con quien co-protagonizó una de las colaboraciones más fructíferas del flamenco contemporáneo, llegando a grabar cerca de un centenar de cantes en una antología que forma parte ya del patrimonio musical español.

La influencia de Fosforito no se limitó a los escenarios o los estudios de grabación. Fue también un transmisor de conocimiento. Un puente entre generaciones. Un hombre capaz de preservar la memoria de los antiguos mientras ayudaba a construir el futuro del flamenco, y que, además, cedió sus letras para que las cantaran otros artistas como Marisol, Rocío Dúrcal o Los Chichos.

Portada del libro 'Fosforito. Desde el principio del tiempo'

Un libro atravesado por las ausencias

La historia de Fosforito. Desde el principio del tiempo está marcada por una circunstancia tan dolorosa como significativa. Y es que la iniciativa partió de Luis Soler, uno de los grandes flamencólogos españoles. Consciente del deterioro de la salud del cantaor, decidió formar un equipo capaz de culminar una investigación que llevaba años gestándose. Sin embargo, el destino ha querido que ni él ni el propio Fosforito llegaran a ver la obra terminada.

El maestro falleció en noviembre del año pasado. Luis Soler lo haría pocos meses después, en febrero. Dos ausencias que sobrevuelan cada página del volumen. Eso sí, lejos de convertirlo en un ejercicio de nostalgia, esa circunstancia dota al libro de una dimensión casi testamentaria. La sensación de que sus autores han querido dejar fijado para el futuro un legado que no podía permitirse caer en el olvido.

El título de la obra tampoco es casual. Fernando Sanjuán ha explicado que tanto el nombre como la portada responden a una reflexión sobre la memoria, la permanencia y el paso de los años. La cubierta superpone dos fotografías tomadas con sesenta años de diferencia, una imagen que refleja “las cicatrices y el paso del tiempo” sobre el rostro de un artista que dedicó toda una vida al flamenco.

Entre ambas fotografías cabe una existencia completa. Décadas de escenarios, grabaciones, investigaciones, reconocimientos y aprendizajes. Décadas en las que Fosforito se convirtió en una de las grandes referencias del arte jondo. Francisco Cabrera va incluso más allá al definirlo como “un ancla” que ayudó a mantener la esencia del flamenco frente a corrientes más comerciales o pasajeras. Una figura de equilibrio entre tradición e innovación, entre memoria y modernidad. Porque si algo demuestra esta investigación es que Fosforito nunca fue un simple conservador del pasado. Conocía la tradición como pocos, pero la utilizó para construir algo propio. Su legado no consiste únicamente en preservar lo heredado, sino en haber ampliado las posibilidades expresivas del cante.

Por eso Ramón Soler concluye que debe ser entendido como “un clásico y un cantaor de futuro”, del que todavía quedan muchísimas cosas por descubrir. Una definición que resume perfectamente el propósito de este libro, que no solo sirve como recuerdo de una figura irrepetible, sino que aporta claves para que las nuevas generaciones vuelvan a escucharlo y descubran hasta qué punto muchas de las bases del flamenco contemporáneo siguen contenidas en su obra.

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