El último gran eclipse cordobés que interrumpió la guerra entre Al Andalus y los reinos cristianos
Este miércoles, un eclipse de sol total cubrirá parte de la Península Ibérica. Desde hace décadas, sabemos qué ocurrirá. Incluso cómo será este fenómeno astronómico, en qué puntos será total o parcial. El 12 de agosto de 2026, la sombra de la Luna recorrerá una franja de la Tierra perfectamente calculada por los astrónomos, y quienes se encuentren dentro de ella sabrán con precisión cuándo comenzará el espectáculo, cuánto durará y cuándo volverá la luz.
En el siglo X era muy diferente. Una sucesión de eclipses atravesó una Península que entonces vivía momentos muy convulsos, con la expansión de Al Andalus, con guerras contra los reinos cristianos y con unos soldados que no sabían qué era lo que estaba pasando cuando el Sol comenzaba a desaparecer. Las fuentes históricas permiten identificar varios de aquellos fenómenos. En Córdoba se documentó un eclipse solar parcial en el año 903 y, nueve años después, el 17 de junio de 912, otro que alcanzó la totalidad sobre la ciudad. El registro astronómico histórico sitúa aquel eclipse de 912 en las coordenadas de Córdoba con una magnitud del 100 %.
Veintisiete años después, en 939, el cielo volvería a convertirse en protagonista de la historia. Esta vez, la oscuridad no encontraría a los habitantes de Córdoba en sus casas, sino a un ejército en campaña. Abd al-Rahman III, califa de Córdoba, había emprendido una de las mayores expediciones militares de su reinado contra los territorios cristianos del norte. Su ejército avanzaba hacia el Duero, mientras las fuerzas de Ramiro II de León, apoyadas por contingentes castellanos y navarros, se preparaban para hacerle frente. Y entonces ocurrió algo que ningún general podía haber previsto.
El Sol empezó a apagarse
El eclipse del 19 de julio de 939 sorprendió al ejército califa durante la campaña. Ibn Hayyan, cuya obra constituye una de las fuentes fundamentales para reconstruir aquellos acontecimientos, sitúa el episodio durante el avance de Abd al-Rahman III, después de su paso por Toledo y Olmos y en las proximidades de Calatalifa.
En el entorno de Simancas, donde posteriormente se produciría la batalla, el eclipse no fue técnicamente total: la Luna llegó a ocultar aproximadamente el 95% del disco solar. Pero en otras zonas de la Península la totalidad sí llegó a producirse. En Cuenca, por ejemplo, la fase total duró casi cuatro minutos. Para una persona del siglo X, la diferencia entre un eclipse del 95% y uno del 100% importaba mucho menos que para un astrónomo moderno. El cielo se estaba oscureciendo. El Sol estaba desapareciendo. Y nadie sabía exactamente por qué.
Las crónicas árabes conservaron el recuerdo de aquel momento como un acontecimiento aterrador. El Kitab al-Rawd al-Mi'tar atribuye al episodio una descripción estremecedora: una “amarillez oscura” cubrió la tierra y el fenómeno llenó de terror tanto a los musulmanes como a los cristianos. Según ese relato, durante dos días ninguno de los dos ejércitos realizó movimientos. La guerra quedó, al menos durante un tiempo, suspendida por el cielo.
Y quizá ahí se encuentre una de las historias más fascinantes que conserva la memoria del Califato de Córdoba: dos ejércitos que estaban a punto de enfrentarse y que, ante un fenómeno que ninguno comprendía, reaccionaron de la misma manera. La batalla llegaría después. Y el resultado sería una de las grandes derrotas militares sufridas por el poder cordobés durante el siglo X.
La explicación que hoy parece sencilla habría resultado extraordinaria para quienes vivieron aquel momento. Un eclipse solar no ocurre porque el Sol se apague. Se produce cuando la Luna pasa entre la Tierra y el Sol y proyecta sobre nuestro planeta una sombra que se desplaza a gran velocidad. Pero esa sombra no cae siempre sobre el mismo sitio. La Tierra gira. La Luna gira alrededor de la Tierra. La Tierra se desplaza alrededor del Sol. Y, además, la órbita lunar está inclinada respecto al plano de la órbita terrestre. Por eso cada eclipse dibuja sobre la superficie terrestre una trayectoria diferente.
De Córdoba a Simancas
El episodio de 939 adquiere así una dimensión todavía mayor. El poder que había organizado aquella expedición era el de Córdoba. El ejército había partido desde la capital del Califato y avanzaba hacia el norte para enfrentarse a los enemigos de Abd al-Rahman III. La campaña recibió en las fuentes árabes el nombre de Campaña del Poder Supremo. Su objetivo era golpear decisivamente a los reinos cristianos y consolidar la autoridad cordobesa sobre la frontera del Duero.
La batalla de Simancas no se libró el día del eclipse: el enfrentamiento comenzó en los primeros días de agosto, varias semanas después del fenómeno. La derrota del ejército califa se produjo tras varios días de combate y fue seguida por la nueva derrota de Alhándega durante la retirada. No obstate, los cronistas árabes sí que achacaron siempre al eclipse la derrota, por el impacto psicológico que tuvo entre sus soldados.
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