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Paco Zafra: “¿La ACB? Ojalá en un plazo de cinco o seis años podamos estar peleando por un escalón más”

Entrevista N&B a Paco Zafra, director deportivo del Cajasol Coto Córdoba

Nacho Serrano

19 de septiembre de 2026 20:02 h

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Ha sido todo lo que podía ser en el mundo del baloncesto. Paco Zafra (Córdoba, 1982), empezó su relación con la canasta muy pronto, aunque su compromiso con el banquillo fue todavía mayor. Con apenas 16 años, mientras todavía era junior, empezó como ayudante en el Colegio Virgen del Carmen y, un año después, ya dirigía un equipo juvenil femenino. Desde entonces ha pasado por prácticamente todos los rincones posibles del baloncesto: jugador, entrenador, coordinador, seleccionador, formador y, ahora, director deportivo.

Como jugador llegó a competir en Liga EBA con Cajasur y pasó también por Encinarejo y otros lugares de la provincia. Como técnico, el Virgen del Carmen ha sido siempre su casa, aunque su nombre quedó especialmente ligado durante más de una década a la selección andaluza de minibasket, con la que alcanzó numerosos podios nacionales y se proclamó campeón de España. Por sus manos pasaron jugadores que posteriormente alcanzaron la élite y, pese al paso del tiempo, todavía sigue encontrando un hueco para entrenar a niños en El Carmen.

Su última aventura comenzó en 2022, cuando asumió la dirección deportiva de un recién nacido Córdoba Club de Baloncesto que aspiraba a recuperar para la ciudad un espacio perdido durante demasiado tiempo. Cuatro años después, aquel equipo que comenzó en Primera Nacional está a las puertas de estrenarse en Primera FEB, el segundo escalón nacional. Por el camino quedaron el ascenso desde Liga EBA, una sufrida permanencia en Segunda FEB, un cambio de entrenador que le llevó incluso a volver al banquillo como ayudante de Nacho Pastor y, finalmente, una temporada histórica culminada en Castellón con el ascenso. Y ahora… un paso más.

PREGUNTA. Tiene 44 años, pero empezó en esto muy joven. Ha ido todo a una velocidad de vértigo.

RESPUESTA. Yo, por circunstancias de la vida, maduré pronto. Desde pequeño he sido bastante consciente y maduro para determinadas cosas. Si me voy al inicio del inicio, empecé jugando en el Colegio Al-Ándalus y mi primer entrenador fue Ángel Lopera. Después tuve otros entrenadores y ya di el salto al Carmen. He tenido también la suerte de contar con buenos entrenadores, porque al final son las fuentes de las que bebes y de las que te vas formando. Desde aquella primera etapa siempre he entendido que hay que disfrutar mucho del deporte. Conlleva sacrificio, pero tiene que ser divertido, tienes que pasártelo bien y tienes que ser muy profesional, aunque no cobres por ello, entre comillas.

Así he ido labrando también mi futuro laboral. Aparte de esto soy empresario, tengo una empresa de gestión deportiva desde muy joven, y tanto en esta parte que ahora me toca de director deportivo como en mi etapa de entrenador (porque todavía sigo siendo entrenador), he sido siempre igual. Yo sigo entrenando en mi colegio de siempre, el Carmen. El año pasado llevaba un premini y la gente me decía: “Tío, ¿cómo entrenas tres o cuatro días?”. Pues porque eso va en mí. No tengo otra perspectiva de ver las cosas.

Por eso, cuando me preguntabas antes si imaginaba todo lo que ha ocurrido en estos cuatro años, te diría que cuando iniciamos el proyecto nuestro objetivo, no solo el mío sino el de toda la gente que había alrededor, era ambicioso y queríamos ser profesionales desde primera hora. No se me olvidará nunca cómo empezamos en Primera Nacional jugando en El Palo y perdimos de 40. Fue difícil de digerir. Pero cuando aprendes pronto que esto no va a ser fácil y que tienes que trabajar mucho, sabes que al menos puedes tener la oportunidad de llegar más arriba. Si no cumples con el trabajo diario, la constancia, la responsabilidad y la profesionalidad, seguramente ni siquiera tengas esa opción.

P. Ya siendo junior, e incluso desde cadete, empieza a entrenar. ¿Lo tenía tan claro desde entonces?

R. Sí. Siendo júnior de primer año, e incluso ya en cadete de segundo, gracias también a Falete, Rafa Funes, que era profesor del colegio y entrenador de baloncesto, empecé como ayudante en el Carmen. Siempre he tenido buenas fuentes de las que aprender, de ver y corregir los gestos técnicos del baloncesto desde la perspectiva de un entrenador, porque como jugador lógicamente tienes otra perspectiva. Empecé pronto porque me gustaba mucho. Me gusta enseñar, formar, ayudar a la gente joven y a los jugadores a afrontar las cosas. Dentro de mi pequeño granito de arena, intentar que vean la vida y el baloncesto como creo que tienen que ser: para disfrutar, divertirte y pasártelo bien.

El baloncesto no puede convertirse en algo malo porque llegue un partido, te estreses, tus padres te digan algo o aparezca la presión del público. Esto es un juego y, como juego, tienes que pasártelo bien. También fui siempre muy responsable en los estudios y mis padres me ayudaron mucho. Me dieron bastante libertad para compatibilizar lo que me gustaba con mis responsabilidades, siempre que yo cumpliera. Lógicamente, si quería jugar y entrenar, muchos días me acostaba a las tres o las cuatro de la mañana y tenía que ir al instituto a las ocho. Había días en los que algún profesor me decía que me estaba quedando dormido (risas). Pero esa cultura del esfuerzo y del trabajo me permitió llevarlo todo hacia delante porque me llenaba, aprendía mucho y me gustaba.

¿La ACB? Ojalá en un plazo de cinco o seis años podamos estar peleando por un escalón más

P. Su primer equipo como entrenador fue un juvenil femenino.

R. Aprendí muchísimo. Era un equipo con muchas jugadoras que tenían solamente un año menos que yo y, si ya es difícil entrenar a un júnior femenino, imagínate siendo tan cercano en edad. Lo recuerdo bien porque era un grupo que, pese a tener un nivel deportivo normal, nunca había tenido quizá esa exigencia que yo les planteaba, porque yo estaba todavía más acostumbrado a pensar como jugador que como entrenador.

Creo recordar que solo ganamos cuatro partidos y dos de ellos llegaron al final, cuando la liga estaba prácticamente terminada. Pero conseguimos competirle los dos partidos a Teresianas, que en aquella época era muy fuerte, y no sé si perdimos de cinco, cuatro o seis puntos. Ahí aprendí pronto a disfrutar también de la derrota. Esas niñas me enseñaron que habíamos perdido, pero como estaban acostumbradas a perder de mucho aquello era felicidad. Habíamos mejorado.

Fue un año duro, pero de muchísimo aprendizaje. Siempre digo que los jugadores y las jugadoras normalmente tienen más que enseñar a los entrenadores que nosotros a ellos. Y de aquella temporada me queda una cosa: aquellas jugadoras todavía me hablan, me abrazan, me saludan, me dan un beso cuando me ven y muchas vienen ahora a los partidos. Fue un año muy bonito y también hay que valorar que el Carmen confiase en un tío tan joven para darle un júnior femenino.

P. Jugaba de base. ¿Ya era también un obsesionado del orden dentro de la pista?

R. En el baloncesto y en la vida. En las dos cosas (risas). Me gusta mucho el orden. Uno de mis grandes defectos es que muchas veces soy muy cuadriculado. Soy abierto, pero en muchas cosas soy muy cuadriculado. Hago muchos símiles entre el baloncesto y la vida. Hoy soy padre, mi mujer está trabajando fuera, en Castilla-La Mancha; mi madre está ya mayor y hay gente que me dice: “¿Cómo puedes cuidar de tu madre, criar a tu hija, llevar la dirección deportiva, tu empresa y además entrenar?”. Pues orden. Orden, echarlo todo hacia delante y disfrutar del camino. Siempre he sido muy disciplinado. Mis entrenadores me exigían como base dirigir, mandar, ordenar y cuidar del equipo. Eso se ha quedado intrínseco en mí: pelear y preocuparme por todo lo que me rodea.

Entrevista N&B a Paco Zafra, director deportivo del Cajasol Coto Córdoba

P. ¿El baloncesto le ha dado más de lo que le ha quitado?

R. Por supuesto. Hasta el día que me muera, el baloncesto siempre me va a haber dado más y me va a seguir dando. Ha sido mi psicólogo, mi terapia diaria. Me ha salvado de muchas cosas. Mi vida no ha sido fácil ni cómoda. Desde muy pequeño, con 16 años, además de empezar a entrenar también estaba trabajando para ayudar en casa. Mis padres están separados y el baloncesto siempre ha sido mi bombona de oxígeno. Y lo sigue siendo. Lo necesito. A día de hoy sigo entrenando un equipo en el Carmen y mucha gente me dice: “Tío, pero si no tienes tiempo”. Es que esas dos horas que me da entrenar, desconectar y estar allí me dan muchísimo oxígeno. Por definirlo de alguna manera, el baloncesto ha sido mi psicólogo de siempre y sigue siendo mi psicólogo.

P. ¿Se aprende tanto entrenando a niños?

R. Muchísimo. Todo el mundo me pregunta por qué nunca me ha gustado demasiado entrenar en sénior. Y no es porque le tenga manía al baloncesto sénior. Me tiré 12 años con las selecciones andaluzas y muchas veces la Federación me ofreció estar con infantiles o cadetes y yo siempre decía que quería quedarme en minibasket. ¿Por qué? Porque los niños te dan muchísimo más de lo que tú les das. Son muy transparentes, muy vírgenes en todo, lo disfrutan muchísimo y todo es más limpio. Conforme ha evolucionado la sociedad, muchas de esas cosas se van perdiendo cuando crecen, y yo siempre voy a querer beber de esa fuente.

A mí no me cuesta absolutamente nada ir una tarde a las cuatro al Carmen y entrenar con niños pequeños. Me encanta esa sonrisa, ese abrazo, ver cómo un niño que llega tímido, y al que durante los primeros meses le cuesta, poco a poco saca su personalidad, coge confianza y empieza a sonreír y a pasárselo bien. Tengo el caso concreto de un niño alevín de quinto que llegó el año pasado el primer día, se puso a llorar y no quería saber nada del baloncesto. Este fin de semana va a venir al campus que hacemos en el Carmen. Para mí eso ya es una victoria mayor que una victoria deportiva. Por eso los niños siempre me van a dar más de lo que yo pueda darles a ellos.

P. Ha hablado de sus años como seleccionador andaluz de minibasket. ¿Qué lugar ocupa aquella etapa en su vida deportiva?

R. En el top tres seguro. No sabría decirte exactamente dónde porque prácticamente lo primero siempre será el Carmen, que es donde he estado más años, pero después la selección andaluza está ahí arriba. Que me dieran la oportunidad de salir de mi entorno deportivo, conocer gente, vivir durante 12 años la élite de la formación y representar a nuestra comunidad en los Campeonatos de España me dio muchísimo. He tenido la suerte de ser partícipe del camino de muchos jugadores. Mario Saint-Supéry, Álvaro Folgueiras, Rubén Domínguez... Tengo el placer de poder decir que estuvieron conmigo y que, en cierta manera, los acompañé un poquito en su camino. Con muchos sigo hablando.

Y luego hemos sido campeones de España, sí, pero para mí eso casi termina siendo secundario. Ser campeón de España depende de muchos detalles y es muy complicado. Para mí lo importante es haber participado durante esos 12 años en muchas generaciones andaluzas. Hoy voy a pabellones en Málaga, Sevilla o donde sea y me encuentro con muchos padres, familias y jugadores. Y, por supuesto, con compañeros de aquella selección que hoy son amigos para toda la vida.

Todo el baloncesto cordobés se merecía algo así

P. Cuando alguien es diferente de verdad, ¿se aprecia ya con 11 o 12 años?

R. Hay un proceso, lógicamente, pero sí se ve. En esos tres casos que he nombrado, Rubén, Mario Saint-Supéry y Álvaro Folgueiras, desde minibasket les veía algo diferente. Eran niños capaces de jugar delante de 1.500 o 2.000 personas y les daba absolutamente igual. La presión deportiva no les afectaba. Daban el 200%. Nos enfrentábamos a Madrid, que físicamente era muy superior, y tú les mirabas a la cara y veías que al niño le daba exactamente igual. Iba a jugar, a darlo todo y creía que podíamos ganar.

También está Guillermo del Pino, que para mí es uno de los jugadores con más talento que hemos tenido. Es increíble. Desde minibasket hacía lo que le gustaba y era un tío natural y normal. Tengo una anécdota con él. Llegamos a un hotel con la selección cordobesa y Guillermo estaba jugando con un cochecito en el borde de una maceta. Mis compañeros de la selección andaluza me dijeron: “Bueno, ya sabemos uno de Córdoba que no va a ir a la andaluza”. Cuando terminó el campeonato les dije: “¿Os acordáis de por qué me reí aquel primer día?”. Los genios son un poco diferentes. Mario Saint-Supéry era igual. Desde el primer momento tenía las cosas clarísimas. El hambre deportiva que muestra ahora y la madurez con la que habla ya se la veías prácticamente desde minibasket, evidentemente con toda la evolución posterior que ha tenido.

P. Se nota que disfruta hablando de formación. Ahora es director deportivo, una labor radicalmente distinta. ¿Cuánto de entrenador sigue habiendo dentro del director deportivo?

R. Es la parte que peor llevo. Gonzalo (Rodríguez) me lo dice y Alfredo (Gálvez) también me lo decía: “Al final tú eres entrenador”. Pero sé distinguir las dos partes, separarlas y apoyar a cada una. Lógicamente hay muchas cosas que trabajan nuestros entrenadores y yo pienso: “Pues yo lo haría de esta manera o de esta otra”. Pero no hay problema. He tenido suerte con todos los entrenadores que hemos tenido hasta ahora y puedo dar mi opinión. Yo siempre les digo: “¿Os puedo hablar ahora como entrenador? Olvidaos de que soy el director deportivo”. Y les digo cómo lo veo.

Después vuelvo a ponerme el traje de director deportivo y la cabeza tiene que estar en otro sitio. Tienes que pensar de una forma más abierta, mantener la mente fría en muchas situaciones y tener responsabilidad sobre muchas cosas. No solamente sobre jugadores, sino sobre la gestión del grupo, del cuerpo técnico o decisiones de la directiva que afectan al área deportiva y que tú tienes que trasladar al staff intentando que afecten lo mínimo posible. Me ha facilitado mucho que con 21 años creé mi empresa deportiva y tuve que buscarme la vida bastante pronto. He llegado a gestionar plantillas de 30 o 35 trabajadores y estoy acostumbrado a manejar grupos humanos.

Además, durante estos años he aprendido mucho de buenos gestores, como los hermanos Coto, personas que han conseguido llevar una empresa muy arriba. Y este último año y pico, con Rafael Blanco como presidente, también he aprendido muchísimo. Es una persona muy tranquila, algo con lo que me identifico, y con mucha experiencia de gestión. Te enseña simplemente viendo cómo se toma las cosas y cómo selecciona qué es verdaderamente importante y qué no. Como director deportivo tienes problemas prácticamente todas las semanas. Hay que aprender también a seleccionar cuáles tienes que gestionar de verdad.

Entrevista N&B a Paco Zafra, director deportivo del Cajasol Coto Córdoba

P. ¿Y dónde se sufre más?

R. Yo sufro muchísimo más como director deportivo. Porque además eres director deportivo y aficionado. Estás en tu ciudad, en tu club, esto es tu sangre. Todo el mundo me decía después de Castellón: “Estabas muy tranquilo”. Yo normalmente soy tranquilo, pero evidentemente estaba sufriendo muchísimo y lo estaba pasando fatal. Como entrenador tienes la capacidad de decir: cambio esto, pruebo aquello, intento hacer esto otro... Te focalizas en cosas. Como director deportivo estás allí y no puedes hacer prácticamente nada. Puedes animar o dar algún consejo a un jugador para que esté tranquilo, pero poco más. Se sufre muchísimo.

P. El proyecto ha quemado etapas a una velocidad enorme. Del sufrimiento del primer año en Segunda FEB… a ser directamente campeones de la categoría.

R. Desde el inicio, ya en Primera Nacional y después en Liga EBA, nuestra apuesta fue profesional: entrenar siete sesiones semanales, que son prácticamente las que mantenemos hoy, y traer jugadores profesionales que se dedicasen al baloncesto. Se han dado muchas circunstancias, evidentemente, pero nosotros hemos puesto todo de nuestra parte y el club ha sido siempre muy ambicioso. Vimos un salto muy grande desde Tercera FEB a Segunda FEB. El primer año todos teníamos claro que íbamos a sufrir porque el salto era enorme en todos los aspectos, y así fue. Pero asentamos una base y conocimos dónde estábamos. Este año lo decía un poco de cachondeo: cuando por fin estamos asentados, cuando ya sabemos dónde estamos, damos otro salto. No nos da tiempo ni a acomodarnos en una categoría.

Pero el método vuelve a ser el mismo. Saltas de categoría, estudias cómo es, cuál es el nivel y qué necesitas aproximadamente para salvarte. Después llega la segunda parte, que es saber qué recursos tienes, y dentro de los escenarios que hemos trabajado empezamos a movernos. Este proyecto nació para el medio y largo plazo, no para el corto. Eso sí, con una exigencia diaria muy alta y sin miedo. Sabemos que vamos a una Primera FEB que creemos que puede ser de las más duras de las últimas décadas, con presupuestos desorbitados. Nosotros vamos a hacer lo mismo que el año pasado: nuestro camino. Sin mirar a los demás, preocupándonos de lo nuestro y confiando en lo nuestro.

P. De todo el recorrido del club, ¿el momento más difícil fue aquel primer año en Segunda FEB y la decisión de cambiar el banquillo?

R. Yo te diría que hubo dos momentos especialmente difíciles. Uno fue el quinto partido en Tercera FEB. Jugamos en Aljaraque, perdimos y nos pusimos con un balance de 1-4. No se me olvidará el momento que vivimos Alfredo, Manuel Coto, Quique Garrido y yo a pie de pista cuando terminó aquel partido. Era una situación dura y complicada, pero la afrontamos con mucha naturalidad, mucha calma y mucha confianza en lo que estábamos haciendo. Creímos, nos juntamos todos y tiramos hacia arriba.

El segundo momento fue el que comentas. Tuvimos que tomar la decisión de rescindir a Alfredo Gálvez y dar un paso adelante intentando sacar la situación con lo que nosotros creíamos que era mejor. Quien conocía mejor la casa, los jugadores y el método de trabajo era Nacho Pastor. Había trabajado conmigo, prácticamente había sido jugador mío, sabía que estaba más que preparado, que era muy profesional y, además, había algo muy importante: los jugadores se sentían identificados con él.

Yo di un paso adelante porque Nacho me lo pidió. Por confianza, entendía que yo era quien mejor podía estar a su lado. No podía cumplir diariamente todas las horas de entrenamiento ni hacer todos los scoutings por una cuestión de tiempo, pero él dobló esfuerzos, yo intenté complementarlo y conseguimos sacarlo adelante con muchísimo sufrimiento, pero también con mucha confianza.

El objetivo número uno de esta temporada es asentarnos y salvar la categoría

P. Vámonos a Castellón. No me diga que estaba tranquilo estando 28 abajo…

R. Recuerdo que cuando quedaba exactamente un minuto y 32 segundos le dije a Quique: “Ya hemos vuelto”. Llevábamos una desventaja enorme y Quique, como es normal, lo estaba pasando fatal. Es la primera vez que vi también a Alfredo completamente desencajado y muy nervioso. Quique me decía: “Tío, tenemos que bajar seis u ocho puntos”. Y yo le dije: “Ya no vamos a bajar, pero ya estamos aquí”. Habíamos vuelto a defender bien, el equipo estaba otra vez junto y había recuperado la calma y la confianza.

En situaciones de muchísimo estrés, mi cuerpo y mi mente normalmente me llevan a estar más tranquilo. Sobre todo porque tienes que intentar pensar bien. Después puedes ganar o perder porque ocurren muchas cosas, pero yo ya tenía confianza porque había visto cómo había trabajado el equipo. Y hay una acción que para mí resume toda la temporada. La última acción prácticamente del partido es un mano a mano entre Kevin Schutte y Gonzalo Orozco. Kevin había llegado aquí siendo un jugador que en determinadas situaciones pasaba bastante mal, pero trabajó muy bien durante todo el año, estuvo muy centrado y se apoyó muchísimo en nuestro coach mental, que tuvo un papel importantísimo.

Gonzalo Orozco también creció muchísimo durante la temporada en madurez deportiva. Esa misma acción, si la haces en el segundo o tercer partido de liga, probablemente el balón acaba en la grada. Y allí, en una situación límite de estrés, acaba jugando una puerta atrás, le mete un pase perfecto a Kevin y Kevin anota una canasta de muchísimo mérito que nos libera definitivamente de buena parte de la presión. Al final es eso: todo un año trabajando para diez segundos. Ese es nuestro deporte. Te lleva a situaciones muy concretas y muy al límite que tienes que haber trabajado muchísimo antes.

P. Y, para llegar a Castellón, hubo que pasar antes por una tarde mágica: la ida en Vista Alegre.

R. Siempre digo que el baloncesto es justo y a Córdoba el baloncesto le debía desde hacía muchos años una tarde así. No a nosotros, sino a todos. Se juntó todo: excelencia deportiva, jugadores liberados de presión y 3.000 personas llevándonos en volandas. Recuerdo que Frederick Stutz, que era un jugador muy importante para ellos, protesta una falta prácticamente al comienzo y todo el público se levanta. En ese momento pensé: “Hoy va a ser un partido de verdad”. Nos merecíamos un día de gloria. Aquí hay muchísima afición, clubes, jugadores, entrenadores, Federación... Todo el baloncesto cordobés se merecía algo así. Los cordobeses somos muy sufridores en todos los deportes y de vez en cuando también merecemos una alegría.

Entrevista N&B a Paco Zafra, director deportivo del Cajasol Coto Córdoba

P. ¿Es ya el Cajasol Coto Córdoba el equipo de la ciudad? Durante muchos años hubo proyectos distintos, fuerzas divididas y muchos intentos que se quedaron por el camino.

R. Creo que todavía estamos en ese camino. Han pasado muchos años y aquí hay muchos clubes que trabajan muy bien, tanto en Córdoba como en la provincia. Y como pasa en todos los deportes y en todos los sitios, cada persona se identifica muchísimo con su proyecto. A mí, por ejemplo, la gente me identifica mucho con el Carmen. Pero desde primera hora hemos querido que todos tengan claro que esto es de todos. Aquí hoy está una persona de un club y mañana otra de otro. Tiene que ser así.

Todos los años nos sentamos con los clubes de Córdoba y provincia para que nos digan dónde podemos colaborar, dónde les podemos ayudar y de qué forma quieren participar con nosotros. Queremos que siga siendo así. El Cajasol Coto Córdoba tiene que ser el equipo de Córdoba, pero no va a estar nunca por encima de ningún club. Tenemos muchísimos clubes buenísimos y eso es precisamente lo bueno que tiene Córdoba: muchos sitios en los que se trabaja muy bien.

Creo que este año también tiene que servir para que la gente del baloncesto dé un pasito más adelante y se acerque todavía más a este proyecto, porque también es parte de ellos y tienen que vivirlo. Hemos conseguido enganchar a mucha gente que no era especialmente de baloncesto y que ahora lo ve como un deporte que disfruta, que sufre y que le gusta porque es muy intenso. Ahora también la propia gente del baloncesto tiene que acercarse más a su club. Pero todavía queda camino. Hemos corrido muchísimo en cuatro años en todos los aspectos, también en este, pero creo que podemos asentarnos en una dinámica de tener 1.500 o 2.000 personas habitualmente y que cada vez más gente sienta esto como suyo.

P. Hay un jugador cordobés que sí forma parte del primer equipo y que representa especialmente esa idea: Gonzalo Orozco. ¿Hasta dónde puede llegar?

R. Desde la primera vez que apostamos por él en Tercera FEB lo teníamos claro porque conocíamos muy bien sus cualidades físicas y lo conocíamos desde cantera. A día de hoy todavía no ha encontrado su techo. Tiene mucho margen de mejora. Físicamente está muy bien, pero puede seguir creciendo en velocidad, velocidad gestual y otros aspectos. A nivel de conocimiento del juego le queda muchísimo crecimiento por delante. También ha tenido la suerte de encontrarse con Gonzalo Rodríguez como entrenador y esta temporada va a tener compañeros de muchísimo nivel que lo van a hacer mejor.

Después está la parte de madurez y de esas pequeñas mejoras técnicas. Creo que puede ser un gran jugador de Primera FEB. El siguiente escalón solamente lo van a determinar el trabajo, las oportunidades y cuánto quiera él seguir madurando. Hay un componente que depende de él: tiene que querer seguir enfrentándose a lo que no le sale bien, a lo que no le gusta y a aquello en lo que no se siente cómodo. Él mismo se va a marcar su techo. Cualidades tiene para estar donde está. Esta primera temporada en Primera FEB va a ser dura para él, como también lo fue su primera temporada en Segunda FEB. Sobre todo las primeras diez o doce semanas porque necesita adaptación, como todos.

Nosotros confiamos muchísimo en él y él confía también en nosotros. Va de la mano del proyecto. Para mí es jugador de Primera FEB seguro. Y, por qué no, algún día puede tener la oportunidad de dar otro salto. Este mismo año muchos jugadores de Primera FEB han pasado a ACB.

El baloncesto ha sido mi psicólogo, mi terapia diaria. Me ha salvado de muchas cosas

P. Conoce el baloncesto cordobés prácticamente jugador por jugador. ¿Cree que dentro de unos años será posible tener una base importante de jugadores cordobeses en el primer equipo?

R. Lógicamente, por el trabajo que se hace en nuestra provincia, el jugador cordobés va a estar seguramente en el proyecto en un corto espacio de tiempo. A día de hoy todavía le queda un escalón para estar arriba porque llevamos muchos años sin estar en la élite y, evidentemente, el salto es muy grande. Pero con la buena cantera que tenemos a nivel de entrenadores, jugadores y dinámica de trabajo, yo creo que en tres, cuatro o cinco años podemos tener dos o tres jugadores cordobeses en el primer equipo.

P. Habla mucho de adaptación. ¿Hasta qué punto van a entrar ahora en un mundo distinto?

R. Va a ser totalmente diferente. Igual que el año pasado no éramos el presupuesto más alto de la categoría y no nos obsesionamos con ello, ahora tampoco vamos a hacerlo. Nos exigimos a nosotros mismos cada día y confiamos en lo nuestro. No vamos a mirar el presupuesto ni a respetar más a uno porque sea Gran Canaria o Estudiantes y menos a otro porque sea otro rival. Nosotros vamos a hacer nuestro trabajo, confiar en lo que tenemos y maximizar nuestros recursos al cien por cien.

La liga va a ser durísima. Tenemos un inicio con cuatro jornadas en las que, salvo quizá Palencia fuera porque es un club muy asentado en la categoría y con muchos años allí, nos vamos a encontrar rivales que pueden estar más cerca de nuestra realidad. Viene Zamora, después vamos a Albacete, recibimos a Caja 87... Pero cada semana va a ser un mundo. Habrá lesiones, momentos de forma, picos de rendimiento... Muchas situaciones.

Creo que durante las primeras 12 o 14 jornadas puede ser una liga muy abierta. Ya se están viendo resultados en pretemporada que sorprenden a la gente. A los que estamos más metidos en esto quizá no nos sorprenden tanto. Cuando hayan pasado 14 o 15 jornadas se irá viendo quién está de mitad de tabla hacia abajo y quién arriba. Ahí será más complicado porque Gran Canaria, Valencia, Estudiantes y otros equipos están construidos para estar donde están. Hablamos de conjuntos que tienen cuatro o cinco jugadores con experiencia ACB.

Nosotros, nuestro camino. Confianza en el equipo que hemos hecho y en el trabajo diario. Nos queda muchísimo. Gonzalo decía hoy que, por él, tendría todavía cinco o seis semanas más de pretemporada. Estamos en un proceso de construcción que también intentamos acelerar con el esfuerzo que hace el club y con el stage de pretemporada. Son cuatro o cinco días en los que te conoces muchísimo a nivel personal y para nosotros eso es importantísimo. Saber cómo es cada uno, cómo le gusta vendarse, quién es más tranquilo, quién es más inquieto... Todos tenemos nuestras cosas y conocernos pronto nos ayuda a crecer como equipo. Será una liga dura, pero confiamos en lo nuestro.

Entrevista N&B a Paco Zafra, director deportivo del Cajasol Coto Córdoba

P. ¿Qué tendría que pasar para que en mayo Paco Zafra dijera: “Ha sido una temporada extraordinaria”?

R. El objetivo número uno de esta temporada es asentarnos y salvar la categoría. Simplemente con que sucediera eso, después de tantos años y en una liga tan dura como la que se nos avecina, una liga muy, muy complicada, creo que ya sería más que satisfactorio. Salvar la categoría y seguir disputando Primera FEB el año que viene.

P. El club ha superado los 1.000 abonados. ¿Qué le dice el dato?

R. Muchísima ilusión y muchísima motivación. Hemos vuelto a hacer germinar todo lo que se ha creado durante estos años atrás. También nos pone una mochila de responsabilidad grande y, sobre todo, nos da mucha ambición. No queremos quedarnos en 1.000, porque en nuestra ciudad hay mucha más gente que ama el baloncesto. Esperemos que en un corto espacio de tiempo podamos ser 1.200, 1.500 y, cuantos más, mejor.

P. Este verano has repetido mucho una palabra: “afinar”. Como director deportivo decías que había que afinar muchísimo con cada fichaje. ¿Cómo se afina?

R. Yo, por suerte, en mi vida laboral siempre he contratado a las personas más por lo que veía en ellas como personas que por el currículum o por los números. Y aquí he intentado trasladar esa misma filosofía. Tanto con Alfredo como ahora con Gonzalo he tenido suerte porque ellos ven las cosas de una manera bastante parecida. ¿Qué hacemos? Si vemos un jugador y deportivamente nos encajan sus cualidades, su físico y lo que necesitamos para nuestro estilo de juego, trabajamos muchísimo después en saber cómo es personalmente.

Llamamos a entrenadores que haya tenido en las últimas tres, cuatro o cinco temporadas. Si ha coincidido con algún jugador con el que tenemos confianza, con un preparador físico, un médico... empezamos a preguntar. Cómo es en el día a día, cómo responde en situaciones de estrés, cómo es con los compañeros, si le gusta o no entrenar… Intentamos filtrar muchísimo el perfil. Más allá de lo deportivo, queremos que lo extradeportivo también nos sume porque vamos a entrenar muchas horas y vamos a pasar muchísimo tiempo juntos durante una temporada.

Gonzalo le da exactamente el mismo valor. No nos enamoramos solamente de que un tío meta 25 puntos por partido. Intentamos analizar qué nos puede dar realmente. También buscamos jugadores que pensemos que con nuestro baloncesto pueden subir su nivel. El caso de Ja'Monta Black es un ejemplo. Venía de hacer una temporada buena en Cáceres, pero nosotros entendíamos que, con nuestro estilo, con el baloncesto que quería Gonzalo y con nuestra filosofía de trabajo podía elevar su nivel. Y así fue. Encajó muy bien y mejoró individualmente.

Como económicamente tampoco podemos mirar determinadas cosas, tenemos que buscar ese potencial. Dentro de la gama de jugadores a la que podemos llegar intentamos mirar incluso alguno que esté un poquito por encima. De hecho, tenemos jugadores muy cotizados en la liga que han apostado por estar aquí cobrando menos dinero porque les atraía mucho la apuesta deportiva, les gustaba y habían oído hablar bien del club. Esa es nuestra manera de afinar. ¿Nos podemos equivocar? Por supuesto. Siempre nos podemos equivocar y nos equivocaremos. Pero intentamos poner todos los medios para que la persona que llegue se acerque muchísimo a lo que queremos.

Nuestra exigencia diaria es muy alta y no tenemos miedo

P. Ha sido jugador, entrenador, seleccionador andaluz, campeón de España, director deportivo... Después de una vida dedicada al baloncesto, ¿qué le queda por hacer?

R. Siempre digo que me fui de la selección andaluza en el peor momento. ¿Por qué? Porque estaba dentro de la dinámica de la selección española. Estuve cuatro o cinco años dentro del programa FEB y a mí me hace muchísima ilusión el himno de España y la posibilidad de estar en ese banquillo. Siempre se lo digo a mi mujer: “Cariño, me fui en el peor momento”. Si hubiera aguantado uno o dos años más, posiblemente habría podido ir aunque fuese a algún torneo amistoso con una U14 o una U15. Esa es una de las ilusiones que me habría gustado cumplir.

Pero todo lo que sea baloncesto me vale. Mucha gente me pregunta si me habría gustado ser entrenador a nivel profesional. Sí, claro que me habría gustado. Pero mis circunstancias familiares me han hecho estar siempre muy pendiente de mi madre y he priorizado a mi familia. También eso te lo enseña la vida: tienes que saber qué puedes hacer y qué no. Nunca me he frustrado por lo que no he podido hacer.

Ahora disfruto muchísimo con Gonzalo. Igual que le estaré siempre agradecido a Alfredo porque, sin ser yo el entrenador, me han dado mucho peso en esa parcela. Eso hace que también pueda sentirme entrenador. Hago incluso entrenamientos individuales con jugadores. ¿Qué me queda? Seguir disfrutando del baloncesto y aceptar lo que venga. No me cierro a nada. Siempre que esté ligado al baloncesto seré feliz porque es una parte fundamental de mi vida. También tengo el apoyo de mi familia. Mi mujer lo sabe, lo entiende y me respalda. Ojalá esté aquí muchísimos años y pueda seguir ayudando a que nuestra ciudad esté en la élite del baloncesto español y continúe creciendo. Y si algún día no estoy, lo veré desde el otro lado, lo disfrutaré y lo sufriré igualmente.

P. Viendo cómo ha evolucionado el proyecto en apenas cuatro años, ¿podemos ver algún día al CCB en ACB?

R. Viendo cómo ha evolucionado esto en cuatro años, lógicamente no nos queda otra que tener el objetivo ambicioso de estar ahí. Pero siendo realistas y poniendo los pies en el suelo, todavía nos queda mucho a todos los niveles para dar el salto a ACB. A nivel cualitativo, cuantitativo y también de instalaciones. Es un salto muy grande. Ahora, ¿está Córdoba preparada para eso? Yo creo que sí. Igual que en estos cuatro años hemos aprendido y crecido mucho, en los próximos dos, tres o cuatro años tenemos que seguir dando esos escalones.

Entrevista N&B a Paco Zafra, director deportivo del Cajasol Coto Córdoba

P. Para eso es imprescindible un paso delante de la ciudad.

R. Sí. Desde la visión que me da viajar y ver otros sitios, lo primero que tenemos que aceptar es que no somos una ciudad pequeña. Córdoba es una ciudad grande y tiene muchísimo potencial. Y eso el cordobés se lo tiene que creer en todos los sentidos. Voy a otras ciudades de 120.000 habitantes y tienen unas infraestructuras increíbles, una cultura deportiva tremenda, una dinámica de trabajo, apoyos y recursos empresariales enormes. Y piensas: “¿En qué momento...?”. Tenemos que despertar también un poco los cordobeses. Ser un poquito más ambiciosos y creer más en nosotros mismos. Para mí, ese es el primer paso.

Y después están las instalaciones. Córdoba necesita una instalación nueva, pero no solamente por el baloncesto. Está el balonmano, el fútbol sala... Tenemos muchos deportes rozando la élite o compitiendo en Primera o Segunda División. Córdoba necesita eso porque va a incentivar que haya más afición, mejores jugadores y más equipos en la élite. Los equipos podrán mejorar porque tendrán mejores medios y eso hará que incluso los directivos se profesionalicen más. Al final es una rueda.

En lo que nos toca a nosotros, creo que el club va por muy buen camino. Toda la gente que se va uniendo al proyecto camina aproximadamente en la misma dirección. Hay 16 o 17 directivos, todos ayudan y contamos con muy buenos profesionales. El club se estructura cada vez mejor en comunicación, marketing, dirección deportiva y gestión, también con la llegada de Pastor Planelles. Estamos avanzando para que, si algún día llega un nuevo salto hacia arriba, no nos asuste. Este salto actual es enorme y no estamos asustados; estamos motivados, con ganas y con confianza. Cuando llegue otro, lo afrontaremos igual.

Y también hay que entender que en el deporte alguna vez puede llegar un salto hacia abajo. No pasa nada si existe una estructura sólida y una idea clara de club. En el deporte puede pasar de todo, hacia arriba y hacia abajo. Lo que no queremos, y para eso se trabaja mucho, es que cuando llegue un mal momento nuestra ciudad vuelva a pasar el desierto que ha pasado durante tantos años. Podemos bajar un escalón, pero si los cimientos son sólidos podremos regresar en dos, tres o cuatro años.

Espero que sea así. Y ojalá dentro de cinco o seis años podamos estar peleando por un escalón más y vivir aquí lo que yo tuve la suerte de vivir el año pasado en la fase de ascenso de Primera FEB a ACB. Fue una fase chulísima, preciosa, casi como vivir una Copa del Rey de ACB. Ojalá algún día podamos vivirlo también todos los cordobeses.

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