El humo de Niebla deja el segundo episodio grave de contaminación del aire en Córdoba de este verano
El humo de los incendios forestales vuelve a instalarse sobre el Valle del Guadalquivir y Córdoba afronta ya el que es el segundo episodio grave de contaminación del aire de este verano. Apenas dos semanas después de que la ciudad quedara cubierta por la humareda procedente de los incendios del centro de la Península, un nuevo fuego, esta vez declarado en Niebla (Huelva), está provocando un nuevo empeoramiento de la calidad del aire en la capital cordobesa.
La estación de medición de la avenida Al-Nasir muestra una evolución especialmente preocupante. El incendio de Niebla comenzó el 6 de agosto y, al día siguiente, a las 7:00, la concentración de partículas PM10 en Córdoba ya alcanzaba los 34 microgramos por metro cúbico. Desde entonces, según los registros horarios de este observatorio gestionado por la Junta de Andalucía y consultado por este periódico, el valor no ha vuelto a bajar de esa cifra.
La contaminación, además, ha ido aumentando progresivamente. El domingo 9 de agosto, a las 7:00, la estación registraba 41 microgramos por metro cúbico. Pero el salto más importante se produjo durante la madrugada de este lunes. A la 1:00 del 10 de agosto, Al-Nasir ya medía 90 microgramos por metro cúbico de PM10. A las 11:00, después de un ligero descenso, la concentración seguía en 84 microgramos por metro cúbico.
No se trata, por tanto, de un pico aislado. La ciudad lleva varios días con concentraciones elevadas de partículas y el episodio se ha intensificado de manera muy notable durante las últimas horas. La llegada del humo del incendio de Niebla vuelve a demostrar, además, la especial vulnerabilidad del Valle del Guadalquivir a la acumulación de contaminantes cuando las condiciones meteorológicas dificultan su dispersión.
El segundo episodio en pocas semanas
La situación recuerda a la vivida a finales de julio, cuando el humo de los incendios registrados en el centro de la Península quedó atrapado en el valle y provocó una importante degradación de la calidad del aire de Córdoba.
Durante aquel episodio, la estación de Al-Nasir llegó a registrar 140,35 microgramos por metro cúbico de PM10 durante la tarde del 27 de julio. La nube de humo era entonces perfectamente visible sobre la ciudad y provocó molestias respiratorias entre parte de la población. Aunque las concentraciones fueron descendiendo posteriormente, durante varios días permanecieron en niveles elevados.
Ahora, apenas unos días después, la historia vuelve a repetirse. La fuente del humo se encuentra esta vez en la provincia de Huelva, donde el incendio de Niebla está generando una importante columna de humo que, empujada por los vientos y atrapada posteriormente en el valle, termina afectando a la capital cordobesa.
Las partículas PM10 son partículas en suspensión de un diámetro inferior a diez micras. Su tamaño permite que penetren en el aparato respiratorio y puedan alcanzar las vías respiratorias inferiores. En el caso de los incendios forestales, el humo contiene una mezcla de partículas procedentes de la combustión de la vegetación y otros materiales, además de distintos gases y compuestos químicos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que la concentración media de PM10 durante 24 horas no supere los 45 microgramos por metro cúbico. Los datos que registra la estación de Al-Nasir son horarios y, por tanto, no pueden compararse directamente con ese valor diario. Pero una concentración horaria de 90 microgramos por metro cúbico evidencia que Córdoba está atravesando un episodio importante de contaminación por partículas.
Además, si esos niveles elevados se mantienen durante varias horas, la exposición de la población aumenta. No es lo mismo enfrentarse a un pico aislado que respirar concentraciones elevadas durante toda una jornada, y menos aún cuando el episodio se prolonga durante varios días.
Las consecuencias más inmediatas pueden ser irritación de garganta y ojos, tos, sensación de opresión en el pecho, dificultad respiratoria o empeoramiento de síntomas en personas que ya padecen enfermedades respiratorias. Los colectivos más vulnerables son las personas con asma, EPOC y otras patologías pulmonares, así como quienes sufren enfermedades cardiovasculares, los niños y las personas mayores.
El umbral que obligaría a limitar el tráfico
El episodio adquiere una dimensión especialmente relevante porque los niveles registrados por la estación de Al-Nasir superan el umbral contemplado en el Plan de Mejora de la Calidad del Aire de Córdoba para activar medidas sobre el tráfico. El problema es que ese plan municipal, que contempla diferentes actuaciones en función de la gravedad de los episodios de contaminación, todavía no ha entrado en vigor. Por tanto, aunque las concentraciones actuales hayan alcanzado niveles que el propio Ayuntamiento ha identificado como suficientemente elevados para plantear restricciones a la circulación en determinadas circunstancias, ese protocolo no puede aplicarse todavía con carácter operativo.
La situación vuelve a poner sobre la mesa la distancia entre la medición de la contaminación y la capacidad de respuesta de las administraciones. Las estaciones de vigilancia permiten conocer prácticamente en tiempo real la evolución de las partículas en suspensión, pero las medidas destinadas a reducir la exposición de la población dependen de que existan protocolos activados y de que las administraciones comuniquen a los ciudadanos qué precauciones deben adoptar.
En un episodio como el actual, las recomendaciones sanitarias pasan por reducir la exposición al aire libre, especialmente durante los momentos de mayor concentración. También es aconsejable evitar el ejercicio físico intenso en el exterior, ya que durante la actividad física aumenta notablemente la cantidad de aire que una persona inhala.
Para los colectivos vulnerables, la precaución debe ser todavía mayor. Las personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares deberían limitar especialmente la exposición y seguir las indicaciones de sus profesionales sanitarios. En caso de tener que permanecer en el exterior durante periodos prolongados, una mascarilla FFP2 correctamente ajustada puede reducir la inhalación de partículas.
El humo se ve menos, pero la contaminación permanece
Uno de los elementos que puede hacer que el episodio pase inadvertido para buena parte de la población es que la contaminación no siempre resulta visible. Una ciudad puede dejar de estar cubierta por una nube de humo y, sin embargo, mantener concentraciones elevadas de partículas en suspensión.
Eso es precisamente lo que muestran los datos de Al-Nasir. La evolución desde el viernes demuestra que el episodio comenzó antes de que alcanzara sus niveles actuales. Primero fueron 34 microgramos por metro cúbico; después, 41; y finalmente, 90. La tendencia revela una acumulación progresiva de partículas que ha coincidido temporalmente con el incendio de Niebla y con las condiciones meteorológicas que favorecen el transporte y posterior encajonamiento del humo en el valle.
El episodio, por tanto, no puede medirse únicamente por lo que ve el ciudadano desde la calle. El humo puede desaparecer de la vista mientras las partículas continúan presentes en el aire respirado.
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