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Sobre este blog

Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

A la fuerza ahorcan

Recarga de vehículos eléctricos.

Alfonso Alba

19 de septiembre de 2026 20:01 h

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De todos los negacionistas, el climático (junto al terraplanista) es uno de mis favoritos. Aquel que a pesar de estar muriéndose de calor cada verano afirma que no, que una vez en los años cuarenta hubo un día de temperaturas extremas. Y que nuestros abuelos ya pasaban unas fatigas enormes. Todo lo escribe, claro, desde su salón climatizado a 23 ºC mientras ahí fuera se cuecen los árboles y se derriten los volantes de los coches.

Lo normal es que los negacionistas vengan con el pack completo: no a las vacunas, negar el cambio climático, que la tierra sea redonda, que la humanidad haya pisado la Luna y que existe un plan malvado de las elites para sustituir a la población autóctona por inmigrantes. Obviamente, en un ejemplo de opinión sincronizada de libro, están en contra de las energías renovables y del vehículo eléctrico. Retuitean hasta la extenuación que fue un coche eléctrico el que provocó un incendio forestal este año. En Córdoba, el más gordo lo provocó un camión diésel cargado de paja subiendo la cuesta del Muriano.

En esa mal llamada batalla cultural tratan de desincentivar a quien apuesta por las energías renovables. A las personas que instalan placas solares en sus tejados o apuestan por vehículos eléctricos. No lo saben, pero siguen al pie de la letra el dictado de las grandes corporaciones que dicen combatir: las petroleras. Pero como el refranero español es sabio, a la fuerza ahorcan.

Esta semana, el precio de los combustibles ha alcanzado un nuevo récord. Repostar en una gasolinera es un dolor. El litro del gasoil o la gasolina está por encima de los dos euros. Llenar un depósito es un dolor y una ruina. Y esto, parece, no ha hecho nada más que comenzar.

España no tiene petróleo. Nunca lo tuvo. Europa apenas. Alcanzar su soberanía energética debería haber sido su gran apuesta. Y aunque vamos tarde, estamos en el camino. Aún seguimos dependiendo de un combustible cuya producción está, en su mayoría de las veces, en manos de países digamos que poco democráticos. Y su suministro depende de que les vaya más o menos bien. Y eso ha dejado de pasar.

El absurdo ataque de Trump a Irán ha agitado un avispero que es el que está provocando que usted, querido negacionista, se arruine cada vez que va a una gasolinera. Aunque claro, tendrá el argumento de que la culpa es del Gobierno por los impuestos o qué sé yo. Pero el barril de petróleo no parece que vaya a bajar de los 100 dólares. Más bien al contrario. Pero ahí tiene su excusita.

Muchos han entendido que si hay algo que puede hacer que su economía mejore es, precisamente, pasándose a las energías renovables. Y no por un interés medioambiental. Ya sabemos que el medio ambiente se la pela. Pero el bolsillo no. A día de hoy, instalar placas y tener un coche eléctrico es infinitamente más barato que tirar de la luz de toda la vida o los vehículos con gasóleo. Y sí, aunque no lo parezca ya no es mucho más caro comprar un eléctrico que uno de combustible.

Hay países, como Noruega, que son productores de petróleo, pero que han entedido que el futuro de su parque móvil depende de las energías renovables. En un país con poco sol, lo que apenas se vende allí son vehículos a combustión. Y no, no lo hacen por un compromiso con el medio ambiente. Es pura economía.

Quizás así lo entiendan. Nos va el futuro en ello. Dejar de depender del petróleo es una cuestión de supervivencia. A corto plazo, económica. Pero es que a largo plazo lo es planetaria.

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Alfonso Alba es periodista. Uno de los cuatro impulsores de Cordópolis, lleva toda su vida profesional de redacción en redacción, y de 'fregado en fregado'. Es colaborador habitual en radios y televisiones, aunque lo que siempre le gustó fue escribir.

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